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¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Mario Suárez. Mostrar todas las entradas
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No, si yo no lo veo/leo/escucho.

Hace unos días el Watford inglés hacía oficial el fichaje de Mario Suárez. Un buen amigo cibernético, de talento contrastable y por el que tengo un gran cariño, me alertó sorprendido sobre las reacciones que la noticia estaba teniendo entre los aficionados Hornets. Todas buenas. Todas extremadamente positivas. Es la misma sorpresa que, de haberlo sabido, estoy seguro que hubiesen tenido un gran número de colchoneros y la totalidad del resto de aficionados al fútbol de nuestro país. ¿Mario SuárezLos seguidores del Watforld mostraban su alegría por el fichaje y no sólo estaban encantados con la llegada del canterano rojiblanco (y así lo decían), sino que directamente no se lo podían creer. Lo consideraban uno de esos jugadores destinados a equipos de otro nivel. 

Pongámonos en situación. Watford es una ciudad cercana a Londres (unos 30 km) cuyo equipo de fútbol acaba de ascender a la Premier. La primera vez que jugó la máxima competición inglesa fue en 1981 (con Elton John como presidente) y después sólo ha podido disputarla 7 veces más. Para entender de lo qué estamos hablando, equipos españoles con 8 años en primera división no me salen pero con 9 tenemos al Logroñes y al Córdoba, con 10 al Levante y con 11 al Getafe. 

Mario Suárez es un jugador internacional español (selección campeona del mundo y vigente campeona de Europa) que ha ganado la Europa League, la Supercopa de Europa, la Copa del Rey, la Supercopa de España, “la mejor liga del mundo” y que la temporada pasaba jugaba partidos en la Champions League (algunos de titular) con un equipo que llegó a cuartos y que un año antes había jugado la final. 

Imaginen lo que diríamos si el Getafe o el Córdoba fichasen en enero a un jugador de esas características. Internacional de 28 años, que el año pasado jugaba Champions con el Bayern o el City o la Juventus y que lo ha ganado todo. ¿Qué escribirían sus aficionados en las redes sociales? Pero pensemos ahora, ¿qué escribirían los mismos aficionados si ese jugador se llamara precisamente Mario Suárez? ¿Dirían lo mismo? Sabemos que no. Dirían todo lo contrario. 

¿Por qué? ¿Por qué conocen a Mario Suárez? No. Porque Mario Suárez jugó en el Atlético de Madrid. Es decir, “un equipo más” de esos “otros” equipos que juegan en España. No tiene ningún mérito. "¿Quién es Mario Súarez? ¿Qué ha hecho?" diría convencido cualquier ávido lector del diario AS.

Mientras en la prensa británica (y el resto del mundo) el Atleti es hoy un equipo Top que en los últimos años lo ha ganado casi todo (y sabemos lo que significa ese “casi”), en España la “realidad” es bien distinta. En este peculiar régimen norcoreano los méritos deportivos no cuentan, la competición es una excusa que “no vende” y todo gira en torno a un único producto de dos colores al que TODOS debemos venerar. 

Mientras los ingleses tienen una prensa deportiva que, con sus matizaciones, describe un mundo que se parece bastante a la realidad, nosotros vivimos en una permanente, inmensa y (al parecer) rentable mentira. Mientras en Inglaterra abren el foco y pueden ser aficionados al fútbol (y lo son) nosotros simplificamos la mediocridad y nos aferramos a la jugosa anécdota para ser grandes aficionados al circo. A ese “fútbol” bicolor y zafio que nos venden. El del “y tú más”. El de “yo la tengo más gorda”. Ese que aparece camuflado como "deportes" en radio, prensa escrita o televisión. En medios públicos y privados. Siempre. Salvo que peregrinemos a los márgenes menos concurridos de los suburbios mediáticos, eso es lo único que vamos a encontrar. 

Lo sabemos, pero sumidos en un régimen dictatorial que se justifica en ratios de venta y shares de audiencia que nadie parece discutir, incluso nosotros, vulgares anomalías dentro de un sistema que no nos reconoce, acabamos aceptando las reglas y las premisas del aparato. Usamos su lenguaje. Debatimos sus propuestas. Coloreamos su planilla. “No, si yo no lo veo/leo/escucho”. 

Ya. 

Es muy difícil pelear contra un enemigo que controla todas las palancas y domina todas las puertas, pero es absurdo hacerlo si ni siquiera somos capaces de localizar dónde está. 

La mejor forma de no conocer la realidad es dejar que te la cuente el que tiene intereses en que la veas de una determinada forma. 

Tú mismo. 

@enniosotanaz

Caricatura

At. Madrid 2 - RCD Español 0

Llenar los millones y millones de minutos, páginas e imágenes que los medios dedican a eso que ellos mismos denominan “información deportiva” (sin serlo) debe ser realmente difícil. Desde ese punto de vista puedo entender que los análisis se estiren como el chicle pasado, los temas se mastiquen hasta hacerles perder sus sabor o que los detalles pasen a tener una importancia que en el fondo no tienen. He llegado a convivir naturalmente con ello, pero me molesta cuando se abandona un mínimo de rigor para construir sobre la caricatura. El Atleti tiene un problema de creación probablemente desde el siglo pasado. No es algo que trajese Simeone. El año pasado el déficit se suplía con el intermitente genio de Arda o la fiabilidad prusiana de Koke pero sobre todo con la verticalidad animal de Diego Costa. Este año no tenemos al hispanobrasileño y además no existe ahora mismo otro jugador igual en el mercado así que las costuras se ven más. Es obvio. Más allá de enfermedades casi endémicas, el “problema” del Atleti de este año, para mí, está en la falta de gol de sus dos delanteros de referencia: Mandzukic y Griezmann. Si eso se soluciona las cosas se verán completamente diferente. Pero es que no todos lo partidos son iguales, además, y por eso centrarse hoy en el circense debate del juego a balón parado, precisamente hoy, me parece reducir el análisis a la caricatura. Y hacerlo a mala leche, además. El Atleti ha tenido el 60% de la posesión, ha rematado 20 veces y 9 de ellas lo ha hecho entre los tres palos. Ha tenido fases en las que los de Simeone han sido una apisonadora intratable frente a un equipo, el catalán, que simplemente se dedicaba a tratar de defender renunciando incluso a la posibilidad de cualquier plan B. Si Mandzukic mete los dos cara a cara que ha tenido (tendrá que meterlos) y Griezmann no hubiese tirado al poste estaríamos hablando de otra cosa pero los profesionales de la información prefieren no gastarse en elaborar su análisis y seguir tirando de caricatura.

La primera parte del equipo madrileño fue muy buena. Con intensidad, dominio del juego, buen manejo del balón y equilibrio. El Atleti llegó por la derecha y por la izquierda pero desgraciadamente los de Simeone traducían el dominio en ocasiones pero no en goles. Pudo marcar nada más empezar y pudo hacerlo mucha veces después pero tuvimos que esperar a las postrimerías de la primera parte, cuando un balón colgado desde la derecha fue rematado en el área por la cabeza de Tiago para dar una parabola infernal al balón y meterlo en la red. Hasta ese momento el mejor del Español había sido su portero, Casilla. Es cierto que los catalanes habían tenido una clara ocasión con un pase al segundo palo que fue desbaratado in extremis por Moyá pero esa jugada, sinceramente, entra dentro de la categoría de anécdota. Tiago era dueño absoluto del medio campo (la importancia del portugués en este equipo es brutal) y el equipo rojiblanco jugaba en terreno del rival todo el tiempo pero Mandzukic, muy lejos del área en demasiadas ocasiones, no conseguía conectar ni con el equipo ni con la puerta. Creo que tampoco ayuda en esta empresa la presencia de un Raúl García que, como el croata, es más rematador que combinativo y que por lo tanto es también dependiente del juego entre líneas. Un juego entre líneas que es muy difícil con Griezmann en el banquillo.

La segunda parte comenzó igual que acabó la primera pero con la mala noticia de la lesión muscular de Tiago. Su posición la ocupó un Mario Suárez que hizo buenos minutos. Buena noticia. En ese contexto destacó sobre todo la presencia de Godin, imperial una vez más y demostrando que está al nivel de los mejores centrales del mundo. Los periquitos intentaron poner más fútbol y presencia en el campo pero todo se les vino abajo cuando un barullo en el área tras córner desde la derecha es rematado de cabeza por Giménez (buen debut del uruguayo) para conseguir meter el balón en la misma línea de gol y que el propio Mario Suárez pusiese el 2-o en el marcador. Poco más. El Español no supo hacer daño y el Atleti no quiso desangrar al rival. El equipo barcelonés no fue rival en ningún momento y dio una imagen muy pobre. Por eso me resultan especialmente patéticas las declaraciones de Sergio González, entrenador blanquiazul, anunciando sin rubor que su equipo no fue inferior al colchonero, más allá del juego a balón parado. Resulta muy miserable tirar de demagogia barata para justificar la negligencia propia pero más todavía hacerlo subiéndose a la grupa del jingle mediático de moda. Mal augurio el de este caballero.


Tres puntos importantes que mantienen al equipo en lo alto de la tabla y que otorga algo de tranquilidad a toda esa cohorte de histéricos que habían empezado a cortarse las venas con el traspiés de Valencia. Pero no hay tiempo de siestas. El miércoles nos visita el Malmö.

   

Alivio.

