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¡Un abrazo!

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Cortex, monstruos y hormiguitas.

Mientras los vendedores profesionales de humo tratan de meternos subrepticiamente en el cortex el mensaje tramposo de estar disfrutando de lo que, sin un átomo de rubor, denominan “la mejor liga del mundo”, la realidad es mucho más contundente. La liga española es una competición injusta, desleal, generalmente aburrida, cutre, mal organizada y peor vendida. Un engendro económico construido en torno a dos macromonstruos de los que todos los demás pretenden vivir. Un desierto feo y áspero en el que las dos galaxias se disputan una hegemonía que se dirime por detalles, un puñado de históricos tratan de sobrevivir agarrándose a Europa (siempre Europa) y el resto, la mayoría, penan por no caer bajo el influjo de la segunda división. La concepción de la liga es tan perversa que la distancia entre los tres bloques es cada vez más grande, lo que provoca a su vez que todo sea cada vez más aburrido y previsible. Una simple derrota insospechada se convierte en un acontecimiento interplanetario, inconcebible. Algo que no se puede consentir. Desde el Atlético de Madrid nos quejamos muchas veces, seguramente de forma justa, de la actitud de los equipos que enfrentándose a Real Madrid o Barcelona dan por perdido el partido antes de disputarlo. Me temo que haríamos bien en observar que en el Vicente Calderón está empezando a ocurrir lo mismo. 

El Atleti ha derrotado al Almería en un partido sin historia, fundamentalmente aburrido y que se resolvió en unos pocos minutos de buen juego y negligencia arbitral. El once del cholo salió en tromba y ya en el primer minuto pudo haber sentenciado el partido. La superioridad era tan abismal que juego, jugadores y grada se enfriaron en una suerte de ejercicio de inercia, tan nefasto para la concentración de los jugadores como para las ganas de disfrute del espectador y, muchas veces, del resultado final. Pero ahí estaba Mateu Lahoz para inventarse un penalti que ni vi en el campo ni he visto después en la tele. Mandzukic abría el marcador mientras el equipo de JIM desaparecía de la riña para dejarse llevar. Bastaron unos minutos de genio de Griezmann y la ayuda de un voluntarioso y colaborador Mandzukic para resolver rápidamente el partido con dos goles más del francés. Diez minutos antes del ir al descanso ya estábamos todos bostezando. La segunda parte fue un tramite doloroso para el equipo andaluz que trató de desperezarse un poco, pero que ni así fue capaz de despeinar a un aletargado conjunto colchonero que se movía por el césped en modo stand-by.


El Atleti sigue su paso firme en la liga mientras espera enfrentare en pocos días al Bayer en Leverkusen, dentro de esa magnífica competición llamada Champions en la que todos tenemos puestas tantas esperanzas. Desgraciadamente el aparato mediático, ese que colorea la caspa de “La mejor liga del mundo”, prefiere enfocar su talento para la actualidad lejos del aspecto deportivo, centrándose en interpretaciones torticeras y malignas de la derrota en Vigo, las obligaciones "históricas" del conjunto colchonero o la llegada del representante de Simeone a las oficinas del Manzanares para hablar de renovación. Nada nuevo bajo el sol. La maquina de hacer dinero tiene una sola forma, al parecer, de funcionar y los elementos extraños sobran. Molestan. Se trata de poner en práctica esa asignatura apócrifa tan útil hoy en día para los notarios de la realidad: Desestabilización. Lejos de acercarse a los parámetros de lo que una vez se llamó periodismo, la labor de estas hormiguitas del régimen parece consistir en limpiar los espacios de seguridad que separan a los dos grandes monstruos del resto. Incluidos los que tienen la desfachatez de ganarles la liga. El Atleti no puede acercarse tanto si quiere seguir vivo. Fuera. Circulen. No creo a estás alturas que podamos cambiar con educación una tendencia tan subvencionada y poderosa pero haríamos muy mal en colaborar con ella. No me cuenten lo que ocurre en Matrix. No me interesa.

Alivio.

Almería 0 - At. Madrid 1

Les pido que hagan un ejercicio de memoria y se sitúen unos años atrás, no muchos, en esos momentos en los que el banquillo rojiblanco estaba ocupado por Aguirre o Manzano, señores perfectamente incrustados en el Establishment, muy del agrado de los medios de comunicación y protagonistas (según esos mismos medios) de “exitosas” campañas al mando del equipo colchonero. Recordarán, como yo, que entonces el objetivo marcado por el entrenador, aceptado por la prensa y gran parte del entorno, era el de sacar “un buen resultado” en campos como el del Almería. Es decir, todo lo que no fuese perder era bueno. Hoy, jugando en ese mismo campo, cualquier cosa que no fuese ganar era una tragedia sin paliativos. Ese es el estratosférico recorrido que ha sufrido este equipo como institución en los últimos años. ¿Tiene sentido en ese contexto la crítica exacerbante al actual Atlético de Madrid? No. No lo tiene. Es evidente que no añoro el pasado y que no quiero por nada del mundo volver a esos tiempos del terror en los que estábamos dirigidos por tecnócratas que jamás entendieron lo que es el Atlético de Madrid, pero sí que reclamo algo de perspectiva y criterio al aficionado colchonero. Todo se puede criticar pero con algo más de sentido. No podemos rodear cada uno de nuestros comentarios con un histerismo adolescente que desconozco de dónde ha salido. No podemos tener la impaciencia del niño malcriado que lo quiero todo aquí y ahora. No podemos convertirnos en aquello que criticamos. No podemos ser tan desagradecidos con aquellos que nos han llevado a tocar la gloria porque no sólo no es justo sino que además no se corresponde con la realidad. No me gusta el clima que se está instalando en torno al equipo. Me parece gratuito, dañino e impropio de un equipo como el nuestro. No me reconozco en ese sentimiento cenizo, histérico e intransigente que últimamente rodea la actualidad colchonera. El partido de esta noche en Almería venía cargado de una tensión tan absurda como insoportable. Con un equipo injustamente puesto en cuestión, con los recientes resultados negativos clavados en la espalda y sin delanteros centros, así es como se encaraba. Por todo ello, esta victoria en feudo almeriense se me antoja balsámica y tranquilizadora. Un alivio que apenas durará unos pocos días pero que se agradece. 

