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Déjà Vu

Académica de Coimbra 2 - At. Madrid 0

Casi lo habíamos olvidado pero hubo un tiempo en el que el Atlético de Madrid era un equipo impredecible y ciclotímico. Cualquier partido, y cuando digo cualquier partido es cualquiera, podía llegar a ser un sufrimiento extremo protagonizado por una colección de jugadores sin nada en común y carentes por completo de corazón. Las dudas de unos entrenadores y directivos, más preocupados de la foto y su ombligo que de la profesión, se trasladaban sistemáticamente al campo y cualquier partido podía ser entonces un castigo. Especialmente esos partidos en los que el bagaje histórico del Atleti estaba a años luz del de su rival y había mucho que perder y poco que ganar. Aquello desapareció afortunadamente con la llegada del Cholo Simeone. El argentino transformó una colección desigual de jugadores en un equipo de fútbol. Cambió el espíritu huidizo, cobardica y tramposo que se había instalado en el tuétano colchonero y lo transformó en carácter ganador y una idea clara y concreta de lo que se quería. El Atleti podía jugar bien o mal, ganar o perder, pero salía al campo el nivel de intensidad elevado a su máxima expresión. Siempre. Jugase quién jugase. Hasta hoy, en la que me ha venido una incómoda sensación de Déjà Vu. 

El partido de Coimbra se presentaba tranquilo. Casi intrascendente. Colchón de puntos suficientes y unos rivales de segunda fila que inspiraban la confianza suficiente como para pensar que el encuentro seguiría la inercia de los anteriores en Europa League: aburrido y efectivo. No fue así y no lo fue porque el conjunto colchonero se traicionó a si mismo. Tropezó en la trampa que todos creíamos haber superado y fue víctima de nuestro más reciente enemigo: la desidia. La falta de intensidad. Algo sin lo que este equipo pasa de ser un rival potente, correoso y brillante a la vulgaridad más absoluta y que tristemente nos es tan familiar de otros años. La alineación era rara y plagada de suplentes, pero eso no es disculpa ni novedad con Simeone. La falta de nueves ponía a Adrián como jugador más adelantado con Raúl García, Koke y la novedad de Saúl por detrás, pero el experimento no cuajó. Tampoco ayudo a ello un Tiago que se apaga por momentos. Ni una defensa construida sobre cimientos de plastilina. 

Enfrente la Briosa en una versión muy parecida a la que vimos en Madrid. Algo más abierta, con la defensa adelantada y las líneas juntas y bien plantadas. Buen planteamiento táctico que sin embargo no se veía refrendado por una patente falta de calidad y recursos en sus filas. Con todo ello la primera parte fue horrible. Centrocampismo deslabazado, constantes perdidas de balón, imprecisiones y sopor. Apenas hubo ocasiones de gol (no recuerdo ninguna) y lo único reseñable fue una entrada criminal a Raúl García que mereció la roja directa y el gol del equipo luso. Una jugada controlada por el lado derecho y un balón que se cuelga al área para que Wilson Eduardo remate en boca de gol abriendo el marcador. Asenjo no salió en lo que viene siendo marca de la casa. Silvio, su marcador, estaba a tres cuerpos de distancia. Error significativo de un jugador que no está. Error de falta de concentración más que de escasez de recursos. Error de un jugador que no recuerda en nada a aquel lateral portugués que tanto prometía hace un par de años antes de que se lesionara. Silvio lejos de aprovechar sus oportunidades las está usando para dejar claro su potencial aportación al equipo. Ninguna. No sé de hecho si tendrá muchas más oportunidades. Una pena. 

