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Respeto

Decía el argentino Antonio Porchia que si no levantas la vista, te creerás que eres el punto más alto. Si Eusebio Sacristán levantase la vista de ese lugar en el entorno de su ombligo en el que imagino que debe pasar gran parte de su vida, se daría cuenta de que su equipo duerme hoy a 12 puntos del Atlético de Madrid. Esa evidencia, puntual pero tangible, no tendría que ser necesaria para que cualquier profesional (o no) respetase con cierto decoro lo que el equipo de Simeone lleva haciendo en los últimos cinco años pero desgraciadamente no es así. Aquí todo lo que se sale de la verdad oficial deber morir cada noche y ser enterrado con la siguiente portada. El mérito se matiza y luego se difumina hasta el olvido. Los éxitos se cuestionan y nunca se acumulan. Desaparecen. Todo tiene que volver al principio, como el hígado de Prometeo, para ser devorado una y otra vez. 

Si usted analiza las declaraciones de los entrenadores rivales de cualquiera de los equipos europeos a los que el Atleti se ha enfrentado en Champions, verá que todas ellas, sin excepción, tienen algo en común. El respeto por el equipo y por su entrenador. Aquí es diferente. Aquí todo se iguala por abajo, se trazan barreras y se habla desde el desdén. El supuesto estilo se instrumentaliza como arma de destrucción masiva, y cualquier conquista se arrincona de un plumazo. Cualquier aprendiz de iluminado es capaz de escalar a la cima de su propia soberbia para, a modo de dogma, lanzar desde allí sus lecciones magistrales y sus soflamas hipócritas. Sin atisbo de humildad, ese animal amenazado de extinción en nuestra vida pública. El esquema se repite y funciona mientras el “valiente” no se salga del carril trazado. Mientras los escupitajos no salpiquen a los que están fuera del área delimitada para el tiro, que son los que importan. Es tan fácil apalear al apaleado que cualquier aprendiz de tertuliano se lanza a probar. Es gratis. 

La hora elegida para el partido frente a la Real Sociedad era infame pero está tan cerca el final de temporada que a estas alturas nadie quiere ahorrarse un minuto de Vicente Calderón. Era además un encuentro importante. Tres puntos en juego frente a uno de los mejores equipos de esta liga. La oportunidad de poner una importante cantidad de puntos con un rival directo por las plazas europeas. El equipo donostiarra también era consciente de las condiciones de contorno porque, de hecho, salió mejor al césped. Más intenso. Lanzó una presión adelantada y agresiva que funcionó muy bien y se adueñó de la pelota hasta monopolizar el juego. El Atleti no se encontraba y sólo podía correr detrás de los jugadores vascos. Incapaz no ya de imponer su estilo sino de sacar el balón controlado desde su propio campo. En la grada lo notábamos. La sensación debió caerse el césped porque Gabi frunció el ceño. Nuestro capitán, un tipo que gana en inteligencia a medida que los efectos de la edad florecen en su cuerpo, es un futbolista sacrificado, profesional, orgulloso y humilde, que resulta vital en el Atleti contemporáneo. Somos afortunados de que sea colchonero. Si no existiese habría que inventarlo. 

Gabi fue el que decidió dar el toque de corneta, cambiar de marcha y aumentar el nivel de intensidad. Se dio una carrera de 60 metros para presionar al portero rival y eso hizo que el equipo siguiese a su capitán. El Atleti recuperó el balón, empezó a llevar a la Real Sociedad a su área, impuso el ritmo y le dio la vuelta al partido. Los vascos, que hasta entonces movían el balón como los ángeles, tuvieron que empezar a pensar en defender y ahí no son tan sobresalientes. Empezaron a llegar las ocasiones rojiblancas. Filipe Luis, en un estado de forma impresionante y probablemente uno de los tres mejores laterales izquierdos del mundo ahora mismo, decidió hacerse con los mandos. El brasileño está en un estado de confianza tal que se atreve con todo. Al igual que ya ocurriese el fin de semana en Málaga, hizo un precioso gol tras jugada personal de tiralíneas. 

El equipo siguió jugando muy bien y fácilmente pudo irse al descanso con un 3-0. Torres tuvo una ocasión clarísima tirando al poste primero y lanzando el balón fuera cuando estaba a pocos metros de la portería. Carrasco (otro buen partido del belga) tuvo otra ocasión a puerta vacía pero remató mal y paró Rulli. La segunda parte siguió el mismo guion. Un Atleti muy sólido que fallaba ocasiones (Griezmann, Correa,…) y una Real que tenía que tirar de faltas para parar a los madrileños. 

Pero llegaron los últimos 10 minutos y el marcador seguía con el 1-0. La Real no había conseguido tirar a puerta y el partido parecía controlado. Hasta la grada mantenía un insulso perfil bajo. Simeone, que supura fútbol con cada respiración, era consciente de que cualquier error en ese momento supondría echar al traste todo el trabajo y no quería relajación. De forma airada empezó a reclamar el apoyo del público y la grada respondió (respondimos) como se merece. Fue fantástico. 50000 personas animando sin parar que llevaron al equipo en volandas durante varios minutos hasta ganar el partido. Cualquier persona que haya tenido la oportunidad de vivir algo así en directo no lo olvidará jamás. La atmósfera del Vicente Calderón es fantástica. El Vicente Calderón es fantástico. Prometo no olvidarme nunca de ello. 

Es difícil ser aficionado colchonero, mantener el orgullo de serlo y vivir en contacto con ese mundo maniqueo que proponen los conductores de la vía pública. Esa dificultad extrema es directamente imposibilidad cuando cerca hay un partido contra el eterno rival. El equipo de “todos”. Personalmente me rindo. No me interesa esa guerra. Doy por perdidos los tres puntos y si de mí dependiese ni me presentaría a jugar en el Bernabéu. Eso, en realidad todo lo que hay alrededor, no es ya un partido de fútbol. Es otra cosa. Otra cosa que no me interesa absolutamente nada. Ahora mismo me enfundo en mi chubasquero, me planto unos auriculares y hasta el próximo lunes no estoy para nadie. Nos vemos a partir de entonces.

@enniosotanaz


(Foto de www.colchonero.com)

Sensaciones

Existen dos formas de encarar una reflexión creíble sobre el Real Sociedad-Atleti que acaba de terminar en Anoeta: una desde la realidad quirúrgica de los números, otra desde la subjetividad, siempre opinable, de las emociones. Ambas supongo que valen, pero no se parecen en nada. Desde la frialdad de las cifras, puras y duras, el Atlético de Madrid ha sacado tres puntos importantes en un campo complicado y después de un parón de selecciones que le afectaba más que a su rival. La Real Sociedad apenas ha tenido ocasiones de peligro, la portería ha vuelto a quedar a cero y los dos goles colchoneros han llegado de los pies de dos figuras al alza como Griezmann y Yannick Carrasco. Pero uno, que es un creyente radical de las leyes de Newton y de intentar explicar las cosas a través de la lógica, tiene también una fuerte querencia a vestirse con emociones y sentimientos y este Atleti, hoy, no me transmite nada. Nada bueno, quiero decir. Sin ánimo de abrirme las venas ni de que esto signifique falta de fe (en absoluto), faltaría a la verdad si dijese otra cosa. Sigo teniendo la esperanza de que, como dicen ciertas personas que dicen tener criterio, estemos todavía en un periodo de adaptación pero las semanas pasan, los partidos se suceden… y yo sigo viendo lo mismo. 

El encuentro comenzó bien, con el Atleti presionando en campo rival y dominando el partido. No había pasado un cuarto de hora cuando Griezmann recogió un balón inocente en la medular para, desde ahí, marcharse en vertical hacía la portería contraria sin que nadie pudiera pararlo, plantarse delante del portero rival y clavarle una vaselina que abría el marcador. No descubro nada nuevo si digo que el francés es un fuera de serie pero la información está en manos de los que está, así que hay que decirlo más. Como otras tantas veces el gol sirvió para que el Atleti dejase de jugar al fútbol. No para compactar líneas, jugar más vertical y ceder espacio al rival que luego puedes aprovechar. No. El Atleti dejó de jugar al fútbol. Bajó el ritmo y dejó pasar el tiempo a base de pelotazos y gilipases. La Real era en ese momento un equipo vulnerable que pedía a gritos recibir el golpe de gracia pero los de Simeone dejaron pasar el mensaje y decidieron jugar a no jugar. ¿Consigna o Incapacidad? No lo sé, pero tampoco sé cuál de las dos opciones me parece más terrorífica. 