El encuentro comenzó con el Atleti bien plantado en el campo, adelantando la defensa y siendo dueños del balón. Dato que podría parecer sin importancia pero que no lo es, dado que no es el colchonero un equipo que últimamente se caracterice por elaborar mucho fútbol. Hoy lo ha intentado y le ha salido de forma desigual. Mejor en la segunda mitad que en la primera pero con una idea en mente que, a mí por lo menos, me resulta bastante interesante. No sólo estaba controlado el balón sino también el partido, gracias a un equipo andaluz totalmente replegado en su área y con muy poca salida de balón. errática y demasiado vertical casi siempre, además. Al Atleti le bastaba un poco de intensidad y buena colocación para dominar todas las fases del juego. El problema es que los de Simeone trataban de construir pero lo hacían mal, con numerosos errores, perdidas absurdas de balón y sin velocidad. Todo el buen criterio que trataba de poner Tiago lo contrarrestaba un Mario Suárez que sigue sin estar. El problema es que me temo que ya tampoco se le espera. La salida del juego a través del canterano era espesa, lenta y mala. Torpe. Aún así el equipo madrileño dispuso de al menos tres ocasiones claras de marcar. Esas ocasiones que el año pasado entraban y este no. El primero de remate de Godin tras saque de esquina, el segundo de buen lanzamiento de Tiago desde fuera el área y el tercero de buen zurdazo de Raúl García, que como en la otras, paró con solvencia Rubén, el portero almeriense.

La segunda parte supuso una significativa mejoría para los de Simeone. La clave parece evidente a posteriori pero a priori, créanme, también parecía evidente. La entrada de Saúl por Mario hizo que Koke bajase al doble pivote y que el ex del Rayo jugase entre líneas muy buenos minutos. Combinando con los delanteros, ayudando a dar salida de balón a los medios y poniendo mucha intensidad. Buen partido de Saúl del que creo que poco a poco acabará encontrando su sitio. Proyecto de jugador muy interesante. Con ese caldo de cultivo aparecieron combinaciones de Arda, Koke, Griezmann (más apagado de lo normal) y el Atleti empezó a vivir en el área de Almería. Pero al final el gol, que llevaba rondando desde hacía bastante tiempo, tuvo que venir como siempre. Saque de esquina de Koke al primer palo y remate de Miranda. No por conocido es difícil de defender. El Atleti borda la excelencia en este tipo de acciones.

A partir de ahí el partido murió. Se hizo feo y nadie jugó al fútbol. El Almería se fue arriba pero era incapaz de llevar la manija y sólo conseguía inquietar al rival a base de pelotazos al área. El Atleti cediendo terreno y balón pero siendo incapaz de darle la pausa necesaria al partido cuando recuperaba. Demasiada tensión. El conjunto andaluz apenas dispuso de ocasiones y nunca llevó peligro pero la sensación que quedaba en los aficionados colchoneros era la de que se estaba pasando mal hasta que el árbitro, por fin, pito el final del partido.


Tres puntos de oro que intuyo servirán para poner tranquilidad a una huestes demasiado alteradas, para consolidarse en la parte alta de la tabla y para enfrentarse con optimismo al Tourmalet que viene en las próximas fechas (Sevilla, Juventus, Valencia). Paciencia. 

Mirando al dedo


“Cuando el sabio señala al sol el tonto mira al dedo” (proverbio Chino)

No pienso hablar de fútbol. Me parece irrelevante. Secundario. Todo lo que pasó en Almería está tamizado por un filtro que lo hace no ser un partido de fútbol al uso. Está distorsionado. Es irreal. Mentira. No vale. No podemos juzgar los comportamientos poco elegantes de una persona que vive bajo el régimen de la esclavitud. Sería juzgar la mala educación de alguien que está recibiendo una buena somanta de latigazos. Las leyes de la física no aplican en una película de ciencia ficción precisamente por eso, porque es ciencia ficción. Podemos caer en el engaño de entrar a valorar la actitud de Costa (que es lamentable) o a desmenuzar los problemas de fútbol del Atleti (que los tiene, no lo discuto) pero sería caer en la trampa que con genuina diligencia nos ha plantado el rodillo mediático. Un grupo indefinido de personas que vive (algunos muy bien) de esa gran mentira que se han inventado en torno al fútbol. No es una cuestión de filias o fobias deportivas (aunque luego hay anormales que rebuznan con total impunidad, abrazados a su bufanda, creyéndose su papel a pie juntillas) sino de algo mucho menos prosaico: dinero. La Liga de Las Estrellas. El producto que hay que vender, dentro y fuera de las fronteras, a los comedores de alfalfa.

No me malinterpreten. No estoy hablando de errores arbitrales. De hecho yo no vi el sábado ningún error arbitral.

Y no creo en las casualidades tampoco.


Así que si quieren hablar de fútbol, si quieren subirse al carro y deambular por la carretera que han asfaltado los medios de comunicación describiendo cómo el Atleti pierde gas y no juega ni a la taba pongan Radio Marca, la SER, Onda Cero, la COPE, escuche cualquier boletín de noticias en cualquier sitio, vea TVE, Antena 3, a los cómicos soeces de Cuatro, los patéticos graciosetes de La Sexta o compren AS y MARCA, a ser posible con el forro polar firmado por Jesé o el cuaderno para colorear con purpurina los mejores peinados de Cristiano Ronaldo. Les auguro grandes momentos de entretenimiento y satisfacción. Acuérdense, eso sí, de desactivar el cerebro (si es que todavía estaba activado). Lo disfrutarán todavía más.

Yo paso.

Almería 2 - At. Madrid 0


Cosas buenas, cosas malas y cobardes (Almería 2 - At. Madrid 2)





Los aficionados a la gimnasia deportiva sabrán que en la disciplina de salto de potro la dificultad de los saltos está categorizada a priori y los hay que tienen un tope de evaluación por debajo del máximo. Es decir, los gimnastas pueden elegir hacer un salto que ejecutado a la perfección nunca será un diez. Así se penaliza a los que no se arriesgan o los que se refugian en lo fácil. Evidentemente esa no es la opción de los gimnastas que luchan por las medallas pero es una opción para deportistas menos cualificados o menos ambiciosos. Este es el problema del Atleti, que está en manos de gente que lo convierte en un gimnasta que sale al campo a ejecutar un salto que ejecutado a la perfección será como mucho un ocho. A pesar de manejar un presupuesto millonario, el tercer o cuarto de la competición, a pesar de pagar sueldos astronómicos, de tener estrellas mundiales en su plantilla, de tener una afición numerosa, una vitrina de trofeos poblada y una historia gloriosa, el Atlético de Madrid está dirigido, dentro y fuera del banquillo, por personas que ponen todo su empeño en convertirlo en un equipo menor. Un equipo mediocre en el que cualquier éxito sea imprevisto, un equipo vulgar sin nada que lo distinga del resto y un equipo condenado a chapotear en la mediocridad.

