Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por aquí durante todos estos años.

Puedes encontrarme en www.enniosotanaz.com o enniosotanaz@hotmail.com

¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Filipe Luis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Filipe Luis. Mostrar todas las entradas

Respeto

Decía el argentino Antonio Porchia que si no levantas la vista, te creerás que eres el punto más alto. Si Eusebio Sacristán levantase la vista de ese lugar en el entorno de su ombligo en el que imagino que debe pasar gran parte de su vida, se daría cuenta de que su equipo duerme hoy a 12 puntos del Atlético de Madrid. Esa evidencia, puntual pero tangible, no tendría que ser necesaria para que cualquier profesional (o no) respetase con cierto decoro lo que el equipo de Simeone lleva haciendo en los últimos cinco años pero desgraciadamente no es así. Aquí todo lo que se sale de la verdad oficial deber morir cada noche y ser enterrado con la siguiente portada. El mérito se matiza y luego se difumina hasta el olvido. Los éxitos se cuestionan y nunca se acumulan. Desaparecen. Todo tiene que volver al principio, como el hígado de Prometeo, para ser devorado una y otra vez. 

Si usted analiza las declaraciones de los entrenadores rivales de cualquiera de los equipos europeos a los que el Atleti se ha enfrentado en Champions, verá que todas ellas, sin excepción, tienen algo en común. El respeto por el equipo y por su entrenador. Aquí es diferente. Aquí todo se iguala por abajo, se trazan barreras y se habla desde el desdén. El supuesto estilo se instrumentaliza como arma de destrucción masiva, y cualquier conquista se arrincona de un plumazo. Cualquier aprendiz de iluminado es capaz de escalar a la cima de su propia soberbia para, a modo de dogma, lanzar desde allí sus lecciones magistrales y sus soflamas hipócritas. Sin atisbo de humildad, ese animal amenazado de extinción en nuestra vida pública. El esquema se repite y funciona mientras el “valiente” no se salga del carril trazado. Mientras los escupitajos no salpiquen a los que están fuera del área delimitada para el tiro, que son los que importan. Es tan fácil apalear al apaleado que cualquier aprendiz de tertuliano se lanza a probar. Es gratis. 

La hora elegida para el partido frente a la Real Sociedad era infame pero está tan cerca el final de temporada que a estas alturas nadie quiere ahorrarse un minuto de Vicente Calderón. Era además un encuentro importante. Tres puntos en juego frente a uno de los mejores equipos de esta liga. La oportunidad de poner una importante cantidad de puntos con un rival directo por las plazas europeas. El equipo donostiarra también era consciente de las condiciones de contorno porque, de hecho, salió mejor al césped. Más intenso. Lanzó una presión adelantada y agresiva que funcionó muy bien y se adueñó de la pelota hasta monopolizar el juego. El Atleti no se encontraba y sólo podía correr detrás de los jugadores vascos. Incapaz no ya de imponer su estilo sino de sacar el balón controlado desde su propio campo. En la grada lo notábamos. La sensación debió caerse el césped porque Gabi frunció el ceño. Nuestro capitán, un tipo que gana en inteligencia a medida que los efectos de la edad florecen en su cuerpo, es un futbolista sacrificado, profesional, orgulloso y humilde, que resulta vital en el Atleti contemporáneo. Somos afortunados de que sea colchonero. Si no existiese habría que inventarlo. 

Gabi fue el que decidió dar el toque de corneta, cambiar de marcha y aumentar el nivel de intensidad. Se dio una carrera de 60 metros para presionar al portero rival y eso hizo que el equipo siguiese a su capitán. El Atleti recuperó el balón, empezó a llevar a la Real Sociedad a su área, impuso el ritmo y le dio la vuelta al partido. Los vascos, que hasta entonces movían el balón como los ángeles, tuvieron que empezar a pensar en defender y ahí no son tan sobresalientes. Empezaron a llegar las ocasiones rojiblancas. Filipe Luis, en un estado de forma impresionante y probablemente uno de los tres mejores laterales izquierdos del mundo ahora mismo, decidió hacerse con los mandos. El brasileño está en un estado de confianza tal que se atreve con todo. Al igual que ya ocurriese el fin de semana en Málaga, hizo un precioso gol tras jugada personal de tiralíneas. 

El equipo siguió jugando muy bien y fácilmente pudo irse al descanso con un 3-0. Torres tuvo una ocasión clarísima tirando al poste primero y lanzando el balón fuera cuando estaba a pocos metros de la portería. Carrasco (otro buen partido del belga) tuvo otra ocasión a puerta vacía pero remató mal y paró Rulli. La segunda parte siguió el mismo guion. Un Atleti muy sólido que fallaba ocasiones (Griezmann, Correa,…) y una Real que tenía que tirar de faltas para parar a los madrileños. 

