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Quien no lo da todo, no da nada

Rubin Kazan 0 - At. Madrid 1

Decía Eduardo Chillida que un hombre debe tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo. Hoy me he acordado de esa frase nada más concluir el partido de Moscú. Desde que terminara el partido de ida he visto como poco a poco me he ido quedando solo en esta cruzada particular por lo que uno entendía que era un gran error histórico. Despreciar la Europa League hasta el punto de tirarla. Poco a poco me han ido rodeando hasta asfixiarme multitud de razones, excusas y sesudas explicaciones que llegaban desde todos los puntos cardinales y que argumentaban no sólo que lejos de mi pensamiento no se había tirado la eliminatoria (ni la competición) sino que incluso se había actuado muy bien. Coherente. Con habilidad. De forma infalible. Lo mejor que se podía hacer. Argumentos económicos, argumentos deportivos, argumentos sociales,... argumentos de todo tipo y condición. Pero no me convence. Soy así de ingenuo o de testarudo. Yo lo que veo es miedo. Miedo insano a intentar llegar a la isla por temor a quedarse sin fuerzas. Miedo paralizante que te hace quedarte vivo en la orilla mediocre sin posibilidad de tocar el cielo. Es cierto que se puede morir en el intento pero no es menos cierto que te puedes morir también en cualquier momento. ¿Y entonces qué?  Quizás sea el único, viendo y leyendo crónicas y artículos del partido que hablan gratuitamente de conceptos con la dignidad o el orgullo, pero sigo pensando que el Club Atlético de Madrid ha despreciado la competición, ha tirado la eliminatoria y no ha querido ganar este año la Europa League. Y no estoy de acuerdo con hacerlo. Y estoy desolado por tomar conciencia ya en frío de que esta temporada no volveremos a jugar un partido Europeo. 

No me apetece hablar del partido porque para mi no tiene ninguna historia. Me pareció humillante la convocatoria y a partir de ahí decidí tomarme el tiempo que quedaba con la mayor de las filosofías. Como si no fuese un partido de mi equipo. El nivel de dignidad estaba tan bajo para cuando el balón ha empezado a rodar en Moscú que lo que ocurriera después estaba ya infectado por la sensación de que no había nada que perder y mucho que ganar. Estúpida y falsa lectura cuando el Atlético de Madrid, casualmente, es el vigente Campeón. Pero el poder de la persuasión humana es tan brutal que la inmensa mayoría de Atléticos tienen ahora la sensación de que se ha caído con dignidad. Con orgullo. No seré ni soy yo uno de ellos. 

Un partido que efectivamente dejó ver un equipo intenso que ha intentado en todo momento ganar el partido. Es cierto y no se puede reprochar nada a los once jugadores que hoy han peleado en la capital rusa a diez grados bajo cero porque lo han dado todo. Algunos han dado poco pero es que no tienen más, aunque esa es otra historia. El problema principal es que esos once jugadores no eran los que estaban llamados a defender el escudo del Atleti en una competición gracias a la cual el club madrileño ha podido abandonar el carroñero ostracismo que ha sufrido durante las oscuras décadas del heredero Gil. Nadie discute que incluso los once verdaderos hubiesen podido ser incapaces de sobrepasar a un equipo que ha ganado dos ligas rusas a base de acumular jugadores en su área y marcar de contrataque, pero en los temas de corazón, me temo que la intención cuenta más que el resultado. Como decía Helenio Herrera, quien no lo da todo, no da nada. 

Hablar de fútbol, insisto, se me hace cuesta arriba, la verdad. Me han gustado sobre todo los primeros diez minutos y como se ha salido al campo. A partir de ahí, salvo tramos puntuales ha sido más una cuestión de ganas que de fútbol, pero muchas veces con eso es suficiente. Hoy podría haberlo sido pero no ha ocurrido porque enfrente tenía un equipo que sabe jugar perfectamente a que no le metan gol. El problema fundamental del Rubin es marcar goles (habrá tirado dos o tres veces a puerta en toda la eliminatoria) pero no montar el muro de carga a diez metros de su portería que es lo que ha hecho hoy, que es lo que hizo hace una semana y que es lo que hace siempre. Me quedo como nota más positiva la incursión de Saúl, un canterano que tiene una pinta excelente. Un centrocampista de esos que buscan el balón y saben conducirlo. Que la pide, que levanta la cabeza y que apunta siempre a la portería contraria y no a la nuestra. Es decir, un centrocampista de esos que hace dos décadas que no tenemos. Lecturas que se pueden sacar del partido-elimiatoria son también la constatación de que Asenjo no debe jugar un minuto más con esa camiseta, que Cata y Cisma no dan el nivel ni para ser reservas del actual equipo, que Mario anda perdido en alguna guerra interna, que Adrián, cuando le sale, es muy bueno, que Falcao sabe que no está en forma con lo que comienza a obsesionarse con el tema y que Raúl García es de esos jugadores polivalentes que puede jugar en varias posiciones distintas pero en todas hacerlo igual de mal. Otro que según mi humilde opinión debería estar jugando también sus últimos minutos como Colchonero. 

El Atlético de Madrid está fuera de la Europa League y lo hace en el “honroso” momento de los dieciseisavos de final. Piénselo bien y díganme sin sonreír que eso tiene el más mínimo atisbo de orgullo. Díganme que esos es para decir lo que se está diciendo. Sé que hay algún Consejero Delegado y Presidente de papel que sonríen aliviados, pero también me consta de un nutrido puñado de rojiblancos que lejos de sentir vergüenza se sienten orgullosos e igualmente satisfechos con lo realizado. No es mi caso ni lo será. Tampoco soy capaz de entenderlo en la piel de otros pero lo dejaré aquí. Desisto de tratar de explicar algo que no se puede tocar, ni medir, ni comprar ni vender. Se siente o no se siente. Yo lo siento. Siento decepción y algo de vergüenza pero me quedo más tranquilo sabiendo que soy un caso extraño. 

Adiós Europa League. Adiós competiciones europeas. Adiós Europa.

Hasta siempre.

Enfadado, triste y melancólico

Según escribo estas líneas acabo de ver la convocatoria de Simeone para el partido de vuelta en Moscú (que no Kazán) frente al Rubín, y según escribo esto me sube por la espina dorsal una mezcla letal de enfado, tristeza y melancolía. 

Enfado por comprobar que tenía razón cuando decía que no sólo Simeone sino también la directiva y la afición de este bendito club habían despreciado la Europa League. Era evidente. Es evidente. Una competición que nos ha dado las únicas alegrías de la última década. Una competición que no ganamos en los 100 años anteriores. Una competición que tiene en sus vitrinas Madrid y Barça (cuando de hecho era incluso menos importante al no incluir la recopa) por mucho que ahora los periodistas del régimen decidan olvidarse del disco duro de la historia. Una competición por cuyo visionado los colchoneros hemos pagado además un abono especial, nada desdeñable, que ahora entendemos como un sofisticado timo. Enfado por sentirse estafado. Engañado. Confundido. Enfado por sentir que esa especie de soberbia pragmática que hoy perfuma el escudo del oso y el madroño no corresponde a un equipo verdaderamente especial como es el Atlético de Madrid. 