Almería 0 - At. Madrid 1

Les pido que hagan un ejercicio de memoria y se sitúen unos años atrás, no muchos, en esos momentos en los que el banquillo rojiblanco estaba ocupado por Aguirre o Manzano, señores perfectamente incrustados en el Establishment, muy del agrado de los medios de comunicación y protagonistas (según esos mismos medios) de “exitosas” campañas al mando del equipo colchonero. Recordarán, como yo, que entonces el objetivo marcado por el entrenador, aceptado por la prensa y gran parte del entorno, era el de sacar “un buen resultado” en campos como el del Almería. Es decir, todo lo que no fuese perder era bueno. Hoy, jugando en ese mismo campo, cualquier cosa que no fuese ganar era una tragedia sin paliativos. Ese es el estratosférico recorrido que ha sufrido este equipo como institución en los últimos años. ¿Tiene sentido en ese contexto la crítica exacerbante al actual Atlético de Madrid? No. No lo tiene. Es evidente que no añoro el pasado y que no quiero por nada del mundo volver a esos tiempos del terror en los que estábamos dirigidos por tecnócratas que jamás entendieron lo que es el Atlético de Madrid, pero sí que reclamo algo de perspectiva y criterio al aficionado colchonero. Todo se puede criticar pero con algo más de sentido. No podemos rodear cada uno de nuestros comentarios con un histerismo adolescente que desconozco de dónde ha salido. No podemos tener la impaciencia del niño malcriado que lo quiero todo aquí y ahora. No podemos convertirnos en aquello que criticamos. No podemos ser tan desagradecidos con aquellos que nos han llevado a tocar la gloria porque no sólo no es justo sino que además no se corresponde con la realidad. No me gusta el clima que se está instalando en torno al equipo. Me parece gratuito, dañino e impropio de un equipo como el nuestro. No me reconozco en ese sentimiento cenizo, histérico e intransigente que últimamente rodea la actualidad colchonera. El partido de esta noche en Almería venía cargado de una tensión tan absurda como insoportable. Con un equipo injustamente puesto en cuestión, con los recientes resultados negativos clavados en la espalda y sin delanteros centros, así es como se encaraba. Por todo ello, esta victoria en feudo almeriense se me antoja balsámica y tranquilizadora. Un alivio que apenas durará unos pocos días pero que se agradece. 

El encuentro comenzó con el Atleti bien plantado en el campo, adelantando la defensa y siendo dueños del balón. Dato que podría parecer sin importancia pero que no lo es, dado que no es el colchonero un equipo que últimamente se caracterice por elaborar mucho fútbol. Hoy lo ha intentado y le ha salido de forma desigual. Mejor en la segunda mitad que en la primera pero con una idea en mente que, a mí por lo menos, me resulta bastante interesante. No sólo estaba controlado el balón sino también el partido, gracias a un equipo andaluz totalmente replegado en su área y con muy poca salida de balón. errática y demasiado vertical casi siempre, además. Al Atleti le bastaba un poco de intensidad y buena colocación para dominar todas las fases del juego. El problema es que los de Simeone trataban de construir pero lo hacían mal, con numerosos errores, perdidas absurdas de balón y sin velocidad. Todo el buen criterio que trataba de poner Tiago lo contrarrestaba un Mario Suárez que sigue sin estar. El problema es que me temo que ya tampoco se le espera. La salida del juego a través del canterano era espesa, lenta y mala. Torpe. Aún así el equipo madrileño dispuso de al menos tres ocasiones claras de marcar. Esas ocasiones que el año pasado entraban y este no. El primero de remate de Godin tras saque de esquina, el segundo de buen lanzamiento de Tiago desde fuera el área y el tercero de buen zurdazo de Raúl García, que como en la otras, paró con solvencia Rubén, el portero almeriense.

La segunda parte supuso una significativa mejoría para los de Simeone. La clave parece evidente a posteriori pero a priori, créanme, también parecía evidente. La entrada de Saúl por Mario hizo que Koke bajase al doble pivote y que el ex del Rayo jugase entre líneas muy buenos minutos. Combinando con los delanteros, ayudando a dar salida de balón a los medios y poniendo mucha intensidad. Buen partido de Saúl del que creo que poco a poco acabará encontrando su sitio. Proyecto de jugador muy interesante. Con ese caldo de cultivo aparecieron combinaciones de Arda, Koke, Griezmann (más apagado de lo normal) y el Atleti empezó a vivir en el área de Almería. Pero al final el gol, que llevaba rondando desde hacía bastante tiempo, tuvo que venir como siempre. Saque de esquina de Koke al primer palo y remate de Miranda. No por conocido es difícil de defender. El Atleti borda la excelencia en este tipo de acciones.

A partir de ahí el partido murió. Se hizo feo y nadie jugó al fútbol. El Almería se fue arriba pero era incapaz de llevar la manija y sólo conseguía inquietar al rival a base de pelotazos al área. El Atleti cediendo terreno y balón pero siendo incapaz de darle la pausa necesaria al partido cuando recuperaba. Demasiada tensión. El conjunto andaluz apenas dispuso de ocasiones y nunca llevó peligro pero la sensación que quedaba en los aficionados colchoneros era la de que se estaba pasando mal hasta que el árbitro, por fin, pito el final del partido.


Tres puntos de oro que intuyo servirán para poner tranquilidad a una huestes demasiado alteradas, para consolidarse en la parte alta de la tabla y para enfrentarse con optimismo al Tourmalet que viene en las próximas fechas (Sevilla, Juventus, Valencia). Paciencia. 

Distopía

At. Madrid 2 - R. Madrid 2

Escojan la distopia que quieran, 1984, Un mundo feliz, Nosotros, Matrix,... cualquiera vale. En todas hay un mundo perfecto con los protagonistas elegidos de antemano, en todas hay una masa complaciente que dice sí, en todas hay apuestos seres a los que venerar y en todas hay un Ministerio de Propaganda que se encarga de pulir, crear y mantener la verdad. Escojan la distopía que quieran sí, porque cualquiera les valdrá para entender como funciona el fútbol español. Un mundo fantástico, perdón, quise decir galáctico, en el que los apuestos protagonistas aparecerán todos los días a todas horas y por todas las vías posibles, siempre siguiendo las directrices del Ministerio de Propaganda y Verdad. Un mundo en el que todos debemos venerar siempre y nada más que al Becerro de Oro. El único. Ese que, según en qué latitud nos encontremos, tiene color blanco o blaugrana. El resto de individuos que compone la masa amorfa, pétrea y prescindible, se dedica a comer alfalfa, aplaudir y disfrutar del espectáculo, reduciendo la actividad cerebral a mínimos sólo alcanzables por algunos protozoos dopados. Sí, sé que me dirán que hay blogs, tipos que viven al margen de la “verdad” e incluso (sí, me dicen que alguien ha visto alguno) periodistas con cerebro e integridad que tratan de combatir desde dentro, con sus pequeñas armas, la gran red mentirosa en la que vivimos, pero creo que todos esos están (estamos) fuera de la ley. Somos insignificantes. No contamos. No salimos en las estadísticas. No existimos. No somos. Por eso cuando en la ecuación perfecta, esa que mueve trillones de trillones de euros, se cuela una anomalía incómoda, compleja y dolorosa, como el Atlético de Madrid del Cholo Simeone, el sistema tiene que hacer todo lo posible por expulsarla. Anularla. Desautorizarla. Humillarla. Ocultarla. En ello está y lo conseguirán, tarde o temprano, pero les cuesta mucho, es evidente, y en el camino uno disfruta con la pelea. Mucho.

El derbi de hoy es un derbi como los de antes. Como los de siempre. Con pelea, emoción, resultado apretado y arbitraje favorable al Real Madrid. Hasta ahí nada nuevo. La nota discordante la pone el hecho de que ese equipo muerto y acabado que, siempre según el Ministerio de Propaganda y Verdad, era el Atleti, pareció tener algo más de fuelle del que se le suponía. Se presentaba el Real Madrid en el Calderón crecido, aupado en los últimos resultados espectaculares y sobre ese trono de equipo insuperable y pluscuamperfecto que con gustó y dedicación habían creado prematuramente los amigos de la prensa, la única. Se permitían el lujo incluso de quitar de la alineación titular al nuevo mejor jugador de todos los continentes y de todos los tiempos: Jesé. El Calderón estaba lleno, el ambiente era espectacular y el tifo quedó precioso, pero todo eso no parecía más que cortinas de atrezzo para el paseo militar del equipo de todos, el Real Madrid, iba a realizar. Cuando en el primer minuto una falta sacada desde la derecha y un error garrafal, que recordaba tiempos pretéritos, hacían que Benzemá pusiese el primer gol en el marcador, las personas de bien respiraron tranquilas. Coser y cantar, se escuchaba en las mesas de redacción. Los ministros del poder se palmeaban entre ellos, los grandes empresarios del mundo chocaban sus copas de Don Perignon y los notarios de la realidad respiraban aliviados. La normalidad de imponía una vez más... no contaban con esa anomalía que viste a rayas rojiblancas. Craso error.

Porque el equipo ese que en su escudo, irónicamente, lleva el emblema de la ciudad de Madrid, tiró de raza, de orgullo y de fútbol para vender cara su derrota. Sí, de fútbol. Repasen el video. El Madrid, fiel a la cuna de su entrenador, tiró de especulación, paró el ritmo y se puso en ese modo de jugar a esperar tan suyo, pero se le fue la mano. O quizá no contaba con un rival encendido y orgulloso que robó el balón y se dispuso a meterlo, por las buenas o las malas, en la portería contraria. A punto estuvo Diego Costa, genial todo el partido, cuando ganando la partida a Sergio Ramos entró en el área para encarar la meta. El sevillano desbordado lo derribó clarísimamente pero el árbitro se acordó entonces de dónde vive, de qué color viste el Becerro de Oro y de quienes son los buenos. Ninguna duda al respecto de si era o no penalti en el propio campo. Vista la repetición tampoco tengo duda de que no fue un error arbitral. Su actitud, su criterio y sus acciones durante todo el partido deja evidencias de por donde van los tiros.