Pero llegaron los últimos 10 minutos y el marcador seguía con el 1-0. La Real no había conseguido tirar a puerta y el partido parecía controlado. Hasta la grada mantenía un insulso perfil bajo. Simeone, que supura fútbol con cada respiración, era consciente de que cualquier error en ese momento supondría echar al traste todo el trabajo y no quería relajación. De forma airada empezó a reclamar el apoyo del público y la grada respondió (respondimos) como se merece. Fue fantástico. 50000 personas animando sin parar que llevaron al equipo en volandas durante varios minutos hasta ganar el partido. Cualquier persona que haya tenido la oportunidad de vivir algo así en directo no lo olvidará jamás. La atmósfera del Vicente Calderón es fantástica. El Vicente Calderón es fantástico. Prometo no olvidarme nunca de ello. 

Es difícil ser aficionado colchonero, mantener el orgullo de serlo y vivir en contacto con ese mundo maniqueo que proponen los conductores de la vía pública. Esa dificultad extrema es directamente imposibilidad cuando cerca hay un partido contra el eterno rival. El equipo de “todos”. Personalmente me rindo. No me interesa esa guerra. Doy por perdidos los tres puntos y si de mí dependiese ni me presentaría a jugar en el Bernabéu. Eso, en realidad todo lo que hay alrededor, no es ya un partido de fútbol. Es otra cosa. Otra cosa que no me interesa absolutamente nada. Ahora mismo me enfundo en mi chubasquero, me planto unos auriculares y hasta el próximo lunes no estoy para nadie. Nos vemos a partir de entonces.

@enniosotanaz


(Foto de www.colchonero.com)

Guionista de la historia

Si yo fuese el guionista de la historia, el Atlético de Madrid ganaría esta temporada la Champions League para quemar el trofeo en una pira bautismal nada más recibirlo y anunciar a los cuatro vientos, en prime time, que jamás volverá a jugar esa competición corrupta. Así, con un final tan fordiano me imagino yo el desenlace perfecto a la andadura europea del Atleti de Simeone. Pero no se preocupen. No soy el guionista de la historia.

Adoro los partidos internaciones de clubes y me encanta vivir esas noches en directo pero detesto con todas mis fuerzas (cada vez más) una competición mentirosa que ha sido impunemente adulterada con el único objetivo de ganar dinero. Negocio que diría ese ideólogo del averno llamado Tebas. Con el mismo argumento que emplearía cualquier tratante de blancas, los soldados de la UEFA dicen simplemente estar dando al pueblo lo que el pueblo demanda. Los números les dan la razón pero también se la dan a cualquier morador de las esquinas de Baltimore. No todo es dinero. O sí, porque apoyados en un fiel ejército de empleados audiovisuales son además capaces de apaciguar a los inspectores y justificar cualquier desliz apelando a la magia, a las hadas blancas y a la suerte. Aquí paz y después gloria. 

Lo he pasado mal viendo el PSV-Atleti pero parece obvio que venía condicionado de casa. 

El Atleti salió con poderío. Tocando el balón, dominando, combinando con clase y acosando el área contraria. Es decir, tal y como demandan los rapsodas de las ondas. Una pena que la misma colección de iluminados estuviese en ese momento viendo el "partido" del Barça o el entrenamiento del Real Madrid C. Es lo que vende. 

El Atleti se pareció unos momentos a eso que quieren los vendedores de humo pero el PSV tardó cinco minutos y dos pases verticales en poner las cosas en su sitio. Hasta el punto de marcar un gol que para mí debió subir al marcador pero que un árbitro pésimo decidió anular. Un par de gritos de Simeone arreglaron la situación. Una cosa es dominar con el balón y otra cosa es ser vulnerables de forma gratuita. Una cosa es querer ganar y otra caer en la trampa que te tiende el rival. Ese PSV de Cocu que se ha convertido en equipo compacto y muy interesante. 

El Atleti siguió dominando a partir de entonces pero ahora con bastante más de criterio y sin tener que parecerse a nadie. De esa manera llegó el gol, tras un rechace que recogió en la frontal del área Saúl (¡qué jugador!) y que vino precedido por un aparatoso choque de cabezas que el árbitro podría perfectamente haber parado pitando falta (aunque yo no tenga tan claro que lo fuese). 