El descanso puso la inyección anímica de Simeone y el cambio de Pedro, delantero de referencia en ataque, por un inadvertido Saúl. La fórmula funcionó momentáneamente pero duró apenas un cuarto de hora en el que algunos creímos en la remontada, pero enseguida se apagó como una cerilla. El fulgurante tiro a puerta de lejos de Koke nada más iniciar el segundo tiempo fue más un espejismo que otra cosa. De hecho, fue la mejor ocasión de gol en todo el partido. El equipo no obstante dio otra imagen mejor. Tomó el dominio del balón y del partido, ocupó mejor el campo, distribuyó mejor el balón y no dejó jugar al rival pero todo ello a una velocidad muy lenta y rutinaria sin además ninguna profundidad. Los portugueses se fueron acomodando a la nueva situación y el Atleti también. El dominio era total pero no se transmitía sensación de peligro en ninguna área. Hasta que llegó un nuevo error garrafal de la defensa colchonera. Uno de los pocos balones que es controlado por la escuadra de Coimbra dentro del área es aprovechada por Pulido para realizar una entrada exagerada, aparatosa y totalmente a destiempo que provocó un claro penaly. Pulido, y mira que me duele decirlo, es otro de esos jugadores que poco a poco se va cerrando la posibilidad de entrar en la dinámica del equipo cuando lleguen las tardes gloriosas. Nervioso como otras veces hoy además ha realizado un penalty tonto, que transformaba fácilmente Wilson Eduardo de nuevo y que mataba definitivamente el partido. 

La Académica de Coimbra, equipo muy modesto del país vecino que fluctúa en la mitad de tabla y que llevaba sin ganar un partido en Europa desde 1969, se dio cuenta entonces de que había ya ganado y de que acababa así, de forma más bien triste, con una histórica racha de resultados del equipo madrileño en competiciones europeas. El resto de minutos ni siquiera fueron de agobio para el equipo luso que apenas tuvo que achicar balones. Algunos jugadores rojiblancos, pocos para ser exactos, intentaban tirar de casta más que de talento para equilibrar el marcador pero la sensación era universal. No había nada que hacer. 

El resultado en si no es dramático. La victoria en Chequia daría prácticamente la primera plaza de grupo. Es bastante más inquietante la sensación que deja el partido. ¿Será un punto de inflexión? ¿Servirá para que aparezca el fantasma de las dudas que creíamos extinguido? ¿Reducirá el Cholo el número de efectivos que entran en las rotaciones? Lo veremos en muy pocos días. En cualquier caso, de momento, uno sigue confiando en el talento de Simeone. Creo que el argentino tiene crédito suficiente.

Desapacible

At. Madrid 2 - Académica de Coimbra 1

Salía del estadio, con el paraguas en la mano y la humedad de la noche metida hasta el esternón, con una sensación melancólica y extraña. El Atleti había ganado pero el partido había sido soporífero. Cierto que la “unidad B”, como estúpidamente algunos tratan de intelectualizar el discurso robando conceptos de sus compañeros del baloncesto, había conseguido una nueva victoria pero en mí se me había instalado la sensación de que algunos miembros de esa unidad (Asenjo, Pulido, Silvio, Cata,...) no están para la grandes citas. La melancolía, no obstante, venía de antes. Gracias a que la presencia de público en el Calderón fue ridícula, apenas pasaba de un cuarto de estadio, las conexiones en los teléfonos funcionaban medianamente bien y se podía consultar twitter. Algo que no es habitual en la grada y que estando el partido como estaba era muy de agradecer. Comprobar que la mayoría de los periodistas que comentaban el partido (por no decir todos) no estaban en el campo no me resultó un dato verdaderamente alentador. Por mucho que me quieran convencer de lo contrario las cosas se ven distintas en vivo. Esta percepción viene refrendada por el contraste entre lo que yo leía en twitter, escrito desde el calor del hogar, y lo que escuchaba a mi alrededor en la grada. Cada vez está más denostada la figura del aficionado al fútbol que se sienta en la grada. La figura en la que yo me reconozco. Insultada y agredida por los poderes fácticos que han decido que la forma de vender el maná es a través de la televisión, despreciada por unos dirigentes que piensan que al fútbol hay que ir a sufrir e ignorada por un periodismo de salón y cocktail que prefiere ver la repetición a escuchar el ambiente. El fútbol se muere y los cronistas lo contaran desde la distancia. 

