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Dicho y hecho

At. Madrid 1 - SS Lazio 0

Yo lo llamaba el síndrome del niño bueno. Esa dulce desgracia de hacer las cosas bien, según lo esperado. Mientras los moradores del lado oscuro de mi clase recibían promesas de recibir suculentos regalos por el simple hecho de aprobar un número razonable de asignaturas uno aparecía por casa con su colección de sobresalientes sin que nadie prestase demasiada atención. Era lo esperado. Es así. Es lo que ha ocurrido en el partido de vuelta contra la Lazio que nos deja en octavos de final de la Europa League. El nuevo Atleti de Simeone había regalado una maravilla de partido en el Olímpico de Roma que en Madrid sus seguidores interpretamos como un contundente puñetazo en la mesa de Europa. Se acabaron las tonterías. El Atleti dejaba la eliminatoria resuelta en el primer partido demostrando a tanto y tanto especulador como anda suelto que eso de que las eliminatorias son partidos de 180 minutos es una estupidez.

En otros tiempos un marcador de 1-3 a favor hubiese sido suficiente como para tener confianza pero al mismo tiempo también hubiese sido imposible evitar que se reavivase la dañina leyenda de la ciclotimia y los efectos inesperados que acompaña a nuestro club. En otros tiempos podría ser, pero una de las cosas que cambiaron con la llegada del Cholo fue precisamente la intención de renegar de las fantasías épicas, las sorpresas, y las machadas que tapan errores. Rigor, trabajo y seriedad. Más aburrido pero menos trágico. El argentino prometía preparar las batallas partido a partido. Dejó claro que las palabras son coherentes con el fútbol pero que lo que pasa en el campo será siempre prioritario. El Cholo prometió seriedad, intensidad y tensión para el partido de vuelta dando a entender que no quería sorpresas en una eliminatoria encarrilada. Dicho y hecho.

Lo que ha pasado en el campo encaja perfectamente en ese concepto abstracto de “tener oficio” que utilizan los cronistas y que tan bien se entiende excepto cuando se utiliza como eufemismo de "dar patadas". No es el caso. El Atleti saltó al campo reservando jugadores para el partido del domingo pero no se notó demasiado en las señas de identidad del equipo. Si, faltó brillantez y si, faltó creación, pero el equipo, en esencia, era el mismo equipo. Y eso que al ambiente no invitaba a meterse en el partido. El tradicional frío húmedo del Calderón, la tranquilidad del resultado y una grada con demasiadas calvas hubiesen dado una imagen ciertamente pobre de no ser por los miles y miles de fogosos italianos que abarrotaban el fondo norte. Impresionante el poder de convocatoria del equipo “lazial” con una eliminatoria perdida y un equipo en descomposición (su entrenador había presentado la dimisión horas antes).

En los primeros minutos la Lazio trató de llevar la iniciativa en el juego pero el intento no pasó de ahí. El Atleti estaba bien plantado y nunca sintió verdaderamente peligro. Es más, pasados los primeros minutos llegaron, a base de juego vertical, las primeras llegadas de Adrián (otra buena primera parte), Juanfran (bien también en el interior) y sobre todo de Salvio. Un jugador que ni me convence ni creo que me convenza nunca. Ni alto, ni fuerte, ni rápido, ni hábil, ni goleador, el argentino es de esos jugadores que parece que si…pero que no. No obstante no estuvo mal en el partido, para ser justos, y suyas fueron las mejores ocasiones y las jugadas más peligrosas de la primera parte. En especial un remate al palo que mereció ser gol. Los italianos se estrellaban una y otra vez con el rigor defensivo de los colchoneros pero sin Klose y con Hernanes desparecido aparecía como un equipo vulgar que poco a poco se resignaba a tirar la toalla.

La rendición total tuvo lugar al poco de comenzada la segunda parte cuando Godín remató de forma excelente un córner sacado por Gabi. El 1-0 lejos de espolear a la Lazio consiguió que el Atleti aumentara y adelantara su presión (¡gracias Simeone!) dejando las carencias de los celestes todavía más en evidencia. La escuadra del Cholo debió pensar que no merecía la pena el esfuerzo y decidió que la última media hora fuese un entrenamiento en el que Falcao o Turan (que entraron al campo) pudieran estirar las piernas.

Partido sin historia que ponía el broche a una magnífica eliminatoria que engorda la ilusión de la afición atlética por una competición que se pone preciosa (Manchester City, Manchester United, Valencia, PSV,…). Una competición en la que ya conocemos lo que significa ganar y que no me importaría repetir. Fíjate, conozco Rumanía pero nunca he estado en Bucarest.


Engineers – Said and Done


Yeah, Yeah, Yeah...

SS Lazio 1 - At. Madrid 3

Hubo un tiempo, hace unas horas como aquel que dice, en el que todo eran problemas, miedos, excusas, pendientes cuesta arriba, terribles quebraderos de cabeza. Todo era una complicación. Cualquier rival era un sufrimiento y un drama. Todo era imposible. Sobrevivir era un triunfo. Hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid, gracias a entrenadores cargados de ideas mediocres recién traídos del país de la mediocridad que además venían auspiciados por los dirigentes tóxicos que lideran los designios de este club, había asimilado hasta el tuétano las justificaciones y el discurso de los equipos pequeños. Esa suerte de ponerse la tirita antes de tener la herida. Ese discurso hipócrita de sentirse perdedor para que luego cuando se perdía por la mínima se pudiera vender el resultado como un triunfo.