Las vociferantes gradas de Eindhoven, que ya antes estaban en un estado de excitación superlativo, echaron el resto para jugar un papel determinante. Primero aupando a su equipo que a base de brío y pelotazos al hueco logró reponerse. Después sacándole al árbitro un penalti bochornoso (piscinazo infame) que desperdició el bueno de Guardado. Bueno, que atajó Oblak en realidad. Y quiero pararme en este punto porque me parece sumamente mezquino juzgar a un portero por una miserable tanda de penaltis. Me dan ganas de vomitar cada vez que veo a alguien poniendo los focos en ese día, en ese momento y en un tipo que encima nos había llevado hasta allí. Un jugador que me parece uno de los grandes aciertos contemporáneos de la secretaría técnica del club. 

El Atleti encaró mucho mejor el inicio de la segunda parte con Koke y Saúl mandado y con Griezmann y Filipe Luis en estado de gracia. Gameiro empezó a formar parte del equipo y el Atleti aprovechó bien las debilidades del rival. Pudo sentenciar fácilmente pero el delantero francés falló dos oportunidades de escándalo (especialmente la primera con toda la portería para él). O se encuentra con el gol en un breve plazo de tiempo o vamos a empezar a tener (otra vez) un grave problema. 

Los errores de cara a puerta provocaron un final de partido agónico, con el equipo holandés volcado y los colchoneros, exhaustos ya para entonces, sintonizando un modo de juego especulativo y pasivo que me aterroriza. 

Tres puntos muy importantes en un grupo infernal en el que cada partido será un poema. Tres puntos que deberían servir, y hablo en primera persona, para apaciguar los ánimos, mirar exclusivamente al siguiente encuentro y tratar de disfrutar antes de sufrir. Prometo ponerme a ello. 

@enniosotanaz

(Foto extraída de Mundo Deportivo) 

Anonimato

De vacaciones, fuera de su espacio natural, uno a veces hace cosas extrañas como escuchar programas deportivos por la radio o la televisión. Es el caso. Eran las seis de la tarde y las emisoras de radio (varias) que estaba poniendo en mis auriculares mientras buscaba un bar en el que ver al Atleti, no dejaban de hablar del Real Madrid. De la resurrección de sus multimillonarios, de lo bien que había recibido el vulgo a no sé qué imputado, de que lo de la Copa “todavía no era seguro” y de lo cerca que se "ponían" del Barça. Ni una palabra del segundo clasificado de la liga, ese que, curiosamente, estaba a punto de jugar y ponerse a un punto del líder. Seis horas y varios partidos después, en lo que dicen que es la televisión pública, seguían hablando de lo mismo en los mismos términos. Allí deben entender que servicio público es que un sevillano que quiera ver los goles de su equipo tenga que pagarse la tele privada o esperarse hasta las dos de la mañana y sufrir primero la penitencia de las sofisticadas soflamas de un puñado de opinadores radicales (por no decir otra cosa) sobre Madrid/Barça, para poder hacerlo. Parece que todo lo demás es oficialmente irrelevante en este país de empresarios impacientes, gente que llega arriba por la puerta de atrás y especialistas en hacer revuelto de ajetes con los huevos de oro. Ustedes dirán, y dirán bien, que lo mejor es pasar. Huir de la estulticia. Ignorar eso que se denomina medios de comunicación y hacerse fuerte entre amigos, en los aledaños del Calderón, leyendo literatura, escuchando música o buscando la verdad en las benditas redes sociales pero qué quieren que les diga, a mí me jode. 

Pero vayamos al fútbol. El Atleti parece instalado en ese modo “martillo pilón” que tan buenos recuerdos nos trae y que tan bien nos sienta a los que huimos de Matrix. Casi desde el anonimato, el Atleti lleva ya muchos partidos jugando muy bien al fútbol. Demasiados como para que, nosotros también, lo pasemos por alto. Sin dañar el rigor defensivo que les ha hecho famosos, el equipo es ahora también capaz de monopolizar el balón, de triangular, de crear fútbol y de jugar. Son ya varios partidos en los que el equipo sale con una fuerza mental prodigiosa, mandando en el campo, imponiendo su ritmo, moviendo el balón muy rápido y llegando con claridad al marco contrario. Con fluidez y clase. Contra el Granada se repitió la historia. Los andaluces trataron de ordenar las marcar y juntar muchos las filas pero no pudieron contrarrestar el juego colchonero. Un renacido Filipe Luis hacía lo que quería por su banda. Da gusto volver a ver al brasileño en su mejor nivel. La sociedad que se ha creado en esa banda con Carrasco y Koke es muy interesante y promete grandes sesiones de fútbol. El centro (Gabi, Saúl y Koke) movía el equipo con solvencia y aunque se vio a un Saúl incómodo y algo aturdido por tanto foco encima (normal), el rival no exigió lo suficiente como para ponerlo en verdaderos apuros. Todo apuntaba de maravilla para los de Simeone. 