Del partido poco que decir. Una “briosa” sin brío y con mucho miedo que ofreció campo y balón al rival desde antes del pitido inicial y que nunca se creyó que pudiera hacer algo en el coliseo rojiblanco. Enfrente un equipo asimétrico y espeso que dominando el partido de cabo a rabo no fue capaz de transmitir absolutamente nada. La primera parte fue un auténtico suplicio para el espectador con diez jugadores vestidos de negro alrededor de su área y diez jugadores vestidos de rojiblanco pasándose el balón con pereza, sin gracia, mordiente, ideas o intensidad. No recuerdo una sola ocasión de peligro más allá de un pase inicial desde la derecha que se paseo solitario por la portería portuguesa. No recuerdo nada más en realidad. 

La segunda parte, ya con una lluvia constante desde la grada, fue algo mejor para el espectador, gracias sobre todo al punto de intensidad que los jugadores se inyectaron en la caseta. Al poco de empezar, y ya con ánimo renovados, Diego Costa recoge con una volea un balón pasado al segundo palo y consigue meterlo en la red. Todos, dentro y fuera del campo tuvimos la sensación entonces de que el partido había concluido. El equipo de Coimbra trató de salir de su zona de confort, con más pereza que ganas, y se estiró tímidamente hacia áreas contrarias pero el esfuerzo fue tan estéril como inútil. El Atleti controlaba bien el partido con esa ensalada de mediocentros que poblaba en centro del campo (Tiago, Gabí, Koke y Emre) y los lusos apenas inquietaban. La entrada del Cebolla arranco los primeros, y merecidos, cánticos que dedicados a su persona suelta el Calderón y el uruguayo correspondió con una carrera de las suyas que, como el pasado domingo, acabó en falta al borde del área. El nuevo turco de la plantilla, Emre, utilizó la oportunidad para hacer el segundo gol y para demostrar al mundo la técnica tan depurada y soberbia que aglutina en sus botas. Con un toque elegante y sutil puso el balón en la escuadra de un metal rival que prefirió no aplaudir para no herir sensibilidades. 

Con el partido resuelto llegaron los comentarios “inteligentes” de mis compañeros de grada. Conclusiones del tipo: “a ver si nos dan los 18 kilos y te vas a la puta mierda ya, Adrián” o cosas similares con el mismo nivel de profundidad y calidad literaria. Conviene decir que eso lo decía además un tipo que pensaba que Koke era el Cebolla y no se dio cuenta del error hasta que lo cambiaron. Un tipo que cuando definitivamente salió el charrúa, y ante el comentario de su compañero “éste chico es bueno”, su respuesta fue: “si, si que lucha”. Los comentarios con criterio venían desde twitter pero la ironía me hacía pensar que el que se estaba mojando era el otro. Ese es el tipo de cosas que se instalan en mi cabeza y que me hacen tirar de sarcasmo cuando luego me topo con tanto iluminado que va repartiendo carnets de “colchonerismo". Peor fue todavía el recital anacrónico, xenófobo y ofensivo que nos ofrecieron los chicos del Frente. Un grupo que con cada vez menos talento e ironía (característica de la peña en otros tiempos) se dedican últimamente, y casi con exclusividad, a insultar al equipo rival atendiendo a cosas que nada tienen que ver con el fútbol. 

Para completar la noche el Cata Díaz decidió demostrar también al público que su suplencia hoy por hoy no es desde luego casual y culminó un partido de trámite, pero cargado de inseguridades en su juego, con una despiste notable que dejaba a un jugador del Académica completamente solo dentro del área para que de cabeza pusiese el 2-1 en el marcador. Con el gol llegó también la emoción en los que estaban “disfrutando” el partido en sus casas y el tímido acojone entre mis compañeros de grada y un servidor. Pero no, la sangre no llegó al río. No sé si por mérito o demérito del rival más que por otra cosa. 

Tres de tres. Nueve puntos y primeros de la clasificación estando el tercero a 8 puntos. Parece que la clasificación está en el bote y que el primer puesto se disputará en esas tierras checas dónde nació la cerveza pilsener. Disculpen mi evidente ironía, mi falta de emoción y ese punto de resquemor que me sale hoy. Debe ser lo desapacible del partido y que la lluvia todavía no se ha secado. Desapacible, si. Esa es la palabra.