La rabia que supuraba a miles colchoneros, que recordábamos por qué somos de nuestro equipo y no del equipo que estaba jugando enfrente, era la misma rabia de tantas y tantas generaciones de otros colchoneros. Era la rabia de los jugadores que defendían hoy la camiseta y es la rabia por tanto que acompañaba cada jugada a partir de entonces. Cada triangulación. Cada cambio de juego. Mario Suarez seguía perdido y descolocado. Raúl García, que sin rematar sigo pensando que es un jugador intrascendente, tampoco estaba demasiado fino, pero el Atleti era un equipo. Un equipo que jugaba con la cabeza levantada y que miraba de tú a tú al rival. Y que quería ganar. Así que una jugada de Turan pasados los 25 minutos puso justicia en el marcador. Hacía tiempo que sólo había un equipo en el campo. El turco se paseó entonces por la frontal del área, con la delicadeza de los artistas imprevisibles, para abrir el balón a la derecha y dejar a Koke de cara a la portería. El canterano, que ha vuelto a realizar un soberbio partido, pegó al balón sumando la fuerza de todos los que estábamos en la grada para empatar el partido. El Calderón estallaba de júbilo pero los jugadores se abrazaban sólo tímidamente. Parecían querer decirse entre gestos, chicos, nos falta otro gol. Y fueron a por él. Los últimos minutos fueron un vendaval de juego, poderío y ganas por parte de unos colchoneros que encerraron al Real Madrid en su campo. Un Real Madrid que acusó su bajada de ritmo y que para cuando quiso reaccionar, estaba ya metido en la dinámica de un rival que lo superaba. Los de Simeone bordeaban el área constantemente, pero fue en el último minuto cuando vino el gol, con un saque a balón parado que llega a Gabi muy lejos de la portería. El capitán decidió entonces encarar la portería y desde muy lejos lanzar un zapatazo brutal que Diego López no ve salir y que por tanto no puede parar. 2-1. Final de la primera parte. La felicidad.

Había dudas respecto a como encararía la segunda parte el Atleti y si los de Ancelotti serían capaces de volver a ser el equipo de las últimas fechas pero el guión no se movió un átomo. El Atleti volvió intenso, fuerte, guerrero y mandón. El Madrid trataba de cerrarse tácticamente esperando su oportunidad pero durante muchos minutos el Atleti siguió dominando y tuvo sus ocasiones, pero entre el árbitro y el equipo blanco trataron de campear el temporal. La ocasión más clara llegó en la cabeza de Arda tras buena jugada por la derecha de Juanfran, pero Diego López sacó bien un balón que se colaba. Desgraciadamente a falta de 20 minutos, más o menos, el Atleti, que había hecho hasta entonces un esfuerzo físico brutal, se quedó sin fuelle y el Madrid, que es mucho Madrid, las cosas como son, empezó a salir a la superficie. Y tuvieron alguna ocasión que Courtois solventó como en él es habitual. El bajón de los locales era evidente. Algunos miraban al banquillo pero supongo que Simeone volvía la cabeza y no veían nada que pudiera mantener el nivel. Yo tampoco, lo reconozco. La salida de Marcelo (increíble que no fuese de la partida inicial) puso más peligro al ataque merengue pero el Atleti se resistía con rigor sin pasar excesivos problemas. Hasta que llegó un terrible error de Mario Suárez que no acertó a despejar, el balón acabó en el centro del área donde apareció Cristiano Ronaldo para rematar a red. 2-2. El Atleti tuvo una última oportunidad, con un error de la defensa madridista que ni Costa ni Raúl García fueron capaces de acertar a resolver, pero la sensación era de que el Madrid estaba más fuerte y cerca del gol.

Empate que deja sensación de derrota en la grada, lo cual es una estupenda señal, especialmente teniendo en cuenta los últimos años de historia de nuestro equipo y teniendo presente el lugar de dónde venimos, pero que técnicamente deberíamos entender como algo positivo. Seguimos a 3 puntos de la cabeza y tenemos ganado el gol average con el Real Madrid. Así que en contra del Ministerio, de sus voceros, de las galaxias, de los galácticos y demás mentiras, seguimos soñando. Pese a quién pese. Partido a partido.


Dudando de las premisas

At. Osasuna 3 - At. Madrid 0

Decía el inspirador de este blog, Don Pedro Calderón de la Barca, que siempre el traidor es el vencido y el leal el que vence. Hoy parece un buen ejemplo para refrendar algo así. El Atlético de Madrid sale vencido y derrotado de Pamplona precisamente por traicionarse a sí mismo. Por desviarse de la filosofía pétrea a la que llevaba aferrado desde hacía mucho tiempo. Simeone peleaba contra viento y marea frente a periodistas feroces, ávidos de pulverizar un incómodo discurso que los creadores de realidades no podían controlar. Trataba de evangelizar con una idea de encarar la vida, dentro y fuera del campo, que había resultado ser componente indispensable del éxito. Partido a partido. No había vida más allá del mañana. No había objetivos más allá de la siguiente alineación. Pero eso se ha roto precisamente hoy y esa, para mí, es la peor de las noticias. Por encima del 0-3 y el alejamiento de las posiciones de cabeza. Hoy se ha roto uno de los pilares de nuestra forma de entender el fútbol y sí, podría quedarse en anécdota, pero también podría hacernos pensar en que todo lo anterior era mentira. Mal asunto. Nunca, y aquí está escrito, he visto al Atlético de Madrid como candidato al título de liga. Por razones obvias además. Creo que tenemos una plantilla de 10 jugadores de elite, 3 o 4 que pueden apuntalar el equipo en un momento dado y nada más. Suficiente para disputar un torneo corto, insuficiente para disputarle una liga a equipos que manejan diez veces más presupuesto que tú. Pero eso no tiene nada que ver. Se puede perder y eso entra dentro de lo normal pero la derrota de Osasuna es un torpedo en la línea de flotación. Cuestionar a los padres fundadores. Dudar de las premisas.

Simeone es humano y por ende también se puede equivocar. Hoy se ha equivocado. Espero que lo reconozca, aunque sea a puerta cerrada, y que aprenda de ello. La alineación (y por tanto la forma de jugar) con la que se salta al Sadar es una alineación pensada para el domingo que viene o para el partido de unos día después frente al AC Milan, pero no no es una alineación pensada para derrotar a Osasuna. Demasiadas piezas vitales fuera del campo. Mario Suarez sigue perdido en el campo con un nivel de imprecisiones y desequilibrios que ahora mismo es lo que más me preocupa de cara al futuro (básicamente porque Tiago no está). Villa sigue siendo el Villa de la temporada. Inexistente, inofensivo e inédito. Y lo de Adrián no tiene nombre. Lejos de ser un jugador con pocos recursos ahora mismo y nulo aporte, el problema es que sus desequilibrios los nota demasiado el equipo. No transmite nada positivo y tengo la sensación de que contagia al resto su permanente melancolía. Con ese guión Gabi tiene que justificar a Mario, Costa tiene que justificar a Villa y todos tienen que justificar a Adrián. Demasiado desequilibrio. Diego se perdía también en algún lugar del centro del campo pensando en lo difícil y olvidando lo fácil. Sé que le caerán palos también al brasileño, pero para mí su problema va ligado al del equipo y no al revés. Si a eso le unen una mentalidad débil y un nivel de intensidad discreto, tendrán lo que hoy ha saltado al campo para enfrentarse contra Osasuna. Los navarros, por el contrario, lo hicieron muy bien. Juntos, compactos, intensos y con la sensación (que en ningún momento dio el Atleti) de haber estudiado a su rival. Tras un breve espejismo de los colchoneros (hoy de amarillo) los navarros se hicieron en seguida con el balón y con el partido. Mucho más rápidos y metidos en el encuentro metían al equipo del Cholo en su campo haciéndoles parecer perdidos. Los rojillos llegaban antes, daban antes, corrían más, peleaban más y jugaban más. El nivel de imprecisiones en las filas madrileñas eran ya, pasados cinco minutos, muy elevadas. 

Enseguida llegó el primero. Córner sacado con habilidad por Osasuna que, jugando primero en corto, provoca que el Atleti se marche en bloque al primer palo para que el lateral navarro, Cejudo, entre completamente solo por el segundo para batir a Courtois. Falta de intensidad en la defensa que deja a un jugador rival sin nadie cerca. Creo que el error es básicamente de Villa. Pero el Atleti no reaccionó. Lento, espeso, dormido... como ido del partido. Mario llegaba tarde a todo y era incapaz de triangular un balón. Villa y Costa partían al equipo quedándose arriba. Diego se veía solo y se liaba en guerras de guerrilla. Adrián seguía pensando que estaba en la grada y es su ensoñación se olvidaba de presionar, dejando todos los huecos posibles. Quince minutos después el equipo sigue desequilibrado y sin ideas así que una pésima salida de balón de Gabi provoca el robó cerca del área de Armenteros que empala un gran balón que toca el poste y se mete en la portería de Courtois. 2-o. Se avecinaba la tormenta, básicamente porque seguíamos sin noticias de los madrileños. Diego Costa era el único que tiraba de escudo y quizá un desacertado Diego al que no le salía nada. Cerca del descanso llegó la puntilla final. La presión inexistente de Adrián en banda provoca un centro al área que ninguno de los centrales (ni por su puesto Mario) son capaces de reducir y que engancha Roberto Torres para hacer el tercero.

La segunda parte fue un trámite. Un periodo de tiempo aburrido e inútil que cualquiera de los protagonistas hubiese aceptado no disputar. Simeone cambió algunas fichas y sí, el Atleti empezó a parecerse al Atleti, pero ya era demasiado tarde. El partido había terminado mucho antes. Osasuna se limitó a jugar ordenado y dejar que los rojiblancos poco a poco se ahogasen en su propia desesperanza.