Pero el equipo, a pesar de la significativa mejoría, sigue adoleciendo de pegada. Sólo Griezmann, pendiente también de cubrir su banda y algo más alejado del área en el nuevo sistema, parece estar a la altura. Torres hace todo lo que puede pero le falta velocidad de movimientos para ser un 9 letal. Los del banquillo, de momento, tampoco parecen estar mucho mejor. Al final el gol llegó a balón parado, con un gran testarazo de Godin que remató un córner desde la derecha estando solo en el área, que es lo mismo que decir gol. Error importante del Granada. 

A partir de ese tanto, y hasta bien entrada la segunda mitad, aparecieron también algunas trazas de otra de las cosas que creo tiene que corregir el cuadro colchonero. Las ganas de parar el partido volvieron a provocar la falta de tensión en la escuadra colchonera, la caída del ritmo y por ende el resurgir de los granadinos. Entiendo que el equipo haga algo así con un marcador desenfadado pero no cuando la distancia es simplemente de un gol. Demasiado riesgo. Por mucho que la defensa colchonera sea una roca. Los locales consiguieron llegar un par de veces a la portería de Oblak (sin demasiado peligro, la verdad). Los cambios de Simeone y Griezmann, como no, modificaron la situación y acabaron con las esperanzas andaluzas. Con Óliver en el campo, Koke bajó al mediocentro y el equipo recuperó el balón y el dominio. Me gustó esa combinación. No me importaría volver a verla. La posterior entrada de Thomas fue también bastante interesante. Más suelto y valiente que en el último partido, el africano dejó muestras más que esperanzadoras. 

Y llegó el segundo gol. Un prodigio de este deporte que sólo por verlo en directo merece la pena pagar la entrada. A un velocidad endiablada, Griezmann dejó pasar bajo sus piernas un pase diagonal que acabó en los pies de Óliver Torres. Éste, de un solo toque de clase, metió la pelota en vertical al área, justo en la dirección en la que se había movido el jugador francés. El rubio prodigioso, sin tiempo para que nadie se colocara, ejecutó un soberbio zurdazo que se coló por la escuadra de la portería. Golazo. Fin del partido. 

El Atleti sigue ahí. A dos puntos por debajo del Barça y a dos por encima del Madrid. A nadie parece importarle pero si huyen de los titulares y observan la clasificación verán que es así. Lo juro. Más allá de los puntos, el equipo encima juega cada vez mejor. Tiene más registros, cada reinvención parece más interesante que la anterior y todavía hay varias vías de mejora que parecen evidentes. Independientemente de que los que cobran por contárselo estén bailando zarzuela, parece que hay equipo. Estén atentos.

@enniosotanaz

Soldados del rodillo

Mientras los colchoneros braceamos entre dudas posmodernas y nos perdemos en debates de sala de espera, el Atlético de Madrid se coloca por encima de la gloriosa galaxia a cuatro puntos del mejor equipo de Europa. Es un dato tan contundente y revelador que quizá debería dejar aquí mi reflexión y dedicarme a buscar calzoncillos largos y gorro de lana para el partido de Champions del miércoles. 

Un par de comentarios nada más. 

Vi el Betis-Atleti a través de “Abono Fútbol” (no se me ocurre un nombre más feo y desafortunado para un canal de televisión) y al acabar, cuando todavía estaba recuperándome de ese beticismo gratuito del risueño señor que hacías las veces de narrador (y del que afortunadamente desconozco su nombre), uno de sus compañeros a pie de campo le preguntó a Koke la original pregunta de moda: “¿pero vais a poder competir la liga al Barça?”. El muchacho del micrófono no era más que un soldado raso, el perrito faldero de la voz de su amo, pero la pregunta no era inocente ni baladí. Tenía trampa. Me recordó a ese ser miserable que ante la perspectiva de que un amigo pueda haber conquistado a la chica de sus sueños (y él no) lo único que se le ocurre decir es: ¿pero vas a ser capaz de hacerla feliz? Es el recurso del pataleo. Esa manifiesta incapacidad para digerir la frustración que pretende aparecer disfrazada de rigor periodístico. Cualquier ser vivo con algo de cerebro sabe que es una pregunta sin respuesta. Que cualquier contestación no pasará de ser un brindis al sol o un intento chungo de adivinar el futuro. Cualquier profesional sabe que en el fondo es también una pregunta absurda y fuera de lugar (sobre todo cuando hace 15 segundos que acaba de terminar el partido) pero estos tipos risueños no son profesionales. Son soldados del rodillo. 