Académica de Coimbra: La Briosa


Hace tiempo, andaba paseando la vista entre las infinitas emisoras absurdas que saturan el espacio televisivo cuando mi consciente reparó en un partido de fútbol de la liga portuguesa que por allí estaban emitiendo. El causante de que mi estado de letargo cerebral llegara en ese momento a su fin no fue un gol espectacular ni una jugada brillante porque, de hecho, el partido no había comenzado. Lo que llamó mi atención fue ver unos jugadores vestidos de riguroso negro que hacían un pasillo a otro jugador vestido del mismo color y al que de forma ordenada pateaban en el trasero durante su camino de ingreso al terreno de juego. Aquellos señores eran la plantilla de la Académica de Coimbra y en ese mismo momento reparé que detrás de ese escudo que portaban en sus camisetas, en forma de diamante y en el que se adivinaba una torre, debía existir una historia interesante. 

Coimbra es una ciudad portuguesa de interior, situada casi de forma equidistante entre Oporto y Lisboa, que aparte de ser cuna de varios reyes lusos es fundamentalmente la sede de la que durante muchos años fue la única universidad de Portugal y a su vez una de la más antiguas del mundo: la universidad de Coimbra. El 3 de Noviembre de 1887, un periodo en el que la monarquía portuguesa escribía sus últimos capítulos, un grupo de estudiantes de la universidad reunidos en el Colegio del Santo Apostol decidió fusionar dos asociaciones deportivas fundadas anteriormente en el entorno universitario (el Clube Atlético de Coimbra en 1861 y el Academia Dramática en 1837) para crear la Asociación Académica de Coimbra (AAC). Con el nacimiento de la asociación, de carácter polideportivo, nace también su sección futbolística (Secçao de Futebol) que hace que el Académica de Coimbra sea considerado uno de los equipos más antiguos de Portugal. Sin embargo el fútbol era entonces un deporte muy minoritario y la actividad de la sección se circunscribía básicamente al propio entorno universitario. Tal es así, que no jugarán su primer partido hasta 1912 (frente al Gimnasio Club de Coimbra) ya con el país luso convertido en una república desde dos años antes. En aquel primer partido inusualmente se vistieron las casacas blancas y pantalones negros que antecedieron al riguroso negro en camiseta y pantalón que acompañará al equipo posteriormente y hasta nuestros días. Una equipación que rinde homenaje a los trajes negros que habitualmente utilizaban para asistir a clase los estudiantes de la universidad de aquella primera época. 

Pocos meses después, el Académica de Coimbra entrará a formar parte de las competiciones oficiales que van surgiendo primero en la región y luego en el país. Así en 1938 se juega la primera edición de la copa de Portugal y el Académica no sólo está incluido entre los participantes sino que resulta vencedor. Hasta el año pasado ese fue el mayor éxito de la entidad en toda su historia. Una historia que pocos años después lo situará siempre en un segundo plano por detrás de los equipos de la capital y el emergente Oporto. Es sólo a finales de los 60 cuando alcanza su cénit consiguiendo un par de finales de copa y un subcampeonato de liga. 

Pero el Académica durante todo ese tiempo se convirtió en un equipo distinto, genuino y peculiar, de tradiciones severas, muy anclado en la vida universitaria y con unos códigos de honor que enseguida fueron desapareciendo del resto de equipos de fútbol. Su peculiaridad y carácter universitario hacia que ganara un gran número de adeptos repartidos por todo el país fundamentalmente entre los estudiantes que pasaban por Coimbra. La comunión entre equipo, universidad y ciudad era total. Hasta bien entrado el siglo XX sus componentes tenían que ser obligatoriamente estudiantes de la universidad y por supuesto se mantenía impermeable a los cantos de sirena del profesionalismo. Otra de las genuinas tradiciones del equipo, que se conserva hasta la actualidad, es el paseíllo al que hacía mención al inicio: el llamado Canelao. Todo jugador que se viste por primera vez la casaca negra debe pasar a través de un pasillo formado por sus compañeros que, uno a uno, irá pateando su trasero a modo de empujón. La tradición está basada en las novatadas que los estudiantes de la universidad aplicaban a los recién llegados. El espíritu y lema del equipo anteponía siempre el honor y los ideales académicos por encima de los resultados deportivos y eso provocó no sólo el carácter tan particular de la institución sino un estilo de fútbol creativo y vistoso que fue muy apreciado por los aficionados al fútbol. Esa forma tan particular de desenvolverse en el terreno que tenían los jugadores, da origen al apodo con el que se conoce a la institución coloquialmente: la Briosa. 

El 25 de Abril de 1974 se produce la Revolución de los Claveles que pone fin a la dictadura de Salazar y que transforma Portugal definitivamente en una república de derecho. Esa fecha, que hoy se celebra en todo el país luso con fervor, representa sin embargo un punto de inflexión en la historia del Académica hasta el punto de que algunos seguidores lo consideran su fin. Ya durante los últimos años de la década de los 60 el buen hacer del equipo puso a la institución en la ruta de los grandes equipos pero precisamente para mantener la competitividad tuvo que hacer ciertas concesiones al profesionalismo que no se entendieron en buena parte de los aficionados, que denunciarán a partir de entonces la práctica de usar “profesionales ocultos” (estudiantes que no lo eran y que cobraban por jugar). Este caldo de cultivo se va fraguando durante los años previos a la revolución en los que también se producen las primeras revueltas contra el régimen que tienen su foco precisamente en la universidad. El cambio político tiene finalmente un efecto fulminante en la AAC cuya dirección es tomada por la izquierda radical revolucionaria y siendo una de sus primeras acciones la extinción de la sección del fútbol bajo el pretexto del “vergonzoso” proceso de profesionalización que estaba sufriendo y su desvío de los principios del amateurismo que regían en la institución. Los miembros del equipo, tras recuperarse del estado de shock, deciden enseguida crear una nueva institución al margen, El Clube Académico de Coimbra (CAC), reclamando para sí el espacio administrativo dejado por su antecesor en la primera división. 

El nuevo CAC, desvinculado ya totalmente de la universidad, pretende seguir conservando las tradiciones de antaño pero rápidamente se ve convertida en una institución profesional al uso, lo que provoca una falta de identidad en la institución que se ha arrastrado hasta nuestros días. Los resultados del equipo son además bastante mediocres a partir de ese momento (prácticamente se convierte en un equipo ascensor) lo que provoca un descenso notable en el número de aficionados y en la empatía que es capaz de provocar en el mundo del fútbol y sobre todo en la propia ciudad. En Coimbra se va a dar cada vez más el triste fenómeno de que los aficionados al Académica lo son antes de uno de los grandes (Oporto, Benfica o Sporting), algo que no era mayoritario en años anteriores. Por si la situación no fuese ya de por si negativa, a partir de entonces el club va a arrastrar periódicamente constantes problemas financieros generados por el descenso de socios y el abandono de la universidad. 

A partir de los años 80 surge una corriente que trata de reconciliar a la institución con su historia y para ello se pone la primera piedra con la firma en 1984 de un acuerdo entre el club y la AAC para que nuevamente vuelvan a estar vinculados equipo y universidad. Aun así, para evitar problemas internos en la asociación y sobre todo dado el carácter ya totalmente profesional del club de fútbol, se decide que éste sea un organismo totalmente autónomo de la asociación estudiantil. De ahí que el actual nombre sea: Associaçao Académica Coimbra - Organismo Autónomo de Futebol (AAC – OAF). Pero la situación no ha sido muy brillante tampoco a partir de entonces sucediéndose descensos y ascensos de categoría y manteniéndose patente esa lucha interna entre profesionalismo y tradición que nunca se terminó de resolver. Puede que el título de copa obtenido el año pasado frente al Sporting de Portugal (y que es lo que les da permiso para jugar este año la Europa League ya que en liga terminaron en un pobre décimo tercer puesto) suponga un nuevo punto de inflexión para una institución distinta e histórica. Hoy hablamos de un equipo que hace décadas desde que ganó por última vez un partido en competiciones europeas. 

Cabe destacar que la AAC tiene también hoy una sección de fútbol completamente amateur, compuesta exclusivamente por estudiantes o antiguos estudiantes y que juega en las categorías inferiores de Portugal. Hay una parte de aficionados al fútbol que reclaman para esta sección la herencia del histórico Académica de Coimbra previo a 1974.