Tres puntos que se van y con ellos la cabeza de la liga. Ese sueño que siempre lo fue y que poco a poco aparece cada vez más etéreo. Personalmente no me preocupa descolgarnos de los primeros puestos porque, como ya he dicho, es algo a lo que estaba preparado. Ya estamos muy por encima de lo que esperaba, así que eso engrandece todavía más el mérito de Simeone. Pero lo que sí me preocupa, y mucho, es la perdida de identidad. Dudar del discurso. Renegar la esencia. Renunciar a las premisas. Por ahí sí que no. Yo prefiero volver al partido a partido.   

Evidencias y bailes regionales

At. Madrid 0 - R. Madrid 2

Cuando hace un semana el señor que iba vestido de colegiado pitó en final del partido con un reluciente 3-0 en el marcador para delicia de periodistas, empresarios y todas esas personas que glosan las estadísticas fundamentales de este país, servidor, que no pertenece a ninguna de las categorías anteriores, olvidó por completo el Campeonato de España (Copa del Rey) de la temporada 2013-2014. Ipso facto. Sin posibilidad de recuperación. Pasaba a ser un torneo, como el resto de torneos futbolísticos en los que está Barça o Madrid pero  no está el Atleti, que no me merece el menor interés. Por razones obvias, además. Pero el rodillo mediático compuesto por horas y horas de televisión, de radio, millones de megas en internet y toneladas de ese papel que se estropea para describir estupideces, siempre alrededor del Real Madrid, necesitaba que la llama no se apagase. Que siguiese viva hasta el siguiente partido del siglo para que su producción diaria de alfalfa no se viese mermada. Pero un servidor hace lustros que no comulga con todo ese mundo imaginario. Me da absolutamente igual lo que digan. Sus cuitas y demonios. La eliminatoria estaba resuelta y el Real Madrid había sido mejor. Lo sabíamos todos. Desde Simeone a los periodistas. Desde el colegio de árbitros (que por fin podían relajarse) hasta ese ser divino con poderes de protagonista de cómic de la DC llamado Florentino Pérez. Desde el Mono Burgos hasta el que esto escribe.

Lo siento por todos aquellos colchoneros que cayeron burdamente en la trampa de la remontada y ese pastiche prefabricado por el mercado sobre leyendas y momentos espectaculares. Era todo mentira. Más falso que una tertulia de TikiTaka o una columna de Manolete. Y no seré yo quien reniegue del romanticismo en el fútbol o de las empresas imposibles, Dios me libre, pero hay cosas que se caen sobre su propio peso. Esta era una de ellas. Meterle cuatro goles al Madrid sin que además el rival marque es una empresa imposible para casi cualquier equipo del mundo. Mucho más para un equipo con la décima parte de presupuesto como el Atlético de Madrid, incluso en su mejor momento. Mucho más para el Atlético de Madrid sin estar en su mejor momento. Y mucho más para el Atlético de Madrid jugando con los reservas. Decía ya en la previa que si de mí dependiese no hubiese gastado una sola partícula de energía en el partido de vuelta de la copa y muchos colchoneros, por los que siento admiración, no lo entendieron. Apelaban a la épica y al socorrido “dejarse los huevos en el campo”. Lo entiendo, pero a mí no me salía. Me parecía un esfuerzo vano y artificial que podría traer muchas desventajas y ningún beneficio. Me temo que a Simeone, que ya hizo algo parecido el año pasado en la Europa League, le pasaba lo mismo. Y fíjate, mientras lo del año pasado no lo entendí, lo este año lo entiendo perfectamente.

Cuando camino del Calderón vi la alineación que saltaba al césped, me quede más tranquilo. Las posibilidades de pasarlo mal en el campo, por estar a punto de conseguir lo imposible, se reducían con  cada nombre: Aranzubía, Insúa, Cebolla, Sosa, Raúl García,… Pero es que cuando el balón echó a rodar se disiparon por completo. El Madrid, dispuesto a no sufrir, se colocó bien en el campo y se puso a marear el balón mientras el Atleti se estrechaba cerca de su área corriendo detrás de la pelota sin demasiada fe. Tardando mucho en robar el balón (por falta de intensidad y por mala colocación) pero haciendo el ridículo cada vez que ocurría. Y es que meter tres goles sin delanteros es francamente complicado. Porque Raúl García es rematador (y poco más) pero no es delantero. Ni tiene movimientos, ni tiene picardía, ni tiene velocidad. Si encima el balón se lo tiene que dar Cebolla o Sosa (cada día más indolente y menos jugador) la misión se antoja imposible. Diego como si no hubiese salido. A los pocos minutos Mario Suárez, un jugador muy interesante cuando está en forma pero muy peligroso cuando no lo está (y no suele estarlo), perdió el balón de forma infantil en la zona crítica lo que provoca que Cristiano Ronaldo coja el balón en su lugar favorito y en las mejores condiciones posibles. El pobre Manquillo, que todo lo que tiene de superlativo en ataque lo tiene de déficit en defensa, intentó parar al portugués corriendo como el mercancías, con tan poco tino, que arroyó al morador de la galaxia por el camino. Él propio astro de todos los astros convirtió el 0-1, deleitándonos posteriormente con una de esas celebraciones tan plásticas y que tan bien concuerdan con el señorío de la institución a la que representa. Minutos después, con un lanzamiento al palo de Raúl García entre medias en el único lance decente del equipo en toda la primera parte, el encargado de hacer una demostración de cómo no se defiende fue el otro lateral, Insúa, que decidió zancadillear a Bale y sus millones, cometiendo otro penalti igual de claro y absurdo que el anterior. El astro de todos los astros volvió a marcar y a ofrecernos al planeta tierra otro de sus bailes regionales. 0-2. No habían pasado ni quince minutos.

El roto podría haber sido de escándalo pero el Real Madrid decidió tirar de pragmatismo, no entrar en guerrillas, bajar el ritmo y dejar correr el tiempo. Yo, sinceramente, lo agradecí desde la grada. El Atleti aparecía inofensivo e incapaz ni siquiera de conseguir tirar a puerta. La segunda parte tuvo otro color, con un Atleti con algo más de mordiente y mucho más incisivo pero tampoco consiguió despeinar a los de blanco, que se dedicaban simplemente a pasarse el balón en zonas libres de peligro. Hubo alguna llegada (especialmente destacable la mano que Casillas saca para sacar un tiro de Sosa en lo que fue la mejor jugada del partido) pero todo cae fundamentalmente en la zona de la anécdota.

No quiero acabar esta crónica con un sentimiento pesimista. No lo tengo. Igual que hace dos meses, sigo pensando que es un puto milagro que el Atleti esté donde está. Compitiendo en la élite, tocando las narices a los que antes ni nos dirigían la mirada y llamando a puertas que normalmente veíamos por televisión. Nos elimina el Real Madrid en semifinales y no el Albacete en primera ronda. No perdamos la perspectiva. No caigamos en la trampa del rodillo mediático y apliquemos a los de Simeone las reglas que se utilizan para equipos, como el Real Madrid, que con lo que han costado dos de los jugadores que normalmente están en su banquillo se puede arreglar el presupuesto anual del Atleti. Seamos honestos a diferencia de “nuestros” periodistas. Seamos humildes a diferencia de nuestros rivales. Miremos adelante y por supuesto, nunca dejemos de soñar, porque no tenemos razones para dejar de hacerlo.





PD. El lanzamiento del puñetero mechero es lamentable. Cualquier multa o sanción que le apliquen al autor de esa cobardía me parecerá poca. Cualquier intento de asociación de ese hecho concreto con la afición del Atlético de Madrid me parecerá torticero y repugnante.

Doctor, me llamo Atlético de Madrid y tengo un problema

At. Madrid 1 - R. Madrid 2

Por esas cosas de la vida yo jamas he sentido el deseo de fumar así que no soy precisamente un especialista en ese difícil arte de superar esa adicción. Sin embargo, es algo que he visto a mi alrededor y conozco sus síntomas, sus consecuencias y sus testimonios. La adicción tiene siempre una componente química o física y otra psicológica. La primera puede ser más o menos severa según los casos pero casi siempre tiene solución acudiendo simplemente a los mismos elementos que la han provocado. La adicción a la nicotina, una sustancia química, puede superarse fácilmente con pastillas, parches o mil y una otras opciones. Sustancias químicas. De esa manera tu cuerpo aprende a prescindir fácilmente o sin demasiado sufrimiento de una sustancia que químicamente necesita porque lo has acostumbrado. Eso es relativamente fácil. El problema está en el otro factor, el psicológico, que desgraciadamente es mucho más complicado. Ni siquiera los especialistas se ponen de acuerdo en definir la mejor forma de afrontarlo pero en lo único en lo que si coinciden es en que el enfermo necesita antes que nada reconocer que tiene un problema y que quiere superarlo. Creerte que efectivamente tienes una enfermedad y que eres un enfermo. El Atlético de Madrid tiene una enfermedad cada vez que se enfrenta al Real Madrid. Me parece obvio. Duele reconocerlo y tendemos a no quererlo hacer por aquello que supone. El “otro” equipo de la capital representa para los colchoneros, reconozcámoslo, todo lo que detestamos de la vida. Todo lo que no queremos ser. Representan esa vida que no queremos tener. Asumir que enfrentarse a ellos nos provoca esta rara patología que llevamos décadas soportando es asumir muchos demonios que se clavan en los más profundo del corazón pero también que esa suficiencia y personalidad con la que los colchoneros vamos por la vida se resquebraja en sus pilares más importantes. Tenemos un problema y me parece que es colectivo. De la institución. Del Club. De todos. Podemos culpar a la suerte, a Cerezo, a Gil, a Raúl García, a Simeone, o al Sursum Corda y seguramente todos tendremos parte de razón pero las cosas que se repiten de forma tan continuada no pueden ser casualidad, ni suerte, ni puede estar  su causa en un lugar tan claramente identificado. Cualquiera que sabe algo de estadística sabe que si tiramos un dado 25 veces y las 25 sale el número seis el dado está trucado. Los Atleti-Madrid están trucados. Cuando el Real Madrid iba a tirar la falta que ha supuesto el empate a uno el equipo blanco todavía no había tirado una vez a puerta, estaba perdido, por debajo del marcador y el Atleti dominaba el partido. A un vecino de grada se le ha escapado sin embargo un comentario: “verás como llegan una vez y nos meten un gol”. Probablemente era lo que estábamos pensando todos. Probablemente es lo que estaba pensando Cerezo y Gil y Raúl García y Simeone y el que recita el Sursum Corda. Señor Doctor, me llamo Atlético de Madrid y tengo un problema. Empecemos por ahí si queremos superarlo. 