Técnicamente hablando el Betis-Atleti fue un partido fácil para los de Simeone. Si el equipo hubiese acertado un tercio de las oportunidades que tuvo estaríamos hablando de una gran goleada y de un gran encuentro por parte de los rojiblancos. Controló el partido, jugó muy bien por momentos y el rival apenas tuvo una ocasión que, como siempre, desbarató ese tipo tranquilo que tenemos en la portería. Se pusieron muy pronto por encima en el marcador, gracias a una jugada de acoso y derribo en la que el equipo presionó, como un grupo de alimañas, la salida de balón del rival, los errores, los rebotes y todo lo que se ponía delante. Parecían el paquete de delanteros de los All Blacks. Marcó Koke (recogiendo el rechace de un tiro de Torres) pero podría haber marcado cualquiera. El Atleti siguió jugando (muy bien, insisto) con un Tiago excelso, un Filipe recuperado para la causa, un Carrasco espídico y un Koke que poco a poco coge el tono. Griezmann y Carrasco pudieron poner el 0-3 ya antes del descanso. El francés pude haber hecho incluso triplete en la segunda parte pero las malas decisiones de cara al gol (y un poco de mala suerte) lo impidieron. Hubo algo de nervios en los momentos finales pero tengo la sensación de que todo estaba más en la cabeza de los colchoneros (y en las ganas de ese Hooligan de “Abono Fútbol”) que en otro sitio. 

 El Atleti sigue teniendo una preocupante falta de gol y eso le impide poder quitarse la mochila de las dudas pero en mi opinión el partido fue bueno y las sensaciones que transmitió en cuanto a juego, control, personalidad y creación, bastante mejores de las que venía transmitiendo últimamente. Como único pero, y más allá de la falta de acierto, destaco ese juego absurdo que el equipo tiende a practicar en los últimos minutos cuando el marcador está muy apretado. Esos pases sin tensión, horizontales, fofos y de espaldas a la portería rival que pretenden ser fútbol control pero que lo único que consiguen es aumentar el riesgo de error entre los nuestros. 

Creo que estamos bien. En buena línea, al menos. El único peligro de inestabilidad que veo viene provocado precisamente por los soldaditos del micrófono y la plumilla. Ese estilo filibustero de periodismo que es como preguntar algún tema estúpido y en castellano a un turista que desconoce el idioma para que su respuesta resulte siempre ridícula. Ya nos conocemos. Nadie sabe si el Atleti será capaz de disputar la liga o no. Nadie. Lo diga Simeone, los jugadores, Roncero, el Cuñao de Siro López o Dany Amatulo. Nadie. Lo que sabemos todos (menos los soldados del rodillo y sus locos seguidores) es que a los aficionados colchoneros no necesitamos saber lo que va a pasar dentro de cuatro meses para levantarnos hoy enamorados de nuestro equipo. Entiendo que no lo entiendan, especialmente los que venden caspa y los que compran crecepelo, pero ese es su problema y no el mío. 

De todas formas, por si alguno de los del micrófono se pasa por aquí (que lo dudo) vuelvo a explicar lo del partido a partido. Otra vez. El Atleti de Simeone quiere ganar todos los partidos que juegue. Punto. La diferencia es que el único partido que preocupa hoy es el siguiente y mañana ocurrirá lo mismo. Independientemente de dónde vengamos e independientemente de a dónde vayamos. Así de sencillo. Los vaticinios a la bruja Lola. Las apuestas a las casas de juego. Las tonterías al cerebro de quién las quiera leer. 

@enniosotanaz

Decíamos ayer

Quince minutos después de comenzado el partido en el tramposamente remozado Vicente Calderón (todo fachada), tras esos primeros cinco minutos fulgurantes (había ganas de fútbol en el ambiente), cuatro tipos que se sentaban detrás de mí en la grada ya estaban diciendo que Jackson Martínez era una mentira. Que no corría, que no hacía nada, que sobraba. “Una mezcla entre Mandzukic y Raúl Jiménez”, llegó a decir uno de los aventajados analistas. Podría pasar por una anécdota pero no lo es. Me consta que escenas parecidas se repitieron por todo el estadio. Son los nuevos tiempos. Es el resultado de esa especie de inmediatez insolente, promovida desde los canales oficiales de comunicación, que tapona los poros de respiración del aficionado al fútbol. El estilo chiringuito. Los gritos. El “y tú más”. Los equipos siempre por detrás del repeinado jugador. Las frases hechas. El depurado código binario que cada año es más aterrador. Enterrar la tradicional búsqueda de la alegría de los colchoneros para concentrarse desesperadamente en la necesidad artificial del placer inmediato. Intuyo que eso es con lo que tendremos que lidiar de aquí en adelante los que no estemos infectados. Estén preparados. Sean fuertes. 