Hubo un tiempo, acuérdense de Manzanos, Ferrandos, Aguirres, Abeles, Quiques, Manzanos,..., en los que ir a jugar al olímpico de de Roma era ir a sufrir. A no jugar. A encerrarse. A defender. A vivir en tu área. A dar pelotazos. A esperar el fallo del rival. A perder. Hubo un tiempo en el que los entrenadores querían ser más ingleses que los ingleses o más italianos que los italianos. Todavía no sé si creérmelo pero parece que esos tiempos se han dejado atrás. La llegada de Simeone no sólo a supuesto un resurgir en los resultados y un empujón a la autoestima de un puñado de jugadores que ahora parecen la antipartícula de lo que eran hace unos días. No, la llegada de Simeone, y eso es mucho más importante, ha supuesto el cambio radical de mensaje. De estilo. De idea. El Atleti es un equipo. Ahora si. Un equipo además que ahora siempre, ahora si, sale a ganar. Lo hará o no lo hará pero no especula. Un equipo con un estilo propio y reconocible que se adaptará a las circunstancias cuando tenga que hacerlo pero que siempre será fiel a su personalidad. Un equipo con el que, ahora si, uno se puede ilusionar. Un equipo, en el que, ahora si, uno se puede reconocer. Un proyecto en el que, ahora si, uno puede y quiere creer. Hoy si, después de mucho tiempo dan ganas de gritar de alegría..yeah, yeah, yeah!

El partido fue otra exhibición rojiblanca de fuerza, ilusión, rigor, compromiso, esfuerzo y fútbol. Salió una vez más con la tensión a tope y aferrado al rigor táctico como una lapa. Presionando arriba, robando rápido el balón y jugando en campo contrario. Las premisas fueron una constante durante todo el partido. Un partido que podría haberse puesto franco casi desde el principio si Falcao acierta un magnífico pase entre líneas que sin embargo lanzó por encima del larguero. El Atleti lo hacia todo y todo lo hacia bien. La escuadra romana ejercía sin complejos de italianismo y esperaba en su área pero no se sentía cómoda. No controlaba el partido ni el juego ni el tempo y los madrileños llegaban demasiado. Simeone apostaba por Koke de titular en detrimento de un Turan que había dejado buenas sensaciones en los partidos anteriores. La apuesta podría haber sembrado dudas en otros tiempos pero hoy no. El canterano ha completado un sensacional partido. Engrasando el equipo, dando fluidez a la circulación de balón y equilibrando mucho el equipo. Jugará bastante si sigue así. El 0-1 parecía inminente pero lo que llegó fue un inesperado fallo de Courtois. Tiro lejano que despeja mal y cuyo rechace aprovecha Klose para abrir el marcador. Sería injusto cargar las tintas con un portero que está haciendo una campaña soberbia. Un fallo. Fin de la historia.

Pero el Atleti, y esa es una de las buenas noticias de la noche, siguió exactamente igual. Tranquilo, intenso y creyendo en si mismo. Lo que nunca hacíamos. Así seguían llegando las ocasiones y así llegó el gol de Adrián. Pase desde la derecha del renacido Juanfran, salto portentoso de Falcao y Adrián que marca en posición dudosa. Pero es que, y es otra de las grandes noticias de la noche, el Atleti siguió exactamente igual. Fuerte, presionante y ambicioso. Así llegó el segundo poco antes del descanso. Taconazo de Adrián que expande el concepto de obra de arte, conducción de Diego dentro del área, pase al segundo palo y llegada de Falcao adelantándose a todos. El Atleti se iba al descanso con la justicia en el marcador y la sensación de haber completado un excelente primer tiempo. No era una sensación.

Pero es que el segundo fue igual. Monologo rojiblanco que simplemente se vio salpicado cuando mediada la segunda parte los romanos se estiraron un poco, robaron el balón por momentos y trataron de generar peligro. Fue entonces cuando apareció ese punto de ambición que tantas veces no aparecía y hoy se buscó hasta encontrarlo. Llego el tercero. De nuevo Falcao. De nuevo entrando en el segundo palo. De nuevo tras genial jugada de Adrián. 1-3 en el Olimpico de Roma. Otros se hubiese echado atrás a dejar pasar el tiempo. El Atleti no. El Atleti siguió controlando el partido, teniendo oportunidades y acabando el partido en el área rival. El Lazio ni estaba ni se le esperaba.

Enorme resultado que invita al optimismo. Sensacional actitud que despierta el orgullo. Soberbia intensidad que asusta. Terrible entrega física que levanta el aplauso. Contundente juego que provoca la ilusión. Este si es mi Atleti. Yeah, yeah, yeah...

The Pogues - Yeah, Yeah, Yeah...