Tristeza por no poder repetir mi viaje a Hamburgo, ni esos abrazos con desconocidos en la fría ciudad alemana, ni esas llamadas a mi hermano que estaba en Mónaco, ni esos gritos con mis amigos en la plaza de Neptuno. Todo eso, al parecer, no encaja en el nuevo Atlético de Madrid de balances negros y contables asépticos. No vale nada. No da dinero. No entran en unos presupuestos que ignoran que eso es precisamente lo que a mí me mueve a pagar el dichoso abono. 

Melancolía por acordarme de esos aficionados al fútbol que defendían a su equipo y que lo querían era verlo jugar bien y ganar. Siempre. En todos los campos. En todas las ocasiones. Sin dobleces. Obviando si interesaba o no económicamente vender a un jugador o tirar una competición europea. ¡Menuda estupidez! Aficionados que ponían el nombre y la historia del club rojiblanco por encima de todo pero fundamentalmente por encima de lógicas de instituto de negocios y ecuaciones de bachillerato. Que no podían entender que un jugador quisiera irse del Atleti igual que no podían entender que interesase perder un partido. Yo no soy de esos aficionados modernos que “entienden” el  fútbol moderno. De hecho yo no los llamaría aficionados. Tampoco fútbol. Es otra cosa. Es como un seguidor del mundo de los toros que entiende como humano que el torero no se arrime porque el toro le puede hacer daño. Absurdo, ¿verdad? Pues es lo que estamos haciendo. Entender que el Atleti no se arrime para que no se haga daño. Así es posible vivir sano. Si, pero así es imposible tener oreja. Ser especial. Así es imposible ser torero. Yo no quiero tener un Atleti sin corazón y con dinero. No me vale. 

Enfadado, triste y melancólico. Así me deja la convocatoria para Moscú y así seguiré también después. Seamos o no capaces de remontar. Porque en contra de lo que mucho enterado piensa en mi caso no es una cuestión de números. No tiene que serlo. Yo no soy presidente, ni entrenador, ni jugador, ni periodista, ni gano dinero con esto. Gano otra cosa que no se puede contar en euros. Por mucho que se empeñen en convencerme de lo contrario. Yo soy aficionado del Atlético de Madrid y como tal funciono con otras reglas. Con las reglas de aficionado. 

Sólo me queda una duda. Saber de dónde parte una directriz tan lamentable. 

Es broma. No tengo ninguna duda. Sé de dónde sale. Y usted también.

De sueños y cagadas

At. Madrid 0 - Rubin Kazan 2

Durante toda la semana los medios de comunicación habían ignorado la Europa League ostensiblemente, aunque eso tampoco es sorprendente tratándose de los mercenarios a sueldo y esclavos del rodillo mediático que tienen que vivir de ello. Estamos acostumbrados desgraciadamente a su desprecio. Pero en el entorno del club tampoco se veía con demasiada emoción, igual que no se veía espíritu tampoco entre los aficionados. Una especie de soberbia y desprecio, que tan mal nos sienta, sobrevolaba por el imaginario colchonero. Era como esos trámites que uno tiene que hacer y de los que sabe que saldrá airoso sin demasiado esfuerzo. Y llegó el jueves. Y según bajaba por el paseo de Yeserías vi en mi teléfono que Asenjo, Cata y Cebolla eran de la partida. Y empecé a mosquearme. Y llegué al campo para observar con estupor que el estadio estaba medio vacío y que en mi zona apenas reconocía a nadie de los habituales. En su lugar había una colección de tipos extranjeros que me hacían sentir como en otro sitio. Lo mismo es que era yo el único al que esto de la Europa League le importaba. El partido había nacido raro desde hacía días y continuaba raro antes de empezar. Y claro, la cagamos.

Yo no soy un experto en fútbol, ni vivo de esto, ni desgraciadamente tengo el tiempo suficiente para ver todos los partidos que me gustaría ver, pero que quieren que les diga, conocía al Rubin Kazan. Un equipo que con Berdeyev de entrenador había ganado dos ligas rusas y una copa haciendo lo mismo: una roca en defensa, un ejército en el aspecto táctico y una verticalidad letal. También sabíamos que no era un equipo fácil y que no le suelen hacer muchos goles. Teniendo en cuenta la escasez de recursos del Atleti y la incapacidad manifiesta que tiene para crear fútbol era fundamental no encajar goles y tratar de que el rival tuviera que abrirse. A ser posible marcando primero. Pero de nuevo la volvimos a cagar. El Atlético de Madrid que nos ha llevado a vivir el sueño del que esta noche no hemos bajado, ha basado su éxito en la defensa. Es así. Un equipo inexpugnable al que apenas creaban ocasiones que se sentía seguro para buscar la portería contraria a toda velocidad. Pero cuando los periodistas se deleitaban con las rotaciones de Simeone, esas que al principio daban tan buenos frutos, no reparaban en que los cinco de atrás eran siempre los mismos. No cambiaban. En el momento que han empezado a cambiarlos se ha ido todo al traste. Veremos si no de forma definitiva.

Es tarde, estoy enfadado, estoy cansado y no me quiero repetir así que trataré de ser breve. Las rotaciones son una gran mentira. Ya lo he dicho mil veces. Asenjo no debería haber jugado un minuto más en el Atlético de Madrid desde hace años. Lo he dicho también un montón de veces y lo he vuelto a repetir hace poco en este mismo blog. Hoy alguien me llamaba “oportunista” por decir que el partido frente al Rubin se resumía con la palabra Asenjo. Es evidente que ese alguien no se pasa normalmente por aquí. Asenjo es un jugador sobre el que no entraré a debatir otra vez sobre sus capacidades o potencial pero del que tengo claro que jamás de los jamases podrá triunfar nunca en este equipo. Le asusta. Le viene enorme. Tiembla como un flan de gelatina cada vez que este escudo le frota el pecho y no puede soportar la presión de verse de corto en el Calderón. Es así y siempre será así. Hoy el Atleti ha sido un desastre en casi todo pero si Asenjo no la caga en el primer balón que toca a los cinco minutos de partido muy probablemente estaríamos hablando de otra cosa.

Porque esa es la clave del partido. Colocarte 0-1 en tu estadio frente a un equipo que es un maestro en cerrarse y defender cuando además tienes una plantilla cortísima en la que precisamente mover el balón con rapidez y crear fútbol no es una de tus virtudes. Esa es la lectura y no hay más. El Atleti se puso por detrás en el marcador y a partir de ahí hizo lo que sabe pero es que lo que sabe, en esas tesituras, es muy poco. Ahí, con el balón y frente a un equipo cerrado, se ven todas las carencias y así el equipo parece lento y torpe y estático y falto de intensidad. Que si, que no se veía la intensidad de otros partidos ni las ganas por ganar pero yo creo que todo es consecuencia de los mismo, uniéndose además la inseguridad y depresión que contagia a la plantilla determinados jugadores que tienen las extraña habilidad de transmitir su melancolía al resto. El Atleti terminó la primera parte casi sin haber tirado una vez a puerta y teniendo un jugador más. Una jugada a balón parado bien ejecutada pero penosamente rematada por Filipe Luis impidió que el número de remates de los colchoneros fuera cero.