Griezmann desapareció por inanición de balones y Jackson tiró de indolencia para hacer otro partido irrelevante. Entró algo más en juego que otras veces pero nada del otro mundo. Su concurso sigue siendo fundamentalmente mediocre y mi sutil preocupación inicial se está transformando en preocupación sin ambigüedades. Este equipo necesita un 9 de nivel y Jackson, hoy, no lo es. Torres tampoco. Correa se perdió en una banda que lo fundió físicamente y lo anuló deportivamente. Gabi volvía a realizar un partido horroroso con perdidas absurdas y lentitud a mansalva. El Atleti es un equipo con jugadores muy rápidos arriba que buscan un ritmo alto pero que tiene que recibir balones de dos mediocentros limitados que se sienten más cómodos con el ritmo lento. Mala combinación, pero no voy a entretenerme otra vez en lo de siempre. 

La segunda parte fue todavía peor. Horrible. Soporífera. La incapacidad del Atleti para crear fútbol era tan desesperante que reconozco que se me fue la vista al Australia-Escocia del mundial de Rugby que tenía puesto en el ordenador (luego le robarían el partido a los escoceses). La Real seguía en su particular calvario pero el desempeño colchonero era tan lamentable que acabó por meter al equipo txuri-urdin en el partido. Los cambios de Simeone aliviaron algo el panorama. Yannick salió con ganas y no hizo mal partido. Creo, de hecho, que se ha ganado la titularidad. Generoso en defensa, con chispa en el juego y participativo en ataque. Suyo fue el segundo gol tras asistencia de Torres y cabalgada prodigiosa del belga. Torres superó con creces al Jackson por el que salió. De eso no hay duda. De él digo lo de siempre: físicamente muy fuerte, tácticamente muy comprometido y con espacios muy aprovechable, pero no lo veo como 9 titular de este equipo. El final del partido se pasó sufriendo, como era de esperar. Hasta el punto de que los donostiarras reclamaron un penalti de Giménez que en directo a mí me lo pareció y en la repetición también. Cosas del fútbol, a la jugada siguiente Carrasco hacía el segundo y se acababa el partido. 

Vienen curvas peligrosas y entramos en un tramo de la temporada que servirá para determinar el camino que seguiremos hasta final de temporada. Por nombres el Atleti debería hacer otra cosa. No sé si más pero sí mejor. Los partidos espesos se repiten, las dudas de ciertos jugadores se estancan, la alineación titular no termina de mostrar la cara y el tiempo corre. En este caso para bien. Los números los tenemos pero falta modificar la dinámica y sobre todo falta jugar al fútbol. Seguro que con eso volverán también las buenas sensaciones.

@enniosotanaz

Fútbol control

Es complicado normalmente aburrirse en el estadio Vicente Calderón pero a veces ocurre. Ayer ocurrió. Siguiendo esa estela moderna de llevar cualquier debate al enfrentamiento personal y de construir una barrera infranqueable (o conmigo o contra mí) en mitad de cualquier desacuerdo, habrá quién con malos humos y atinado criterio se me tirará a la yugular para sofocar mi atrevimiento y alertarme (como si acabase de llegar y no lo supiera) de que en breve vienen retos mayores, que no hay que gastar energía, que es absurdo forzar, que es lo que hay que hacer, etc. No seré yo, desde luego, el que se ponga a saltar la barrera discutiendo con artes de chiringuito unos argumentos de mucha profundidad, mucha lógica y mucha trascendencia pero, qué quieren que les diga, yo me aburrí y mucho. 

Tras los debates sobre cuál es el objetivo del equipo que el entrenador tiene que decir en las ruedas de prensa, las lesiones, los expedientes X en el lateral izquierdo, los pinchazos deportivos, la búsqueda infructuosa de un delantero centro, el cinematográfico pase a cuartos de la Champions y el “cortarrollos” que ha supuesto el enésimo y perezoso enfrentamiento con el equipo de toda la humanidad “libre”, el Atleti parece haber entrado en un periodo estable y de aburrida tranquilidad. Como corredores de fondo estirando detrás de la línea de salida o toreros acomodándose la ternilla antes de pisar el albero, los de Simeone parecen haber entrado en una rentable dinámica de dejar pasar el tiempo con faenas de aliño, que por el camino dejan buenos resultados y poco desgaste. Los enfrentamientos contra Getafe, Córdoba o Real Sociedad han sido todos muy parecidos en su desarrollo: salida en tromba, colchón de dos goles muy pronto y toneladas de fútbol control después. Pero de fútbol control made in Atleti de Simeone, que son palabras mayores. 

Poco más que añadir. 9 puntos a favor y cero goles en contra son tangibles más que suficientes como para no tener ganas (ni argumentos) de poner en duda si la elección ha sido la buena o no. El Atleti vuelve a la senda de los éxitos, recupera el rigor defensivo, la contundencia táctica, la precisión a la hora de definir y el respeto, público o privado, de sus rivales. Esto último lo digo porque, aunque en el campo es evidente, parece que los rivales compatriotas (y de los analistas mejor no hablar) son algo reticentes a declarar en público su admiración o respeto por el trabajo de Simeone y sus jugadores. De denunciar, aunque sea tibiamente, la injustica que se está cometiendo con ellos a la hora de escribir la historia. Hace un par de días Moyes, entrenador del equipo txuri urdin, decía que muchos jugadores del Atleti estaban infravalorados. Obvio. Pero claro, Moyes es escocés. 

De fútbol tampoco se puede hablar mucho. A los quince minutos la defensa de la Real Sociedad ya se había metido un gol en propia puerta y Griezmann, todo un talento en plena metamorfosis hacía algo que puede ser espectacular, había cerrado el partido con el segundo. A partir de ahí los rojiblancos pusieron la coraza en el campo, los vascos eran incapaces de tan siquiera provocar un rasguño (en este paréntesis dejo que el lector elija el chiste que prefiera pero siempre con Granero como protagonista) y los aficionados nos aburríamos a lo grande en las cochambrosas sillas de la grada. En mi caso con riesgo muy alto de romperme la mandíbula entre bostezo y bostezo. Con ese escenario es muy difícil reparar en esos problemas que tenemos en el lateral izquierdo (Gámez merece jugar, pero es una limitación grande tener un diestro en el lateral izquierdo dentro de un equipo en el que los laterales son parte fundamental del ataque) o en la delantera (donde tres nueves de los llamados clásicos no terminan entre todos de sumar uno), pero están ahí. Ansaldi es una metáfora. Siqueira un manojo de nervios. Mandzukic con sus problemas de esguince (que a mí me suenan a problemas de confianza) no termina de estar. Torres sin estar en forma (no sé si porque todavía no la ha cogido o porque ya la ha dejado para siempre) parece más un recambio que un jugador titular y Raúl Jiménez… pues eso, Raúl Jiménez. 

Pero llegan curvas, amigos. Me temo que los tiempos de bostezos, aburrimiento, bocadillos reposados en el descanso y alborozadas sesiones de sing-along cantando pegadizos estribillos de Los Chunguitos (obi, oblak,…) están a punto de pasar a mejor vida. En las próximas dos semanas se decide lo que va ser el Atleti 2014-2015. Si seremos toro o torero. Si musa o escritor. Si vamos a poder soñar o si tenemos que caminar hasta que se termine formalmente la temporada con botas katiuskas sobre una solar infestado de charcos. Pero lo que esta claro es que esto del fútbol control pasará a mejor vida y que entonces lo recordaremos (el que lo recuerde) como una cosa del pasado. ¿Y saben qué? Me gusta. No me da miedo. Estoy deseando que llegue.

@enniosotanaz

Toro o torero

Real Sociedad 2 - At. Madrid 1

No suelo parafrasear a Jorge Valdano, Dios me libre, pero viendo el partido del Atleti en Anoeta me ha venido a la cabeza una frase que le escuché hace tiempo (y que probablemente vendría a su vez de otro sitio): el equipo no sabe si ser toro o torero. Viendo a los de Simeone perderse en San Sebastián en batallas de ardor guerrero, frío ajustes tácticos o balonazos hacia el eter, sabiendo además que esporádicamente son capaces de demostrar a propios y extraños que también saben sacar el balón combinado y con criterio para llegar al área contraria, me hace pensar que este nuevo Atleti se está equivocando de camino. Y no me confundan con esos rapsodas de la demagogia que abogan por el fantasioso juego de Play Station y que confunden el fútbol con un concurso de malabarismo. No es eso, pero al fútbol se juega con una pelota y eso es algo que últimamente el equipo parece olvidar de forma voluntaria. ¿Por qué? Sinceramente creo que el Atleti necesita adaptarse al momento, olvidarse del pasado, tirar de personalidad y  utiliar todos los recursos que tiene al alcance para llegar a su máxima expresión.

Podemos seguir llorando toda la vida la marcha de Costa, Courtois o Filipe Luis pero no servirá de nada. Podemos analizar la desgracia (y el por qué) de tener que vender a los mejores jugadores año tras año pero haciendo eso la realidad nos pasará mientras tanto por encima. Ya no están y no van a estar. El año pasado Diego Costa condicionaba la forma de jugar. El año pasado poner al equipo a 10 metros del área no era un problema pero ya no podemos contar con ninguna de las dos cosas. El hispanobrasileño era capaz de bajar melones del cielo, parar el balón, combinar y sobre todo encarar la puerta contraria con muchos metros por delante. Hoy no tenemos a nadie que pueda hacer eso y no lo vamos a tener. Entre otras cosas porque Costa es el mejor del mundo haciendo eso y el resto serán todos peores. El equipo sigue insistiendo en ello pero lo único que obtenemos es frustración. Durante quince años hemos tenido delanteros que ganaban partidos. Jugadores independientes que se buscaban la vida. Mandzukic no lo es. Es un rematador dependiente de sus compañeros y con poco más que ofrecer. ¿Es malo? No lo creo. Es seguramente mejor que las otras opciones que se barajaban en verano. El problema, el gran problema, es que es inferior a todos los que hemos tenido.

El Atlético de Madrid de Simeone ha demostrado al mundo que a base de fuerza, intensidad y rigor táctico se pueden reducir las distancias con equipos muy superiores técnicamente. Así hemos ganado copas y ligas que recordaremos toda la vida pero también ha servido para que el resto de equipos lo tomen como referencia. Ahora ocurre al contrario. Todos y cada uno de los equipos a los que nos hemos enfrentado desde que ha empezado la liga (excepto el Madrid) ha intentado jugarnos con esa idea en la cabeza y la Real Sociedad no iba a ser menos. Es algo lógico y eso hace que, paradojas de la vida, la distancia entre los equipos se reduzca. Por eso creo que el Atleti se equivoca enrocándose únicamente en esa tesitura de la testosterona sin acumular nuevos registros a su fútbol. Especialmente cuando tiene recursos para hacerlo. Especialmente cuando luego te ganan por fútbol equipos que en esa faceta no son superiores. 

El partido comenzó como comienzan todos los partidos del Atleti últimamente. Choques, faltas, piques, velocidad y poco fútbol. Los rivales, aupados por medios de comunicación mezquinos y árbitros mediocres, siguen confundiendo intensidad con violencia. En ese pastiche salió mejor parado el equipo vasco, con un Vela demostrando lo gran jugador que es y que ponía sentido y criterio al ataque txuri urdin. El Atleti aparecía bien colocado pero frío e impreciso. No veíamos a Koke y salvo que Arda recibiese un balón de casualidad, nadie en el centro del campo colchonero era capaz de dar dos pases. Pero el drama llegaba al corazón colchonero cuando veía (como ocurrió antes y después de los goles, en Malmö y en tantos otros sitios) que si lograba tener el balón cinco segundos y combinarlo, salían cosas y parecían otro equipo.

A los diez minutos la falta de originalidad de los colchoneros tuvo sin embargo reconpensa. Enésimo balón que sacó Moyá a la cabeza de Raúl García para peinársela a Juanfran y que el lateral le devolvió para que el navarro metiera un buen balón al área que remató Mandzukic llegando por el segundo palo. El 0-1 podría haber puesto la tranquilidad y la pausa en el partido (como también ocurría el año pasado) pero no sucedió así. Cinco minutos después, tras el clásico pasito atrás de los madrileños y las ganas de jugar de los donostiarras, el mejicanco Vela, que para entonces ya era el mejor del partido, enganchó un buen balón con la zurda desde fuera del área que se coló en la red. Leí por ahí criticas a Moyá por encajar el gol pero pero yo no creo que sea error suyo. Que Courtois hacía paradas milagro como esa es cierto, pero ahora tenemos un portero terrenal. El nuevo cancerbero colchonero genera muchas dudas en las salidas y quizá no tenga ese registro que lo lleve a la escelencia pero está realizando una buena campaña. Sería injusto decir otra cosa.

A partir de ahí la Real Sociedad se hizo con el control del partido y el Atleti, dando la sensación de hacerlo voluntariamente, dejo de existir. Con los txuri urdin teniendo el balón y los rojiblancos parapetados en su campo la salida de los de Simeone se antojaba imposible. Mario Suárez era incapaz de sumar en la construcción (lo normal). Gabi (otra vez) perdido. Koke anulado por la responsabilidad de tener que hacerlo todo. Arda jugando a un deporte distinto que sus compañeros. Raúl García constantemente protestando al árbitro como principal aportación y Mandzukic esparando a la luna de Valencia. Llegado a este punto es cuando ni entiendo ni puedo entender la ausencia en la titularidad de uno de nuestros mejores jugadores: Griezmann. Y me dan igual las razones, si es que existen. No me valen. Los mejores jugadores tienes que estar en el campo y punto. No entiendo el fútbol de otra forma. Puntualmente, partidos clave, rivales importantes, momentos concretos, me pueden valer otras fórmulas pero no como recurso habitual en la jornada 11 de Liga frente a un equipo en posiciones de descenso. 

Antes del descanso el equipo vasco ya pudo ponerse por delante si el árbitro hubiese pitado un penalti de Godin a Vela o hubiesen acertado a meter un error tremendo de Miranda (no fue el único del brasileño) que permitió a Aguirretxe regatear a Moyá y lanzar a puerta vacía pero el donostiarra no tuvo en cuenta que por ahí venía Godin disfrazado de su mejor versión para sacar el balón en la línea de gol. Dio igual. Era cuestión de esperar. La segunda parte fue más de lo mismo, con el añadido de la estupidez del lateral Siqueira que en apenas cinco minutos se expulsó del campo (bien es verdad que el árbitro había perdonado segundos antes la segunda amarilla a Vela por mano descarada). Un jugador profesional no puede hacer la entrada que hace Siqueira teniendo amarilla, jugando en el centro del campo y estando el partido como está. La tarjeta ni siquiera me parece rigurosa. Error grave que dejó a los colchoneros todavía más aturdidos de lo que estaban y a la Real con motivos para creer en la victoria. Aun así, el Atleti pudo haber reventado el partido con una gran jugada por la izquierda en la que Ansaldi (había salido tras la expulsión) colgó un gran balón al área que dejaba solo a Mandzukic en el segundo palo pero el croata... digamos que no es Agüero ni Forlán, ni Falcao ni Diego Costa. Fue un espejismo. Una jugada de calidad en mitad de un ponche de fútbol horrible. Un ponche que tampoco supo arreglar un Simeone que, paralizado en la banda, no acertó con los cambios. La victoria local llegó finalmente de cabeza, tras un nuevo error de Miranda que defiende muy lejos a Aguirretxe. El gol hacía justicia a lo que había pasado en el campo.


Victoria justa de la Real Sociedad que provoca un contratiempo en el devenir colchonero y que básicamente debería servir como aliciente para la reflexión. Estamos en una buena posición en todos los frentes y en todas las competiciones así que no creo que debamos rasgar las vestiduras ni cortarnos las venas pero no podemos tampoco engañarnos: el equipo no funciona. Se empeña en ciertos latiguillos del año pasado que ya no sirven y que desgraciadamente, porque no tenemos mimbres para ello, no van a volver a servir. El equipo tiene margen de mejora, sí, pero para ello necesitamos tirar de personalidad. Eliminar complejos. Poner a nuestros mejores hombres y adaptarnos a ellos. Decidir efectivamente si queremos ser toro o torero.

@enniosotanaz

Va por usted.

At. Madrid 4 - Real Sociedad 0

Hace unos días, con toda la solemnidad de algo importante, me preguntaban por un jugador del Atlético de Madrid que, en mi opinión, representase lo que es el Atleti. En ese momento, en menos de un segundo, se me pasaron por la mente los cientos de jugadores que he visto con la elástica rojiblanca pero por alguna razón elegí instintivamente a uno al que nunca he visto jugar: Luis Aragonés. Lo dije porque así lo sentía y porque así lo siento. Porque muchas veces en mi vida me he sentido orgulloso de que esa persona fuese del mismo equipo que yo, y eso no es algo que me pase tan a menudo. Entendía como mía, como nuestra, su forma de entender el fútbol. La fidelidad, el juego, los jugadores, el orgullo, la pasión, la gloria, el desaliento, la disciplina. La Biblia de Luis era nuestra Biblia. Es nuestra Biblia. Y sí, sé que Luis no era perfecto pero es que nadie lo es. Los que somos de este equipo, lo somos entre otras cosas porque sabemos que la vida es así, imperfecta. Y nos gusta. Con subidas y bajadas, con momentos arriba y momentos abajo. Los que somos del Atleti huimos de la mediocridad y los tonos seguros pero grises de los aburridos. Luis no era así y nosotros tampoco. Los que somos del Atleti no nos sentimos cómodos con esas fotos satinadas de gente bañada en gomina, de premios pluscuamperfectos y promesas de felicidad constante e infinita. Pensamos que tienen trampa. No nos lo creemos. Luis tampoco. Ayer Don Luis Aragonés nos dejó solos en este mundo pero somos muchos los que hemos entendido su legado. El primero de ellos, nuestro equipo actual que como mejor homenaje a nuestro ídolo ha escalado hasta lo más alto de la clasificación para despedir al más grande. Transformando en fútbol sus palabras: y ganar y ganar y ganar y volver a ganar.

No creo que me salga urticaria por decir que, por una vez, me parece que el club ha estado a la altura de las circunstancias. Lo estuvo ayer cuando rápidamente movilizó su web y las redes sociales para liderar las riendas del pequeño tributo a nuestro querido 8 y lo ha estado hoy con ese homenaje que le ha brindado en el Calderón. Un homenaje sencillo, que lejos de ser rimbombante o estrambótico ha resultado entrañable, creíble y emocionante. Un breve video por los videomarcadores anticipaba la salida de un puñado de ilustres colchoneros de todos los tiempos que llevaban en sus manos una inmensa camiseta rojiblanca con el número 8. El estadio era ya un clamor y se desgañitaba gritando el nombre de Luis Aragonés. Pero me ha emocionado todavía más otro detalle, seguramente improvisado, que se ha producido durante el minuto de silencio. En ese momento el capitán del Atleti, Gabi, se ha llevado al equipo hacía el lugar en el que estaban los veteranos para abrazarse a ellos en esos segundos. Mi piel de gallina era la piel de gallina del resto de personas que tuvimos la suerte de estar en las gradas, viendo a varias generaciones distintas de colchoneros que despedían juntos y abrazados a un ícono de su equipo. De nuestro equipo. La Real Sociedad, por cierto, no llevaba brazalete negro. Supongo que no tenían nada por lo que rendir homenaje. En fin,...prefiero ahorrarme los comentarios.

Luis no era muy amigo de celebraciones y fiestas pre-partido. Yo tampoco, la verdad, aunque lo de hoy era inevitable. Pero según empezó a rodar el esférico, el runrún se apoderó de la grada, rememorando otras ocasiones parecidas, de inicio festivo y final trágico. El inicio del encuentro además no ayudó mucho a quitarse el fantasma de encima cuando vimos un Atleti parado y espeso enfrente de una Real Sociedad muy bien plantada y sin ganas de arriesgar un ápice. Como una tregua pactada sin pactar, los equipos no hicieron nada (con permiso de una peligrosa diagonal de Diego Costa que paró el cancerbero txuri urdin) hasta que en el minuto 8 el estadio abandonó el silencio inicial y empezó a cantar a coro el nombre del verdadero protagonista de la noche. A partir de ahí, tras unos minutos de incertidumbre en los que los gipuzcoanos metieron a los de Simeone en su área, el Atleti tomó por fin el balón y se hizo dueño del partido. Y empezó a moverlo con criterio con un Mario renacido (buenos minutos iniciales tras su lesión) y un Koke hiperactivo que sin embargo no estaba tan acertado como otras veces. Arriba Diego Costa se peleaba (ganando) con todos mientras Villa parecía con más chispa que otras veces. Volvió a gustarme mucho, otra vez, el bueno de Insúa que sin limitar su labor defensiva estuvo bastante acertado también en ataque. Al que sigo sin ver es al principito Sosa. Creo que necesita hacer bastante más para ser titular en este equipo. El Atleti fue claro dominador de la primera parte pero hasta casi el minuto 40 no llegó el primer gol y lo hizo gracias a una acción de coraje de Insúa que roba muy arriba, abre el balón a Diego Costa y  éste cruza el balón al centro de la portería donde estaba el guaje Villa para marcar. Un guaje, que había mostrado ya antes su adoración por Luis, y que decidió dedicarle el gol en una emotiva celebración que todos sentimos como nuestra. Una pena que se lesionase poco después porque llevaba un par de partidos cogiendo buen tono.

La segunda parte comenzó con una cara bien distinta. La Real dio una paso adelante, Carlos Vela decidió tomar el mando del ataque guipuzcoano desde la izquierda y el Atleti, incomprensiblemente, reculó. Mientras los donostiarras se quedaban con el balón e imponían su juego con bastante criterio, el Atleti juntaba demasiado sus dos línea defensivas y dejaba muy separada la línea de arriba. El partido se puso feo para los locales así que Simeone echó una mirada al banquillo y por allí vio a Diego. El brasileño había llegado ayer a Madrid y sin entrenar una sola vez entró en la convocatoria. Su salida al campo tuvo sin embargo el efecto de una sustancia estupefaciente prohibida. El equipo parecía otro y Diego parecía llevar toda la vida entre sus compañeros. Una prueba más de que esa cantinela del periodo de adaptación es algo que no aplica a los buenos. Este Atleti es mucho Atleti y sin que antes sufriese verdaderas ocasiones en contra, la nueva versión del equipo era otra cosa y ya en el primer zarpazo que dio metió el segundo. Error de Vela (creo) en banda izquierda que aprovecha Raúl García para meter un gran pase a la espalda de la defensa rival. Diego Costa recoge el balón con velocidad para encarar la portería y marcar su vigésimo gol en liga. Una barbaridad lo del hispano-brasileño. No me canso de decirlo.

A partir de ahí lo que vimos fue un recital del equipo de Simeone dirigido y orquestado por un Diego que promete buenas dosis de fútbol. Que era exactamente el tipo de jugador que necesitábamos es tan evidente que duele, pero mejor no echemos la vista atrás. El tercero de la noche cayó tras un córner (¡qué sorpresa!) en el que Miranda entra como un toro para incrustar el balón en la red. El cuarto llegó de los pies de Diego que si ya llevaba minutos rondando el gol esperó a un pase del Cebolla desde la izquierda para debutar de la mejor forma posible en su segunda llegada a la orilla del Manzanares.


3 nuevos puntos obtenidos en el inexpugnable Vicente Calderón que, ahora sí, deja al Atlético de Madrid en lo más alto de la tabla y además en solitario. No ocurría desde 1996, el día que el Atleti se proclamaba campeón de liga, pero no podía haber llegado en un día más señalado. Hasta siempre Luis. Va por usted. 

Escuela moderna de fútbol


Real Sociedad 1 - At. Madrid 2

El tradicional parón liguero de estas fechas, ese hueco que se hace para que se jueguen los partidos de selecciones, solía ser otra de esas fechas ásperas y dolientes para los colchoneros en tiempos de Aguirres, Ferrandos y Manzanos. Para entonces, con uno o dos partidos ya disputados y casi siempre alguno de ellos fuera de casa, el Atleti ya se había dejado varios puntos, había sembrado dudas, había cambiado seis veces de esquema, Heitinga volaba, Pato Sosa intentaba dar dos toques seguidos al balón y los aficionados buscábamos la piedra filosofal que explicase el galimatías rojiblanco. Suena a pesadilla, lo sé, pero no lo es. Es simplemente un mal recuerdo. Instalados como estamos hoy en esa nube construida por Simeone a base de trabajo táctico, esfuerzo físico y mucho amor propio, no nos damos cuenta de que estas cosas ocurrieron pero conviene recordarlas. El Atleti llega al citado parón liguero con 9 puntos de 9 posibles. No sólo eso, con dos de los tres partidos ganados fuera de casa. No sólo eso, con dos partidos fuera, ganados en sitios como Sevilla o San Sebastián, feudos en los que en otros tiempos no parecía raro perder puntos. La liga acaba de comenzar pero una cosa parece clara, el Atleti es un corredor de fondo que no va a parar a no ser que se le termine sin fuelle, no lo descarten si seguimos jugando con los mismos jugadores todos los partidos, o que lo derribe el contrario. A diferencia de otros años, este parón liguero molesta porque el Atleti está de dulce y apetece seguir viéndolo jugar.

