Cortex, monstruos y hormiguitas.
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Mientras los vendedores profesionales de humo tratan de meternos subrepticiamente en el cortex el mensaje tramposo de estar disfrutando de lo que, sin un átomo de rubor, denominan “la mejor liga del mundo”, la realidad es mucho más contundente. La liga española es una competición injusta, desleal, generalmente aburrida, cutre, mal organizada y peor vendida. Un engendro económico construido en torno a dos macromonstruos de los que todos los demás pretenden vivir. Un desierto feo y áspero en el que las dos galaxias se disputan una hegemonía que se dirime por detalles, un puñado de históricos tratan de sobrevivir agarrándose a Europa (siempre Europa) y el resto, la mayoría, penan por no caer bajo el influjo de la segunda división. La concepción de la liga es tan perversa que la distancia entre los tres bloques es cada vez más grande, lo que provoca a su vez que todo sea cada vez más aburrido y previsible. Una simple derrota insospechada se convierte en un acontecimiento interplanetario, inconcebible. Algo que no se puede consentir. Desde el Atlético de Madrid nos quejamos muchas veces, seguramente de forma justa, de la actitud de los equipos que enfrentándose a Real Madrid o Barcelona dan por perdido el partido antes de disputarlo. Me temo que haríamos bien en observar que en el Vicente Calderón está empezando a ocurrir lo mismo.
El Atleti ha derrotado al Almería en un partido sin historia, fundamentalmente aburrido y que se resolvió en unos pocos minutos de buen juego y negligencia arbitral. El once del cholo salió en tromba y ya en el primer minuto pudo haber sentenciado el partido. La superioridad era tan abismal que juego, jugadores y grada se enfriaron en una suerte de ejercicio de inercia, tan nefasto para la concentración de los jugadores como para las ganas de disfrute del espectador y, muchas veces, del resultado final. Pero ahí estaba Mateu Lahoz para inventarse un penalti que ni vi en el campo ni he visto después en la tele. Mandzukic abría el marcador mientras el equipo de JIM desaparecía de la riña para dejarse llevar. Bastaron unos minutos de genio de Griezmann y la ayuda de un voluntarioso y colaborador Mandzukic para resolver rápidamente el partido con dos goles más del francés. Diez minutos antes del ir al descanso ya estábamos todos bostezando. La segunda parte fue un tramite doloroso para el equipo andaluz que trató de desperezarse un poco, pero que ni así fue capaz de despeinar a un aletargado conjunto colchonero que se movía por el césped en modo stand-by.
El Atleti sigue su paso firme en la liga mientras espera enfrentare en pocos días al Bayer en Leverkusen, dentro de esa magnífica competición llamada Champions en la que todos tenemos puestas tantas esperanzas. Desgraciadamente el aparato mediático, ese que colorea la caspa de “La mejor liga del mundo”, prefiere enfocar su talento para la actualidad lejos del aspecto deportivo, centrándose en interpretaciones torticeras y malignas de la derrota en Vigo, las obligaciones "históricas" del conjunto colchonero o la llegada del representante de Simeone a las oficinas del Manzanares para hablar de renovación. Nada nuevo bajo el sol. La maquina de hacer dinero tiene una sola forma, al parecer, de funcionar y los elementos extraños sobran. Molestan. Se trata de poner en práctica esa asignatura apócrifa tan útil hoy en día para los notarios de la realidad: Desestabilización. Lejos de acercarse a los parámetros de lo que una vez se llamó periodismo, la labor de estas hormiguitas del régimen parece consistir en limpiar los espacios de seguridad que separan a los dos grandes monstruos del resto. Incluidos los que tienen la desfachatez de ganarles la liga. El Atleti no puede acercarse tanto si quiere seguir vivo. Fuera. Circulen. No creo a estás alturas que podamos cambiar con educación una tendencia tan subvencionada y poderosa pero haríamos muy mal en colaborar con ella. No me cuenten lo que ocurre en Matrix. No me interesa.