En la segunda los papeles se mantuvieron. El Rubin, con diez, cerrado en su área ya sin complejos tratando de llegar a la portería contraria sin fluidez, sin ritmo, sin velocidad, sin ideas, sin criterio y sin fútbol. Poco a poco el cerco se cerraba más y más pero obedecía al acoso y las ganas e hacerlo que a otra cosa. Simeone puso a Koke, que es titular en este equipo, tras el descanso y posteriormente metió a Raúl García (como si no hubiera entrado) y a Saúl para jugar con tres centrales, pero nada. Todo igual. Llegado el minuto 70 llegaron por fin un par de disparos claros que de forma poco ortodoxa sacó un portero que no parecía especialmente bueno pero al que se ha probado muy poco. La ansiedad atenazaba a jugadores y afición que veían como se pasaban los minutos y no aparecía el gol. Y llegaron otro par de ocasiones todavía más claras como un remate de cabeza de Adrián en el segundo palo que se va fuera y sobre todo una media vuelta de Falcao que da en el larguero. 

Pero faltaba lo “mejor”. Ya con el tiempo de descuento llegó la estupidez de la noche. En el último minuto de partido hay córner a favor de los rojiblancos y se mete todo el equipo en el área. Asenjo hace una amago de ir pero mira a su entrenador. Este le hace un ostensible gesto de que acuda al remate y allí va. El córner se saca mal (nunca puede ir blandito a la frontal del área con todo el equipo dentro) y el rechace lo recogen los rusos de Tartaristán. Asenjo se queda dormido, al igual que lo hacen el resto de sus compañeros que no aciertan a intuir que deberían hacer una falta. La carrera de Asenjo con el jugador del Rubin es ciertamente patética. De mucha lástima ver como en cada dos metros el ruso le saca tres. Y claro, mete gol. 0-2, final del partido. Gran cagada de Simeone que probablemente cueste decir adiós a la Europa League.

Sinceramente, para mi la eliminatoria está perdida. Meter tres goles a un equipo como el Rubin en su propio estadio se me antoja muy complicado pero todavía más complicado con el lamentable estado de forma y anímico del Atlético de Madrid actual. En apenas un mes podemos pasar de la gloria al infierno para volver a esas semanas pegajosas y espesas en las que sólo podíamos ser pesimistas. En unas semanas nos han bajado de una nube. Nos han despertado de un sueño al que nos estábamos agarrando como si fuese real. Porque esto es eso. Una quimera. Una fantasía. Simeone hoy (y algún que otro día reciéntemente) la ha cagado de pleno pero lo que ha hecho Simeone con una plantilla muy corta, tremendamente desequilibrada y muy escasa de calidad es básicamente un milagro. Un sueño. Un sueño dulce e ilusionante que irónicamente nos ha tenido mucho tiempo despiertos y viviendo en un mundo en el que hacía mucho tiempo que no vivíamos. Que toda la vida es sueño, pero que, como decía Calderón de la Barca y reza en la cabecera de esta humilde bitácora, y los sueños, sueños son.

Los tártaros de Rusia


(Artículo escrito originalmente para forzaAtleti.com)

Cuando a uno de joven le enseñaban geografía en la escuela, el límite oriental que definía Europa estaba localizado en los montes Urales. Esto chocaba luego con la lógica cuando en la misma clase nos decían que Rusia era un país europeo y en el mapa los Urales caían en mitad de ese enorme “país” que llegaba hasta el océano pacífico. Quizá esa confusión venía dada por la propia definición de Rusia que manejábamos entonces, que es la misma confusión con la definición de Rusia que manejábamos ahora. Entonces URSS hoy Federación Rusa. La confusión se traslada también al fútbol, lógicamente, y por eso cuando aparece la noticia de que el Atlético de Madrid se enfrentará en la Europa League con un equipo “ruso” uno inmediatamente visualiza esas lejanas ciudades, de minaretes ortodoxos, de muchachas y muchachos de tez pálida y ojos azules que hablan en ruso, de carteles en caracteres cirílicos y de gentes que se confiesan con los popes. Pero luego uno ve que en Kazan no todo está escrito en cirílico (el propio escudo del Rubín Kazan puede verse ahora en caracteres latinos), que hay mezquitas por doquier y que la estrella más reciente del Rubín, un señor turcómano llamado Berdiev que hace las veces de entrenador, se encomienda a Alá antes de los partidos mientras se aferra al masbaha, el rosario musulmán. Algo está fallando. ¿Dónde está realmente localizada esa parte de Rusia? ¿Por qué no escriben en cirílico y hablan otro idioma que no es ruso? ¿De dónde sale el Rubín? ¿Por qué hay musulmanes? ¿Qué sabemos de Kazan más allá de ser el lugar de nacimiento de Gala, la mítica musa de Dalí? 

Tartaria era el nombre genérico con el que los occidentales europeos denominaban en la edad media esa recóndita región asiática que va desde los Urales hasta el océano pacífico y allí dentro, junto al cauce del Volga, es dónde se situaba un asentamiento de búlgaros bastante bien organizado que lo que los libros de historia denominan la Bulgaria de Volga. Hasta allí llegaron en torno al año 1000 los misioneros musulmanes para convertir toda la población a la nueva religión y hasta allí llegaron años después las Hordas Doradas mongolas para incorporar la zona a su imperio e imponer con el paso del tiempo el idioma tártaro. Así surgían los Tártaros del Volga que poco después conformaban cierta independencia administrativa situando su epicentro a más de 100 km de la ciudad devastada que antes fue capital de los búlgaros originales. Nacía de esa manera el Kanato de Kazán pero no duró mucho. En el siglo XVI llegaron para quedarse las tropas de Iván el terrible, que con los consiguientes destrozos incorporaron definitivamente el territorio al imperio ruso. Hasta hoy. Pero muy a pesar de los repetidos intentos por “rusificar” a la población lo cierto es que nunca lo han conseguido. En la actualidad los musulmanes tártaros de Tartaristán (que es como se llama a la república que ahora se integra la federación rusa) son mayoría, rezan a su Dios, hablan su idioma, tienden a escribir en caracteres latinos pero no tienen ningún problema aparente para convivir en armonía con el 40% ciudadanos de etnia rusa y religión ortodoxa que hay en la misma ciudad. Hasta el punto de ser considerado por muchos un ejemplo de convivencia entre religiones. Con la caída de la URSS los territorios se reorganizaron, surgieron nuevas repúblicas y algunas decidieron hacerse independientes de la federación gracias a las facilidades que para ello se ofrecía desde Moscú. La República de Tartaristán (de la que es capital Kazán) se constituyó en 1990 y dos años más tarde realizó un referéndum ganando la opción secesionista pero en este caso Moscú no lo aceptó. La razón es simple. Se trata de un territorio rico en yacimientos de gas y petróleo (que justifica también la riqueza de la zona). Aunque sin violencia, el estatus político actual es por lo tanto complejo pero se asemeja al de una república independiente asociada a la federación rusa. 