Decíamos ayer que el Atlético de Madrid es un equipo compacto. Sólido en defensa, solidario tácticamente. rocoso y muy competitivo en cualquier situación y en cualquier circunstancia. Decíamos ayer también, varias semanas antes de la bochornosa parade de titulares y mermelada de caspa en la que se han convertido los veranos mediáticos, que el Atleti necesitaba una vuelta de tuerca en la zona de creación. Hasta el propio Simeone lo dijo. Parece que fueron relatos de verano. Lectura ligera. Amores estivales que nacen y mueren como un suspiro. Afortunada o desgraciadamente, nunca se sabe, me temo que hoy, recién comenzada la temporada 2015/2016 con una tranquilizante victoria balsámica frente a la Unión Deportiva Las Palmas, podemos seguir diciendo básicamente lo mismo. 

El inicio de liga no ha sido más que un partido típicamente veraniego pero con puntos de por medio. Equipos estáticos, faltos de ritmo, todavía sin referentes emocionales, con jugadores recién llegados y aturdidos y probablemente también con carencias físicas. Los futbolistas ocupando su posición en el campo como muñecos de futbolín y jugando con un ritmo acorde a la temperatura de agosto. El Atleti era muy superior, y lo sabía, mientras que Las Palmas se frotaba los ojos viéndose en la máxima categoría y manteniéndose 90 minutos metidos en el partido, con la posibilidad incluso de aguar la fiesta a los colchoneros en cualquier momento. Bastó un gol de Griezmann (otra vez) de falta directa para sellar un pacto de no agresión que parecía beneficiar a todas las partes. 

Principal conclusión personal: el Atleti, ahora mismo, es el mismo equipo que la temporada pasada. Jackson juega de Mandzukic, Óliver Torres juega de Arda Turan (¡puaj!), Giménez juega de Miranda y Filipe Luis (¡gracias a Dios!) juega de Siqueira. Son jugadores diferentes que, evidentemente, aportaran características diferentes al juego pero el sistema es el mismo. Aquello de retrasar la línea de creación un poco más atrás con Koke ha terminado siendo un brindis al sol. Dejando al margen la significativa mejora que supone jugar con Filipe Luis, hasta que Óliver destape el tarro de las esencias, Jackson coja tono, Yannick Carrasco aparezca en escena y Vietto se quite la presión de encima, lo que tenemos es un prolongación de lo que teníamos. Ojo, no es una frase pesimista sino todo lo contrario. Lo que teníamos estaba bien pero tenía líneas de mejora. La simiente está plantada. Demos tiempo al tiempo. 

Dato para la ilusión: Correa. Basta verlo 5 minutos en el campo para notar que es un jugador diferente. Capaz incluso de hacer jugar a Simone con un emocionante 4-3-3 durante algunos minutos. Más allá de la calidad (ese recorte nada más salir…), la intuición o el desparpajo, es de esos jugadores que cambian el partido. De los que contiene el aliento de la grada sólo por si acaso. Tiene ángel. Y es del Atleti. 

Principal duda: ¿Adivinan? Efectivamente: el mediocentro. Pero esto, como decíamos ayer, es recurrente. 

Bienvenidos a todos. 

Un placer estar de vuelta. 

 @enniosotanaz

Baile de gala

Athletic Club de Bilbao 1 - At. Madrid 2

Era un baile de gala y tenían invitación. La habían ganado merecidamente a base de esfuerzo, de criterio, de trabajo y de buen hacer. Nadie podía reprochar nada con el reglamento en la mano pero ya sabemos la nobleza es clasista e hipócrita por naturaleza y que pocas veces si fijan en las reglas que aplican a los demás. Los hidalgos del poder estaban esperando lejos, marcando claramente la distancia. Evitando el hedor a limpio de la plebe, prefiriendo esperar ocultos, sin dar la cara. En el interior de un salón que consideran suyo y exclusivo. Cuchicheando por las esquinas. Tapándose la boca con abanicos de pedrería y dorados. Esperando el tropezón del recién llegado. Preparándose para reírse de unos vestidos que a todas luces serían vulgares y baratos. Deseando la llegada del momento en el que, con la música de orquesta, los plebeyos se tropezaran con sus propios tobillos. Impacientes por disfrutar de esa humillación. Poniendo los focos en el inevitable error que tenía que llegar. Pero no llego. Los recién llegados entraron con humildad y orgullo. Mirando a la cara. Sin miedo. Sin la sensación de deberle nada a nadie. Convencidos de no tener que dar explicaciones. Conscientes de ser quienes son y de estar donde están. Y bailaron. Convenciendo. Y se fueron por el mismo lugar por el que habían entrado. Ganando. Con el traje impoluto y la invitación intacta. La nobleza, miserable o no, tendrá que esperar mientras siguen acunándose de forma endogámica en su propia decadencia.