El Atleti ha empatado hoy en Almería (estadio en el que no ha ganado nunca, dato que viene a sumarse al resto de datos que hacen poner en duda la grandeza de nuestro equipo) y lo ha hecho porque la dirección deportiva que lleva instalada más de una década en esos despachos y esos banquillos han asumido y asumen que el Atleti es un equipo mediocre que tiene que salir al campo a ejecutar un salto de 8. Claro está, si el contrario sale a hacer un salto de 10 y la sale medianamente bien lo normal es que te gane pero si no le sale tan bien no es muy difícil que te empate. Lo llevamos viendo más de una década. Lo vimos con Manzano y con Ferrando, lo vimos muchas veces con Aguirre y lo estamos viendo hasta la extenuación con este estratega de la palabra llamado Quique.

El Atleti ha demostrado esta tarde que cuando quería el balón, lo tenía y lo jugaba pensando en meterlo en la portería era un equipo solvente, peligroso, que no pasaba demasiados apuros y que incluso era capaz de hacer algo parecido al fútbol. También ha demostrado que cuando decide parapetarse en su portería, como su entrenador les dice que hagan cada vez que vamos por delante en el marcador, nos transformamos en un equipo vulgar, mediocre, romo, nervioso, fallón, malo y muy vulnerable. Es tan evidente que escuece, Es tan lamentable que dan ganas de abofetear a todos los que entienden el fútbol de esta miserable y repugnante manera. Es tan triste que ya ni me sorprende que siga ocurriendo.

Mientras el marcador estaba empatado a cero el partido estuvo entretenido sin tirar cohetes. La dupla Tiago y Mario Suárez acerca el fútbol al universo del Atlético de Madrid. El portugués es lo más parecido a un centrocampista de primera división en un equipo con aspiraciones que hemos tenido en la última década. Lleva algunos partidos erigiéndose entre los mejores el partido y siendo el cerebro de un equipo que lleva décadas jugando sin cerebro. Quizás llega tarde, quizás le falle el físico y evidentemente está muy sólo pero es un gran jugador. Mario Suárez aparece demasiado tímido y demasiado ofuscado con su labor defensiva pero equilibra el equipo infinitamente mejor que su compañero navarro. Reyes estuvo muy tápado, Forlán con más voluntad que resultados y solo el Kun estuvo a la altura de las circunstancias. Elías ni está ni francamente (con este entrenador) se le espera. Aunque faltaba intensidad defensiva y había lagunas insalvables en la creación daba gusto hoy ver como los centrales buscaban a Tiago o Mario a la hora de sacar el balón en lugar rifarlo como siempre. El equipo estaba bien colocado y parecía metido en el partido pero debe ser el equipo que defiende más atrás de la primera división y lejos de presionar prefiere esperar al rival. Enfrente todo lo contrario. Un equipo con mucha menos calidad pero mucho más valiente. Los andaluces si que presionaban arriba en lugar de esperar y les hacía ser más verticales. De hecho las mejores ocasiones fueron suyas y sólo un inspiradísimo De Gea evitó el gol en contra.

Pero el Atleti tiene grandes jugadores en su plantilla y los dos mejores hoy se juntaron para abrir el marcador. Balón robado por el Almería que Tiago recupera enseguida evitando el contrataque pero el portugués tiene tanto fútbol que en un segundo vio al kun entrando al área y le puso el balón al pie con un pase magistral. El Kun amaga con el cuerpo y remata con la izquierda haciendo el primero.

Pintaban bien las cosas. Gol a favor, el equipo asentado y buenas sensaciones pero para eso está el entrenador. El Atleti podría haber seguido igual, podría no haber renunciado a su personalidad ni el criterio que tenían pero no, decidió ejercer su vulgaridad y jugar al fútbol moderno. Decidió olvidarse del balón, de mandar y decidió jugar para esperar al contrario todavía más atrás. Por supuesto esto espoleó al rival que a partir de ese momento y hasta que logró el empate al poco de comenzar la segunda parte (Crustat de buen remate en segunda jugada) se hizo dueño del partido y vivió al borde del área Atlética.

En este punto me gustaría puntualizar algo. Una cosa es jugar al contrataque (aunque alguien debería explicar que se entiende por esto) y otra cosa es hacer lo que hace este Atleti. El mítico contrataque colchonero no era esto. No blasfemen. El Atleti mítico no estaba achicando balones en su área y sufriendo como condenados para esperar a dar una puñalada por un fallo del contrario. Eso es de cobardes y el Atleti hasta hace poco nunca lo ha sido. El mítico Atleti del contrataque no defendía en su área ni se pasaba el partido achicando agua y renegando del balón. Así no se pueden ganar ligas.

Especialmente lamentable es ver como luego, con la necesidad de marcar, volvió a adueñarse del balón del partido y del juego con una facilidad pasmosa. Hubo incluso buenos momentos de fútbol (¡incluso de toque!) que lógicamente provocaron ocasiones y jugadas por doquier. En una de ellas el Kun hace otro gol en una gran jugada personal que además tenía opciones de pase a izquierda y derecha lo que supone una gran labor de equipo. De nuevo todo pintaba bien y de nuevo todo se echa a perder por la necedad del tacticismo. De nuevo el Atleti se va a su área a defender, de nuevo el Almería se hace dueño de la situación, de nuevo se empieza a vivir al borde del área madrileña y de nuevo nos empatan. Si, vale, fallo defensivo. Es cierto que Goitom remata demasiado solo pero insisto en lo de siempre: si el balón está en el campo contrario un fallo tuyo es muy difícil que te cueste un gol.

Mis deseos para con el Atleti están lógicamente con un cambio en la dirección que aísle para siempre la dañina enfermedad del gilismo pero le sigue a la par, sino por encima, el deseo de que mi equipo juegue o intente jugar de una puñetera vez como el Atlético de Madrid. Valiente y orgulloso. Estoy harto de mediocres, cobardes e ideólogos que pretender transformar mi equipo en lo que no es.

La gran nada (At. Madrid 1 - Almería 1)




Últimamente noto como en los ríos de tintas que todavía provoca esto de la afición colchonera está cada vez más patente (y con más vehemencia) ese debate sobre el optimismo y el pesimismo y como atendiendo a esas oscuras y misteriosas enseñanzas del oriente simplemente una actitud positiva aparentemente tiene la virtud de cambiarlo todo porque si. Personalmente cada día que pasa en este valle de lágrimas que supone últimamente ser del Atlético de Madrid tiendo a ser más realista que otra cosa y cualquier que sea realista, visite con regularidad el Calderón y vea por televisión las actuaciones circenses de nuestro equipo fuera de nuestro estadio será cualquier cosa menos optimista. Yo en esto soy como el humorista Perich cuando decía eso de que un optimista es el que cree que todo tiene arreglo y un pesimista es el que piensa lo mismo pero sabe que nadie va a intentarlo.