Los orígenes del Rubín hay que buscarlos en los años 30 del siglo XX y en Gorbunov, la factoría de aeronáutica militar asentada en la ciudad. Allí, entre aficionados al nuevo deporte que además eran trabajadores del complejo, se formó un equipo de fútbol que enseguida se convirtió en uno de los más importantes de la zona del Volga y que desde 1936 disputó como parte de la asociación deportiva Dinamo los campeonatos nacionales organizados por la URSS. Después de años de altibajos en 1949, tras quedar último en la competición, el equipo se deshace y deja de competir a nivel “profesional”. Durante ese tiempo el nombre del equipo estuvo en constante cambio dado el carácter militar del equipo y cierto código de silencio que debían mantener por razones de inteligencia: “Lenin District Team”, “Krylia Sovetov”, “Iskra”,… Hasta 1958 el equipo de fútbol de la fábrica sólo disputará entonces competiciones amateur pero con bastante éxito, lo que unido a la ampliación del campeonato nacional en su división B y el número de jugadores tártaros que abrazaban ya el fútbol de elite, hizo surgir la posibilidad de la creación de un nuevo equipo, con el nombre de Iskra Kazan, que representará a la ciudad en la liga soviética. Ese año, el de 1958, es el considerado oficialmente como el de la fundación del club aunque será poco después, en 1964, cuando la directiva, en su intento de encontrar un nombre más atractivo, decidirá modificarlo por el de Rubin. En 1965 logra subir por primera vez a la segunda competición de la liga soviética pero el devenir del equipo en las últimas décadas del comunismo es bastante pobre, siempre navegando entre el segundo y tercer nivel del fútbol soviético. Tras la caída del régimen y el colapso de la URSS, el Rubin queda entonces enmarcado en la zona central de la Primera División Rusa (un escalón detrás de la Premier) pero sus resultados siguen siendo muy pobres, incluyendo descensos, que se justifican sobre todo en los fuertes problemas financieros, que ya venían desde atrás, pero que se acrecentaron con la pérdida del histórico patrocinio de Gorbunov en 1993. 

El punto de inflexión en la historia del Rubin aparece en el “año del doblete”, en 1996, cuando con el equipo en la segunda división (tercer nivel) el entonces alcalde de la ciudad se hace con los mandos del equipo garantizando conexiones de financiación y tranquilidad institucional. Dos años después consigue ascender a primera y en 2002, ya con Berdiev como entrenador, asciende por primera vez en su historia en la premier rusa. Una acertada política de fichajes (apareció entonces el ahora rayista Chory Domínguez) y el fuerte carácter de su entrenador que impone un esquema de potente rigor defensivo combinado con verticalidad letal, hacen que el equipo se consolide en la máxima competición rusa e incluso juegue en Europa. Siguiendo la misma línea consigue en 2008 ganar de hecho el título de liga. Era el tercer equipo no moscovita que lo hacía en toda la historia. Al año siguiente el Rubin revalidaba el título consolidándose como uno de los equipos más potentes de la liga rusa. 

Su desempeño ha bajado ligeramente en los últimos tiempos pero el año pasado conquistó, por primera vez, la copa de Rusia y siempre son un equipo incómodo y competitivo. Plagado de jugadores españoles (Orbaiz, Cesar Navas y Marcano) el equipo suele girar en torno al israelita Ratkho y el turco Karadeniz, un estilete que puede jugar en banda o detrás del delantero. A ellos se sumará el recién fichado a M'Vila y arriba espera el venezolano Rondón. Digno rival para los colchoneros en el que esperamos sea triunfante paso por la Europa League 2012/2013.

Esguince de mandíbula

At. Madrid 1 - Hapoel Tel Aviv 0

El tema viene así: a falta de un partido para terminar la fase de grupos el Atleti es primero de grupo y le basta un empate en Pilsen para mantener esa posición que se antoja lo más importante a conseguir en esta primera fase de la competición europea. Los números fríos dejan por tanto un buen escenario. Si rascamos algo más vemos que las grandes estrellas de nuestro equipo no sólo no han debutado todavía sino que ni siquiera han ido convocadas. Acercando un poco más lupa vemos que quien ha conseguido ese resultado es en realidad el equipo reserva del Atlético de Madrid, apoyado por los jugadores llamados a realizar cosas importantes a lo largo de la temporada pero que todavía no habían cogido tono de competición. Ha sido básicamente un campo de pruebas. Si nos paramos en ese punto el balance no puede ser más positivo. Pero claro, uno ha visto los partidos y se le queda una cierta cara de angustia. En concreto si nos centramos en el que nos ocupa, esa triste victoria sobre el Hapoel, en la que el que esto escribe ha estado a punto de hacerse un esguince de mandíbula ante tanto bostezo. Las cosas como son. Si en la vida real tuviésemos la posibilidad que ofrece el Pro Evolution Soccer en la Play Station de ir directamente al resultado cuando va a comenzar el partido muchas veces la hubiésemos aplicado con los ojos cerrados. No tengo la menor duda. 

El partido tiene escasa posibilidad de comentario y nula historia. Francamente. Con el tímido pero agudo dolor de la derrota en Coimbra en la cabeza el Atleti salió al campo con la lección aprendida. Simeone no renunció a su política de sacar al equipo B pero si se preocupó de que los que saltaban lo hicieran con una idea clara en la cabeza de lo que había que hacer. Los colchoneros rápidamente dominaron todas las facetas del juego y sin abrumar no dejaron opción al rival. Desde el pitido inicial hasta el gol de Raúl García fueron los mejores minutos de partido. Es más, prácticamente fueron los únicos minutos de partido. Gran arrancada de Adrián que recordaba a sus mejores tiempos, balón colgado al área con picardía, cante disimulado de estirada por parte del contundente portero rival, balón que cae en las botas de Emre y que deja suavecito atrás para que Raúl García estampe el balón contra el larguero y entre dentro de la portería. Minuto 7. 1-0. Fin de partido. 

A partir de ese momento un Atleti, que se sabía superior, se fue apagando poco a poco como una vela de parafina. La presión inicial bajó unos metros para finalmente esfumarse. El prometedor arranque de Adrián se disolvió, Raúl García y Emre desaparecieron, el Cebolla se agarró al traje de la épica y las carreras desenfrenadas en solitario, Mario se incrustó con los centrales desde donde más o menos controlaba el cotarro y todos se echaron a dormir hasta el descanso. Los israelíes también. 

Pero en la caseta el señor Abuksis, entrenador rival, debió darse cuenta de que tenía una oportunidad histórica de hacer algo grande en el estadio del vigente campeón de la competición y así se lo dijo a sus pupilos. El Hapoel había dado muestras ya de buen toque de balón y manejo del mismo en campo contrario. Sus evidentes carencias hay que encontrarlas en la falta de gol y una gran vulnerabilidad defensiva. Así que sin nada que perder salieron a tener el balón y dominar el juego y lo hicieron. Los colchoneros, que para entonces se limitaban a trotar por el césped y despejar el balón lo más lejos posible, vieron como el equipo de los “trabajadores” empezaba a trazar jugadas y a merodear con cierto criterio el área colchonera. Un murmullo corrió como la pólvora por el Calderón (amplificado por alguna que otra salida en falso de Asenjo). Simeone dijo basta. El Cholo puso en el campo a Koke y ordenó a sus jugadores ir a presionar al equipo contrario en su propio campo como si de eso dependiera el futuro de la humanidad. Y lo hicieron. Y bastaron unos minutos de intensidad táctica para que el Hapoel no volviese a inquietar hasta el pitido final. 