El partido que se marcó el Atlético de Madrid en el nuevo San Mamés fue digno de recordar. Uno de esos encuentros que trascienden el limitado cerco de los tres puntos para convertirse en una referencia. Un punto de inflexión. La línea de separación entras las dudas y la evidencia. El equipo de Simeone demostró, por si quedaba alguna duda, que es una escuadra de elite. Capaz de cualquier cosa y posesora de muchos más recursos y aristas de los que algún que otro rapsoda, engreído, desubicado y desgraciadamente bastante estúpido también, quiere ver. El encuentro comenzó mal para los madrileños a pesar de que habían saltado al césped totalmente metidos en la disputa y perfectamente plantados sobre el terreno de juego. Pero los de Valverde acertaron a hilar una buena jugada que había comenzado con un balón largo en vertical. Cierta relajación de Godin, Courtois que sale tarde y Muniain que eleva el balón por encima del portero con esa clase que ya conocemos, acaban poniendo el 1-0 en el marcador. Pero sinceramente creo que el gol le vino bien al Atleti. Obligados a jugar, a pesar de esa excentricidad de haber puesto a Sosa en el once titular, los rojiblancos se hicieron dueños del partido cerrando la salida de los vascos, robándoles la pelota y saliendo con esa verticalidad que se clava en el equipo contrario como un cuchillo. En ese nuevo escenario apareció Diego Costa, como una especie de semidiós griego capaz de lo posible y lo imposible. El hispano-brasileño se marcó un partido soberbio. Espectacular. Ganando todas las batallas a una defensa que soñará muchos días con él. Abriendo el campo, ofreciendo salidas, convirtiendo en fútbol cualquier melón que cayese desde el cielo y metiendo goles. A punto estuvo varias veces de hacerlo hasta que un robo de Koke habilitó una de sus clásicas cabalgadas. El empate no menguó un ápice la ambición colchonera que siguió siendo dueño y señor del partido. A punto estuvo de irse al descanso con la remontada completada si Raúl García no hubiese marrado en boca de gol un gran pase de Filipe Luis desde la izquierda, tras otra excelente jugada de Diego Costa que habilitó al lateral brasileño con el tacón, dentro del área.

La segunda parte siguió por los mismos derroteros. Los bilbainos tenían que recurrir al pelotazo en largo como único recurso para llegar a la portería rival porque la presión y rigor táctico de los del Cholo era absolutamente brutal. Hasta el punto de que durante muchos minutos el Atleti sólo jugó en campo contrario, moviendo el balón con criterio y haciendo fútbol. Sí, señores periodistas. Fútbol. El 2-1 definitivo llegó tras gran jugada de Koke y Filipe Luis por la izquierda. Gran partido de los dos, por cierto. El canterano abrió a la banda para que el lateral metiera el balón en el área y el propio Koke se tirara con el alma para de cabeza poner el balón en la red. El Atleti pudo haber ampliado la renta en los minutos posteriores pero no fue así y según se acercaba el final la gasolina de los madrileños se fue acabando. Ahí apareció el Athlétic. Colgando balones, más con el corazón que con los pies. Pero la realidad es que los de Valverde tuvieron algunas ocasiones de empatar el partido. Especialmente dramático fue un remate de cabeza que Courtois sacó de la escuadra tras estirada prodigiosa.


Tres puntos más y una jornada menos. Por lo demás todo sigue como estaba. O no. Ahora ya saben los incrédulos que el Atlético de Madrid puede ganar en cualquier sitio. Por mucho que marquen en rojo determinadas fechas del calendario. El Atleti, por supuesto, no piensa renunciar a la invitación. Tampoco van a cambiar su traje. Partido a partido. 

Realidad

At. Madrid 5 - Real Betis 0

Mientras un puñado de defensas del Betis permanecían exhaustos y derrotados sobre el césped, su entrenador Pepe Mel retornaba al banquillo por primera vez desde que el balón empezase a rodar. Pasaban ya los 90 minutos de un encuentro resuelto desde hacía mucho tiempo atrás, pero el partido terminaba en campo del equipo andaluz con un puñado de colchoneros presionando la salida del balón como si les fuese la vida en ello. Gabi, ese capitán formal que de forma natural e indiscutible se ha erigido como imagen, santo y seña de está oda a la ilusión que es el actual Atlético de Madrid, empalaba un balón suelto en el área para hacer el quinto gol y culminar la noche. En ese disparo metía las últimas gotas de energía que quedaban en su cuerpo. Una energía que había ido dejando sin miramientos y con generosidad durante los 90 minutos anteriores. Los jugadores verdiblancos eran incapaces de levantarse del suelo y el árbitro, generosamente, pitó el final. Los futbolistas del Betís seguían siendo incapaces de reaccionar, primero por la brutal exigencia física a la que habían sido sometidos. Después, y más difícil de superar, por el peso psicológico de haberse visto aplastados. El dolor terrible de haberse visto incapaces de superar un muro de hormigón armado que poco a poco te arrincona y te liquida. Pepe Mel, ese personaje que no puede evitar soltar una buena dosis de desprecio para su rival cada vez que juega con el Atleti, tenía que refugiarse en el anonimato de la caseta consciente, aunque nunca lo reconocerá, de que lo habían pasado por encima. Para mí esa es la fotografía que describe el Atleti contemporáneo. Un equipo unido, fuerte, potente, con suerte, con criterio y autosuficiencia que derrota a los enemigos en el campo y cierra la boca de los engreídos sin tener que abrir la propia. Con juego, con goles y con evidencias.