El partido no podía estar en mejores condiciones para el Atleti. Posición cómoda en la clasificación, estupenda campaña, un estado lleno, entregado y sin fisuras y un rival sin sus estrellas pensando en otro partido y al que los puntos le daban igual. Habrá quien diga que todo esto era en esencia una presión adicional para el once colchonero que saltó al campo pero a mí ese tipo de análisis me provoca carcajadas. Presión es la que tiene el Depor o el Madrid el próximo martes. Lo que tenía el Atleti hoy no puede ser presión. Si lo es es que el equipo no está preparado para la elite. 

Hay que reconocer sin embargo que el equipo no salió mal al campo. Sin esa ansiedad de otras veces, con algo más pausa y hasta dominando. El Atleti de los primeros minutos era el Atleti de esta temporada de ensueño. Un equipo rocoso, ordenado, con personalidad, valiente y sobre todo intenso. El Atleti llegaba primero, llegaba fuerte, dominaba el balón y el ritmo de juego. No jugaba especialmente bien pero eso es algo que a lo que estamos acostumbrados. El Madrid parecía perdido, romo con el balón y su propuesta mediocre de fútbol encima no le salía bien. Entonces llegó un tiro desde la frontal que no paró bien Diego López y cuyo rechace es recogido por Godín en la derecha, que aprovecha para meter un buen balón al segundo palo donde entraba Falcao con todo para inaugurar el marcador. 1-o. Todo pintaba de maravilla. El estadio rugía y los más ansiosos hablaban de goleada. Tampoco parecía descabellado pensarlo a tenor de los siguientes minutos en los que todo siguió igual: poco fútbol, pelotazos, lucha greco-romana en el centro, un Madrid perezoso y un Atleti cómodo pero previsible. Hasta que llegó una falta bastante alejada a favor de los merengues. Di Maria mete un balón a la olla con buena rosca pero sin demasiado criterio. El balón pasa por toda la defensa tranquilamente, da en el pecho de Juanfran y se mete en la portería ante el estupor general. 1-1. En ese momento, entre las caras de pánfilo de los colchoneros, entre espectadores tocándose las canas, niños que preguntaban lo que había pasado y atléticos de cuna que tragaban veneno, aparecieron todos los fantasmas de antaño. Todos. Uno detrás de otro. Y se acabó el partido. 

El fútbol, eso si, escaso hasta entonces (estamos hablando del minuto 12), desapareció por completo. A partir de ahí asistimos a un soporífero ejercicio de centrocampismo barato, luchas, fallos, patadones y un sucedáneo de juego bastante previsible. Incluso algo así es algo comprensible y que habíamos visto otras veces. Pero esta vez lo distinto era el Atlético de Madrid. No estaba. Era otro equipo. El equipo que habíamos visto otros años. El de “siempre”. Un equipo que ya no era rocoso, ni ordenado, que mostraba una insultante carencia de personalidad, que parecía acobardado y que sobre todo se encontraba absolutamente falto de intensidad. Incomprensible en el partido emocionalmente más importante para el aficionado. El Atleti de Simeone es normalmente un equipo vulgar cuando no tiene intensidad. Si enfrente está encima el Madrid el adjetivo ya no es vulgar sino que pasa a tener tintes más humillantes. Antes del descanso no ocurrió nada pero si tuvimos tiempo suficiente para ver un par de cosas. La primera es que Mario Suárez no está a la altura de las circunstancias. Lento, aportando cada vez menos y sobre todo con una indolencia que se me antoja incompatible con el espíritu de Simeone. El centro del campo del Atleti tiene que estar poblado por jugadores con mucha más seguridad y jerarquía. Mario no lo ha sido. Lo segundo es que hemos podido ver algo que de repetitivo ya cansa. Raúl García, por su propio bien, no debería pertenecer a la plantilla del Atlético de Madrid. Ha demostrado que no es válido para este equipo ni de mediocentro, ni de mediapunta ni jugando en banda por detrás de los delanteros ni de nada. Ni segunda jugada, ni llegada, ni disciplina táctica ni gaitas. Su aporte es nulo y en muchos partidos acaba siendo además una rémora. Condenó por inoperancia la banda más vulnerable del Madrid (es cierto que no es jugador de banda) pero es que no aportó nada en ninguna de las otras facetas. Raúl García volvía hoy a salir del campo entre abuchéos de sus propios aficionados. Algo que me parece lamentable pero que empieza a ser inevitable. Si tuviésemos un director deportivo tomaría nota de estas cosas pero desgraciadamente no lo tenemos. Caminero no sé lo que es pero es otra cosa. Cualquiera, menos un director deportivo. 

Tampoco pasó mucho más después del descanso. Ambos equipos siguieron destripando terrones durante un buen puñado de minutos sin que pasase nada. Gabi lanzó a la grada un balón que encaraba sólo a la portería pero eso fue todo. También hubo un claro penalti a Falcao, por supuesto no pitado, pero que el árbitro no pite penaltis en el área del Real Madrid es algo que debe estar escrito en la parte trasera del reglamento español de fútbol. Eso y que Xabi Alonso tiene permitido patear y abofetear a quién quiera cuando quiera. Pero sería injusto hablar hoy de árbitros. Lo más grave para mí seguía siendo lo mismo de antes. Mi equipo. La falta de personalidad. Esa escuadra que había sido admirada por su intensidad y que hoy era tan blanda como una nube de algodón. Ni siquiera hacía faltas. El equipo que ayer era valiente y decidido hoy se escondía cada vez que tenía ocasión. Esa elogiada pareja de centrales que nos tiene enamorados hoy parecía una pareja de asustados bailarines aturdidos. Diego Costa seguía en su particular cuesta abajo, esa que lo aleja del fútbol y lo acerca a otro tipo de artes escénicas, y jugaba en solitario preocupado únicamente de si mismo. Apenas se puede salvar de la quema a un Filipe Luis voluntarioso y a un Koke que era el único que trataba de que lo que pasaba en el campo se pareciese algo al fútbol. El Madrid sin problemas. Muy bien ordenado, equilibrado en el repliegue y con una buena presión que le bastaba para que su rival tuviese pesadillas con el coco. En uno de los miles de errores en el centro que tuvieron los colchoneros Di Maria abrió una buena diagonal para que Benzema, con una suficiencia pasmosa, pusiese el balón dentro de la portería. 1-2. Fin del partido. Lo de siempre. 

El resto del tiempo hasta el final fue la humillante constatación de que los once jugadores vestidos de rojiblanco sobre el césped se sentían inferiores a su rival. Seguramente lo eran. Continuaron con ese anodino y previsible sucedáneo de fútbol que llevaban practicando desde el empate y que el Madrid neutralizaba sin mancharse las manos. No llegamos una vez a puerta pero es que es muy difícil hacerlo cuando tu única opción es colgar balones al área contra un equipo que defiende estático porque eres incapaz de descolocar. Simeone, muy tarde, trató de meter algo más de fútbol con Adrián y Cebolla que sustituían a dos que no deberían haber jugado (Mario y Raúl García) pero aunque el equipo pareció algo más dinámico era un espejismo y el resultado fue el mismo. Nadie tenia fe en que el marcador pudiese terminar de otra forma. Nadie. 

Derrota tremendamente dolorosa que no se puede esconder en la intrascendencia de los puntos, en la clasificación o en otros datos bañados en pragmatismo. Hemos perdido justamente contra el Real Madrid en el Vicente Calderón y eso es un torpedo en toda la línea de flotación del espíritu colchonero. Una puñalada. Algo que duele más que una derrota cualquiera. Algo que baña el ánimo de una afición que no se merece perder pero mucho menos perder siendo vulgar. Agachando la cabeza. Siendo dócil. Y estoy enfadado. Estoy harto de perder, señores. No me vendan éxitos ajenos que pretendan eclipsar esta hemorragia. Estoy harto de estar enfermo. Estoy harto. Tienen una oportunidad de curarse en unas semanas jugándose además algo que quedará para la posteridad pero no les veo capaces. No soy optimista y no me da la gana serlo. Seguimos acudiendo a los parches de nicotina cuando necesitamos tirar de fuerza de voluntad. Pueden cambiar la historia en la final de copa pero no creo que yo esté allí ese día para verlo. No me lo creo. No me pidan mi ayuda porque no la van a tener. Estoy demasiado cansado.