El partido que falta contra el Viktoria será probablemente el más interesante de los seis y el único en el que probablemente los jugadores sientan que se están jugando algo. Se lo están jugando de hecho. Un primer puesto te asegura no sólo evitar los "cocos" de la competición sino con toda seguridad un rival, siempre a priori, muy asequible. Si yo lo sé Simeone lo sabe así no tenemos de qué preocuparnos. Creo.

Déjà Vu

Académica de Coimbra 2 - At. Madrid 0

Casi lo habíamos olvidado pero hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid era un equipo impredecible y ciclotímico. Cualquier partido, y cuando digo cualquier partido es cualquiera, podía llegar a ser un sufrimiento extremo protagonizado por una colección de jugadores sin nada en común y carentes por completo de corazón. Las dudas de unos entrenadores y directivos, más preocupados de la foto y su ombligo que de la profesión, se trasladaban sistemáticamente al campo y cualquier partido podía ser entonces un castigo. Especialmente esos partidos en los que el bagaje histórico del Atleti estaba a años luz del de su rival y había mucho que perder y poco que ganar. Aquello desapareció afortunadamente con la llegada del Cholo Simeone. El argentino transformó una colección desigual de jugadores en un equipo de fútbol. Cambió el espíritu huidizo, cobardica y tramposo que se había instalado en el tuétano colchonero y lo transformó en carácter ganador y una idea clara y concreta de lo que se quería. El Atleti podía jugar bien o mal, ganar o perder, pero salía al campo el nivel de intensidad elevado a su máxima expresión. Siempre. Jugase quién jugase. Hasta hoy, en la que me ha venido una incómoda sensación de Déjà Vu. 

El partido de Coimbra se presentaba tranquilo. Casi intrascendente. Colchón de puntos suficientes y unos rivales de segunda fila que inspiraban la confianza suficiente como para pensar que el encuentro seguiría la inercia de los anteriores en Europa League: aburrido y efectivo. No fue así y no lo fue porque el conjunto colchonero se traicionó a si mismo. Tropezó en la trampa que todos creíamos haber superado y fue víctima de nuestro más reciente enemigo: la desidia. La falta de intensidad. Algo sin lo que este equipo pasa de ser un rival potente, correoso y brillante a la vulgaridad más absoluta y que tristemente nos es tan familiar de otros años. La alineación era rara y plagada de suplentes, pero eso no es disculpa ni novedad con Simeone. La falta de nueves ponía a Adrián como jugador más adelantado con Raúl García, Koke y la novedad de Saúl por detrás, pero el experimento no cuajó. Tampoco ayudo a ello un Tiago que se apaga por momentos. Ni una defensa construida sobre cimientos de plastilina. 

Enfrente la Briosa en una versión muy parecida a la que vimos en Madrid. Algo más abierta, con la defensa adelantada y las líneas juntas y bien plantadas. Buen planteamiento táctico que sin embargo no se veía refrendado por una patente falta de calidad y recursos en sus filas. Con todo ello la primera parte fue horrible. Centrocampismo deslabazado, constantes perdidas de balón, imprecisiones y sopor. Apenas hubo ocasiones de gol (no recuerdo ninguna) y lo único reseñable fue una entrada criminal a Raúl García que mereció la roja directa y el gol del equipo luso. Una jugada controlada por el lado derecho y un balón que se cuelga al área para que Wilson Eduardo remate en boca de gol abriendo el marcador. Asenjo no salió en lo que viene siendo marca de la casa. Silvio, su marcador, estaba a tres cuerpos de distancia. Error significativo de un jugador que no está. Error de falta de concentración más que de escasez de recursos. Error de un jugador que no recuerda en nada a aquel lateral portugués que tanto prometía hace un par de años antes de que se lesionara. Silvio lejos de aprovechar sus oportunidades las está usando para dejar claro su potencial aportación al equipo. Ninguna. No sé de hecho si tendrá muchas más oportunidades. Una pena. 

El descanso puso la inyección anímica de Simeone y el cambio de Pedro, delantero de referencia en ataque, por un inadvertido Saúl. La fórmula funcionó momentáneamente pero duró apenas un cuarto de hora en el que algunos creímos en la remontada, pero enseguida se apagó como una cerilla. El fulgurante tiro a puerta de lejos de Koke nada más iniciar el segundo tiempo fue más un espejismo que otra cosa. De hecho, fue la mejor ocasión de gol en todo el partido. El equipo no obstante dio otra imagen mejor. Tomó el dominio del balón y del partido, ocupó mejor el campo, distribuyó mejor el balón y no dejó jugar al rival pero todo ello a una velocidad muy lenta y rutinaria sin además ninguna profundidad. Los portugueses se fueron acomodando a la nueva situación y el Atleti también. El dominio era total pero no se transmitía sensación de peligro en ninguna área. Hasta que llegó un nuevo error garrafal de la defensa colchonera. Uno de los pocos balones que es controlado por la escuadra de Coimbra dentro del área es aprovechada por Pulido para realizar una entrada exagerada, aparatosa y totalmente a destiempo que provocó un claro penaly. Pulido, y mira que me duele decirlo, es otro de esos jugadores que poco a poco se va cerrando la posibilidad de entrar en la dinámica del equipo cuando lleguen las tardes gloriosas. Nervioso como otras veces hoy además ha realizado un penalty tonto, que transformaba fácilmente Wilson Eduardo de nuevo y que mataba definitivamente el partido. 

La Académica de Coimbra, equipo muy modesto del país vecino que fluctúa en la mitad de tabla y que llevaba sin ganar un partido en Europa desde 1969, se dio cuenta entonces de que había ya ganado y de que acababa así, de forma más bien triste, con una histórica racha de resultados del equipo madrileño en competiciones europeas. El resto de minutos ni siquiera fueron de agobio para el equipo luso que apenas tuvo que achicar balones. Algunos jugadores rojiblancos, pocos para ser exactos, intentaban tirar de casta más que de talento para equilibrar el marcador pero la sensación era universal. No había nada que hacer. 

El resultado en si no es dramático. La victoria en Chequia daría prácticamente la primera plaza de grupo. Es bastante más inquietante la sensación que deja el partido. ¿Será un punto de inflexión? ¿Servirá para que aparezca el fantasma de las dudas que creíamos extinguido? ¿Reducirá el Cholo el número de efectivos que entran en las rotaciones? Lo veremos en muy pocos días. En cualquier caso, de momento, uno sigue confiando en el talento de Simeone. Creo que el argentino tiene crédito suficiente.