Pasado el Anglirú de las primeras jornadas parecía que el partido de hoy era el ideal para iniciar la senda redentora que llevaría a nuestro equipo a lo más alto de nuestras aspiraciones, a luchar por ese “importantísimo” cuarto puesto. Nuestros rivales por las “mieles” de la liga habían empatado o perdido y nuestro rival coquetaba con los puestos de descenso. Pues no señores, no, que decía Ozores. A estas horas seguimos igual, durmiendo el sueño de los justos en mitad de la nada. Jugando a nada, aspirando a nada, soñando con nada, viendo nada, sufriendo nada y disfrutando nada. La gran nada en la que se ha convertido el Atlético de Madrid.

Pero el partido comenzó bien, ojo. Parecía demasiado osado plantear cualquier otra opción que no fuese la de ganar contra el Almería y el partido se inició con ritmo, velocidad, criterio y hasta jugando bien. La defensa arriba, Tiago llevando los mandos con bastante buen criterio, los laterales ocupando la banda dejando libertad a los interiores para venir a la creación (Simao y Reyes aparecieron en la primera parte como nunca, especialmente el portugués) y arriba Forlán le ponía algo más de movilidad de lo que acostumbra últimamente. Las llegadas por ambas bandas se sucedían y los remates se agolpaban en los puños el portero rival, Diego Alves, el mejor de los suyos y probablemente del partido. Forlán no atinaba y la ansiedad parecía hacerse fuerte en las botas de los colchoneros que veían como el buen juego no se plasmaba en nada llegada ya la primera media hora. Pero entonces apareció un buen remate de Ufjalusi que remata Reyes de cabeza en algo que ya debería haber sido gol pero que el portero saco de la línea de gol sin atajar lo que provocó que Agüero pudiera inaugurar el marcador.

Las cosas pintaba felices para la grada pero la grada no termina de darse cuenta de donde esta. ¡Bienvenidos al mundo del fútbol moderno! ¡Bienvenidos a este juego en el que los partidos se plantean diferente en virtud de si el campo donde juegas está en tu ciudad o en otra distinta (en teoría todos los campos miden los mismo), los empates fuera de casa son el objetivo y la forma de jugar del equipo depende de los goles que tengas a favor. Lo normal hubiese sido seguir viendo lo mismo simplemente con un Atleti arriesgando menos pero no fue así. El Atleti bajó el pistón, bajo el ritmo y empezó a jugar a ese sucedáneo de fútbol que tanto gusta a ciertos entrenadores y que consiste en especular con todo lo especulable mientras te recreeas en tu repliegue. De esta manera un Almería que hasta entonces no había existido empezó a estirarse, a tener el balón a intentar jugar... y a complicar las cosas. Un Tiago que cuando se dedicó a jugar estuvo bastante digno se perdió en esa nueva forma de encarar el juego provocando un fallo garrafal que acaba en córner tras una parada espectacular de De Gea. La jugada posterior acaba en empalme con la zurda de Piatti que acaba en la red poniendo el empate.

La segunda parte fue una especie de broma. Un quiero y no puedo, Una inútil agonía. Sin Reyes en el campo (hoy por hoy de los pocos que pueden marcar la diferencia) y con un Fran Merida en sustitución que ha vuelto a demostrar que es otra gran nada, como la de todos los años, el Atleti se ha perdido en un juego espeso cuya escasez de recursos ha provocado la escasez de alternativas. Los ataques colchoneros acaban siempre en las bandas donde morían con pena o se colgaban balones inútiles que una defensa andaluza muy cómoda sacaba con facilidad. Si en los primeros minutos del partido la sensación era de goleada a estas alturas la sensación era de que el encuentro se podía perder.

Quique trató de cambiar algo (demasiado tarde) poniendo a Diego Costa por Forlán y a punto estuvo de salirle bien porque en la primera jugada un voluntarioso Simao roba un balón que provoca un buen contrataque que acaba en un pase al hueco dentro del área para Costa pero cuando el delantero se dispone a rematar con la pierna armada es derribado. Pocas veces he visto un penalty tan claro en directo. El árbitro decidió no pitarlo como había decidido hacer en la primera parte con otro claro penalty a Reyes. Lo de los árbitros es vomitivo pero es difícil que un estamento podrido como el suyo tenga respeto por una institución que ni sus propios dirigentes respetan.

Más por pundonor que por otra causa la grada mantenía la esperanza de ganar el partido pero esa esperanza se fue al retrete cuando Raul García saltó al campo por un Tiago muy bajo de tono físico a esas alturas. El navarro volvió a dar otra lección de lentitud, espesura, ralentización, tiros al espacio exterior, pases al central y falta de aporte. Evidentemente Raúl García no es el culpable de este empate (ni mucho menos) pero jamás podrá ser tampoco la solución a los problemas.

El fascinante debate sobre si para triunfar es mejor tratar de jugar bien siendo valiente o tratar de sacar resultados a toda costa tiene sentido cuando se tienen resultados. De otra menera es estúpido como es el caso. Diez años son suficientes para sabe que esta forma no funciona con este escudo. Este Atleti, aparte de aburrir y matar de aburrimiento a las ovejas está en mita de tabla a 9 puntos del primero en la jornada 9 mientras que en Europa no ha sido capaz de ganar más de un partido. Ni resultados, ni juego, ni brillo, ni emoción, ni nada. Una gran nada. Se pueden imaginar las ganas que tengo de que llegue el Derbi.

Sin saber de dónde vienen ni saber a dónde van


Almería 1 - At. Madrid 0

Cuando hoy domingo me he sentado delante del televisor a ver al Atlético de Madrid, ese acto rutinario que práctico desde hace ya demasiados años, y al ver saltar a los jugadores al campo con esa especie de negro azulado me he preguntado sobre lo que podía esperar de un partido como este. Estando en mitad de la tabla más cerca del descenso que de otra cosa, con un partido a cara o cruz en las fronteras de Europa y una final redentora en ciernes, me preguntaba cual sería hoy el espíritu de un equipo que ha demostrado muchas veces que apenas tiene espíritu. Al acabar el partido la respuesta era evidente: somos un equipo que ni sabe de dónde viene ni sabe a dónde va. No puede asumir que a pesar de hacer una temporada bochornosa (el ridículo en Champions, el ridículo en liga y apenas un par de partidos dignos en copa) estemos en una final y vivos en la otra competición (de la que sólo hemos jugado un partido). Por así decirlo los premios están muy por encima de los méritos desarrollados y eso debe ser una carga difícil de llevar en la cabeza. Aun así, a pesar de todo ello y de la falta de ambición en algunos tramos, el partido de hoy se ha perdido por pura mala suerte. Nada más.

La primera parte no fue especialmente brillante ni pasara a los anales de la historia el fútbol como 45 minutos para recordar pero a mí me gusto. Me gustó porque me gusta el fútbol y esa primera parte fue de esos partidos donde los equipos están bien colocados, los dos quieren ganar, los dos están metidos en el partido y en en esas condiciones es difícil jugar. El Atleti en concreto estaba mucho mejor plantado de lo que desgraciadamente suele ser habitual en esta liga, aunque es cierto que últimamente el equipo destaca en esta faceta y eso sin duda es mérito de Quique. Criterio y rigor son propiedades que permitían eclipsar las carencias que hoy, que curiosamente estaban en la parte de arriba. Forlán es una sombra del jugador que maravilló en este equipo durante tres temporadas. Es cierto que no le favorece jugar como un único punta pero es que todo lo que hace lo hace mal. Uno que lo ha visto ser un jugador espectacular de los que marca las diferencias no puede entender como ahora parece un muñeco de cera que se derrite. Una copia defectuosa de lo que fue. Entre que Forlán estaba perdido y que Jurado sigue demostrando partido tras partido que es un jugador endeble incapaz de aprovechar las oportunidades que le dan, la delantera colchonera fue más agua que fuego. Jurado de hecho no debería de volver a jugar. Ocupa demasiado espacio mediático y su presencia en la plantilla pone de manifiesto el eterno y dañino debate de si debe de jugar o no (dada su supuesta calidad superlativa). No hay debate. No debe jugar. Al menos no debe hacerlo en este equipo.

La primera media hora fue un juego táctico de mucha fuerza, buena presión, mucha concentración y ninguna ocasión. La primera verdaderamente clara llegó pasada la media hora en jugada ensayada que el Almería ejecuta muy bien tras falta al borde del área y que Asenjo resuelve con diligencia. De la misma forma que vuelve a resolver con diligencia un avance de los andaluces que culmina con tiro desde la derecha dentro del área. En ese punto se abre un poco el partido y el Atleti llega varias veces con peligro, especialmente un par de remates de Forlán de esos que no suele fallar. El primero un remate con la derecha entrando en el área que golpea mal y no coge puerta. El segundo buena jugada de los colchoneros que acaba con Forlán empalando un balón desde la derecha que ataja con facilidad el portero rival. Cuando estábamos viendo los mejores minutos del partido gracias a que la táctica se había debilitado ligeramente, el árbitro pitó el final de la primera mitad.

La segunda parte comenzó básicamente con los mismos parámetros pero enseguida el Atleti estiró un poco la cuerda y se hizo con el balón y el peligro a lo que el Almería respondió atrincherándose algo más en su terreno pero sin renunciar al partido. Quitando un remate andaluz al larguero tras fallo en el marcaje de Perea, las ocasiones más claras llegaron de lado rojiblanco como un remate de Reyes con la derecha pasado el cuarto de hora que Diego Alves, el mejor del partido, saca de la escuadra. Cuatro minutos después Tiago realiza una gran jugada personal que culmina con un excelente pase a Forlán que remata con el portero ya batido y no puede creer que un defensor alemeriense saque el balón bajo palos. Lo del portugués por cierto es un escándalo. Corriendo cuatro veces menos que Raúl García es capaz de defender cuatro veces mejor y atacar unas doscientas veces mejor también. Tengo la sensación de que me parece mejor jugador de lo que es simplemente por con quién lo comparo.

Eran los mejores momentos de los colchoneros que culminaron a falta de diez minutos con un brutal remate al larguero de Tiago tras de nuevo jugada individual. En ese punto no se entiende como Quique no movió el banquillo. Con un Reyes cansado y un Simao muerto no se entiende la ausencia de Salvio que no disputó un sólo minuto. La ausencia del argentino sólo puede responder a dos cosas: o no está a punto o no es del agrado de Quique. No sé cual de las dos me da más miedo. La ausencia de cambios también lo interpreto como un cierto conformismo y falta de ambición general que como suele ocurrir hemos pagado caro. El cambio del Kun por Forlán a falta de 10 minutos (el primero de los madrileños) debería ponerse en los vídeos de los cursos de entrenador como algo que nunca se debería hacer (encima el uruguayo salió enfadado cuando debería estar chupando banquillo desde hace meses). Pero cuando todo el mundo daba el empate por bueno y a falta de tres minutos Jurado decide hacer otra de sus gili-jugadas (esas que hace sistemáticamente pero que nunca sirven para nada) lo que provoca un contrataque mortal del Almería que saca Asenjo en una espectacular parada. Sin que la jugada se acabe, el balón vuelve a caer en los pies de Jurado que no contento con su estupidez decide volver a hacer la misma bobada pero esta vez en el área propia. El consiguiente regalo no es desaprovechado esta vez por el Almería que marca el único gol del partido. El posterior cambio que sacó a Ibra al campo en el minuto 45 sólo puede tomarse como un insulto para el jugador del filial y para los aficionados.

Yo insisto en lo mío, lo que me preocupa es no descender. lo demás me da lo mismo. Tengo tanto miedo al descenso que prefiero que esta panda de títeres asalariados no se distraigan con otras cosas y mucho menos que lo haga los inútiles que manejan los hilos.

Objetivo 45 puntos

At. Madrid 2 - Almería 2

El tema es así, un estadio cuya parte más joven y ruidosa canta con pasión de centro comercial canciones de fogata y lugares de fantasía cuando nos está cayendo la del pulpo, un palco que bosteza (y eso es lo mejor que se puede decir del palco), unos jugadores que se están haciendo multimillonarios por lucir bajo los focos unas camisetas que a nosotros nos cuestan 70€, una defensa de chiste, un centro campo virtual, una delantera desorientada y aturdida, un equipo que no existe, una liga adulterada, una colección de seres humanos que dicen ser futbolistas y que dicen jugar a un deporte parecido al fútbol, un entrenador que su cara de vinagre no es coherente con el “magistral” despliegue táctico que desmonta con alboroto lo que cinco minutos antes se sostenía con pinzas, una grada aburrida y somnolienta que come pipas y bocatas a la luz de la luna, un banquillo que alberga ex futbolistas, vagos y maleantes, un presidente que se ríe de todo y de todos con tanta desfachatez como falta de preparación y un mandamás que dirige las operaciones desde un extraño centro de operaciones y que probablemente sea que el que más se ríe de toda esta historia.

Con este panorama un seguidor de atleti de toda la vida, juicioso, sensato y normal debe tener una sola cosa en la cabeza: los 45 puntos que nos den la salvación. Cuanto antes asumamos la cruel realidad mejor nos irá a nuestra salud y nuestros reflejos.

¿El partido de ayer? Se resume muy fácil: sopor mientras vemos ese sucedáneo de deporte entre el fútbol australiano y la lucha grecorromana que se juega últimamente en el Calderón, penaly puntual a Forlán que él mismo se encarga de tirar fuera de la portería (en lo que es una alegoría perfecta de Atleti 09/10), más sopor, Sinama sin-gol que encara al portero completamente sólo y se tropieza contra sí mismo (otra alegoría) generando un contra ataque del Almería que acaba en gol, más sopor, Melé en el área del Almería que deja un balón en los pies de Cleber (ese jugador que parece un muñeco del “PC Fútbol” jugado en un ordenador sin memoria RAM) y que en contra de lo que es normal en el presunto brasileño acaba en gol, más sopor, rechace de un defensa andaluz a la espalda de su compañero que deja el balón en los pies de Forlán a pocos metros de la portería y que hasta este Forlán es incapaz de fallar, más sopor, más sopor, ataque de entrenador de Abel que saca al Kun a Simao que al parecer estaban cansados (nadie sabe para qué) y sobre todo que coloca en el campo a tres tarugos en el centro del campo en lugar de los dos que ya había, mucho más sopor, Hugo Sánchez que ve que es fácil llevarse el partido y entra en el campo a dar el mejor pase de la noche, melé en el área atlética con los once jugadores que iban vestidos a rayas cagados de miedo y gol del Almería en el último minuto. 2-2.

Visto lo visto sólo nos queda rezar para quedarnos en primera división.

La plantilla era, es y será una mierda. Apenas ocho jugadores de la misma dan el nivel de la primera división y el resto está ocupado por caraduras, ex jugadores y adolescentes asustados. Esta es la plantilla que tendremos hasta final de temporada y aunque queda por medio el periodo invernal de fichajes todos sabemos dos cosas: el tipo de jugadores que se pueden fichar en invierno y el director deportivo que tenemos para ficharlos. Lo dicho, a rezar.

El director deportivo se puede largar mañana o el 20 de Junio del 2010 porque ya dará igual. El estropicio está hecho y hasta el próximo verano, si seguimos en estas condiciones, no se podrá empezar a hacer bien las cosas.

¿El entrenador?... tres cuartos de lo mismo. Me ha decepcionado (y en este sentido lo de ayer es casi definitivo) pero esta plantilla no hay quien la entrene. Ni el mejor entrenador del mundo podría hacer que esta plantilla luchase por algún título y dudo que alguno consiga hacerla jugar al fútbol. Abel me ha decepcionado a nivel técnico y a nivel personal. Camacho dejó el Madrid antes de empezar la liga y el de Velada debería haber hecho lo mismo si tuviese algo de amor propio y dignidad. Si no lo ha hecho es parte del problema, así de claro.

Y de Cerezo y MA Gil poco más se puede decir. Hace muchos años que no deberían estar donde están pero aunque se fuesen ahora mismo el equipo, está temporada, seguiría siendo el mismo: un absoluto despropósito.

Fin de fiesta

Ayer terminó en el Calderón la temporada 2008-2009 para el Atlético de Madrid y lo hizo, muy a pesar de la estirpe de presuntos periodistas que tienen raptado el periodismo deportivo y que lejos de apelar a sus escaso talento son incapaces de escaparse del tópico manido, sin nervios, sin agobios, sin sorpresas y con la única épica de ver un estadio lleno hasta la bandera, gritando, animando en su equipo y celebrando el éxito menor de la cuarta plaza y el éxito mayor de uno de sus ídolos. Éxito que por cierto tendríamos hasta en la propaganda electoral de los partidos frikis si Diego Forlán vistiera otras camisetas más galácticas. Con el 3-0 frente al Almería terminaba una temporada larga, rara, complicada y en la que en ningún momento el equipo se ha sentido sereno, sólido o a gusto. Una temporada para olvidar desde mi punto de vista. Una temporada en la que se comenzó improvisando y en la que se terminó de la misma manera porque al fin y al cabo como decía Confucio basta estudiar el pasado para pronosticar el futuro.

El ambiente era fantástico, increíble, era el ambiente de las grandes noches del Calderón. El equipo sin embargo salió atenazado por los nervios que no significa temeroso ni asustado ni venido a menos. Salió atenazado por la responsabilidad de no estropear la fiesta pero la sensación duro apenas los diez minutos iniciales. A partir de entonces, sin que el Atleti se hiciese todavía con el control del partido, el aspecto fue diferente, el balón volvió al césped y a estar lejos de las áreas lo que de momento tranquilizaba al respetable. Pero mientras los colchoneros se estiraba, se desperazaban y empezaban a entrar en el partido apareció el inagotable talento del Kun Agüero para adelantar el final y para sacarse un gol de la manga que levantó como resortes a los más de 50000 espectadores que allí estábamos. El Argentino recibe el balón en el lateral derecho del área almeriense, regatea en una baldosa a un par de rivales y saca una de esas piernas prodigiosas que ponen el balón en la red y el uno en el marcador. Corría el minuto 20 y el partido había acabado.

Había acabado porque a partir de ese momento no existió más equipo en el campo que el Atleti. Se hizo dueño del balón, del ritmo, del ambiente, del juego y del espíritu. La grada también ayudo con ese incansable grito de guerra que una y otra vez provocaba el Fondo Sur y que ayer si coreaba el resto del estado. Los jugadores, a diferencia de tantas y tantas veces, ni se dejaron verse afectados por el ambiente, ni sufrieron la presión ni sintieron el relajo de verse por encima del marcador y siguieron metidos en el partido hasta el minuto final. Hasta las jugadas a balón parado volvieron a ser una realidad en el Calderón y el “bueno” (por decir algo) de Raúl García remato un buen cabezazo que suponía la tranquilidad del 2-0 con el que se llegó al descanso.

La segunda parte resultó ser una balsa de aceite. El equipo seguía manteniendo en el terreno de juego el estilo y la entrega que nos ha llevado hasta este punto en ese final de temporada glorioso y que como una alegoría se podía ver en la cara de Abel, serio y concentrado. Existió algún desajuste defensivo y alguna que otra ocasión de los andaluces pero todo terminó de finiquitarse con el enésimo zurdazo sobre humano desde su continente del uruguayo Forlán que subía el tercer gol al marcador, el número 32 a su cuenta particular (¡32 goles!) y la certeza de que el rubio charrúa sería el flamante bota de oro de esta temporada. A partir de ahí la celebración de la clasificación para la previa de la Champions, cánticos reivindicativos (“abeel, abel ,abel, abel...”), la ola dando vueltas, los himnos en el ambiente, el premio de la ovación a Forlán, ... en fin, el fin de la fiesta.

Hoy quizás no sea el momento y ya tendremos tiempo de teorizar sobre el futuro, la planificación, los descartes, el criterio de club, los desastres pasados, los errores de los que no aprendemos, la impertinente espada de Damocles de la prensa deportiva, las estupidez congénita de nuestros dirigentes incluso horas antes de jugarse toda la temporada en un partido, de fichajes, de los que tendríamos que traer, de la perenne crisis institucional, de Abel, de los enemigos de Abel y en definitiva de como debería ser el Atleti del futuro, Eso si, espero que los que tienen las riendas de este carro no adopten la misma actitud porque en esto estoy con Albert Einstein cuando decía que él no pensaba en el futuro porque este llega muy pronto y no le daba tiempo.

Basado en un hecho real

Los partidos del atlético de Madrid últimamente son como esos telefilmes de sobremesa que solían poner hace tiempo y que comenzaban con un clarificador “basado en un hecho real”. Hablo de esos subproductos televisivos mal rodados, mal dirigidos y mal interpretados que intentaban contar una historia, siempre terrible, trágica y lacrimógena, pero donde a los cinco minutos ya conocías a todos los protagonistas , los buenos, los malos y también como acababa la tragedia. Eran productos soporíferos creados fundamentalmente para que te pudieses dormir la mayor parte del mismo sin perderte nada y sabiendo que despertases cuando despertases jamás perderías el hilo porque además en la mayor parte de los casos daba absolutamente igual lo que ocurriese al final. Hoy hemos asistido a uno de esos telfilmes en el estadio de Almería. Uno de los peores.

El comienzo del partido fue la enésima representación de la triste desidia en la que se ha convertido este equipo. La primera vez que tenemos el balón la echamos fuera de banda lo cual no es más que un aperitivo de lo que viene después, un Almería que va a por el partido y un Atlético que se acomoda en su butaca para ver que es lo que pasa. Cuando el partido lleva 5 minutos los que juegan con la camiseta del Atleti todavía no han conseguido pasar del centro del campo pero 30 segundos después el Almería se presenta en el área (los centrocampistas y la defensa siguen la jugada cómodamente desde sus butacas) y el primer remate es rechazado al centro por Leo Franco dando una segunda oportunidad a Uche que está vez los andaluces no desaprovechan. Menos de 7 minutos, 1-0 y haciendo el ridículo. ¿Qué entrena este equipo entre semana?

En el minuto 10 seguimos sin pasar del centro del campo salvo en un pelotazo a la banda de Simao con el que el portugués intenta inventar algo parecido al fútbol lo cual es prácticamente imposible. Es como intentar escribir el Ulises en papel higiénico y sin lapicero. Un hachazo de Asunçao, más juego feo… así, entre el caos y la mediocridad, el balón llega al Kun que encara al infinito en solitario y el Almería lo tiene que derribar. A. López saca la falta que remata Sinama sorpresivamente sólo en el área y empata el partido. Era el minuto 22 y el primer tiro a puerta del atlético de Madrid. Eso es lo que le salva a este atleti la suerte y un acierto ofensivo impropio de una maquina chirriante tan poco puesta a punto. A partir de ahí la única opción de los madrileños, no sólo para ganar el partido sino para jugar, pasaba como siempre por los patadones largos a la carrera de Simao y el Kun para que ellos solos inventen las jugadas, algo que como es lógico no suele salir.

Entre la fealdad siniestra de la que se apoderaba el partido salió beneficiado eso si el Atleti que casi sin querer consigue más poder en el centro del campo y no pasa tantos apuros hasta el descanso aunque lo único destacable en este periodo es un robo de Forlán en su campo, conseguir dar a continuación una cabalgada de decenas de metros para presentarse delante del portero y fallar, probablemente por el cansancio de la jugada. Resumen de la primera parte para el Atleti: ni un ataque elaborado ni un contrataque. ¿A qué juega este equipo?

La segunda parte empieza como lo hizo la primera, con un Almería volcado y un atleti timorato y acobardado que no sabe ni donde colocarse. El Almería saca faltas y corners mientras que el atleti vuelve a ser incapaz de pasar del centro del campo pero cuando todo parecía indicar que el gol andaluz era cuestión de tiempo apareció el señor colegiado para hacernos un tremendo favor expulsando injustamente a Perellano por una faltita sin importancia que le valió la segunda tarjeta amarilla. En un mundo normal cualquier persona pensaría que el Atleti lo tenía hecho y que la remontada era cuestión de tiempo pero nada más lejos de la realidad. El partido se abrió un poco, más motivado por las patadas que se repartieron a raíz de la expulsión que por otra cosa, pero nada cambiaba. Entonces apareció Aguirre para poner su gota de ambición cambiando a Raul García por Asunçao, mediocentro defensivo por mediocentro defensivo. Un valiente este Aguirre.

Pero aquí no cambiaba nada. Es más, el Almería hay tramos en los que sigue dominando el balón y la pelota incluso con 10 jugadores básicamente porque tiene más claro que hacer y porque le pone más ganas aunque todo tiene un límite y probablemente por razones físicas empezaron a recular perdiendo protagonismo y durante unos minutos largos el sopor se hace insoportable. Exactamente hasta que Forlán decide bajar al centro del campo a hacer eso que Aguirre tiene prohibido a sus centrocampistas que es recoger el balón e intentar jugarlo. Una vez allí le da un balón al Kun, este se lo devuelve en carrera al uruguayo que dispara un remate brutal que sólo el portero rival evita que se convierta en gol. Minuto 70 y primera JUGADA del Atlético de Madrid. Es el inicio de los mejores minutos de los madrileños que sin ser nada del otro mundo si que al menos consigue algunos remates de los colchoneros con cierto peligro.

El partido eso si es un correcalles sin centro del campo que es lo que le gusta el estratega de Aguirre que por cierto hacía aparentemente su primer cambio ofensivo en el minuto 77 sacando a Miguel de las Cuevas por Pablo (¡un centrocampista ofensivo por un central!). Falsa alarma. Según saltaba al campo el bueno de Miguel le decía a Raúl García que bajase a las tareas de central. Un valiente este Aguirre. Con el correcalle y la expulsión de Ever por doble amarilla en el minuto 90 termina un partido aspero, soso, feo, espeso, mal planteado, mal jugado y pero resuelto por el atlético de Madrid.

La prensa advenediza y la afición abnegada se agarraran al “puntito” que se ha sacado, empezaran a sumar “partidos sin perder” (el eufemismo de moda) y sacaran la pancarta de que estamos en UEFA o de que Aguirre no es el “único” culpable. El único culpable no creo que lo sea pero que es culpable es algo de lo que no tengo la menor duda. Basta ver más partidos del atleti y escuchar menos tonterías para darse cuenta. Para mi esto está muerto (desde hace demasiado tiempo) y sólo espero el día en que algo cambie para poder volver a tener ilusión. Llevo ya demasiados partidos viendo telefilmes que no me interesan.

Noche de máscaras (At. Madrid - Almería)

Dice un conocido proverbio Árabe que la primera vez que me engañes la culpa será tuya pero la segunda vez, será mía. El partido de hoy es engañoso, como parece que lo tiene que ser todo en el atleti últimamente. El partido ha sido una una mentira, una careta, una ilusión pero no es desde luego la primera vez.

No quiero dar la imagen de permanente derrotismo o de ver absolutamente siempre la parte negativa de todo, incluso ganando con contundencia, pero yo he estado en el Calderón esta tarde y he visto la cara de mis correligionarios en el descanso. Íbamos 4-3 en el marcador y después de ver siete goles en cuarenta y cinco minutos esas caras no mostraban alegría ni diversión ni esperanza. Esas caras mostraban hastío, desesperanza y resignación. ¿Cómo explicarlo?

Lo malo de vivir una noche de máscaras en el interior de un fabuloso disfraz es que la noche termina, la fiesta se acaba y el disfraz en algún momento desaparece con lo que dejas de parecer quien no eres y vuelves a la cruda realidad. A los colchoneros nos suele pasar últimamente cada final de temporada, cada vez que nos eliminan de cualquier torneo que disputamos o cada vez que jugamos contra alguien que va por delante de nosotros. Mañana los periódicos hablarán de un espectacular partido con 9 goles, de que hace diez años que el atlético no mete 6 goles en su estadio o cosas así. Mañana los periódicos seguirán colgando aderezos a un disfraz que básicamente es mentira. Yo prefiero no hacer lo mismo aunque yo no soy periodista (o quizás por eso).

Me resulta cada vez más difícil escribir de fútbol sobre partidos del atlético de Madrid igual que me resulta cada vez más difícil hacerlo de forma original puesto que normalmente me suelo deleitar una y otra vez con versiones de la misma historia o del mismo y deleznable concepto de fútbol que desgraciadamente parece acompañar, Dios sabe hasta cuando, a nuestro equipo. Como otras tantas veces el equipo hoy salió enchufadísimo y a los cinco minutos íbamos ganando por 2-0. Prácticamente el 85% de los partidos que juega el atlético de Madrid lo hace marcando el primer gol. Hoy además por dos veces tras una soberbia falta ejecutada con maestría por Antonio López (de lo mejor en nuestra vilipendiada defensa a pesar de la desgracia de sufrir la excentricidad de su entrenador que tiende a colocarlo, siendo zurdo cerrado, en el lateral derecho) y de otro ejemplo de lo gran jugador y de lo inteligente que es ese crack mundial que tenemos la suerte de ver todos los domingos. No sólo nos poníamos por encima sino que el equipo contrario se quedaba con uno menos. Perfecto.

En un equipo normal con un entrenador normal esto sería suficiente para marcar el ritmo del partido, tomar la pelota, hacerla correr por el campo (y siempre por debajo de la troposfera) para desgastar la baja del equipo contrario, intentar asumir pocos riesgos jugando en campo contrario y disfrutar de la ventaja de ir por encima en el marcador. Pero claro ni somos un equipo normal (de hecho es un insulto para EQUIPOS como el Almería o el Getafe llamar al Atlético “equipo”) ni desgraciadamente tenemos un entrenador normal. Como otras tantas veces confundimos marcar el ritmo del partido con aniquilar cualquier ritmo (personalmente además me resulta patéticas las directrices que da Aguirre a los críos que hacen de recogepelotas). Como otras tantas veces nos olvidamos del balón, ese terrible enemigo, para regalárselo al contrario y como otras tantas veces el equipo se ha echado para atrás sus 20 metros de rigor. Como otras tantas veces también por tanto el equipo contrario respira, recobra la vida que no tenía, se viene arriba y nos empata. Hoy con 10 jugadores. Perfecto.

El Almería es un equipo de fútbol con 11 desconocidos que juegan como un equipo sin complejos. La prensa no deja de elogiar el juego a balón parado de este equipo pero yo lo que he envidiado de ellos esta tarde es la actitud. Con 11 con 10 y con 9 han intentado jugar e ir a por el partido. Esa actitud valiente y descarada de los equipos modernos y que nosotros no tenemos ni de lejos.

El equipo estaba descompuesto y sin ritmo tras la estupidez táctica que nos llevó al 2-2 y parecía muy difícil levantar aquello. Increíble de creer viendo la plantilla o el número de jugadores de uno y otro equipo pero era así. Sólo la suerte y un error del guardameta contrario hicieron que nos pusiésemos por delante por segunda vez. El partido ya estaba roto para entonces como resultado de las aventajadas enseñanzas de nuestro peculiar estratega.

Aguirre, haciendo gala de su proverbial valentía decía esta semana a quien le quisiese escuchar de entre sus amigos de la prensa que habían estado trabajando la forma de contrarrestar el juego táctico del Almería (añoro los tiempos en los que decíamos que era el rival quien tenía que preocuparse de nosotros) pero la realidad, como casi todo lo que entrena Aguirre, es que salió justo al contrario. 3-3. Aun así el destino estaba hoy con nosotros y como si tuviésemos pocas cosas a favor, un nuevo jugador del Almería era expulsado (desde mi punto de vista de forma justa) poco antes de que Simao culminara un excelente pase de Raul García para volver a ponernos por delante por tercera vez en el partido.

La segunda parte, de la que hablarán los periodistas, no tuvo historia. 9 jugadores fundidos contra 11 entre los que estaban Forlán, Kun, Simao, Maxi,… Era evidente lo que tenía que pasar pero los jugadores del Almería en ningún momento dieron lástima ni dejaron de pelear. Al contrario, lo intentaron todo. Chapeu por ellos y mucha suerte.

Si destacaría algunas cosas en el camino. El excelente estado de forma del Kun, la ejecución táctica de Aguirre que con 9 jugadores en el equipo contrario no quito ni un defensa ni un medio centro en todo el partido, la incomprensible estupidez de sacar al Cléber Santana con el partido resuelto y la igualmente incomprensible decisión de dejar los 90 minutos a nuestra estrellas aumentando sus posibilidades de tarjeta o lesión. A lo mejor es que faltaba en bufón a la comedia.

Lo dicho, una noche de máscaras.