Tenía ciertas dudas respecto a qué alineación podría sacar el Cholo después del exagerado desgaste del pasado miércoles pero el argentino, genio y figura, apostó por exactamente el mismo once de siempre. Y le salió bien. Tras una fulgurante salida donostiarra, que aupado en la épica de los primeros minutos consiguió mandar un balón al palo, el Atleti se hizo dueño absoluto del partido. La primera parte de los colchoneros debería grabarse en DVD y hacer dos paquetes para regalo. El primero para las escuelas modernas de fútbol (que no de fútbol moderno) porque es un perfecto ejemplo de equipo equilibrado, sobrio en la presión, infalible en la táctico pero preciso en el juego vertical y en la posesión activa del balón. El segundo montón es para ese puñado de ilustrados que piensan que el fútbol que propone Simeone es el del cerrojazo, patadón y contrataque. Lo que el Atleti ha hecho en la primera parte se parece más a esa tendencia, que se ve en europa en los últimos años, de equipo basado en el rigor defensivo pero con varios registros en función del partido. Como el Borussia del año pasado, el Bayern en algunos momentos o la selección italiana. Si esa es la idea que quiere nuestro entrenador que cuenten conmigo para defenderla. La compro. Me gusta. Eso sí, su desempeño estará siempre condicionado al tipo de jugadores que tengamos. Y nos faltan jugadores.

El dominio madrileño fue total y tuvimos ocasiones como para haber sentenciado el partido sin sufrir. Aun así, me van a perdonar, yo eché de menos a Falcao. El Guaje Villa se ha marcado un partido completo en cuanto a generosidad, pelea, continuidad, prestancia y desmarque. Pero sigo sin verlo como el delantero estrella que necesitamos. Lento, sin agilidad para el uno contra uno y fallón de cara al gol. Antes de que me digan nada, sigo teniendo paciencia pero uno cuenta lo que ve. Hasta tres ocasiones claras tuvo el asturiano. Dos muy claras con sendos remates que empaló fuerte pero que se le marcharon desviadas (una de ellas al palo) y una tercera de desmarque por la izquierda, tras buena jugada, que fue la menos clara por estar muy cerrado. Pero Villa es Villa, eso no se puede negar, y en una jugada que siguió peleando hasta el final consiguió llevarse el rechace con algo de suerte para definir de vaselina como sólo lo pueden hacer los auténticos cracks.

La segunda parte siguió por los mismo derroteros pero la Real Sociedad había aprendido la lección de la primera parte. Derrotados en el centro del campo e incapaces de crear fútbol desde atrás decidieron ser más verticales y probar con un estilo más primitivo de balones al área. Les fue algo mejor pero seguían sin inquietar a la roca madrileña. Los rojiblancos por el contrario seguían robando muy arriba y jugando al fútbol en campo contrario. En una gran jugada por la izquierda, Villa da un pase atrás para que Koke, de medio escorzo, empale el balón a puerta para hacer el segundo. 0-2. En ese momento el partido de los dos cerebros del Atleti, Arda y Koke, era para enmarcar. También sus compañeros de zaga, especialmente la dupla Godin/Miranda, que son un seguro de vida, se marcaban un partido soberbio. Me temo que lo va a tener complicado en tal Awerfifsgsg... el tal, Toby. Si es que se confirma definitivamente su fichaje.

A partir de ese momento el partido entró en una fase de fútbol control que invitaba a pensar que seguiría igual hasta el final del partido. El Atleti cedió algo de campo y de balón para comprimirse detrás y salir al contrataque con más espacio mientras seguía controlando el partido. Seguramente todo hubiese seguido igual (o incluso los de Simeone hubieran ampliado su cuenta) de no ser por un error impropio de  este Atleti contemporáneo. Una falta sin aparente peligro es sacada rápidamente por Granero pillando a los defensas colchoneros despistados y dejando a un Xabi Prieto encarando por la derecha a Courtois para empotrar el balón en la escuadra. Gol de pillo (o de tonto, según la perspectiva con la que se mire) que cambió por completo el partido. No por el juego, que no hubo, sino por la intensidad y las ganas que a partir de entonces emplearon los donostiarras que ahora sí, empezaron a poner en apuros al rival. Y pudieron haber empatado perfectamente el partido de no ser por ese portero inmenso que tenemos la suerte de tener cedido. El Bueno de Courtois se sacó dos manos a sendos remates a bocajarro de los vascos (especialmente el primero) pero son de los que no sólo ganan puntos sino de los que, como sabemos, también regalan títulos.

Tres puntos que saben a gloria y que tienen mucha mayor importancia de la que parece. Acomodándose en la parte alta de la tabla, metiendo puntos a los seguidores y ganando a equipos que supuestamente pelean por cosas parecidas. Terminado el encuentro Simeone, con rictus serio, abandonaba el campo y se dirigía al vestuario como si no hubiese pasado nada. Y es que no había pasado nada. Se había ganado un partido que es lo que hay que hacer. A pensar en el siguiente. Ese es el Cholo. Ese es el Atleti. Eso somos nosotros.
  

Mostrando las costuras

At. Madrid 0 - Real Sociedad 1

Yo lo veo así: la primera vez que han ganado al Atleti en su propio estadio ha sido en la segunda vuelta, con el equipo en la final de la Copa del Rey, a quince puntos de los supuestos rivales directos para el objetivo marcado por la directiva, jugando un mal partido, frente a un rival en alza que hizo un gran partido, por un sólo gol de diferencia y encima en fuera de juego. No es que quiera justificar nada, Dios me libre, pero no parece que sea una mala tarjeta de visita. Desde luego la hubiese firmado para cualquiera de las últimas diez temporadas. Todo esto lo digo porque empieza a sacarme de quicio esa corriente histérica que veo últimamente en el Calderón. Como si fuésemos un equipo acostumbrado en la última década a ganar todos los partidos y todas las competiciones, la grada olvidadiza parece perder los nervios últimamente con demasiada facilidad. Gritos, pitos, insultos a los jugadores, cuestionamiento constante de las decisiones del entrenador y esa sensación tragicómica de que el mundo se está terminando. ¿Estamos locos? A mí me molestan las derrotas como al que más pero trato de no perder la perspectiva y sobre todo trato de ver el cuadro en su conjunto. Los colchoneros solíamos ser así. Noto sin embargo síntomas evidentes de ese síndrome de nuevo rico que tanto nos molestaba ver hace poco en equipos del montón que llegaban a cotas de privilegio. No somos un equipo del montón así que intentemos no actuar como tales. 

El Atlético de Madrid perdió contra la Real Sociedad, como podía haber perdido antes contra otros tantos equipos, por la simple razón de que es un equipo con evidentes carencias. Que Simeone ha construido un equipo treméndamente competitivo basado en una fuerte defensa, el rigor táctico, la generosidad de esfuerzo y verticalidad del contrataque es evidente. Que el equipo tiene una manifiesta falta de calidad y es ciertamente mediocre en la creación de fútbol es igual de evidente. La nefasta manera de nuestros dirigentes de plantear la dirección deportiva del Atleti, más parecido a la gestión de un taller de vulcanizados que un equipo de fútbol, ha hecho que en la última década (o más) el conjunto colchonero carezca de centrocampistas de creación. Año tras año se han dedicado con enfermiza constancia a fichar infinitos mediocentros de contención, centrales al uso, trasnochados jugadores de banda y delanteros excelentes. Pero nada de centrocampistas o mediapuntas de creación. Turan es la excepción pero no es suficiente. Diego fue un intento de saltarse la norma pero ya vimos como ha terminado. Los equipos importantes, los llamados a realizar cosas grandes en el mundo del fútbol tienen a sus estrellas entre el delantero centro y los mediocentros defensivos. En el Atleti esa es, con diferencia, la línea más floja del equipo y ese es el problema. Un problema muy grave a mi modesto entender. Dónde el Real Madrid tiene a Ozil o Modric nosotros tenemos a nadie o a Raúl García. Reflexionando sobre esta última frase no hace falta seguir hablando para entender el milagro de estar casi con los mismos puntos. Pero evidentemente la culpa no es de Raúl García y tampoco es de Simeone por negarse a tirar a los leones a un muchacho de 18 años con un futuro prometedor. La culpa es de quien año tras año decide que es más importante un tercer lateral izquierdo o un trigésimo sexto mediocentro defensivo que un tipo con capacidad para meterle un balón en condiciones a Falcao. 

El Atleti salió al campo como siempre, con furia y ganas de matar rápido el partido, pero pasaron varias cosas que lo impidieron que se pueden resumir en dos. La primera que enfrente había un equipo muy bien plantado, igual de intenso y que tenía aprendido perfectamente lo iba a pasar. La segunda que con Costa jugando por detrás de Falcao y tanto Arda como Koke bien tapados el balón tenía que pasar por Gabi y Cebolla. Gabi es un puntal defensivo todo fuerza y corazón pero que a la hora de construir carece de la velocidad suficiente. Sobre todo de cabeza. Cuando él lleva la manija el equipo es muy lento y eso es letal frente a defensas cerradas. Si además las opciones de enganche pasan por un voluntarioso pero inoperante Cebolla el problema se amplifica. Según avanzaba el partido la furia se apagaba, los donostiarras se asentaban y el Atleti empezaba a mostrar con demasiada evidencia sus costuras. Incapaz de mover el balón con rapidez para tirar de verticalidad, incapaz de provocar fútbol de creación y carente por completo de talento para salirse del guión el Atleti se limitó a realizar siempre la misma jugada. Siempre el balón acababa en la banda izquierda y siempre para colgar sin peligro algún balón al área. Lo de la banda izquierda no es casual. Es porque allí está Arda. El único jugador de la plantilla capaz de recibir el balón y tratar de hacer algo diferente a lo que los dos entrenadores han puesto en la pizarra. La primera parte sucumbió así, con el Atleti repitiendo constantemente la misma jugada y la Real tirando de rigor defensivo con bastante tranquilidad. Apenas un puñado de tiros desde fuera del área, nunca entre los tres palos, fue todo el balance ofensivo de los madrileños. 

La segunda parte fue de la misma forma pero con dos variaciones significativas. Un Atleti mucho más lento y una Real Sociedad que decidió tener el balón y jugarlo. Mientras los de Simeone se perdían en la telaraña vasca, insistiendo absurdamente en repetir, otra vez, la misma fórmula que no sólo no había funcionado sino que estaba provocando desajustes fruto de la desesperación (Falcao saliendo a recibir, Koke perdiendo el equilibrio tratando de aportar, Cebolla absolutamente perdido, Diego Costa jugando en solitario,...) el equipo Txuri-Urdin usaba con inteligencia el balón y lo jugaba mejor que su rival. En uno de esos desajustes madrileños llegó el gol. Contrataque que pilla al Atleti descolocado y vasculado a la derecha. En lugar de parar la jugada con falta, que hubiese sido lo más inteligente, permitieron seguir un contrataque en el que el rival tenía más jugadores así que un pase a Xabi Prieto que entraba solo por el otro costado (en la tele se ve que en fuera de juego aunque muy justo y a mí en el campo no me lo pareció) sirvió para batir a Courtois y acabar con su récord. El gol fue la prueba tangible que hacía falta para que los donostiarras creyesen con más fe en lo que estaban haciendo y para que los madrileños se viniesen abajo moralmente. Mal síntoma pero es lo que se vio. El Atleti seguía corriendo pero sin rumbo y sin fe, tirando más de inercia que de credibilidad. Fueron los peores minutos de los rojiblancos. Unos minutos en los que los de Montaner les dieron un pequeño repaso. Era evidente que el equipo estaba atascado y era evidente que el equipo necesitaba cambios en la zona de tres cuartos. El problema es que la solución tuviese que pasar por Raúl García. Cuando el navarro apareció en la banda sustituyendo a un inoperante Cebolla reconozco que me vine abajo y supe que no había nada que hacer. Un equipo de elite no puede tener a Cebolla y Raúl Garcia como baluartes de la zona de creación. Es ofensivo. Y es inútil. En ese momento fui consciente, otra vez, del milagro que supone este equipo de Simeone. El partido no tuvo más historia. El Atleti pudo empatar, si, pero más a base de pundonor que de juego. Más por acoso y derribo que por fútbol. Pero no fue así. 0-1 y primera derrota en casa en lo que va de liga. 

Sé que mucha gente reclamaba la presencia de Óliver Torres en la segunda parte. Yo soy uno de ellos y personalmente lo hubiese colocado en el campo en la segunda parte y sobre todo antes que a Raúl García. No tengo ninguna duda al respecto pero dicho esto me niego a condenar a Simeone por no hacerlo. Entiendo perfectamente su opción y hay que respetarla. Ni siquiera creo que sea un error sino un criterio diferente. Teniendo en cuenta además que él es profesional de esto y yo no. Óliver Torres es un jugador del filial con ficha del filial que no forma parte del primer equipo. Simeone lo dejó claro desde principio de temporada en el que, acertadamente o no, se decidió que fuese así. Óliver estaba en el banquillo porque Mario y Tiago no podían estar. Así de crudo. El Atleti no tiene ese tipo de jugador en la plantilla porque Caminero y sus jefes (y puede que Simeone) lo decidieron así en su momento así que no podemos agarrarnos al cuento de princesas que, reconozcamoslo, es ahora mismo Óliver. La opción de Simeone sería criticable si teniendo a Diego en la plantilla decide sacar a Raúl García pero esto es otra cosa. Mal asunto cuando la solución a la nefasta gestión de una dirección deportiva deplorable y pésima tiene que venir in extremis por parte de un muchacho de 18 años. Personalmente estoy aburrido de ver a entrenadores cobardes (Manzano, Aguirre,...) que en su día tiraron a la arena a jugadores del filial como forma de quedar bien y aplacar la furia de la grada que los reclamaba. Así destrozamos a Camacho o Ruben Pérez o Mario Suárez o Gabi... jugadores que a la postre resultaron no ser tan malos como aquí parecían. Tiempo al tiempo. Creo más en los proyectos que en los golpes de suerte. En las cosas pensadas que en las casualidades. La sed de sangre de los moradores del coliseo no suele ser la mejor estrategia para construir un equipo de fútbol.

Lo que yo quiero es tu dinero, chaval


No quiero hablar de fútbol. No quiero hablar de jugadores ni de tácticas ni de pases ni de remates a puerta. Es absurdo. Anécdotas que se pierden en el aire y en el tiempo como algodón de azúcar caducado. Me encantaría hablar de todo eso tranquilamente y mucho más si además pudiera hacerlo de mi equipo, del Atlético de Madrid, pero es imposible. No está. No se le espera. Ni siquiera estoy seguro de que siga existiendo como algo tangible. No quiero hablar de mala suerte, ni de contratiempo fortuito, ni de cansancio, ni de calendarios, ni de Bucarest. No quiero hacerlo porque me rezuma la furia por los poros y me hace heridas en la ilusión. Esa ilusión a prueba de bomba que este puñado de mediocres mercenarios, a un lado y al otro de la mesa de despacho, está puliendo hasta dejar reducida a cenizas.

Que el Atlético de Madrid es un tren a la deriva lo sabemos muchos (es evidente que no todos). Hace muchos años un señor de Burgo de Osma decidió utilizar la gloriosa historia del Atlético de Madrid en beneficio propio. Con carácter político y con carácter económico. Sacó de su pantalón esa billetera con olor a azufre y a base de billetes caducados compró chistes, fuegos artificiales, amigos mediáticos, jugadores, borreguillos y engañó a propios y extraños el tiempo suficiente como para que en un abrir y cerrar de ojos los otrora clubes deportivos pasasen a ser empresas privadas sin que nadie se diese cuenta. Hace casi 20 años el mismo señor decidió poner sus miras en otro sitio dejando este trofeo de caza al hijo que se quedaba rezagado. Ese benjamín de la camada que incapaz de hacer otra cosa en la vida tiene que vivir de estirar mal que bien el legado paterno. El muchacho le ponía empeño pero haciendo honor a su sobrenombre, Calamidad, aplicaba la receta del turrón para hacer unas lentejas. Hasta que se dio cuenta de que para lo que mejor estaba dotado, debía ser genética, era para navegar en la tangente de la legalidad y así, ya que eso del fútbol era algo aburrido y eso del Atleti una ñoñería típica de flojos, tratar de vender a trocitos aquel incómodo legado que había recibido. ¿Cómo? Pues especulando todo lo posible con las partes y alquilando los locales, los jugadores, la estructura, la historia, la esencia, la imagen y el espíritu del club para despedidas de soltero, bailes con putas, zarzuelas, espectáculos del Bombero Torero y cualquier otro tipo de varieté que dejase dividendos. De cualquier tipo.

Y en esas estamos 20 años después. Con un patrimonio menguante y erosionado, con un espíritu rojiblanco que parece un solar infestado de cardos, con un orgullo plastificado que se vende en bonitos llaveros con 50 centimos de euro, con una historia filtrada y retocada que se explica en sencillos spots de 20 segundos, vendiendo al mundo la bonita sonrisa del perdedor, entregados con candor y como fieles redentores al circo periodístico mediático que nos aplasta y nos humilla, aplaudiendo a rabiar un maravilloso empate, soñando con hacer buenos papeles y justificando con argumentos peregrinos que la hostia que nos acaban de dar no sólo no nos ha dolido sino que ni siquiera ha sido hostia.

Y si, sé de dónde vienen todos lo males pero yo voy al campo y veo los partidos y me cabreo y sé quienes son los once que el sábado tiraron el partido y los once, si once, que lo han tirado hoy. Y sé que ninguno de ellos es MA Gil. Tampoco veo a ninguno de los once demasiado afectado. Y veo como cada vez que metemos un gol nos echamos para atrás y que lo hacemos siempre y que llevamos diez años dando patadones desde la defensa. Y veo como presumimos de afición ejemplar pero escalamos a la nube o nos encerramos bajo la alfombra en función de si una pelotita entra o no entra en el último minuto. Que no nos preguntamos nada. Que esperamos a que nos pasen la letra para cantar la canción. Pitamos a jugadores como Arda y asentimos como borregos todas las estupideces que aparecen en unos medios de comunicación galácticos a los que en su mayoría el éxito del Atleti les emociona tanto como a mí la siguiente edición de Gran Hermano. Eso en el caso de que vean los partidos y no construyan sus teorías, de manoletes y antoñitos, directamente en función de los objetivos resúmenes de televisión.

Si ya sé que esto no es una crónica futbolística pero es que primero estoy harto de perder mi tiempo con algo que no lo merece y segundo no he visto un partido de fútbol. Lo que he visto hoy en el Calderón, jugándonos mantener la dignidad en una liga atroz y agarrándonos a la última e inmerecida oportunidad que el destino nos prestaba, es el enésimo ejercicio de especulación barata. Dirigido por especuladores y practicado por especuladores. Es absurdo utilizar teorías para explicar lo que ocurre si tiras un dado y eso es lo que el Atlético de Madrid lleva haciendo desde hace décadas. Jugar con todos los elementos alrededor menos con el más esencial: el fútbol. Años y años de desconstrucción, de laminar los cimientos de una institución centenaria, de jugar peligrosamente con los símbolos, de reír las gracias al indolente, de gritar pelillos a la mar, de pensar en el mañana sin reflexionar sobre el ayer, de conformarnos con las migas, así es como se ha construido una institución frágil y enfermiza. Tan débil y vulnerable que sólo funciona con el viento a favor. En el preciso momento en el que la brisa se tuerce el sujeto coge frío y enferma. Enferma incluso antes de ponerse enfermo. Tanto tiempo tapándose la cara para no recibir la bofetada nos ha hecho dejar de ver que se iba por el camino equivocado pero además no nos ha servido para amortiguar la patada en la cabeza.

Vulgaridad, mediocridad,... esas son ahora nuestras señas de identidad. 20 años sin alcancar el puesto en el torneo de la regularidad que la institución reclama por números. Si, los números. Los del sueldo de la plantilla, los de número de aficionados, de ingresos por televisión,...¿plantilla? ¿Cansancio? ¿Suerte? Paparruchas. Las mismas paparruchas de siempre que aparecen todos los años pero cada vez con un nuevo disfraz.

Perdonen por este arrebato de cólera pero al fin y al cabo no me va a escuchar nadie. A lo mejor los que se sientan cerca de mí y asienten con la cabeza pero entre todos no juntamos ni siquiera una mínima fuerza de oposición. Para eso necesitamos “notables” pero esos están ocupados. Necesitamos periodistas pero esos están demasiado preocupados por no tocar el suculento equilibrio que hoy dirige en mercado del fútbol.

Directivos, jugadores, notables, periodistas mediáticos,... a todos les veo mirándome a la cara y cantándome con la sonrisa enfurecida esa canción tan pegadiza de los Wonder Stuff: “Lo que yo quiero es tu dinero, chaval”...

The Wonder Stuff - It's yer Money I'm after baby


Fuera depresión

Real Sociedad 0 - At. Madrid 4

Muchas veces los aficionados pecamos de simplificar el fútbol. Sin pensarlo dos veces es habitual que abusemos de frases hechas que describen la sencillez de las reglas que rigen los cuestionados fundamentos de este bendito juego. Entendemos con evidencia aplastante que el partido se pierde por situar a determinado jugador, que si colocasen a los delanteros de determinada forma o que si le pusiesen un poco más de... valentía, las cosas serían mucho más alegres. Todos lo hacemos pero eso no significa que sea verdad. De hecho, es mentira. El fútbol es un fenómeno analizable en el que poco a poco se logra sistematizar y definir leyes, reglas o esquemas que sean capaces de explicarlo y controlarlo pero afortunadamente nunca se consigue. Millones de personas en todo el mundo lo analizan todo pero rara vez sirve para casi nada. Los grandes analistas lo son (¿lo somos?) siempre a posteriori. Los jugadores que le han metido cuatro goles a la Real Sociedad en uno de los partidos más serios de este equipo en los últimos años son los mismo que dieron vergüenza hace apenas un mes. Algunos explican la milagrosa transformación con una sola palabra, Simeone. Es evidente que los tiros van por ahí pero si fuese tan sencillo las crisis no existirían o durarían mucho menos. No es tan sencillo. Aun así, bendito fútbol. Bendito universo de enigmas y explicaciones tardías en los que necesitas a veces recurrir a la magia para entenderlo.

Ninguno debería peder las perspectiva de que cuando los partidos empiezan bien todo es mucho más fácil. Es cierto y el partido empezó muy bien. A los dos minutos el Atleti ya estaba por encima en el marcador gracias a un penalty absurdo por mano en la esquina del área que sin embargo parece claro. Un golpe de suerte quizá, pero hasta ese momento, en apenas unos segundos, el Atleti había salido a morder, a presionar arriba y a por el partido. Lo que siempre reclamamos independientemente del esquema futbolístico que se proponga. Lo que nunca ocurría. Ilusionante marcador para comenzar una nueva era pero más ilusionante aun resultó lo que pasó después. Lejos de bajar la intensidad se mantuvo. Lejos de cambiar la forma de jugar se mantuvo. Lejos de especular la plantilla parecía convencida de confiar en lo que estaban haciendo. Lejos de recular el equipo se mantuvo en el mismo sitio que ya estaba.

Y pasaban los minutos sin sobresaltos. La Real Sociedad era incapaz de construir sometida a la intensa presión de los madrileños y su agresiva forma de encarar el partido. Agresiva en el buen sentido. En el de no conceder espacios, en el de no dejar jugar, en el de anticiparse y en el de estar encima de forma asfixiante. La Real perdía el balón y el Atleti lo jugaba en vertical pero con criterio hacia el marco contrario consiguiendo ocasiones para mejorar el marcador. Especialmente clara fue un remate de volea de Arda que no llegó a empalar dentro del área.

Pero no todo era maravilloso. Algunos pelotazos desde los centrales, que recordaban épocas pasadas, empezaron a despuntar. Cuando el equipo robaba arriba y jugaba el balón apenas sufrimos ocasiones en contra (salvo alguna falta cercana al área del siempre inquieto y sobre excitado Gabi). Sin embargo cuando empezamos a soltar pelotazos el equipo era incapaz de armarse o posicionarse para jugar el balón con lo que tenía que recular y eso provocaba que la Real, casi sin querer, empezase a jugar en nuestro campo. Por eso los últimos minutos de la primera parte fueron los peores del Atleti y los mejores del rival. Eso es lo que ha ocurrido todos estos años de entrenadores especulativos.

Pero la segunda parte volvió a subir los marcadores del optimismo. De nuevo se marcó muy pronto (Adrián, que cada día es mejor jugador y tras una excelente jugada de Falcao) pero también de nuevo el equipo había salido con ambición y presionando arriba. Mención especial merece el partido de Falcao y no sólo por los tres goles que marcó. El colombiano estuvo muy participativo con el equipo e hizo que aquellos que pensábamos que era “simplemente” un rematador de área empecemos a tener dudas. Para mí el partido más completo del Tigre con nuestra camiseta. Sin embargo, más allá de la calidad de Adrián y Falcao, la clave del sistema Simeone estuvo en Diego y Turan. Aparentemente escorados en una banda fueron el motor, la sorpresa y el cerebro. Gracias a la generosidad física de ambos, la superioridad en el centro del campo, en ataque y en defensa, fue exagerada y eso provocó primero la perdida de balón de los txuri urdin pero después la incapacidad de los mismos para entender el juego rápido y vertical que practicaban los colchoneros.

A partir del 0-2 el partido fue una exhibición. Una exhibición de fuerza, compromiso, generosidad...y calidad. Especialmente destacable, para mí, fue la aportación de Koke. Jugando también aparentemente escorado la realidad mostró a un jugador alegre, con libertad y mucho criterio. Los dos goles siguientes pasaron por sus botas. El primero metiendo un pase a la espalda que Falcao aprovecha para meter un gol en vaselina que es una obra de arte. El segundo tras una jugada espectacular en la que Koke primero se deshace del rival dejando pasar el balón por debajo de las piernas y asistiendo después a Falcao tras gran jugada colectiva por la izquierda.

Un 0-4 redondo y justo que deja un gran sabor de boca incluso entre los más críticos, como yo, con lo que parecía iba a ser el juego de Simeone. Los dos últimos partidos, dentro y fuera de casa, parecen una forma sólida de apuntalar el optimismo. Simeone ha demostrado que antepone pragmatismo a estupidez (ha puesto a los buenos porque sabe que es lo mejor), ha inculcado carácter y criterio a una plantilla que estaba muerta y transmite seguridad, suficiencia y colchonerismo. A mí, de momento, se me apagan las dudas. Fuera depresión.

Uncle Tupelo - No depression

Out in the Space (At. Madrid 3 - R. Sociedad 0)



Por razones que no vienen al caso (y desde luego no por placer) estoy escribiendo esto desde algún lugar a las afueras de París. Me ha pillado fuera y no he visto el partido así que me parece sensato hacer comentarios sobre el mismo (y es una pena porque parece que ha sido de los buenos).

Tampoco he podido vivir (y bien que me duele) ni el homenaje a Luis ni la manifestación pre-partido así que ardo en deseos de saber que es lo que ha ocurrido. Lamentablemente para estas cosas no puedo recurrir a la prensa oficial así que tendré que esperar un poco más...

Siempre el mismo dado (R. Sociedad 2 - At. Madrid 4)




La estadística es esa ciencia que dice que si tiras un dado cincuenta veces y las cincuenta sale el número 1 lo que ocurre es que el dado o está mal o está trucado. Lamentablemente el actual estratega que ocupa el banquillo del atleti, al igual que la inmensa mayoría de estrategas que se han sentado en ese banquillo desde que volvimos a primera división, está por encima de la la estadística, de la física, de la lógica y de cualquier ciencia. Está por encima incluso de la metafísica y ninguno de nosotros, oh pobres mortales, somos capaces de entender la tremenda complejidad que acompaña al fútbol. henchido de ese material de que debe estar hecha la soberbia nuestro particular director decide sistemáticamente tirar el dado cada vez que jugamos fuera, el mismo dado, a pesar de que siempre el resultado es el mismo. El Atlético de Madrid ha ganado esta noche en Anoeta porque en algún momento durante el descanso del encuentro alguien con criterio ha decidido que puesto que siempre perdemos saliendo al campo a especular y hacer lo que los estrategas quieren y teniendo en cuenta que estábamos perdiendo, que los puestos altos de la tabla están ya en otra galaxia, que incluso nos alejábamos de pelear por la liga de los mediocres y que estaba todo perdido, lo mismo no era mala idea salir a ganar el partido. Paradojas de la vida, se ganó. Decía La Rochefoucauld que el medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás. Yo me lo creo.

La crónica de la primera parte del encuentro es tan inútil como conocida. Tan patética como común, tan triste como aceptada. El Atleti de Quique volvió a salir por esos campos de Dios con la camiseta del miedo, de la mediocridad, de la especulación, del anti-fútbol, de la ruindad, del patetismo, del pánico, del terror al balón, del síndrome de inferioridad, de la asunción de un papel de atrezzo en esta liga, de la miseria y de la cobardía. Lo de siempre, vamos. Gracias a su mediático entrenador este equipo sale con esa vergonzosa camiseta siempre que juega fuera del Calderón (y a veces dentro) sin que a día de hoy servidor sea capaz de entender cual es el objetivo de tan ilustrado pensador. Incapaz de creerme que este señor pretende ganar planteando el partido de esa manera, uno tiende a pensar que nuestro entrenador pretende marcar el objetivo siempre en un miserable empate, lo cual es incluso más miserable. La primera parte, como muchos de los partidos que llevamos soportando esta esta temporada, no merece más que el desprecio más absoluto. Un insulto asqueroso a una afición que se muere, entre otras cosas de sopor. El gol de la Real llego en apenas diez minutos tras fallo del lateral (Perea) y mala suerte de Ufjalusi que se lo mete dentro. Podía haber sido de cualquier otra forma. Hubiese sido de hecho de cualquier otra forma de no haberse marcado. Hasta los numerosos fallos en defensa del equipo son una anécdota ante semejante panorama. También considero una anécdota los ataques de entrenador de nuestro mister de piel cobriza. No entiendo la chorrada de sentar a Domínguez poniendo a Perea, no entiendo la estupidez de castigar a un Asunçao que no estaba flojeando sino todo lo contrario, me asusta la no convocatoria de Fran Mérida (aunque el muchacho se lo merece porque no ha hecho nada de nada), pero todas estas cosas no justifican más que la necesidad del entrenador de ser más listo que nadie. El problema va más allá. Sinceramente no creo que afecten en la forma de jugar porque directamente no jugamos a nada. Con esa premisa da igual a quien pones. Con la pájara post-gol en contra, también conocida y también un clásico en nuestras pantallas, se correteo por el campo arrastrando el escudo y rezando porque los donostiarras no mataran el partido, que pudieron hacerlo.

Pero en el banquillo se produjo la catarsis. No sé por qué pero bendita catarsis. El Atleti salió a ganar, se quedó con el balón y los jugadores que tocaban el balón mayormente eran Tiago, Simao, Reyes, Agüero y Forlán. a diferencia de los que lo hacían en la primera parte, que son los que lo hacen normalmente con esta versión del equipo: Perea, Ufjalusi, Asunçao, cualquiera de los Cléber Camachos... El “nuevo” Atleti sin embargo era el dueño absoluto del partido mientras una Real muy floja y mostrando su verdadera cara, ni la tocaba. Salieron un par de veces en contrataque pero perfectamente abortado. El Atleti no llegaba con claridad pero llegaba, controlaba el juego y sobre todo la actitud era la de ir a por el partido. El empate llegó en torno a los 25 minutos cuando una clarísima mano de Tiago en el área no es pitada y el contrataque de libro es bien llevado por los colchonero dejando el balón a Agüero que deja la pelota al uruguayo Forlán para que marque a la media vuelta. Los donostiarras se quitaron la presión y trataron de disputarle el balón al Atleti pero los madrileños tenían otros planes y siguieron jugando de la misma forma. Así un pase lateral desde la derecha de Ujalusi en otro contrataque (eso si es jugar al contraque) hace que Agüero marque el segundo en claro fuera de juego. Los dos errores del árbitro han sido garrafales y nos han favorecido claramente. Sinceramente creo que el Atleti ha merecido ganar hoy pero también creo que el Atleti mereció perder en Villarreal (a pesar del árbitro). A veces escudarse en el árbitro, aun teniendo razón, es evadirse de la realidad.

Con el partido remontado (por primera vez en la temporada) la Real se fue definitivamente a la desesperada pero los de Quique volvieron a no perdonar en otro contrataque y Agüero marca el tercero en un rechace en el área.

Pero como el Atleti es así, cuando el partido estaba ganado y lo único que hacía falta era guardar un poco el balón y dejar correr el tiempo, decidió echarse para atrás y hacer el peregrino en la frontal del área. En una de esas jaimitadas Simao decide salir de su propia área con el balón controlado entre siete rivales y claro, la pierde. El error supone el 2-3 y la agonía de los minutos finales. Agonía que no fue tal puesto que entre achique y achique Reyes se mete en el área contraria haciendo eslalon y es derribado. Simao coloca el definitivo 2-4 (¿por qué no tiro Forlán?)

Buena segunda parte del Atleti (lamentable comienzo) que desgraciadamente no servirá para nada puesto que quien manda, como todos sabemos, el próximo partido fuera volverá a tirar el mismo dado y como todos sabemos... volverá a salir el mismo número.