Desapacible

At. Madrid 2 - Académica de Coimbra 1

Salía del estadio, con el paraguas en la mano y la humedad de la noche metida hasta el esternón, con una sensación melancólica y extraña. El Atleti había ganado pero el partido había sido soporífero. Cierto que la “unidad B”, como estúpidamente algunos tratan de intelectualizar el discurso robando conceptos de sus compañeros del baloncesto, había conseguido una nueva victoria pero en mí se me había instalado la sensación de que algunos miembros de esa unidad (Asenjo, Pulido, Silvio, Cata,...) no están para la grandes citas. La melancolía, no obstante, venía de antes. Gracias a que la presencia de público en el Calderón fue ridícula, apenas pasaba de un cuarto de estadio, las conexiones en los teléfonos funcionaban medianamente bien y se podía consultar twitter. Algo que no es habitual en la grada y que estando el partido como estaba era muy de agradecer. Comprobar que la mayoría de los periodistas que comentaban el partido (por no decir todos) no estaban en el campo no me resultó un dato verdaderamente alentador. Por mucho que me quieran convencer de lo contrario las cosas se ven distintas en vivo. Esta percepción viene refrendada por el contraste entre lo que yo leía en twitter, escrito desde el calor del hogar, y lo que escuchaba a mi alrededor en la grada. Cada vez está más denostada la figura del aficionado al fútbol que se sienta en la grada. La figura en la que yo me reconozco. Insultada y agredida por los poderes fácticos que han decido que la forma de vender el maná es a través de la televisión, despreciada por unos dirigentes que piensan que al fútbol hay que ir a sufrir e ignorada por un periodismo de salón y cocktail que prefiere ver la repetición a escuchar el ambiente. El fútbol se muere y los cronistas lo contaran desde la distancia. 

Del partido poco que decir. Una “briosa” sin brío y con mucho miedo que ofreció campo y balón al rival desde antes del pitido inicial y que nunca se creyó que pudiera hacer algo en el coliseo rojiblanco. Enfrente un equipo asimétrico y espeso que dominando el partido de cabo a rabo no fue capaz de transmitir absolutamente nada. La primera parte fue un auténtico suplicio para el espectador con diez jugadores vestidos de negro alrededor de su área y diez jugadores vestidos de rojiblanco pasándose el balón con pereza, sin gracia, mordiente, ideas o intensidad. No recuerdo una sola ocasión de peligro más allá de un pase inicial desde la derecha que se paseo solitario por la portería portuguesa. No recuerdo nada más en realidad. 

La segunda parte, ya con una lluvia constante desde la grada, fue algo mejor para el espectador, gracias sobre todo al punto de intensidad que los jugadores se inyectaron en la caseta. Al poco de empezar, y ya con ánimo renovados, Diego Costa recoge con una volea un balón pasado al segundo palo y consigue meterlo en la red. Todos, dentro y fuera del campo tuvimos la sensación entonces de que el partido había concluido. El equipo de Coimbra trató de salir de su zona de confort, con más pereza que ganas, y se estiró tímidamente hacia áreas contrarias pero el esfuerzo fue tan estéril como inútil. El Atleti controlaba bien el partido con esa ensalada de mediocentros que poblaba en centro del campo (Tiago, Gabí, Koke y Emre) y los lusos apenas inquietaban. La entrada del Cebolla arranco los primeros, y merecidos, cánticos que dedicados a su persona suelta el Calderón y el uruguayo correspondió con una carrera de las suyas que, como el pasado domingo, acabó en falta al borde del área. El nuevo turco de la plantilla, Emre, utilizó la oportunidad para hacer el segundo gol y para demostrar al mundo la técnica tan depurada y soberbia que aglutina en sus botas. Con un toque elegante y sutil puso el balón en la escuadra de un metal rival que prefirió no aplaudir para no herir sensibilidades. 

Con el partido resuelto llegaron los comentarios “inteligentes” de mis compañeros de grada. Conclusiones del tipo: “a ver si nos dan los 18 kilos y te vas a la puta mierda ya, Adrián” o cosas similares con el mismo nivel de profundidad y calidad literaria. Conviene decir que eso lo decía además un tipo que pensaba que Koke era el Cebolla y no se dio cuenta del error hasta que lo cambiaron. Un tipo que cuando definitivamente salió el charrúa, y ante el comentario de su compañero “éste chico es bueno”, su respuesta fue: “si, si que lucha”. Los comentarios con criterio venían desde twitter pero la ironía me hacía pensar que el que se estaba mojando era el otro. Ese es el tipo de cosas que se instalan en mi cabeza y que me hacen tirar de sarcasmo cuando luego me topo con tanto iluminado que va repartiendo carnets de “colchonerismo". Peor fue todavía el recital anacrónico, xenófobo y ofensivo que nos ofrecieron los chicos del Frente. Un grupo que con cada vez menos talento e ironía (característica de la peña en otros tiempos) se dedican últimamente, y casi con exclusividad, a insultar al equipo rival atendiendo a cosas que nada tienen que ver con el fútbol. 

Para completar la noche el Cata Díaz decidió demostrar también al público que su suplencia hoy por hoy no es desde luego casual y culminó un partido de trámite, pero cargado de inseguridades en su juego, con una despiste notable que dejaba a un jugador del Académica completamente solo dentro del área para que de cabeza pusiese el 2-1 en el marcador. Con el gol llegó también la emoción en los que estaban “disfrutando” el partido en sus casas y el tímido acojone entre mis compañeros de grada y un servidor. Pero no, la sangre no llegó al río. No sé si por mérito o demérito del rival más que por otra cosa. 

Tres de tres. Nueve puntos y primeros de la clasificación estando el tercero a 8 puntos. Parece que la clasificación está en el bote y que el primer puesto se disputará en esas tierras checas dónde nació la cerveza pilsener. Disculpen mi evidente ironía, mi falta de emoción y ese punto de resquemor que me sale hoy. Debe ser lo desapacible del partido y que la lluvia todavía no se ha secado. Desapacible, si. Esa es la palabra.


Académica de Coimbra: La Briosa


Hace tiempo, andaba paseando la vista entre las infinitas emisoras absurdas que saturan el espacio televisivo cuando mi consciente reparó en un partido de fútbol de la liga portuguesa que por allí estaban emitiendo. El causante de que mi estado de letargo cerebral llegara en ese momento a su fin no fue un gol espectacular ni una jugada brillante porque, de hecho, el partido no había comenzado. Lo que llamó mi atención fue ver unos jugadores vestidos de riguroso negro que hacían un pasillo a otro jugador vestido del mismo color y al que de forma ordenada pateaban en el trasero durante su camino de ingreso al terreno de juego. Aquellos señores eran la plantilla de la Académica de Coimbra y en ese mismo momento reparé que detrás de ese escudo que portaban en sus camisetas, en forma de diamante y en el que se adivinaba una torre, debía existir una historia interesante. 

Coimbra es una ciudad portuguesa de interior, situada casi de forma equidistante entre Oporto y Lisboa, que aparte de ser cuna de varios reyes lusos es fundamentalmente la sede de la que durante muchos años fue la única universidad de Portugal y a su vez una de la más antiguas del mundo: la universidad de Coimbra. El 3 de Noviembre de 1887, un periodo en el que la monarquía portuguesa escribía sus últimos capítulos, un grupo de estudiantes de la universidad reunidos en el Colegio del Santo Apostol decidió fusionar dos asociaciones deportivas fundadas anteriormente en el entorno universitario (el Clube Atlético de Coimbra en 1861 y el Academia Dramática en 1837) para crear la Asociación Académica de Coimbra (AAC). Con el nacimiento de la asociación, de carácter polideportivo, nace también su sección futbolística (Secçao de Futebol) que hace que el Académica de Coimbra sea considerado uno de los equipos más antiguos de Portugal. Sin embargo el fútbol era entonces un deporte muy minoritario y la actividad de la sección se circunscribía básicamente al propio entorno universitario. Tal es así, que no jugarán su primer partido hasta 1912 (frente al Gimnasio Club de Coimbra) ya con el país luso convertido en una república desde dos años antes. En aquel primer partido inusualmente se vistieron las casacas blancas y pantalones negros que antecedieron al riguroso negro en camiseta y pantalón que acompañará al equipo posteriormente y hasta nuestros días. Una equipación que rinde homenaje a los trajes negros que habitualmente utilizaban para asistir a clase los estudiantes de la universidad de aquella primera época. 