Acabado el partido uno escuchaba a Óliver Torres contar por la radio como nada más levantarse esa mañana, lo primero que había visto era un mensaje en el teléfono de su capitan, Don Gabriel Fernández Arenas, diciéndole que todo el equipo estaba con él y que esa era su noche. 20 segundos después de comenzar el partido el propio Óliver se dirigía hacia el Frente Atlético para celebrar su primer gol con la elástica rojiblanca en partido oficial. Los otros diez jugadores que llevaban la misma camiseta que él, daban el esprín de sus vidas para arropar a la joya canterana en esos momentos. No era una celebración cualquiera. Eran muestras de cariño a un ser protegido. A un compañero todavía frágil. Era el brazo tendido a un recién llegado diciendo, "eh, estamos contigo". Era la demostración de que el mensaje de por la mañana era verdad. Era la representación más evidente y más bonita de que el Atlético de Madrid es un Equipo. Un señor Equipo. Y permítanme que lo escriba con mayúsculas.

El único momento de la noche en el que pudimos ver al Betis de Pepe Mel fue precisamente tras ese gol y durante diez o quince minutos. El Atleti, borracho de euforia probablemente y algo damnificado por la relajación de verse arriba en el marcador, rebajó demasiado la línea de presión y sobre todo renunció al balón. El esférico apenas duraba unos segundos en las botas colchoneras y eso hacía que el equipo tuviese que defender cada vez más atrás. Fueron momentos inciertos en los que el Betis consiguió acercarse ligeramente al área pero fue una falsa sensación porque jamás volvería a ocurrir. La delantera bética no volvió a ver la cara de Courtois de cerca. Tiago se puso el traje de mariscal, Gabi y Koke el de obreros y se acabó la música de cámara para el equipo andaluz. En triunvirato colchonero había decidido que el partido se jugaría lejos de la portería propia y así fue.

Pero a Simeone no le basta con alejar el peligro y tras el descanso el equipo se fue a por el partido. Era además el momento de Villa. El Guaje, criticado desde muchos foros y este es uno de ellos, tenía muchas bocas que callar y muchas voluntades que convencer. Y va camino de ello. Mucho más fino que otras veces, mucho más rápido y activo también, el jugador asturiano fue otro. No sé si aquel delantero que maravillo a medio mundo hace unos años pero un delantero muy aprovechable sin ninguna duda. Aportando recursos en la delantera y aprovechándose del terror en la fuerza que provoca su compañero de vanguardia Don Diego Costa. El partido quedaba finiquitado con un soberbio gol cocinado en la banda izquierda por Koke y Filipe Luis (¡qué jugador!) pero sellado con un soberbio remate de cabeza de delantero aventajado. De Villa. Con el 2-0 en el marcador el Atleti liquido el cansancio y se fue a disfrutar de la fiesta mientras el Betis, cogido con pinzas, se deshacía como un azucarillo. El tercero llego otra vez por parte de Villa que tras recortar con la derecha en el área grande, empotró el balón con la zurda con un tiro que llevaba tanta rabia como precisión. El cuarto de la noche vuelve a tener al 9 colchonero como protagonista que tras soberbia asistencia, habilita a Diego Costa para que siga aumentando su espectacular cifra de goles. Lo de este hombre empieza ya a ser un escándalo.


El Atleti sigue ahí. Soñando con los pies en la tierra. Con los ojos abiertos. Corriendo como el que más. Minimizando errores. Con esfuerzo y humildad. Con orgullo y poderío. A un punto de ese Barça desubicado que vimos el sábado y cinco por encima de ese otro Madrid, con tintes de esquizofrenia, que también vimos en el mismo partido. Puede que las cosas vuelvan a la normalidad. Puede. Lo que no tengo tan claro es que normalidad tenga ahora mismo al Atlético de Madrid fuera de las posiciones de cabeza. Ha pasado demasiado tiempo como para pensar que todo esto es pasajero o casualidad. La realidad, señores, es esto. Disfrutemos de ella.