Escuchando el Himno

At. Madrid 2 - Málaga 1

Nadie dijo que fuese fácil. Viendo los fríos números que se desprenden una aséptica tabla clasificatoria puede dar la sensación de que todos los participantes son iguales pero no lo son. El Barça no es lo mismo que el Atleti de la misma forma que el Atleti no es lo mismo que el Levante. No lo tienen igual de fácil. Es tangible y evidente. Por eso durante años he reclamado para mi equipo un discurso coherente con lo que era y quería ser pero eso, por supuesto, pasaba por no apoltronarse en estadios que no le correspondían. El negativo influjo de una dirección oscurantista y mentirosa unido al concurso de entrenadores marioneta, mediocres y confusos, hacía que la institución se sintiese cómoda en escenarios débiles y acomodaticios en los que no encajaba. Los advenedizos del nuevo estatus se columpiaban en la bandera de la simpleza y argumentaban que Madrid y Barça estaban en otra galaxia que no nos correspondía. Podrían tener su parte de razón pero obviaban que la vida, gracias a Dios, es una suerte de paleta multicolor de muchos matices. No sólo existen dos galaxias y si aquel mundo estratosférico quedaba lejos, mucho más lejos debería de quedar el espacio del miedo y la mediocridad en el que al parecer teníamos que echar raíces. No señores, no. El espacio del Atleti es este que tienen delante de sus narices. Peleando cada partido. Muriendo en el césped. Jugando. Ganando. Perdiendo sólo cuando el rival es mejor que tú. Disputando la cabeza con los poderosos a la espera de que un ligero traspiés en la maquinaria galáctica permita e todo el colchonerismo meterse hasta el tuétano. El lugar del Atleti es el del orgullo, la emoción y el poderío de saberse único. Como bien dice el propio himno: peleando como el mejor. Ni más, ni menos. 

Venía uno de aburrirse viendo en un bar los ecos de esa guerra de los mundos en la que han convertido el archicansino Barça-Madrid cuando se topó con un Vicente Calderón vestido de rojo y blanco. No estaba lleno (¿Cuánto hace que no se llena el estadio?) pero el ambiente era fabuloso. Lo fue todavía más cuando comenzó el partido con ese plus, marca de la casa, con el que el equipo sale en los partidos importantes desde que está Simeone en el banquillo. Un Atleti mandón y arrollador que se hacía con la pelota y el dominio sin dejar que el rival ni siquiera apareciese. Sobre el campo aparecía la novedad de Emre, la enésima apuesta de un cholo que cada partido consigue incorporar un nuevo jugador a la lista de jugadores disponibles para el equipo titular. El turco aceptó la apuesta y la ganó. Cómodo en un centro del campo minado con Gabi y sobre todo un Mario Suárez que cada día que pasa es mejor jugador, el turco demostró a la grada que es un jugador todavía muy aprovechable. Sumidos en la euforia Mario roba un balón cerca del área, con gran gesto técnico lleva el balón a la izquierda, Emre mete un balón cruzado al área con maestría y por allí aparece el de siempre, Falcao, para poner el 1-0. Partidazo. El mejor Atleti frente a un Málaga que no existía. 

El gol hizo sin embargo que los madrileños cambiasen de marcha y adoptasen esa formación alternativa en la que el equipo espera en el centro del campo y desactiva al rival sin balón. A estas alturas de liga la fórmula podrá ser discutible pero es la de Simeone y le ha funcionado. Los andaluces se quedaron con el balón, pero más por despecho del rival que por convicción propia. Un equipo malagueño que resultó decepcionante en el Calderón. Bien plantado, correoso, junto y difícil de doblegar pero que renunció a su personalidad desde el primer minuto. Mal Pellegrini que completó su mala actuación con una rueda de prensa post partido indigna de uno de los mejores entrenadores de la liga. Pero el Málaga es un gran equipo que ha demostrado saber jugar al fútbol así que en su mejor jugada del partido, un buen contrataque vertical que pilla al Atleti descolocado, llevó el balón a la banda izquierda para que, imitando el gol de los colchoneros poco antes, Santa Cruz rematase de cabeza en boca de gol e hiciese el empate terminando el primer tiempo. 

La segunda parte siguió por los mismos derroteros con un Málaga cómodo en su papel reservón y un Atleti sobre excitado e impreciso. A todo ello colaboró la nefasta actuación de Pérez Lasa. Si querer buscar conspiraciones en la sombra resulta inquietante ver como el colegiado trató por todos los medios de desestabilizar el juego colchonero. Constantes paros de juego, infinitas faltas en ataque a Falcao cada vez que saltaba, demasiadas faltas en contra al borde del área de Courtois. Preocupante. Simeone trató de dar continuidad al juego metiendo a Raúl García y al Cebolla pero no era posible. El Málaga se cerraba con criterio esperando la contra y el Atleti no era capaz de perforar la primera línea rival de contención. 

Pero el Atleti de Simeone es muy emocional y dónde no lleva la táctica llega el corazón. Según se acercaba el final se veía a un once colchonero inyectado en sangre y con la única idea en la cabeza de ganar. En ocasiones dejando hueco atrás, haciéndose vulnerable y sin recurrir al especulativo argumento de que el empate nos dejaba en la misma posición de privilegio en la que estábamos antes del partido. Pero no. Este equipo tiene una idea clara y la tienen todos y cada uno de sus miembros. Así a base de empuje, casta, pundonor y todas esas cosas que son tan del gusto del aficionado pero que no valen de nada si no están acompañadas de criterio y fútbol, el equipo fue metiendo a un decepcionante Málaga en su área. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. Una melé en el área pequeña, una ensalada de piernas movidas por la emoción y gol. El estadio, que para entonces era una olla a presión, soltó la válvula de seguridad y se desató la euforia. El banquillo celebraba el gol con más intensidad que mis compañeros de grada en una comunión con el escudo y la historia que asusta a propios y extraños. 

Seguimos arriba. Los periodistas se sienten cada vez más incómodos con que el “simpático” Atleti esté en esas posiciones que “no le corresponde” y no saben qué hacer. Reír o llorar. Si patético resultó escuchar la pataleta de Pellegrini más patético resultó escuchar los “análisis” de esos periodistas de trinchera crecidos en el odio y espectáculo circense. Aunque resulte desagradable ver toda esa cohorte de mamporreros del régimen retorcerse de picor y aunque sé que soy consciente que la campaña de acoso y derribo no ha hecho más que comenzar, esa es precisamente la mejor prueba de que las cosas se están haciendo bien. ¿Hay ruido fuera? Bien, me dispongo a cerrar las ventanas que tengo mucho trabajo por hacer.

Perfecto

El 9 de Mayo de 2012 podrían haber observado mi esbelta silueta por las calles de Madrid pero no deberían hacer caso a sus sentidos. Mi silueta estaba allí, si, pero yo estaba en Bucarest. Haciendo pasar las horas como podía hasta el inicio de la final de la Europa League. Solitario. En silencio. Nervioso. La gente le hablaba a mi silueta, esa que minutos antes andaba en un lugar perdido del barrio de la Arganzuela pero yo no respondía o lo hacía con graznidos. Estaba con los ojos puestos en el partido. Exclusivamente. Desde muchas horas antes.

El Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone, y perdón por la redundancia, ganó el partido en 6 minutos. Los primeros. 6 minutos de escuela de fútbol. 6 minutos que deberían pasarse a video y ser reproducidos en todos y cada uno de los partidos del Atleti a partir de ahora. Serio, mandón, atrevido, valiente, poderoso y agresivo. Nadie lo esperaba. El Athletic, que hacía las funciones de favorito virtual para casi todo el mundo, menos. En esos 6 minutos el Atletico de Madrid se colocó los galones de emperador europeo y el Athletic se quedó desnudo. Ese puñado de soberbios jugadores de poco más de veinte años que ha maravillado este año al mundo del fútbol, se volvió de repente en un equipo pequeño, nervioso y aturdido. Mientras el Atleti presionaba con furia hasta el saque del portero los leones eran incapaces de tener el balón sin perderlo.

Y entonces llegó Falcao. Ese jugador espectacular, que ha demostrado un montón de veces serlo, pero que como el crack que es decidió hacerlo otra vez cuando todos los focos estaban apuntando. Sin ángulo, sin espacio y sin facilidades el colombiano arma un disparo con la zurda en las esquina del área que se cuela por la escuadra. El grito desgarrado que me salió de las entrañas se produjo en mi casa pero se escuchó hasta en los Balcanes. La cosa pintaba muy bien. Y mejor pintó después cuando los de Simeone pasaron al plan B, transformando el esquema a una disposición 4-5-1, sin tanta exigencia física y aumentando la densidad del equipo. El Atleti no se encerró atrás sino que se organizó para destrozar la forma de jugar del Athletic. Y lo hizo. Incapaces de desplegar su juego gracias al buen acierto del equipo rival. Un equipo rival que esta vez si fue un equipo. Rocoso y compacto. Brillante y solidario. Un señor equipo. Gracias Simeone.

Con el equipo bilbaíno desactivado tácticamente el balón se movía entre sus piernas con lentitud y sin criterio hasta que los rojiblancos madrileños lo robaban y salían en vertical con cordura e instinto letal. Poco antes del 40 Amorebieta, aturdido al igual que sus compañeros, pierde un balón en la frontal del área y acaba en los pies de Arda. El turco mete el balón en el área para que Falcao haga lo que nadie espera. Lo que haría un crack en una final europea. Pasársela de tacón, tumbar al rival y marcar el segundo. El Athletic estaba grogi. El Atleti se limpiaba los zapatos para subir a recoger la copa.

Los vascos salieron orgullosos desde el banquillo con un cambio táctico valiente que puso en ciertas dificultades a los madrileños. Pero no duró mucho. O si, porque estuvieron los 45 minutos intentando hacer un gol, pero enseguida tuvimos la sensación de que no pasaría nada. El tiempo que tardó en aparecer Courtois (segurísimo toda la noche), de ver que los centrales seguían haciendo un partido soberbio, incluso tras la inclusión de una segunda referencia ofensiva como Toquero, de que Gabi volvía a ser ese jugador serio, de equipo, regular y sacrificado que equilibra a los jugones de al lado pero sobre todo, y me alegra decirlo aunque me cierre la boca, por el partidazo que se marcó Mario Suárez. El canterano, por fin, hizo un partido soberbio como mediocentro defensivo. Lo hizo todo bien. Al César lo que es del César.

Incapaz de entrar jugando y frustrados ante el par de paradas de Courtouis los bilbaínos decidieron recurrir a lo que hace unos meses eran sus señas de identidad: colgar balones al área. Así se acrecentó algo más la sensación de peligro pero tampoco. Para terminar de rematar la desgracia, el Atleti empezó encima a consumir más balón y tocarlo en las salidas al contrataque. Los leones corrían detrás cada vez más cansados. En una de esas jugadas el balón llegó a Diego, soberbio una vez más el brasileño, que se paró en la línea de tres cuartos. Cuatro rivales cansados lo miraban con ojos inyectados en sangre pero sin atreverse a entrar. El brasileño oteó las posibilidades y decidió sortear él mismo a todos. Así se plantó delante del portero para batirlo con la izquierda. 3-0. Fin del partido. A disfrutar de la indescriptible felicidad de ser el campeón.

Las primeras lágrimas aparecieron en las mejillas de este sensiblero que les escribe y un nudo marinero se formó en la laringe viendo la celebración de los jugadores. Y viendo el abrazo del Cholo a los rivales y el aplauso de los colchoneros al rival y el pasillo de los jugadores al Athletic… y se me estropeó la cena en el estómago viendo las lágrimas de dolor en una afición que merecía ese título al menos tanto como nosotros. En algún momento entre disfrutar con la cara de Juanfrán y unirme a las arengas del Cholo a esa afición que lo adora me di cuenta de que lo que habíamos hecho y me sentí orgulloso. Me sentí orgulloso de ser el Atlético de Madrid. Un equipo que fue un ejemplo en Barcelona sabiendo perder y un equipo que es un ejemplo también sabiendo ganar en Bucarest. Sin humillar a nadie. Sin señalar el músculo de la pierna que hace los goles. Entendiendo y compartiendo el dolor rival. Sin aspavientos. Sin restregar nada a nadie. Celebrando la alegría propia. Siendo diferentes. Así. Así gana el Atlético de Madrid.

El Atleti vuelve a reinar en Europa tras un partido perfecto.



PD. Y después me fui a Neptuno a compartir el momento con mis amigos colchoneros anónimos o conocidos. A pegarle un abrazo a mi hermano y al Richy y al Teno… a mandar y recibir mensajes de teléfono para con mis colchoneros repartidos por el mundo. A ver a los miles y miles de Atléticos que allí estaban disfrutando el momento.

Pero la policía y el sentido represivo de la nueva administración madrileña, esa que encabeza esa, en teoría, mujer de dientes afilados y peinado voluminoso, decidió agriar la fiesta tocando las narices. Organizando la celebración de la peor forma posible (¿qué sentido tiene poner las vallas a 100m de la fuente? ¿qué sentido tiene no cortar la circulación?) y provocando a la multitud con ademanes más propios de un repugnante ejército golpista y olvidándose de hacer con profesionalidad la labor pública para la que les pagan.
Patético, pero esa es otra historia…

¡¡FORZA ATLETI!!


Fairground Attraction - Perfect

Un sueño ocasional

Levante 2 - At. Madrid 0

Hace pocas semanas tuve un sueño. El Atlético de Madrid, el equipo del cual inocularon su espíritu en mi sangre cuando uno todavía no era consciente de ello, volvía a ser un equipo respetable y respetado. Al menos en el campo del fútbol. Allí no acertaba a ver grandes muchachos galácticos de ademanes estúpidos y soberbia de Starbucks. Tampoco veía nombres de bambalinas ni peinados extravagantes. Allí veía un equipo. Un equipo que ganaba y que perdía. Que tenía buena y mala suerte. Que a veces jugaba bien y otras no le salían las cosas. Que tenía éxitos y fracasos. Un equipo que no todo el mundo entendía pero un equipo que era temido y respetado. Un equipo que SIEMPRE (y repito SIEMPRE) salía a ganar. Contra los buenos y contra los malos. En casa y en la otra punta del planeta tierra. Empezando y terminando la temporada. Por la mañana y por la noche. Por delante y por detrás en el marcador. En la ida y en la vuelta. Con sol y con nieve. Con el aliento de la afición o con la pestilente halitosis del rival mas encarnizado. Cansados o descansados. El Atleti, mí Atleti, salía al campo a jugar siempre igual y siempre a lo mismo. Por encima de modas y estupideces. En un mundo en el que la especulación se dejaba para las quinielas, el Black Jack o los equipos del montón. Hace pocas semanas vi ese Atleti en Roma y pensé que estaba viviendo una realidad y que por fin podía poner el marcador a cero. Estaba equivocado. Parecía real pero era ficción. Como otras tantas veces era, simplemente, un sueño ocasional.

Si alguien sigue este blog desde hace tiempo y tiene la santa paciencia de aguantar mis subidas y bajadas de ánimo sabrá que no soy esa clase de aficionado que basa su argumentación en resultados o títulos. Lo que reclamo, como un idiota gritando en un desierto, es valentía, respeto por la esencia del equipo, honor y fútbol. Con todo eso vendrá lo demás y si no viene me dará igual. Seré aficionado del Atlético de Madrid y eso, como una vez dijo con tino Vicente Verdú, será suficiente para mí. Ojo, aficionado del Atlético de Madrid, pero no de este sucedáneo de cartón piedra que no se parece a la realidad más que en la fachada de una camiseta y un escudo que llevan décadas arrastrando impunemente por el fango.

Y soy consciente de que el problema de esta broma macabra está fundado y enquistado en los despachos de la institución. Una institución usurpada, espoleada y violada por una familia de tramposos públicos y conocidos que sólo en un país de “listos” como este, en el que los delitos prescriben y a nadie le importa un carajo, pueden seguir ejerciendo fuera de la cárcel, sin que ningún dirigente se despeine o los periodistas, tan escrupulosos para otras cosas, dejen de tomarlos en serio. Y soy consciente, si, pero uno no puede dejar de pensar que hoy a las 11:59 estábamos a 5 puntos del rival que marcaba la clasificación de la Champions League y que nos enfrentábamos precisamente contra el. Hoy a las 11:59 había 11 tipos representando al Atlético de Madrid y sobre sus hombros caía el peso de la historia y el orgullo de la esencia de este club. No sé si alguien se lo había dicho pero no me da la sensación de que fuese así. El Atleti que yo conozco, al que me hicieron aficionado, tendría que haber salido hoy a matar o morir. No hay otro camino. No hay mañana. Jugándoselo todo y sabiendo que cualquier cosa que no sea ganar era un premio menor. Es más, sabiendo que incluso ganando esa cuarta plaza el premio era menor. Lo mínimo imprescindible.

Pero no. A las 12:01 ya vimos que lo que estaba sobre el césped del levante era el sucedáneo de todos los años. El equipo apocado y cobarde que sale a esperar al rival. A ver qué pasa. A no perder. A no jugar. El equipo que no quiere mandar. El equipo que entiende que no tiene ninguna obligación de nada más que de tratar de mantener su portería a cero. De dejar pasar el tiempo. De jugar con esas cosas que conforman lo que algún estúpido denomina el otro fútbol. A especular. A chapotear en el fango de la mediocridad. Esa mediocridad espesa y pestilente en la que al parecer están “todos los demás” y por eso no debería doler. ¿Todos? ¡por Dios! ¿Pero no se supone que somos el Atleti?

Si quieren saber algo del partido les recomiendo que en lugar de leer sesudas crónicas intenten ver los primeros diez minutos del mismo. No necesitan más. Verán todo lo que hace falta ver. Verán a un equipo, el valenciano, que cree en si mismo, que sabe a lo que juega, que es consciente de sus límites pero ese conocimiento lejos de restarle un ápice de ambición lo subraya y amplifica. También verán todo lo contrario. Una banda de millonarios que no sabe a lo que juega (probablemente porque cada día, dependiendo del rival, el tiempo, la luna, la hora, el horóscopo y el precio del barril de crudo, es diferente), que no tiene conocimiento del valor de la camiseta que están defendiendo, que no tienen ni idea de cual es el objetivo de la institución (o tienen la idea equivocada que la propia institución transmite), que carece de cualquier tipo de ambición y que se siente inferior a cualquiera que se ponga delante. Se llame FC Barcelona o Levante. Nos doble en presupuesto o tengamos diez veces más presupuesto que el rival. Da igual. En esos diez minutos verán a un Levante que sale al campo a matar y un Atleti que sale al campo. Simplemente. Que sale al campo. Un Levante que sabe hacer dos cosas bien y provoca que todo lo que pase en el campo esté encauzado para que se puedan dar esas dos cosas. Un Atleti que no hace nada más que esperar a la segunda parte para tratar de hacer algo parecido a jugar al fútbol. A los dos minutos Valdo remataba de cabeza al borde del área un pase envenenado desde la izquierda. ¿Por qué en el minuto 2 alguien puede poner tan fácil ese pase? ¿Por qué en el minuto 2 un delantero puede rematar cómodamente ese balón? pues la explicación mayoritaria hablará de lo ingenuo de la defensa. Puede ser, pero lo que tengo claro es que si el balón hubiese estado en el campo del Levante, si los 22 jugadores hubiesen estado cerca del otro área, las cosas hubiesen sido diferentes. Cuando Koné hizo el segundo (una falta muy bien sacada desde la derecha y muy mal defendida por el Atleti) los colchoneros todavía no habían pasado del medio campo. ¿Para qué? Está claro lo que buscaba uno y otro equipo al saltar al terreno de juego.

A partir de ahí un equipo supervitaminado y crecido frente a un asustadizo, aturdido y atolondrado Atleti que no sabía que hacer. Lógico. Un equipo que había sido diseñado para huir del balón, cerrar huecos, “equilibrar” el campo, defender, achicar, especular, dar patadones, etc... diez minutos después tenía que crear fútbol y ocasiones de gol. Absurdo. Y más absurdo todavía si el centro del campo, por llamarlo de alguna forma, está compuesto por Gabi y Mario (manteniendo ambos la regularidad de seguir haciendo partidos calamitosos sine die) y el jugador más adelantado es esa engañifa sin gracia llamada Salvio. Absurdo y hasta insultante. 80 minutos que sirvieron para que aumentara el cabreo del que esto escribe, para volver a ver el nombre de mi equipo humillarse y para dejar claras varias cosas: que si el Atlético de Madrid ha sido incapaz este año de colarse en Champions es porque la ruina deportiva es sólo comparable con la ruina institucional. Que el problema no es una cuestión de entrenador o jugadores (que también) sino de la filosofía casposa y mediocre que se ha instaurado en el Atlético de Madrid. Que aun buscando el beneficio personal y la comisión más rentable es imposible pergeñar una plantilla peor y más desequilibrada. Que es difícil ponerse a jugar al fútbol de repente cuando no te has preocupado de ello en años. Y que es absurdo soñar ocasionalmente con sueños ocasionales. Espero no ser tan ingenuo de volver a hacerlo.

David Bowie - An Ocassional Dream

Play it Cool

At. Madrid 2 - Hannover 96 1

En la vida existen momentos en los que tienes que olvidarte de las salvaguardas. Mantener una bonita amistad con la chica de tus sueños es algo factible sin ponerse en evidencia. Mantener una relación trivial o epistolar, incluso platónica que la persona que te provoca alteraciones en todas las vísceras es algo que se puede llegar a alcanzar siguiendo las reglas de la lógica y la razón. Darle un beso en los labios no. Las sensaciones que te puede dar esa “bonita” y casta relación basada en el rigor táctico y totalmente alejada del imprevisible fragor carnal son agradables, placenteras, duraderas… pero jamás serán comparables a las del primer beso. Cumplidos todos los pasos, con mayor o menor destreza, con mejor o peor suerte, en algún momento de la vida acabarás cara a cara, mirada contra mirada, con esa persona que puede llevarte a los cielos o a los infiernos. Llegado ese punto tienes dos opciones: ser valiente o ser cobarde. Si, cobarde. Juicioso, sensato, conservador,…no son definiciones que se adapten a ese momento. Cobarde. Si decides ser cobarde es muy probable que no sufras demasiado pero también tu alegría estará acotada. Homologada, calibrada, estandarizada, descrita. Si decides ser valiente es probable que te des el batacazo de tu vida. Es probable, pero también, para aquellos que no tenemos la suerte de que la montaña venga a Mahoma, es la única manera que existe de alcanzar el nirvana que es exactamente, señor Simeone, lo que yo quiero.

El Atlético de Madrid, al menos el que yo tengo en la cabeza, no es un equipo normal ni al uso ni estándar. Ni su afición ni su historia están ligadas con la noción de cobarde. Más bien todo lo contrario. El Atleti ha sido siempre un equipo valiente y por ello indomable, incomprensible, difícil de catalogar. Capaz de lo mejor y de lo peor, como todos sabemos. Capaz también, y precisamente por eso, de alcanzar el Nirvana. Un Nirvana que el resto de equipos “normales” no es capaz de alcanzar ni de comprender. Cool, ese concepto anglosajón tan fácil de entender y tan difícil de traducir es lo que siempre me ha parecido que era ser del atleti. Diferente, elegante, distinto, valiente,… totalmente ajeno a las reglas grises que marcan los estamentos que dirigen el mundo y dónde nosotros nunca hemos estado ni estaremos. Explicarle esto a los tipos que tienen secuestrada la institución es tan absurdo como intentar que los corruptos coticen en hacienda de forma voluntaria. Pero no debería serlo para Simeone. Al cholo no debería ser necesario tener que explicárselo. ¿O si?

La llama se apaga. El ambiente, las sensaciones, el tufillo que tenía este equipo hace un mes se ha perdido poco a poco por el desagüe. No sé si eran fuegos artificiales, los efectos dopantes que tuvieron en mí ciertas actitudes que creía ver fruto de una interpretación partidista o que simplemente la cosa se ha torcido pero el equipo se parece cada vez menos a lo que yo soñaba que fuera y cada vez más al equipo que llevo más de diez años viendo. Si, ese equipo vulgar, mediocre, vulnerable y a expensas del contrario. Ese equipo cobarde.

Y no saltaron mal al campo, no. A pesar de la cobardía implícita de dejar a Diego en el banquillo (y si la excusas es que no está para todo el partido prefiero que juegue desde el principio hasta dónde pueda que al revés) había buena actitud, buena intensidad, buena colocación y velocidad frente al ladrillo que habían plantado los alemanes. Es más, la cosa se puso francamente bien cuando Falcao remataba de forma soberbia un saque de falta desde la izquierda. El 1-0 en el marcador dejaba la placentera sensación de que la eliminatoria podía resolverse con solvencia en el primer partido. Las buenas hechuras de inicio contrastaba con un equipo alemán reservón y áspero que basaba todo en defender con 9 jugadores (adelantando la defensa, eso si) y tratar de pillar alguna contra. Algo que por otra parte ya sabíamos que ocurriría.

Pero fue entonces, mandando en el marcador, cuando aparecieron las legendarias carencias básicas de este equipo: la insultante ausencia de capacidad de creación y la galopante falta de gol. Carencias que deben ir adjunta a la cuenta de atrocidades cometidas por el ínclito de MA Gil y su séquito, ese que lleva décadas desestructurando deportivamente (también) el equipo, armándolo en torno a ideas peregrinas de peregrinos iluminados adscritos a la religión del doble pivote de los troncos y de los destripaterrones. Es tan evidente la falta de fútbol del Atlético de Madrid que duele el pensar que alguna vez no fuera así.

Con Gabi haciendo de la peor versión de Gabi (la más vista en este campo, por cierto) y Mario Suarez demostrando, cada vez que pasaba el balón cerca de su sombra, que este equipo le viene inmensamente grande, el Atleti parece un secarral. Si encima Koke tampoco está fino, Arda se desespera haciendo de puta y poniendo la cama, Adrián va a buscarse la vida emigrando de su zona habitual y Falcao se dedica casi en exclusiva a tratar de bajar al suelo los balones que caen desde la estratosfera, hasta un equipo tan básico como el Hannover 96 es capaz de hacer daño. Si a eso le sumas las muestras de conformismo rácano que de nuevo volvieron a aparecer en el equipo, la vuelta a la tradición perdedora parecía cosa de minutos. En una jugada rápida y aparentemente muy sencilla los alemanes pusieron un balón en boca de gol desde la derecha con un pase que Miranda decidió dejar pasar supongo que por alguna razón difícil de explicar y que yo al menos no alcanzo a comprender.

Los más optimistas (yo) pensábamos que el descanso sería la piedra de toque para que todo cambiara. Sin querer jugar al entrenador parecía obvio. Contra un equipo cerradísimo y nuestros mediocentros arando el césped uno soñaba con un solo medio centro, Diego, Arda y Koke por delante creando, Juanfran y L. Filipe en las bandas Falcao fijando la defensa y Adrián buscando huecos. O abrir más el campo con Salvio por Koke (aunque cualquier opción que requiera a Salvio por principio a mí no me convence). Nada de eso. Los mismos. Todo igual. Tan igual que los alemanes se crecieron y nos pusieron contra las cuerdas. Repitiendo siempre la misma jugada, que Miranda seguía aplaudiendo desde la inmovilidad cada vez que ocurría, a nadie hubiese sorprendido un nuevo gol de los alemanes. Es más, sólo Courtois lo impidió con la enésima parada de crack mediada la segunda parte.

La gente miraba al banquillo y se excitó cuando vio a Diego quitándose el chándal pero la emoción se vino abajo cuando se supo que el cambio era Koke. Posición por posición. Mieeeeeedo. El brasileño cambio el dibujo y el Atleti cogió aire. Eliminó el peligro alemán, lo encerraron más en su campo y trataron de llegar…pero no llegaban. No hay gol. Es así. Entonces vimos a Salvio en la banda y los amigos apostábamos si el sustituido sería Mario o Gabi (“si puede ser que se marchen los dos” gritaba un señor detrás de mí). No señores, no. Adrián. Mieeeeeeeeeeeedoooooo.

El arreón final, más por corazón que por juego, puso las cosas en su sitio gracias a un gran gol (con algo de suerte ya que creo que toca en un defensa) de ese jugador imposible de comprender llamado Salvio. El resultado pudo ser incluso mejor si una chilena de Diego en el último minuto (vaya, parece que el brasileño tenía más minutos que los que le dieron) fue sacada gracias a la intuición del cancerbero germano.

Resultado incierto para la vuelta que hay que dar por bueno visto lo visto aunque no debería ser así. El Hannover es un equipo al que hay que ganar en Madrid y en Alemania. Punto. Es tan obvio y evidente que la frase no debería resistir ninguna clase de especulaciones pero el miedo irracional de nuestro entrenador, que es cada vez más evidente, hace que me entren las dudas. Un miedo que logrará mantener una discreta, amable y cómoda relación del Atleti con su afición y su destino pero que nos impedirá volver algún día a alcanzar el nirvana. A la mierda la cómoda normalidad, señor Simeone. Play it cool.



Aprovechando que hoy toca Gruff Rhys en Moby Dick …

Super Furry Animals – Play it Cool