Pocos meses después, el Académica de Coimbra entrará a formar parte de las competiciones oficiales que van surgiendo primero en la región y luego en el país. Así en 1938 se juega la primera edición de la copa de Portugal y el Académica no sólo está incluido entre los participantes sino que resulta vencedor. Hasta el año pasado ese fue el mayor éxito de la entidad en toda su historia. Una historia que pocos años después lo situará siempre en un segundo plano por detrás de los equipos de la capital y el emergente Oporto. Es sólo a finales de los 60 cuando alcanza su cénit consiguiendo un par de finales de copa y un subcampeonato de liga. 

Pero el Académica durante todo ese tiempo se convirtió en un equipo distinto, genuino y peculiar, de tradiciones severas, muy anclado en la vida universitaria y con unos códigos de honor que enseguida fueron desapareciendo del resto de equipos de fútbol. Su peculiaridad y carácter universitario hacia que ganara un gran número de adeptos repartidos por todo el país fundamentalmente entre los estudiantes que pasaban por Coimbra. La comunión entre equipo, universidad y ciudad era total. Hasta bien entrado el siglo XX sus componentes tenían que ser obligatoriamente estudiantes de la universidad y por supuesto se mantenía impermeable a los cantos de sirena del profesionalismo. Otra de las genuinas tradiciones del equipo, que se conserva hasta la actualidad, es el paseíllo al que hacía mención al inicio: el llamado Canelao. Todo jugador que se viste por primera vez la casaca negra debe pasar a través de un pasillo formado por sus compañeros que, uno a uno, irá pateando su trasero a modo de empujón. La tradición está basada en las novatadas que los estudiantes de la universidad aplicaban a los recién llegados. El espíritu y lema del equipo anteponía siempre el honor y los ideales académicos por encima de los resultados deportivos y eso provocó no sólo el carácter tan particular de la institución sino un estilo de fútbol creativo y vistoso que fue muy apreciado por los aficionados al fútbol. Esa forma tan particular de desenvolverse en el terreno que tenían los jugadores, da origen al apodo con el que se conoce a la institución coloquialmente: la Briosa. 

El 25 de Abril de 1974 se produce la Revolución de los Claveles que pone fin a la dictadura de Salazar y que transforma Portugal definitivamente en una república de derecho. Esa fecha, que hoy se celebra en todo el país luso con fervor, representa sin embargo un punto de inflexión en la historia del Académica hasta el punto de que algunos seguidores lo consideran su fin. Ya durante los últimos años de la década de los 60 el buen hacer del equipo puso a la institución en la ruta de los grandes equipos pero precisamente para mantener la competitividad tuvo que hacer ciertas concesiones al profesionalismo que no se entendieron en buena parte de los aficionados, que denunciarán a partir de entonces la práctica de usar “profesionales ocultos” (estudiantes que no lo eran y que cobraban por jugar). Este caldo de cultivo se va fraguando durante los años previos a la revolución en los que también se producen las primeras revueltas contra el régimen que tienen su foco precisamente en la universidad. El cambio político tiene finalmente un efecto fulminante en la AAC cuya dirección es tomada por la izquierda radical revolucionaria y siendo una de sus primeras acciones la extinción de la sección del fútbol bajo el pretexto del “vergonzoso” proceso de profesionalización que estaba sufriendo y su desvío de los principios del amateurismo que regían en la institución. Los miembros del equipo, tras recuperarse del estado de shock, deciden enseguida crear una nueva institución al margen, El Clube Académico de Coimbra (CAC), reclamando para sí el espacio administrativo dejado por su antecesor en la primera división. 

El nuevo CAC, desvinculado ya totalmente de la universidad, pretende seguir conservando las tradiciones de antaño pero rápidamente se ve convertida en una institución profesional al uso, lo que provoca una falta de identidad en la institución que se ha arrastrado hasta nuestros días. Los resultados del equipo son además bastante mediocres a partir de ese momento (prácticamente se convierte en un equipo ascensor) lo que provoca un descenso notable en el número de aficionados y en la empatía que es capaz de provocar en el mundo del fútbol y sobre todo en la propia ciudad. En Coimbra se va a dar cada vez más el triste fenómeno de que los aficionados al Académica lo son antes de uno de los grandes (Oporto, Benfica o Sporting), algo que no era mayoritario en años anteriores. Por si la situación no fuese ya de por si negativa, a partir de entonces el club va a arrastrar periódicamente constantes problemas financieros generados por el descenso de socios y el abandono de la universidad. 

A partir de los años 80 surge una corriente que trata de reconciliar a la institución con su historia y para ello se pone la primera piedra con la firma en 1984 de un acuerdo entre el club y la AAC para que nuevamente vuelvan a estar vinculados equipo y universidad. Aun así, para evitar problemas internos en la asociación y sobre todo dado el carácter ya totalmente profesional del club de fútbol, se decide que éste sea un organismo totalmente autónomo de la asociación estudiantil. De ahí que el actual nombre sea: Associaçao Académica Coimbra - Organismo Autónomo de Futebol (AAC – OAF). Pero la situación no ha sido muy brillante tampoco a partir de entonces sucediéndose descensos y ascensos de categoría y manteniéndose patente esa lucha interna entre profesionalismo y tradición que nunca se terminó de resolver. Puede que el título de copa obtenido el año pasado frente al Sporting de Portugal (y que es lo que les da permiso para jugar este año la Europa League ya que en liga terminaron en un pobre décimo tercer puesto) suponga un nuevo punto de inflexión para una institución distinta e histórica. Hoy hablamos de un equipo que hace décadas desde que ganó por última vez un partido en competiciones europeas. 

Cabe destacar que la AAC tiene también hoy una sección de fútbol completamente amateur, compuesta exclusivamente por estudiantes o antiguos estudiantes y que juega en las categorías inferiores de Portugal. Hay una parte de aficionados al fútbol que reclaman para esta sección la herencia del histórico Académica de Coimbra previo a 1974.

La teoría del ascensor

At. Madrid 1 - Viktoria Plzen 0

Hay varios experimentos que circulan por Youtube en los que se puede observar. Un tipo anónimo entra en un ascensor en el que ya existe un grupo de personas, todas ellas mirando hacia la puerta, e indefectiblemente, en la inmensa mayoría de los casos, el tipo anónimo se coloca también mirando a la puerta. Así actuamos los humanos. Cualquiera de ustedes que siga esta humilde bitácora conocerá mi reticencia a eso que genéricamente se denomina rotaciones. No creo en ello y entiendo que jugadores de elite bien preparados no deberían necesitar jugar la mitad de los partidos que teóricamente deben disputar pero soy consciente de que estoy en franca minoría. Aun así, creo entender el objetivo de Simeone y quiero asumir que está más relacionado con ese concepto de equipo que tan buenos resultados nos está dando que con otra cosa. La idea de implicar a todo el grupo y hacerlo partícipe de una misma empresa. El equipo. Pero en ocasiones hacer esto es complicado y apelo a la teoría del ascensor para explicarme. Si el Cholo mete a Kader en el once titular del Atleti, ese que nos ha situado en la segunda posición de la liga sin perder un solo partido, lo peor que puede pasar es que Kader no destaque en el aspecto positivo pero es raro que destaque en el negativo. Entra en una dinámica clara y sólida. Es un tipo que entra en un ascensor con todo el mundo mirando a la puerta. El problema es cuando entra en un ascensor en el que cada uno de los que están dentro mira a un sitio diferente o mirando todos en la misma dirección, no están seguros de ellos y al menor contratiempo surgen las dudas. Para mí, eso es lo que ha pasado en el partido contra el Viktoria. Eso es también lo que ha pasado tantas veces en los últimos años. ¿Por qué ese jugador se salía en el Mallorca o en el Osasuna y aquí es tan malo? Pues porque en Mallorca y Osasuna formaba parte de una engranaje bien armado y aquí estaba en un artefacto sin definir. Porque allí entraba en un ascensor en el que todos miraban a la puerta y aquí no. Afortunadamente las cosas ahora son de otra manera. 

El Atleti saltó al campo sin un solo titular indiscutible, en un estadio semi vacío y frente a un rival ultra-desconocido que no tenía nada que perder. Mal escenario para realizar una buena faena. Tampoco ayudó, en mi opinión, ese 4-4-2 que el Cholo se sacó de la manga. Un sistema caduco que resta dinamismo y penaliza la versatilidad de los jugadores. Tras unos primeros minutos de tanteo y sucedáneo de furia el partido tomó los derroteros del sopor. El Atleti plano, lento y espeso. El Viktoria incapaz y demasiado preocupado por ocupar los espacios. Los casi-titulares (Adrián, Cebolla o Gabi) se perdían en batallas personales que no iban a ningún sitio mientras el resto no eran capaces de encontrar referencias sólidas. No sabían a dónde tenían que mirar dentro del ascensor. Sopor. Nada más que añadir a una primera parte que borraré de mi memoria en cuanto acabe de escribir esto. 

Tenía muchas ganas de ver a Emre, un jugador que hace diez años me parecía un crack y que me tenía confundido al no contar con minutos en este Atleti. Ayer vi la razón. Sobresaliente en técnica, renqueante tácticamente y muy flojo en lo físico. Su despliegue técnico se desarrollaba en zona franca y donde no ocurre nada. A la hora de entrar en terreno hostil aparecían las carencias. Tiene personalidad y hechuras de jugador importante pero me genera dudas en un partido de máxima exigencia física y táctica. Ahora entiendo mejor a Simeone. La sorpresa vino donde menos lo esperaba. En un Pulido al que ve muy sobrio y seguro. Bien es verdad que el rival era de poca exigencia pero eso no es culpa del jugador.

La segunda parte fue diferente simplemente con cambiar el esquema al clásico 4-2-3-1 con Koke en la media punta y Adrián volcado a la banda. Sin alardes y sin que se viese nada verdaderamente notable, el equipo se hizo con el balón y la amenaza se sentía constante. Los cambios posteriores no modificaron demasiado el escenario y aunque la sensación era de que el gol podía llegar en cualquier momento lo que la grada notaba era en realidad el paso de los minutos. Según se acercaba el final Raúl García dispuso de un par de ocasiones para haber definido el partido pero el navarro, otra vez llegando muy bien desde atrás, falló en el remate en ambas ocasiones. Con el tiempo concluido los aficionados en la grada sentíamos la humedad del Manzanares y el mal gusto de un empate con el que no contábamos. Fue entonces cuando apareció el Cebolla. Recogió el balón a 40 metros de la portería, levanto la cabeza y envió un misil que se coló por el lado izquierdo del portero checo. Golazo del uruguayo que provocó el delirio de jugadores, cuerpo técnico y afición, que da tres golosos puntos, que espanta fantasmas, que evita cenizos y que en cierto modo ponía justicia a lo acontecido en el partido. 

6 de 6 en la Europa League y jugando con el equipo B. Además, el resultado deja claro que el Atleti de Simeone tiene flor. Esa suerte que viene cuando hace falta y que caracteriza a los equipos grandes. El entrenador del Viktoria decía en la previa que todos sabían que equipo se clasificaría primero de su grupo y que sus legítimas aspiraciones se centraban en la segunda plaza. En este nuevo Atleti ha cambiado hasta el discurso de unos rivales que ahora si nos respetan. Qué nadie toque nada, por favor.

Viktoria Plzen: En el centro de la historia

En unas horas nos visita en el Calderón el Viktoria Plzen, un equipo desconocido y oscuro de esos que se esconden en la inmensidad de las competiciones europeas y del que poco sabemos más allá de situar su origen en la recóndita República Checa. Los más académicos sabrán que Plzen es una ciudad localizada en la Bohemia occidental y que es la cuarta ciudad del país en importancia. Los más tecnólogos serán también conscientes de que es la ciudad natal de Emil Skoda, creador del impero Skoda, y donde se asienta la principal factoría de una de las empresas de ingeniería y tecnología más importantes del país y de Europa. Sin embargo el nombre que activará la conexión del recuerdo en la mayoría de las personas, seamos francos, será la acepción castellana de la ciudad, Pilsen, y más concretamente el nombre de Pilsner o Pilsener con el que se conoce al tipo de cerveza más famoso del mundo que allí se comenzó a fabricar. 

Pero el Viktoria, equipo del que han salido futbolistas como Nedved o Petr Cech, no es un recién llegado al mundo del balompié y sus orígenes se remontan al propio nacimiento del fútbol checo, allá por los inicios del siglo XX, en los aledaños del parque Strunc, el mismo lugar en el que hoy se asienta el estadio del equipo. Como en tantos otros sitios de Europa los jóvenes de la zona, atraídos por el nuevo deporte, se dedicaban entonces a improvisar partidos informales en las instalaciones de entrenamiento que el ejército tenía por allí. El furor por el fútbol estaba sin embargo extendido por toda la ciudad y fue en otras zonas donde se registraron formalmente los primeros clubes de fútbol. Muchos de los vecinos del barrio, atraídos por la posibilidad de jugar partidos “de verdad”, emigraron hacia esos clubes vecinos como el SK Smichov o sobre todo el más popular de entonces, el FC Union, con lo que surgió de forma casi obligada la necesidad de crear un club propio en la zona que aglutinase afición y practicantes. Ese es el origen del Viktoria Plzen. En 1911 un funcionario de los ferrocarriles estatales es quién presenta oficialmente la inscripción formal del nuevo club para poco tiempo después disputar su primer partido....

FLASH: Colaboración con FORZAATLETI

Tras una semana bastante extraña que me ha impedido el acceso a la red, el blog vuelve a la normalidad (o eso espero). 

La semana pasada me fue imposible anunciarlo pero este año, como novedad, las buenas gentes de FORZAATLETI me han ofrecido la posibilidad de escribir en su web y eso es lo que he hecho. Mi debut fue con una extensa previa del partido contra el HAPOEL, que reflejaba el origen y las conexiones políticas y sociales del equipo Israelí. Lo puedes leer en el siguiente enlace: