Muchas gracias a todos los que os habéis pasado por aquí durante todos estos años.

Puedes encontrarme en www.enniosotanaz.com o enniosotanaz@hotmail.com

¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Villarreal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Villarreal. Mostrar todas las entradas

Se busca

Sé que acaba de comenzar el otoño y que ni siquiera hemos tenido que desempolvar las chaquetas del armario. Es cierto que esto no ha hecho más que comenzar y que los motivos para ilusionarse con el Atleti 2015/2016 están intactos, pero sería ingenuo no asumir que desgraciadamente el verano hace semanas que ha terminado. Que ya no queda tiempo para estar probando y que necesitamos dejar de soñar con lo que pasará, porque, entre otras cosas, ya está pasando. La Champions es una exigente realidad y la liga empieza a ser ese certero tamiz que clasifica a sus equipos en zonas concretas de las que luego será muy difícil salir. El Atlético de Madrid acaba de perder justamente en el Madrigal y aunque seguimos a una distancia prudente de la cabeza y una derrota concreta, frente a un excelente equipo en horas altas, no debería suponer nada, la forma en la que ocurre, como última etapa de una tendencia que viene de lejos, me resulta inquietante. 

El equipo de Simeone ha perdido en Villarreal sencillamente porque ha sido peor. Porque entró peor en el partido, porque no supo contrarrestar la presión ni el juego de los castellonenses y porque el equipo colchonero no fluye. Pelea, defiende, se sacrifica y corre como el que más pero no fluye. El centro del campo, lejos de ser clave, parece ser un mal menor y el resto del líneas no son capaces de conectar cuando el equipo rival presiona y/o juega cerrado. Nada nuevo bajo el sol. El resumen de partido es muy sencillo. Los dos equipos salen a tumba abierta pero el Villarreal se impone por la simple razón de que su trato del balón es mucho mejor. Lo es porque Bruno (¡qué jugador!) y Trigueros defienden tanto como sus rivales pero además juegan y hacen jugar. Enfrente, Gabi y Tiago cumplen con creces la tarea defensiva pero se ahogan en la faceta creativa. Especialmente el capitán, que es quién debería asumir ese papel (Tiago, entre centrales, es más stopper). Nadie ayuda en esa tarea. Óliver sigue tímido y su poca valentía para tomar responsabilidad en el juego le hace parecer un jugador mediocre. Saúl se pierde en banda (mucho mejor luego en el mediocentro). La superioridad en la medular y ciertos desajustes entre líneas (para mí motivados por tanta rotación) hicieron que los levantinos se pusieran por delante en el marcador (buen gol de Baptistao) y ahí se acabó el partido. Como tantas veces ha ocurrido con los protagonistas cambiados. El Villarreal cerró filas y cedió el balón para que el Atleti, sudando tristeza y desazón en cada pase, no supiese que hacer con él. La segunda parte fue un canto a la melancolía en el que pudimos observar la peor cara de un equipo sin ideas, sin recursos, sin ánimo, sin duende y lo que es mucho peor: sin fútbol. 

El Atleti no fluye. Las malditas rotaciones han hecho que Simeone no haya repetido equipo en lo que va de temporada lo que, para mí, es un error. Los jugadores que hacen buen papel vuelven rápidamente al banquillo y los que no han hecho nada siguen ocupando incomprensiblemente la titularidad. Supongo que todo obedece a una plan estructurado para barajar los egos y mantener alto el espíritu pero no lo veo y a mí, desde fuera, no me gusta. El equipo debería pivotar sobre una forma de jugar y el mejor once posible (¿quién no recuerda el once titular de las dos últimas ligas?). Ese once no está. No lo veo. Todos tenemos o intuimos uno en la cabeza pero ese no vale. El que vale es el de Simeone, pero en la puerta del vestuario parece existir un cartel virtual que reza: “se busca once titular”. 

No creo que sea justo ni sensato tampoco cargar las tintas en los nuevos fichajes pero reconozco que lo están poniendo difícil. La totalidad de ellos, a excepción de Correa, se sitúan, de momento, entre la anécdota y la decepción. Carrasco y Savic son todavía nombres por descubrir. Vietto está siendo absolutamente irrelevante. Jackson, además de irrelevante, transmite unas sensaciones pésimas. 

Pero yo vuelvo a lo mío. La última entrada en este mismo blog antes de las vacaciones hablaba de la ilusión que representaba escuchar a Simeone hablar de bajar a Koke al mediocentro. Lo entendía como una metáfora de una cambio en la forma de jugar, incluso en el sistema, que renovase una línea cargada de años y escasa de recursos. Falsa alarma. Varios meses después estamos donde estábamos. Peor, en realidad. Más años en las piernas, un efectivo menos (Mario Suárez) y la promesa de algo que está por ver lo que será. Cualquier opción de modificar el mediocentro ahora mismo (Saúl, Koke o Kranevitter cuando venga) será improvisada y eso siempre es un problema en un equipo tan mecánico y trabajado como el Atleti. 

Insisto, de momento son sólo tres puntos. Toca reflexionar, sacar conclusiones, aprender, adaptarse, apretar los dientes y remar. Somos el Atleti y Simeone (tiene narices tener que repetirlo) tiene crédito más que suficiente. No soy pesimista pero estoy preocupado. Viene el Madrid, sí pero eso me da igual. Ni eso ni lo que ocurrió contra el Barça es (ni será) significativo para mí. Se gane o se pierda. Son partidos especiales que se juegan de otra forma y con otras componentes. La realidad cotidiana, la que te hace ser campeón, está en otro sitio y sigue con el cartel de “Se busca” colgado en la pechera.

@enniosotanaz

Conclusiones tras el Madrigal

Ganadores. Los más jóvenes del lugar, o los que se han destrozado el cerebro a base de periodismo deportivo caducado, no lo recordarán pero hubo un tiempo en el que el objetivo del Atleti no era quedar tercero en la liga o ganar la Champions sino “hacer un buen papel”. ¿Lo recuerdan? Lo decían jugadores, entrenador y presidente. El Atleti parecía ser un pobre verso libre cuyo desempeño en el césped no se correspondía (ni por lo visto tenía por que corresponderse) con lo que apuntaba su presupuesto y su historia. Una parte de la afición colchonera (con el apoyo cómplice de los medios de comunicación, claro) llegó a celebrar una cuarta posición, conseguida in extremis tras una temporada de asco, como un verdadero título. ¿Recuerdan? Otra parte de esa misma afición llegó incluso a ilusionarse con la segunda llegada del ínclito Gregorio Manzano, agarrándose con ardor a esa campaña de los medios (siempre en su sitio) que vendía la experiencia anterior como "fantástica" dado que sólo el gol average de la última jornada nos había dejado fuera de Europa. ¿Recuerdan? La fragilidad cerebral del aficionado al fútbol nunca ha sido prodigiosa pero parece menguar según pasan los años. Gracias a Dios todo esto ha cambiado. Para bien. El Atleti que saltó ayer al Madrigal, independientemente de su forma física, estado anímico, capacidad de juego, carencia de gol, desequilibrios tácticos, falta de verticalidad y lo que ustedes quieran, lo hizo para ganar. Sin peros. Ni buena imagen, ni un puntito, ni historias. A ganar. Como sea. Eso, señoras y señores, es lo más importante. Al menos lo es para mí, que tuve que sufrir con dolor y diarrea, esas épocas “gloriosas” en las que “todo el mundo” aceptaba que mi equipo fuese una simpática comparsa. Los mismos periodistas que nos animaban entonces a celebrar una cuarta plaza son los que ahora nos exigen ganar la liga y la Champions, catalogando de sonoro fracaso no hacerlo. Ustedes verán lo que hacen y lo que quieren pensar pero basta poner los datos sobre la mesa y abrir un poco el objetivo para darse cuenta de lo obvio. 

Cansancio. Noto al equipo cansado. Pero más por una cuestión anímica que por algo físico que, sinceramente, no veo. Es como ese tipo educado que está en una fiesta que ya no le interesa para nada pero que, estando muerto de sueño y con unas ganas terribles de irse a su casa, es capaz todavía de mantener dignamente una conversación coherente. La temporada ha sido larga (tres competiciones peleando hasta el final) y dura (8 partidos contra el Madrid, 4 contra el Barça, Supercopa, Copa, Champions,…). Jugadores y cuerpo técnico han tenido que soportar también una inusitada y desproporcionada presión adicional, externa e interna, que en algún momento deberíamos analizar para intentar no autodestruirnos. Encima, tampoco han tenido demasiada suerte en momentos puntuales. Todo eso se tiene que notar y es normal que aparezca ahora que los objetivos golosos se han disipado. Todo cuesta más. Frente al Villarreal el equipo hizo un gran esfuerzo por mantener la concentración, la pasión y su característica intensidad pero la gasolina se está agotando. Los partidos que vienen van a ser terribles en este sentido y probablemente el efecto será cada vez más evidente. Me asusta pero confío en el equipo. 

Portería y Delantera. Durante muchas fases de la temporada había llegado a estar convencido de que la gran diferencia de este equipo con el del año pasado estaba en la portería. Creo que me equivocaba. Una inoportuna lesión a principio de temporada y una mala tarde en El Pireo condicionaron el futuro de la meta colchonera, pero a estas alturas de película da la sensación de que la portería está en buenas manos. Los últimos partidos de Oblak han creado suficiente certeza como para pensar que será (es) un portero más que solvente y que tenemos motivos para soñar con que se ha solucionado un problema que parecía irresoluble. El despunte de Oblak da todavía más valor a la temporada de un Moyá cuya titularidad es más valiosa sabiendo a quién tenía detrás. Al final, el verdadero problema estaba arriba. El Atleti 2014/2015 no tiene pegada, es obvio, y fundamentalmente no la tiene porque tampoco tiene delantero centro. Nuestro máximo goleador es un segundo punta francés en estado de gracia porque no tenemos un 9 a la altura de las exigencias. Quedan 4 partidos así que yo creo que ya lo podemos decir. Mandzukic no ha estado a la altura en ningún momento (llegó sólo a estar a punto) e intuyo que ya no lo va a estar. No sé si es una cuestión de calidad personal, de tipo de juego, de estado de forma o de adaptación al sistema pero en el fondo me da igual. No funciona. Es lo que hay. Que Raúl Jiménez formase parte de esta plantilla debería entrar en la categoría de milagro o de Expediente X. No merece mayor desarrollo. Y luego está Torres, un jugador al que es muy difícil juzgar sin la enorme carga emocional que tiene para la mayoría de colchoneros. Para mí sigue sin estar bien (está mal de hecho). Es cierto que no se le puede poner un pero a su compromiso y entrega pero creo que tampoco se le puede poner a Mandzukic o a Raúl Jiménez. Dicho esto, creo que ahora mismo debe ser el titular. Es cierto que le falta desborde y que ha fallado muchos goles pero también ha demostrado que puede meterlos (el de ayer es prodigioso y además se lo fabrica él solo). Como mínimo ha generado ocasiones de gol, cosa que no se puede decir de un croata que no remata a puerta desde que el futuro Balón de Oro, Chicharito, jugaba en el Guadalajara. 

Juego. El juego del Atleti es malo. Poco brillante y carente de ideas. No creo que sea una cuestión de colocar la defensa más arriba o más abajo sino de falta de grasa. De ausencia de frescura y seguramente de escasez de talento. El lateral izquierdo es un problema, por mucho que la actuación de Gámez sea más que digna y de un mérito tremendo. Es una limitación a la hora de atacar al rival en un equipo ya de por si limitado. La lentitud de ideas en los mediocentos es un problema generacional del que ya hemos hablado pero es que además (sobre todo) Arda y Koke están muy lejos de su mejor versión. Sin ellos, el Atleti pasa a ser un equipo demasiado parecido a sus rivales y todo cuesta el doble. Aun así me gustaría destacar que el Atleti jugó contra el Villarreal en campo contrario y tuvo el balón tanto como su rival (en la primera parte bastante más, incluso). Eso no significa nada (lo sabemos bien), pero lo digo por todos esos “analistas” que solo ven al equipo cuando juega contra el Real Madrid o el Barça y asumen que esa es la forma habitual de jugar. No, queridos. Levanten la vista del ombligo y descubrirán ahí fuera un mundo nuevo y fascinante. 

Quedan 4 partidos. 4 finales. Dejemos a los jugadores jugarlas en paz y juguémoslas nosotros fuera como ellos. Con orgullo, con dignidad, partido a partido y olvidándonos de los cantos de sirena del ejército de la caspa que intentará acelerar la realidad y tratará de poner los focos (y el veneno) en su propia miseria y en ese partido de la penúltima jornada que pretenden jugar sin tener que hacerlo. No seamos tan mediocres de caer en el engaño.

Querido Sancho...

At. Madrid 0 - Villarreal 1

“La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde”

La noche en la que el Club Atlético de Madrid perdió frente al Villarreal es una de las noches más tristes que recuerdo en el Vicente Calderón. Será una noche que probablemente sitúe un hito en el camino de la historia colchonera y que marcará un antes y un después. Es la noche en la que triunfó el sistema sobre la pureza del ingenuo. El momento cumbre de un fenómeno mediático que venía gestándose en las mesas de redacción y los canales de comunicación que manejan los magnates del fútbol. esos que, de forma torticera, viven de esto. La victoria del poder organizado y poderoso frente al caos desubicado de los que sólo saben defenderse con los sentimientos. El éxito del dinero fácil. De la intolerancia. De la ruindad. Del pensamiento único. Del rodillo. De la mediocridad. De ellos.

"Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces."

No hubo partido. No existió. Lo que ocurrió en el césped fue un ejercicio de filibusterismo producido por el sistema, guionizado por los estómagos agradecidos que viven del cuento, manipulado por personajes de siniestra catadura moral y repugnante fondo cívico como el tal Marcelino, pero ejecutado finalmente por un colegido miserable (sí, miserable) de cuyo nombre no quiero acordarme. No hay más. Me niego a hablar de árbitros en clave de errores humanos. Me niego a rebajarme al análisis de jugadas puntuales o apreciaciones separadas del contexto que efectivamente pueden ser simplemente fruto de la mala suerte. Llevo siete años escribiendo en este blog y nunca lo he hecho así que no voy a empezar ahora. Hay buenos y malos arbitrajes. Hay buena y mala suerte. Mejores y peores tardes. Hay decisiones afortunadas y desafortunadas, pero lo que el representante del colegio arbitral ejecutó sobre el césped del Manzanares fue otra cosa que se parece mucho más a un depurado ejercicio de patriotismo. De fidelidad y obediencia debida a un monstruo grasiento y poderoso que, al fin y al cabo, dirige su destino y lo da de comer. Ni siquiera se le vio afectado (todo lo contrario) consciente de saber que no estaba solo en la empresa. Docenas de plumillas y ladradores con salario lo protegían desde las cabinas de prensa y otros cientos de soldados de mayor rango, la inteligentzia mediática, le protegerían después con explicaciones gráficas y argumentos peregrinos. El contexto es lo suficientemente robusto como para que no existan fisuras. No puede haberlas en las dictaduras. No hubo partido. No existió, así que sería absurdo hablar de fútbol en ese contexto. Que lo hagan los que comen de la mentira o los que defienden su chiringuito de fama. Yo no. El partido estaba ganado por Marcelino 24 horas antes en una vomitiva rueda de prensa, auspiciada, protegida y alentada por las fuerzas vivas de “la mejor liga del mundo”. El partido estaba ganado (o perdido) antes de jugar.

"El hacer bien a villanos es echar agua en la mar."

La cacareada expulsión del Frente Atlético ha provocado, de forma incomprensible, el cisma entre la afición. Ingenuamente pensé que el momento serviría exactamente para todo lo contrario pero nada más lejos de la realidad. Personalmente entendía dicha expulsión como una oportunidad estupenda para reivindicar a esa inmensa mayoría de habitantes del Fondo Sur que nada tiene que ver con la violencia o sus derivados. Ese grupo de gente, aficionados normales como yo, que suponen una de las vísceras más importantes del estadio. Era el momento de dar un paso al frente, de depurar minorías corrosivas que quitan más que dan y de demostrar al mundo lo que de verdad es el aficionado al Atlético de Madrid. No ocurrió nada de eso. Los miles de aficionados que entraron en ese Fondo Sur por alguna razón entendieron que la decisión del Club era una especie afrenta personal y decidieron situarse al margen del equipo y del resto del estadio. En silencio. Intentando demostrar no sé exactamente qué, pero seguramente consiguiéndolo. El ambiente era raro. Muy raro. El resto de aficionados del estadio intentaban de algún modo tapar el atronador silencio que planeaba sobre el terreno de juego pero la falta de organización, la incomodidad del momento y la falta de costumbre hacía que el resultado no fuese satisfactorio. En el fondo sur no se decía nada más allá de tímidos aplausos que sarcásticamente aplaudían los errores arbitrales y algún que otro reclamo de derechos de autor sobre las canciones que normalmente suenan en el coliseo rojiblanco. Todo muy surrealista. Todo muy triste. Lejos de lo que ocurría en el terreno de juego, Fondo Sur y Resto del Estadio se dedicaban a echarse en cara no sé exactamente qué, tampoco. Mientras que los verdaderos violentos estaban seguramente en algún lugar a muchos metros de distancia del Vicente Calderón la grada del estadio se desangraba quedándose sin corazón.

“Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.”

Abandoné el estadio con la sensación de que nos habían derrotado. No el Villarreal (eso son sólo tres puntos), sino el sistema. Ese poder en la sombra al que pone cara el poder mediático. La brutal campaña de acoso y derribo que ha sufrido el equipo ha sido tan exagerada como nauseabunda, pero esos constantes intentos denodados (y violentos) por desestabilizar al Atleti y su entorno por fin han acabado dando sus frutos. Un trabajo pulcro y concienzudo que además ha necesitado la colaboración formal de todos y cada uno de los medios de comunicación que, como una engrasada máquina de matar, han actuado al unísono a la hora de marcar la tendencia entre los seres vivos. Ser aficionado colchonero se había convertido no ya en una cuestión de consumir o no consumir sino de tener directamente tener que abandonar el país o doblar el espinazo ante la fe única. Bien, lo han conseguido. Es la sensación con la que me quedo. El caballo de Troya está dentro. El enemigo ha invadido la intimidad clandestina que nos protegía y se está recreando en la ejecución de una violación no consentida.

“Yo soy de parecer que el pobre debe contentarse con lo que hallare, y no pedir cotufas en el golfo.

Malos tiempos para la lírica, que diría aquel. Los augurios no son nada halagüeños para el aficionado a las rayas rojiblancas que si antes, cabalgando la elite deportiva, tenía que sobrevivir entre las toneladas de estiércol que a diario arrojaban sobre él, ahora tendremos que pelearnos entre nosotros, como doncellas desnudas en una charca de barro, para regocijo de los mismos generadores de detritus. Perdidos, enfadados, desorientados y tratando de buscar el equilibrio en un escenario terriblemente  hostil y diseñado por gentes de mucho poder, mucho dinero y muchos más recursos. Mientras tanto la cabeza dirigente, los prescritos Gil y Cerezo, por supuesto ni están ni se les espera. Personalmente creo que los aficionados al Atleti (y el Atleti en sí mismo) sólo tiene una vía de salvación que pasa por estar juntos. Siempre ha sido el único resorte que los enemigos no han podido alcanzar y por el que perdían el sueño. El elixir que nos hacía poderosos. A pesar de todos los pesares siempre estábamos ahí, como una roca. Frente a la incomprensión de los espectadores ajenos y la rabia contenida del que cabalga a lomos del caballo ganador. ¿Cómo podéis ser del Atleti?, nos decían. Pero han logrado alcanzar ese resorte también y lo están destrozando a dentelladas. Está en nuestra mano que lo consigan o no. O puede que ya ni siquiera.

"No andes, Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo desmalazado."



The nerve

At. Madrid 1 - Villarreal 0

En 1939 la Metro-Goldwyn-Mayer decidió adaptar al cine una fábula infantil escrita a finales del siglo XIX, para transformarla en un original musical que primero fue un gran éxito y luego una referencia casi de culto. Se llamaba El Mago de Oz. En la trama, supuestamente infantil, una muchacha perdida en un misterioso mundo de fantasía buscaba llegar hasta El Mago de Oz, como forma de poder volver a su casa de Kansas. En el camino se encontraba con varios personajes que le acompañan en la búsqueda, todos ellos con algo que reclamar al mago, siendo uno de ellos un león cobarde que buscaba valentía. Con ese concepto me quedé durante muchos años hasta que, ya de mayor, fui capaz de entender las canciones originales en inglés. Fue entonces cuando descubrí que lo que aquel león pedía en la canción no era valentía (bravery) sino otra cosa: The nerve. No soy un experto lingüista (y si alguien lo es que me corrija) pero creo que no existe en castellano una traducción exacta para ese concepto. Algún traductor barato o algún político patrio, de esos que dirigen los designios de este país, lo traducirían como “el nervio” pero créanme si les digo que no tiene nada que ver. Pero aunque no existe esa palabra en nuestro idioma deberíamos encontrarla porque eso, como quiera que se llame, es exactamente lo que tiene este Atleti. La sustancia de la que se alimenta a diario y el motivo por el que a estas alturas de la temporada estamos no sólo codeándonos con la élite, sino subidos en su misma cúspide. En palabras de un amigo inglés The Nerve es una mezcla asimétrica de coraje, valentía, constancia y control bajo presión. No me digan que no encaja perfectamente con lo que llevamos viendo desde agosto.

El partido de esta tarde en el Calderón no ha sido bueno ni va a suponer un ejemplo de buen juego o de gran fútbol. Ha sido feo, áspero, aburrido y muy complicado. Pero son tres puntos exactamente iguales que los tres puntos de otros partidos memorables. No soy un tipo resultadista y en esta misma bitácora me he cansado de criticar a esos entrenadores cobardes que en el mismo banquillo que ahora ocupa Simeone, se agarraban a ese clavo del resultado para disfrazar su negligencia como gestores técnicos. Esto es diferente. No luchamos por ser séptimos y jugar la Inter Toto. El Atleti no ha llegado donde está jugando como hoy sino siendo un equipo. Cambiando de registro cuando hacía falta, plantando cara a todos y sobre todo jugando al fútbol. Sí, jugando al fútbol. Que no nos traten de engañar esos cantos de sirena que vienen de supuestos rapsodas del fútbol, vendedores de crecepelo, que aupados en su mediocridad pretenden simplificar el fútbol en dos únicas formas de manejarse en el campo. Esa estúpida y gratuita ley no escrita que dice que todo lo que no sea jugar como el Barça es como rebozarse en el barro. No es así. Esto es mucho más complicado. Aunque tengo que confesarles que a estas alturas de película, a falta de seis partidos y estando donde estamos, el debate sobre si se juega o no se juega bien ya me supera. Vamos, que me da igual.

El partido comenzó con un Vicente Calderón repleto de niños en la grada. Las nubes se alejaban de la zona y un sol primaveral pero abrasador iluminaba el coliseo. El ambiente era fantástico, pero el Atleti no tiene buenas referencias de tardes festivas con este mismo tipo de ambiente. En el campo los dos equipos se colocaban bien desde el principio, plantando los ejes sobre los que se desarrollaría después el partido. Los de Marcelino muy bien organizados en 30 metros, cerrando la salida del rival y tocando con velocidad en campo contrario, cada vez que tenía ocasión, sin arriesgar nada. El Atleti tratando de dominar el partido sin perder el rigor defensivo y tampoco arriesgando en exceso. Según pasaban los minutos los castellonenses se sentían fuertes ante la incapacidad del rival para hacer peligro pero seguían sin estirarse. Enfrente el Atleti echaba de menos a sus bajas. La movilidad constante de Costa se cambiaba por el juego estático y pobre de Villa. Mucho menos poderoso jugando en vertical, con el balón en los pies seguía también siendo incapaz de escaparse de nadie. Flojísimo partido otra vez del guaje. La ausencia de Gabi era sin embargo más notable todavía. No sólo añoramos el liderazgo en el campo y esa prodigiosa coordinación de la presión, sino que su ausencia ocasionó el retraso de Koke al mediocentro y por tanto una baja importante en los tres cuartos. Baja acusada todavía más con la falta de Arda y la presencia de un Cebolla que ha vuelto a demostrar que no merece la titularidad y que de hecho, su rendimiento esta temporada no se corresponde con la cantidad de minutos que le han concedido. La falta de ideas de los colchoneros, la poca velocidad en la circulación, el juego estático en los tres cuartos y la falta de ambición del Villarreal hicieron que la primera parte fuese básicamente soporífera. Una rutina pastosa y aburrida que sólo se vio interrumpida por el enésimo gol de Raúl García de cabeza tras saque a balón parado. Un gol que a la postre sería todo y daría los tres puntos.

Pero si la primera parte fue aburrida la segunda fue todavía peor. Con un bagaje ofensivo del Atleti ciertamente paupérrimo (sólo recuerdo un tirito de Villa), la mínima estirada de los de amarillo hizo que el conjunto colchonero, con muestras preocupantes de cansancio, entrase en modo defensa y que con bastantes minutos por delante, decidiesen pensar únicamente en defender el resultado. Fueron 25 minutos de nervios, agobios y estados anímicos alterados. Mientras en el césped el Atleti se perdía y el Villarreal se encontraba, en la banda Simeone se erigía en un improvisado director de orquesta del pueblo para, a modo de Von Karajan, dirigir los cánticos del graderío. Era consciente, como lo éramos todos, de que el equipo lo estaba pasando mal, que no tenía más que ofrecer y que había que morir con las botas puestas. Los de Marcelino trataron de llegar a puerta pero la realidad es que apenas tuvieron ocasiones tampoco. Lo más peligroso fue un rechace del Alderweirdeld que a punto estuvo de colarse en la red de Courtois.


Pero no lo hizo y el Atleti duerme una noche más como líder absoluto de la liga española. No suena mal. No suena nada mal. Quedan 6 partidos y aunque nadie parezca haber reparado en ello, y por supuesto la prensa oficial tampoco lo hará, matemáticamente estaremos el año que viene en la fase de grupos de la Champions League. Quién podría decirlo a principio del torneo. Qué siga la fiesta.  

Propia medicina

Villarreal 1 - At. Madrid 1

El Atlético de Madrid ha conseguido hoy un punto que no mereció en un mal partido, probablemente el peor de lo que va de liga, frente al mejor rival con el que se ha enfrentado desde que empezó a rodar el balón allá por el verano. Esa es al menos mi humilde opinión. Ahora podemos ponernos a buscar fisuras, descosidos, problemas y errores en nuestro equipo. Los hay, sin duda, pero creo que todo lo que podamos decir tendrá bastante que ver con el rival. Y es que a veces olvidamos que no estamos solos en esto. Se nos va de la cabeza el equipo que somos, de dónde venimos y también cómo hemos llegado hasta aquí. Construyendo un equipo de la nada y a base de trabajo, inteligencia y hacer las cosas bien hechas. El Villarreal ha empatado hoy un partido que mereció ganar haciendo precisamente eso. Superando las dificultades con ingenio, fútbol y entrega generosa. Haciendo un gran partido y jugando muy bien al fútbol. Eso que tantas veces nos ha servido a nosotros. Hemos tenido que beber de nuestra propia medicina y quizá eso sea algo a lo que no estemos acostumbrados pero que nos puede venir bien.

Pero el partido tiene más lecturas. Comenzó de forma inmejorable para los de Simeone. Un gran desborde por la banda de Juanfran (de los mejores del equipo colchonero) consigue colocar un buen balón en el centro del área que Koke intenta rematar y Mario mete en propia puerta. Todo se ponía de cara para los rojiblancos pero en los minutos siguientes ocurrieron varias cosas que fueron claves para el partido. En primer lugar la ambición del Villarreal. Un equipo por el que siempre he tenido simpatía. Por su forma de construirse como club, por su forma de plantear el fútbol y por su desempeño dentro del campo. A pesar de una afición que quizá este demasiado empapada con ese desagradable síndrome del “nuevo rico” que no le sienta nada bien, el Submario Amarillo es un ejemplo en muchos aspectos. A base de balón, coraje y fútbol, aupados sobre todo en ese mediocentro excelente que se llama Bruno, los jugadores de Marcelino se fueron a por el partido y se lo quedaron. Enfrente el Atleti aparentaba mostrar su habitual cara en estas ocasiones pero  era un espejismo. La tradicional presión brutal de los madrileños no era tal. En parte por el buen manejo de balón y la intensidad local, en parte por la falta de intensidad y desequilibrio visitante. El Atleti empezó entonces a mostrar ciertas inseguridades atrás, con un Insúa nulo en ataque y flojo en defensa y un Alderweireld aparentando solvencia pero mostrando dudas. Tiago, mucho mejor cuando el equipo domina los partidos que cuando tiene que defender, se veía desbordado y Gabi tampoco daba a basto. Koke trataba de echar un cable en defensa pero se le veía especialmente espeso. Como perdido. Eso le penalizaba la fase creativa y aparecía muy lejos del balón, lo que acrecentaba el problema. Al Atleti no le duraba nada el balón en los pies. Con Koke perdido, Raúl García volvió a recordar al eterno Raúl García. Ese jugador incapaz de sacudirse la presión y dar un pase en condiciones en el momento adecuado. Arriba Diego Costa, perdido en el juego, volvió a mostrar su cara más desagradable. Villa, otra vez, ni está ni se le espera. No entiendo ese empeño de Simeone en seguir jugando con dos puntas en los partidos de fuera, sobre todo con un Villa en ese estado. No aporta nada en ataque y con él perdido arriba el centro del campo se resiente. La primera parte fue todo un acoso del equipo castellonés frente a un Atleti absolutamente carente de fútbol, de juego y de creatividad. Justo lo que era necesario para quitarse la buena presión y el empuje del rival. Aún así el 0-2 podría haber llegado perfectamente antes del descanso si el árbitro ve un claro penalti a Villa cuando estaba a punto de rematar de cabeza otro pase excelente de Juanfrán. 

Uno, que está mal acostumbrado a la magia del Cholo Simeone, estaba convencido de que el descanso sentaría bien al equipo madrileño y que la segunda parte presentaría una cara muy diferente. Nada más lejos de la realidad. El partido siguió exactamente por los mismos derroteros o incluso peores. El Villarreal asentado en su empeño por llevarse el partido y el Atleti hundido en esa versión tristemente especulativa y carente de recursos. Cualquiera podía ver que el gol del equipo de Marcelino estaba a punto de caer pero el Atleti aguantó, achicando agua y generando poquísimo fútbol, bastante más de lo esperado. Por un momento llegó a pasar por las mentes colchoneras el espejismo de que se podían acumular tres puntos más, pero por una vez hubo justicia en el fútbol y el Villarreal empató en la enésima llegada que tuvo. Perbet entró al área tapado muy mal por Tiago, Alderweireld que se lo come (acrecentando esa leyenda que dice que defender en Holanda no es defender en España) y el pase de la muerte que dio a Uche es metido en propia puerta por Juanfrán.

La salida al campo de Arda puso un poco más de claridad al juego colchonero y a mí me surgió la duda de por qué el turco no había salido antes. Un gran pase suyo a un Villa que se quedaba sólo es desbaratado por un Insúa, que la primera vez que se suma al ataque es para molestar. Pero la realidad es que el Villarreal seguía llegando y queriendo ganar mientras que el Atleti había despertado demasiado tarde. El partido terminó en empate y creo que los colchoneros podemos darnos con un canto en los dientes.


Simeone, ante una pregunta impertinente de uno de esos periodistas que equivoca su lugar en este negocio, dijo que al equipo no le había faltado ambición hoy, sino que lo que le había faltado había sido creatividad y calidad para contrarrestar el juego del Villarreal. No puedo estar más de acuerdo. Me temo que una vez más el discurso de los huevos y la testiculina no funciona en este caso. Lo que hoy ha faltado es fútbol. Pero prefiero terminar repitiendo lo que acabo de colgar en Twitter: seguimos segundo en la liga. Crítica constructiva, sí. Cenizos catastrofistas, no.

Último cigarrillo

Una frase típica de entrenadores malos y perdedores es esa que dice que no hay que juzgar la labor de un proyecto hasta que se llega al final. Jamás he estado de acuerdo con ello y no voy a empezar ahora. Me parece una solemne estupidez que puede tener sentido en ciertos casos pero no siempre. Si un estudiante no da ni chapa durante todo el años es absurdo esperar al cero de septiembre para decir que es un vago. De hecho es mejor asumirlo cuanto antes para intentar cambiarlo. Me niego a pensar que el proyecto deportivo del Atlético de Madrid 2011-2012 sería uno u otro dependiendo de si el Sporting de Gijón mete o no mete un gol hace un rato. Si lo piensan es absurdo. 

Ya tendremos tiempo de juzgar con argumentos la temporada del Atleti pero les adelanto que para mí no merece otro calificativo que lamentable. Y si, ni Europa League ni otras historias pueden hacerme olvidar que hemos quedado quintos en una temporada en la que el tercer puesto (no digo ya el cuarto) ha estado más barato que nunca. El diseño del proyecto fue horroroso (suponiendo que hubiese diseño que yo pienso que fue todo pura improvisación), la elección de Manzano un error catastrófico que además se veía venir porque llovía sobre mojado, la confección de la plantilla un ejercicio de ingeniería de la comisión que dio como resultado un equipo con calidad en algunos sitios pero treméndamente desequilibrado en otros y sólo la contratación in extremis del Cholo Simeone consiguió poner un tapón que cerrase el desagüe por el que se marchaba todo. 

Pero aquí estamos. Finalizada la liga y en esa quinta posición que no vale para nada. Tras un partido en el madrigal de Villarreal que sirve para poner a los castellonenses en segunda lo que me produce una tristeza tremenda ya que tengo el mejor de los conceptos por la propuesta deportiva de este modesto equipo. Una pena que espero que resuelva en tan sólo un año. ¡Ánimo! 

El partido fue un nuevo ejercicio de solidez y profesionalidad del equipo de Simeone. El Cholo salió con todo lo que tenía y en seguida se puso a dominar el partido sin que en ningún momento pareciese que la plantilla estuviese cansada por las celebraciones. Enfrente un Villarreal muy nervioso, más pendiente de no encajar goles que de tratar de desplegar su fútbol. El dominio Atlético no se tradujo en goles y poco a poco se fue diluyendo frente al empuje levantino que consiguió meterse en el partido. Aun así el verdadero triunfador de la primera parte fue el aburrimiento que se apoderó de todo y de todos. Dos equipos contenidos y colocados que dejaban pasar los minutos. 

Al descanso el resto de partidos estaban con el mismo marcador de cero-cero. La sensación era que empezaría a tomar color cuando alguien rompiese el equilibrio y ocurrió al poco de comenzar la segunda parte cuando el Zaragoza marcó en Getafe y el Málaga en su estadio. Por pura lógica esto debería haber espoleado al Villarreal y atenuado al Atleti pero ocurrió exactamente todo lo contrario. El Atleti se hizo definitivamente con el partido mientras los amarillos se perdían en su propio nerviosismo. Las ocasiones llegaban por parte madrileña cada vez con más peligro hasta llegar a la cima que supuso un remate de Filipe Luis al larguero. La grada se mordía las uñas y los aficionados al fútbol nos preparábamos para un final de liga apasionante. 

Entonces apareció el cabezazo espectacular de Falcao tras un córner que ponía el 0-1 y el estadio se quedó helado. Seguían estando en primera pero a expensas de lo que ocurriese en vallecas dónde Rayo y Granada empataban a cero. Con el tiempo casi concluido Tamudo marca en vallecas lo que dejaba en segunda al submarino amarillo que es lo que finalmente ocurrió. Un gol del Sporting en ese momento hubiese puesto al Atleti en Champions pero puede que no hubiese sido justo. De todas formas, ¿desde cuando el fútbol es justo? 

Fin de fiesta. Esta todo dicho. El fin de esta historia es simplemente el principio de la siguiente que vendrá enseguida y que hará olvidarnos de todo. O no. ¿Quién sabe? Fútbol es fútbol, que diría el maestro. 38 jornadas. 38 canciones. Es la hora del último cigarrillo... 

Ed Harcourt - Last Cigarette


El mundo se enciende

At. Madrid 3 - Villarreal 0

Era ya noche cerrada. Corría el año 1996 y al igual que otras muchas personas yo me encontraba en las inmediaciones de la plaza que corona el Dios Neptuno en Madrid. El ruido era tremendo y apenas se podían distinguir las frases que volaban por el cielo. El Atlético de Madrid acababa de ganar la liga y yo estaba allí para celebrar lo que nunca pensé que pudiera celebrar en vida. El autobús de los jugadores no podía llegar hasta la fuente, de la cantidad de gente que cerraba el camino, así que tuvo que aparcar en algún lugar de la Carrera de San Gerónimo, cerca del congreso, mientras sus inquilinos bajaban a pie hasta el monumento. Aquello fue un precioso baile de masas para los héroes del doblete. Yo estaba allí y aunque no soy muy dado a los mitos ni a los autógrafos ni al contacto con los protagonistas del póster no pude resistir la tentación de chillarle al Cholo Simeone del que me separaban apenas unos metros. “Cholo, cholo,...”, me desgañitaba al igual que otros tantos colchoneros que se agolpaban alrededor mío en las vallas. lo normal es que no hubiese pasada nada más pero aquella noche era mágica y el Cholo se giró. Se giró y me miró a mí. En una de esas situaciones para las que sólo a posteriori encuentras una frase brillante, lo único que me salió decir fue un sincero y emocionado: “¡por fin!”. Simeone, al que no conozco y con el que no he cambiado una frase en mi vida, recorrió los seis o siete pasos que nos separaban y por alguna razón, que yo agradeceré toda mi vida, se fundió en un sincero abrazo conmigo.

No creo en la objetividad extrema, especialmente hablando de fútbol. No conozco a nadie al que le guste el fútbol de verdad y no sea de algún equipo igual que no conozco a nadie que tenga pasión por algo y resulte ser imparcial en ello. Es estúpido pensar otra cosa pero es que además no veo mal que sea así si evitamos a los hipócritas. Yo no soy imparcial ni objetivo. Trato de ser sensato y juicioso pero sé cuales son mis limitaciones. Tengo un cariño especial por aquel Simeone y es muy difícil que nadie me lo quite nunca. A mí me pasa lo que a mucha gente que comparte la pasión colchonera. No puedo ser neutral ni objetivo con el Cholo. El Simeone jugador fue el estandarte de una época que mi generación recordará hasta la tumba y su imagen en el campo representa aquello que siempre hemos sentido indisoluble con el Atlético de Madrid. Ahora bien, también tengo que decir dos cosas que equilibrarán algo la balanza. La primera es que la llegada de Simeone como entrenador me parece el enésimo fuego de artificio de MA Gil y viene cargada de demagogia, falsa moralina y desfachatez. La segunda es que soy seguidor de Racing de Avellaneda y he visto jugar a la Academia con el Cholo el pasado semestre. Se me estremecen las carnes de pensar que eso sea lo que nos espera.

Pero es difícil ponerle peros al partido de hoy contra el Villarreal. La mañana era fría, el cielo era gris, el plomizo frío del Manzanares carcomía los huesos pero la gente parecía que tenía ganas de felicidad. Real o ficticia. Proscrita o legítima. Ni rastro de las protestas anti-directiva anunciadas entre semana (descorazonador) así que los obvios y cada vez más previsibles y con menos gracia gritos de la grada era la única banda sonora del comienzo del partido. Un comienzo que sin embargo no fue bueno. Bien en el carácter mal en la intensidad. El juego se tornaba lento y plomizo y el partido se clavaba en la intrascendencia. El Atleti parecía más preocupado por tapar los huecos y juntarse mientras que el Villarreal deambulaba aturdido por el terreno de juego con una falta de ideas importante. El Atleti no robaba arriba ni salía rápido. Los de castellón tenían el balón pero no sabían que hacer con el. Tan sólo los colchoneros llegaban de vez en cuando a puerta contraria gracias al balón parado o alguna que otra salida de guión de Turán y sobre todo Diego.

Pero poco a poco la música fue cambiando a favor de los madrileños. Más por empuje y raza que por juego, el Atleti se dedicaba a jugar cada vez más en el lado contrario y cada vez más intentaba también tratar algo mejor el balón, gracias fundamentalmente a un Diego que derrochando generosidad en defensa marcaba la diferencia en ataque. Casi terminando la primera parte aparecieron los buenos. Un renacido Tiago (me acuerdo de Manzano aquí pero me ahorro el comentario) mete un soberbio pase (probablemente en fuera de juego pero muy dudoso) a Adrián que asiste magistralmente a Falcao en boca de gol para que el colombiano se revuelva e inaugure el marcador. Gran combinación de tres peloteros. Por estas cosas son por las que tienen que jugar siempre los buenos. Por eso no entiendo que se dude de la titularidad de Adrián.

La segunda parte fue otra cosa. El Atleti salió a morder con muchos menos reparos y anuló por completo al Villarreal. Los de amarillo se mostraron la sombra de lo que fueron hace bien poco. Lentos, espesos, sin alma y sin ideas. Desbordados por los madrileños los 90 minutos dieron una imagen pésima que alienta los fantasmas de la segunda. Pero el Atleti no tuvo piedad y ejecutando con precisión esa presión asfixiante que echamos de menos en la primera parte, cerrando huecos y robando el balón se hizo con el el partido. El 2-0 llegó de penalty a Falcao (que fue en realidad falta fuera del área) tras un taconazo de crack nuevamente de Adrián. Los castellonenses podrán quejarse del árbitro con razón pero sería algo humillante para un equipo que ha demostrado señoría y criterio un millón de veces en este estadio. El Villarreal ha empequeñecido su escudo y no ha merecido hoy ni tan siquiera empatar.

A partir del segundo gol el partido ha sido de juego a placer. Los amarillos trataban de soportar la vergüenza a base de jugar el balón pero lo hacían con tan poco criterio que resultaba ridículo. Los madrileños se gustaban y sólo la falta de puntería y alguna buena intervención de Diego López libraron al Submarino Amarillo de llevarse un saco de goles. El tercero, de un gran Diego, llegó tras pase de Filipe que lo dejaba sólo en el centro del área.

Buen partido en líneas generales del Atleti que alimenta las esperanzas incluso de los que, como yo, éramos pesimistas con el juego que podría ofrecer el Atleti de Simeone. Espero y deseo que la valentía de hoy no se difumine jugando lejos del Calderón. El cualquier caso, parece que esto se enciende.


The Pooh Sticks - The World is turning on


Calidad sin barreras (At. Madrid 3 - Villarreal 1)





Decía un escritor británico llamado John Ruskin que la calidad nunca es un accidente sino que siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia. Siempre que los entrenadores habituales que se sientan en el banquillo de Calderón han renegado de la calidad y la de la realidad de los jugadores que tenían para refugiarse en el abrigo de un tacticismo mal entendido (es decir, casi siempre) intentando cambiar la curva natural de las cosas para adaptarla a su propia y particular forma de entender la vida nos ha ido muy mal. Hoy el Atleti ha salido a ganar y ha ganado. Hoy ha salido a ser protagonista y lo ha sido. Hoy ha salido a dominar el partido y el resultado y ha conseguido las dos cosas. A veces las cosas son tan lineales y evidentes que duele pensar no sean como tienen que ser. A veces también las soluciones llegan demasiado tarde.

Aunque la objetividad es una de la cosas más difíciles que existen a la hora de hablar de eventos deportivos y especialmente cuando eres de alguna manera aficionado (el que diga lo contrario miente) uno trata siempre de ser lo más objetivo posible. A pesar de la deriva derrotista en la que está el club como institución y especialmente en el apartado deportivo, en los dos últimos partidos ya dije que veía al equipo con una actitud renovada mucho más positiva y que deportivamente también lo veía bastante mejor. Hoy, si quiero ser honesto tengo que escribir lo mismo. Teniendo en frente como estaba uno de los mejores equipos y que mejor juegan de la liga española (otras veces hubiese sido razón suficiente para salir con miedo gracias a cualquiera de nuestros valientes entrenadores) el Atleti salió al campo a ganar el partido y a ser el dueño del mismo. Entre furia, triangulaciones y buen juego apareció a los cinco minutos una diagonal de Reyes que desde el borde del área coloca el balón en la escuadra. Golazo del de Utrera que venía mereciendo desde hace tiempo.

El equipo lejos de echarse atrás siguió jugando de forma muy parecida dejando la actitud intacta lo que fue una gran noticia para el espectador y el espectáculo. Tiago (partidazo del portugues que cada vez tiene más peso) era el cerebro de un equipo que Mario Suárez compensaba en la tarea táctica. El ex del Mallorca sin grandes aspavientos hizo una labor infinitamente más útil, efectiva y cercana al fútbol que lo que pueda hacer el error de Raúl García. Hasta la primera media hora el Atleti jugaba más tiempo en campo contrario y llegaba con fluidez a la portería contraria. Filipe Luis parecía más suelto y dinámico que otras veces, Elías también (aunque lo sigo viendo perdido) y arriba Forlán por fin parecía volver a jugar para nuestro equipo. El Atleti debería haber rematado en esta fase pero no fue así. Por eso, acabando ya los primeros 45 minutos, el Villarreal (que poco a poco se estiraba cada vez más) cobró una falta al borde del área que supuso el empate tras gol de Rossi. El Villarreal es un equipo magnífico que durante años ha forjado un concepto de equipo y de club basado en el fútbol, la buena gestión y la inteligencia. Es una delicia ver su propuesta futbolista y perfil de los jugadores que conforman su plantilla. Ahora bien, creo que el empate era injusto para los méritos de uno y otro al acabar el primer tiempo. El Atleti había planteado mejor el partido, había expuesto más y había dado más. Sólo quizás un falta de autoconfianza había lastrado el resultado en la parte final.

Pero la segunda parte puso cada cosa en su sitio. Los colchoneros volvieron al campo con la misma actitud y el mismo rigor con el que habían empezado el partido pero subieron las revoluciones un par de vueltas y se hizo la luz. Tiago se hizo definitivamente el dueño del centro del campo y un genial Reyes fue la pieza del engranaje que tantas veces echamos en falta en este equipo. Ese jugador capaz de conectar un centro del campo digno con una delantera brillante.

Las ocasiones llegaban, el equipo se estiraba, Kun y Forlán se dejaban ver por todos los sitios y el balón era prácticamente colchonero. Los de Castellón daban mucho miedo cuando salían vertical al área contraria pero el partido tenía un único dueño y era de color rojo y blanco. Así que ocurrió lo que tenía que ocurrir. Filipe Luis (en probablemente su mejor partido como rojiblanco) hace una jugada soberbia desde la izquierda hasta el área para meter un gran pase vertical al Kun que defino de vaselina con la maestría que sólo jugadores como él pueden hacer. Golazo del Kun pero golazo del Atleti.

Entonces el Villarreal quiso estirarse un ápice en el campo (demasiado tímido el Villarreal para lo que nos tienen acostumbrados) pero le fue imposible teniendo enfrente un equipo enchufado y anímicamente muy fuerte para entonces. De hecho en lugar de presenciar la reacción levantina lo que vimos fue por fin un nuevo gol del uruguayo Forlán (a pase de Reyes, como no). Desde ahí al final del partido lo único que se pudo presenciar fueron las despedidas en loor de multitudes de Mario Suárez, Elias y el Kun (por Asunçao, Koke y Juanfran) y más ocasiones madrileñas (algunas muy claras como una marrada por Juanfran con toda la portería para él tras pase de Forlán).

La lectura del partido es que cuando el entrenador no hace experimentos propios del cine de autor, los jugadores salen al campo a ganar, la actitud es la de sumar en torno al balón y la suerte no es esquiva, incluso un equipo tan desequilibrado y lamentablemente diseñado como este tiene peligro cuando en sus filas existen jugadores muy buenos que no están constreñidos a un rigor táctico que no funciona. El problema es que quizás ahora ya sea demasiado tarde.

Un tal Ramírez Domínguez (Villarreal 2 - At. Madrid 0)




Hace unas semanas escuché al bueno de Diego Costa decir que el objetivo del Atleti estaba en ganar en el Calderón y empatar fuera. No quise darle mucha importancia y pensé simplemente que el muchacho estaba desorientado después de pasar por tantos equipos en tan pocos años. El pasado viernes un amigo, conocedor de mi desafección por los la prensa deportiva de cámara, me mandó unas declaraciones de Quique publicadas en el diarios AS que decían, cito textualmente, “Ahora el objetivo es ganar en Villarreal, pero no perder tampoco sería malo, porque venimos de superar al Getafe”, “El Villarreal es un equipo que no pierde en casa. Lleva una buena racha allí. Parece imbatible en su campo. No caer sería bueno.” Mi amigo me mandaba estas declaraciones porque poco antes me las había comentado verbalmente y yo no las podía creer. Hasta ese preciso momento lo que más me había gustado de Quique desde que llego al banquillo había sido sin duda alguna su discurso frontal frente al “privilegiado” lugar que la prensa del régimen nos otorga. Ese discurso valiente, orgullo y (es mi opinión) acorde con la historia y esencia de este club que tanto bien nos ha hecho. ¿Me estaba equivocando?. Algo huele a podrido en Dinamarca.

Me he quejado muchas veces en este mismo sitio del juego de mi equipo, de la cobardía gratuita y absurda, de las tácticas escapistas, de la especulación... probablemente podría hablar hoy también de todo ello sin demasiado esfuerzo pero se me hace difícil hacerlo estando de por medio una tal Ramírez Domínguez. Lamentable personaje que hoy no se ha ganado honradamente el generoso sueldo que va a cobrar y que sólo tenía sentido ingresar en su cuenta esa cifra si se asumiese que responde a un salario mafioso, o mordida o compensación por los servicios prestados. Si el tal Ramírez Domínguez tuviese un poco más de dignidad, en lugar de esa chulería barata de barrio marginal que con tanta pomposidad ha mostrado a lo largo de los 90 minutos (desconfíen de los valientes que hablan desde el otro lado del cristal), el ta Ramírez Domínguez debería devolver el dinero, pedir perdón a la afición del Atleti y plantearse dejar de seguir engañando al genero humano abandonando el arbitraje. Si el tal Ramírez Domínguez es simplemente un árbitro penoso lo que debería hacer la competición es apartarlo para evitar carnicerías como la de hoy. Si el acto terrorista del tal Ramírez Domínguez responde a esa tendencia de ponerse a la cola de los mamporreros que satisfacen al “los dos grandes” (los únicos) y sacar chulería con los que pretenden ir detrás me temo que el trato a dispensar al tal Ramírez Domínguez se corresponde más con actos fuera de la ley, acordes con su actuación. Lamentable y pestilente. Me da asco esta competición regulada por manos de mafiosos, negligentes e inútiles.

Se pueden hacer muchos análisis deportivos del partido de hoy (y hay que reconocer que el Atleti una vez más vuelve a salir no muy bien parado) pero es absurdo e inútil valorar algo tan desproporcionado, desequilibrado, capado y ficticio. Si nos ceñimos a los primeros diez minutos de partido, lo más parecido a un partido de fútbol como acto deportivo y sano que hemos vivido, el Atleti salió contenido pero eléctrico. Sin juego pero con actitud. No es mal comienzo pero es imposible ir más allá cuando la primera llegada del Atleti se transforma en un claro penalty que no se sanciona, la siguiente es un gol anulado por fuera de juego (tan justo que sigo sin tenerlo claro en la enésima repetición) y a la jugada siguiente el Villarreal se adelanta en el marcador.

Pero no todo van a ser disculpas. A estas alturas no soy sospechoso de decir las dudas y carencias que me provoca el juego del Atlético de Madrid. Una de las más evidentes (y de las que más me duelen) es la dependencia enfermiza y artificial del contrario. Esa lamentable opción de despreciar el balón como principio y de despreciar la creación como sistema. Esa cobarde forma de ver el fútbol en la que tu éxito sólo puede venir en base a un error del contrario. Esta opción tan limitada hace que cuando el Atleti se pone por detrás en el marcador (aunque sea en los primeros minutos o quizás especialmente si es en los primeros minutos) las posibilidades de triunfo se reducen de forma dramática. Echen un vistazo a las estadísticas. La razón es sencilla: si tu esencia es no tener el balón ni mostrar el mínimo interés por tratar de crear fútbol el momento en el que no te queda otro remedio que hacerlo no sabes que hacer. Ese es el Atleti cuando va perdiendo y eso es lo que vimos hoy. Un equipo voluntarioso pero plano. Entregado pero inútil. Bien colocado pero romo. El centro del campo ya no es que sea bueno o malo es que directamente no existe. Con esa pareja de mediocentros Asunçao es otro central y Raúl García es simplemente un medio estorbo. Los interiores se pierden en las puñeteras bandas y los de arriba se desesperan en guerras de guerrillas. Aun así, antes de terminar la primera parte el Kun es derribado de nuevo en el área en otro penalty meridiano que hubiese cambiado otra vez el escenario pero que el inefable trencilla vuelve a ignorar para cabreo mayúsculo de los jugadores y del propio Quique que acabará expulsado. Con todo ello la sangría del tal Ramírez Domínguez no había terminado.

La segunda parte fue exactamente igual en los primeros diez minutos hasta que Rossi mete el segundo de gran jugada personal. Fin del partido. El Atleti se desesperó a partir de entonces en una lucha infructuosa por levantar el partido con gran derroche físico y anímico pero escaso resultado. No recuerdo una sola ocasión de peligro ni un sólo momento en el que la sensación fuese la de que se podía remontar el partido. Vale que el tal Ramírez Domínguez volvió a demostrar su absoluta y necia inutilidad obviando por tercera vez en la noche un penalty clarísimo (esta vez al Kun de nuevo) pero el Atleti fue totalmente inoperante e inofensivo frente a un buen Villarreal. Vale que el Villarreal ha resultado favorecido, que jugar con todo a favor es más fácil, etc... pero el Villarreal es un ejemplo de lo que debería ser un club de fútbol. Algo así como la antítesis que de lo que sale de las oficinas del Atlético de Madrid. Un equipo sin un presupuesto deslumbrando, con una masa social pequeña y en parte ficticia y despreciado por la prensa es capaz de plantear un proyecto deportivo lúcido, profesional y atrevido que apuesta por la coherencia y el fútbol. A todos aquellos que presumen de decir que todos los equipos “menos el Barça” juegan igual les pide que se den una vuelta por el Madrigal. De camino deberían también reflexionar porque en el Atleti vienen entrenadores y cientos de fichajes de prestigio pero todos parecen marchitarse pero en Villarreal ocurre todo lo contrario cuando encima son los buenos jugadores y entrenadores los que se van.

Con árbitro o sin árbitro ahí está la realidad: Octavos a siete puntos del primero. Hemos jugado con cuatro de los seis primeros y hemos sacado un punto. Si este es el camino a seguir y en la cera de enfrente siguen dopados de euforia me temo que este año tendré que buscar nuevos horizontes para pasar los fines de semana.

Alicia


Villarreal 2 - At. Madrid 1

Ayer, dando un salto importante en la forma de entender la vida, me fui a ver "Alicia en el país de las Maravillas" mientras estaba “jugando” el Atleti en Villarreal.

Mereció la pena.

Este Atleti me cansa y me aburre. Igual que soy incapaz de hacer deporte sin jugarme nada, sin que exista competición, se me hace muy difícil ver un partido de este Atleti casposo y aburrido en el que no nos jugamos nada. Y digo nada porque la vergüenza, el orgullo o la dignidad hace ya tiempo que lo vendimos por cuatro duros.

Temporada 2009/2010 = lamentable.

Ocurra lo que ocurra.

Desde su madriguera


At. Madrid 1 - Villarreal 2


El Atlético de Madrid dirime un partido de carácter terminal contra si mismo, esa es la única y verdadera realidad. Una cruenta batalla entre lo mucho o poco que una vez fue y su cuestionada necesidad de seguir existiendo. Una batalla desigual en la que uno de los bandos hace tiempo que ha prescindido de sus principales baluartes contra unos advenedizos que no tienen mucho que perder en la contienda. Una batalla que el Atlético de Madrid pierde día tras día. lo que ocurre hoy por hoy en el campo de juego es en la práctica mayoría de los casos irrelevante pero esa miserable irrelevancia se disfraza cada noche desde hace varios años de un esperpéntico y sonrojante traje que destroza el corazoncito de los pobres desgraciados que seguimos soñando con volver alguna vez a aquello que hoy no existe.

El Atleti ha vuelto a dar esta noche otra lección de desidia, mal juego, mala planificación, falta de carácter, falta de personalidad, falta de calidad, falta de compromiso y hasta falta de vergüenza torera. El partido empezó, como viene siendo habitual en los últimos lustros, con un equipo (el visitante) metido en el partido y centrado en ganarlo y otro equipo (el de casa) mirando al cielo, con hastío, indolencia y falta de concentración. Durante la primera media hora de partido un saneado Villarreal nos ha dado una lección de fútbol casi sin despeinarse. Un Villarreal que aun manteniendo ese buen gusto por el fútbol que una buena planificación provoca y con una plantilla equilibrada, bien plantada y bien entrenada probablemente ha sido la peor versión de Villarreal que hemos visto en los últimos años pero que ha sido suficiente para tener el balón, el dominio del partido, el juego, la tensión, las ocasiones, las faltas recibidas y las riendas de todo durante todo el partido. Solamente el buen hacer de Asenjo bajo los palos que detuvo varias acciones de Fuster y hasta un tiro de Capdevila hizo que el marcador del Atleti siguiese con el cero.

Al equipo de castellón le bastó estar en su sitio y presionar la salida del balón colchonero para desmantelar lo que quiera que Quique hubiese preparado para este partido y que nunca sabremos. Su apuesta por un extraño esquema con Maxi y Agüero por delante de Asunçao se perdió entre la abrumadora superioridad de los de amarillo y no valió más que para que el juego rojiblanco se basase en una serie continua de pelotazos a las nubes que recuerda tiempos pasados. Pero a partir de la media hora el Villarreal se desinfló, perdió intensidad y bajo el tono físico y dejó que un Atleti, que para entonces jugaba descaradamente como un equipo pequeñísimo acumulando efectivos en su área para correr contrataques de 100m, saliese de vez en cuando hacia la portería contraria en lugar de cada uno hacia un sitio como venían haciendo hasta ese momento. Así llegó el injusto gol colchonero tras un magistral pase de Reyes entre líneas que Simao empotraba en la red y así también acababa la primera parte (no sin antes ver como Maxi se tropezaba cuando estaba sólo frente al portero).

La segunda parte de la contienda fue un calco de la primera pero con otras consecuencias más justas. Para empezar la pájara inicial de siempre se pagó como se tienen que pagar estas cosas, es decir con un gol en contra. Un pase lateral desde la izquierda en la que el balón alcanza la estratosfera cae en el área ante la pasividad de Asenjo (cada día peor en las salidas) y de un Juanito que debió pensar que era mejor no molestar a Fuster en su salto. La igualada en el marcador ponía justicia a la gélida noche.

Los dos equipos siguieron igual, el atleti haciendo el ridículo cada vez con más estruendo y el Villarreal tratando de utilizar el balón en beneficio del juego pero sin demasiada brillantez tampoco. Las ocasiones se venían sucediendo por parte del Villarreal aunque para ser justos con mucha menos mordiente y peligro que en la primera parte mientras que el Atleti seguía empeñado en engrandecer la leyenda de desechos como Varela, Perea, Juanito, Jurado, Sinama, Maxi,...

Los cambios no aportaron nada nuevo al campo, especialmente la estupidez que supone darle la oportunidad de saltar al campo a ese chico llamado Sinama, más que perder en la batalla por una aparatosa caída al Reyes reformado que junto con Asunçao fue el mejor de los colchoneros (aunque tampoco es decir mucho).

Pero pasó lo que tenía que pasar y apelando a ese carácter y concentración que ha hecho famosos a los actuales jugadores del Atleti un pase de Escudero desde la izquierda el minuto 90 es rematado por llorente con alguna parte del cuerpo marcando un gol que valía los tres puntos.

En el primer partido de liga dije que este año había que pensar en no descender y hoy sigo pensando lo mismo. Las historias de princesas que cuenta Quique al respecto de sus cuentas para alcanzar la zona noble de la tabla están muy bien pero son increíbles. Me temo que esta vez nos toca mirar para atrás primero para ver los que vienen en la clasificación y después para descubrir al bueno de Miguel Angel Gil Marín como se descojona desde su madriguera.

Justicia histórica

Decía un jurista romano llamado Ulpiano que la justicia es el hábito de dar a cada cual lo suyo pero no es esa precisamente la impresión que tenemos los aficionados del Atleti. Desde que tengo uso de razón vivo con la sensación de que la historia, el destino, el momento o el árbitro nos debe siempre algo que se nos robó. Durante un gran tramo del partido de hoy tenía esa sensación, la sensación de querer creer en Dios para culparle de que, otra vez, no fuese justo con nosotros pero gracias a Dios (exista o no) hoy ha ocurrido todo lo contrario y se ha hecho justicia. Ha ganado el Atleti merecidamente. Quizás sea el momento de abandonar esa mentalidad y esa capacidad de lamentarnos y empezar a pensar que nosotros también podemos cuando lo hacemos bien.

Reconozco que tengo especial predilección por el Villarreal, por su forma en encarar las competiciones, de plantear el club, de dirigir al equipo, de jugar al fútbol... He visto muchas veces jugar al Villarreal en el Calderón y casi siempre lo ha hecho muy bien o al menos ha sido muy competitivo y por eso entendía que a pesar de las bajas no era el mejor rival para el el partido de hoy, vital para las pobres aspiraciones atléticas que nos quedan. Como además todavía quedaba en me retina y en mi cerebro (y me temo que se quedará para toda la vida) las estupidez que hizo mi equipo el pasado martes en la competición que tanto ansiábamos jugar, teniendo en cuenta las parrafadas de nuestro jugadores, las peleas del vestuario, las explicaciones peregrinas y las tradicionales “frases para gilipollas” con las que nuestro querido presidente nos bendice cada vez que tiene cerca un micrófono, tenía miedo de como podía salir el equipo hoy al césped. Pero ese miedo y esas dudas se disiparon a los 30 segundos de empezar el partido. El equipo tenía intensidad, ganas, mirada de tensión y concentración. Era el atleti del día del Barcelona o del madrid o del Sevilla.... pero no de Oporto. Dejando atrás algo que para mi no tiene (ni tendrá) explicación el atleti tradujo todo lo anterior en llegadas al área castellonense que acabaron con un clarísimo penalty a Agüero por agarrón de dos defensas del “submarino amarillo” cuando apenas se llevaban dos minutos jugados. Todo parecía pintar de maravilla: una tarde primaveral, un estadio lleno cantando desde el primer minuto, el Cholo Simeone dando una vuelta de honor por las afueras del estadio (el que escribe se ha topado con él) y penalty a favor en los primeros minutos. Falsa alarma. El penalty iba a resultar ser una alegoría de lo que sería después fue el partido: un tiro a puerta que para el portero con una soberbia palomita.

Se hablaba estos días del interés del Machester United por llevarse a Diego López a sus filas y me temo que si hoy había en el Calderón algún ojeador de los ingleses en el campo no tendrán ninguna duda de quien es el mejor sustituto para Van der Vaart. El tal Diego López ha sido el verdadero protagonista y héroe de la primera parte (y casi del partido) no sólo parando ese penalty a Forlán sino unas cuantas ocasiones más no sólo al Uruguayo minutos después sino a Maxi tras un rechace, a Simao en otro soberbio tiro, etc, etc... Entre medias del festival ofensivo de los madrileños, en un claro ejemplo de injusticia histórica, el Villarreal se puso por delante en el marcador. Córner sacado de forma penosa por los colchoneros, al más puro estilo Aguirre, provocando un contrataque claro a los de Amarillo. Forlán se da una carrera generosa para tapar el lateral izquierdo pero comete al torpeza, típica de delantero, de no hacer falta en un ataque en el que están en minoría así que un pase de la muerte de Javi Venta acaba en remate de Mati Fernández. 0-1 y segundo jarro de agua fría.

Pero algo está cambiando a la rivera del Manzanares cuando el atleti lejos de echarse atrás siguió jugando como hasta ese momento y tras unos breves minutos en los que el Villarreal se hizo con el balón Raúl García, Asunçao y Maxi (más metido en el mediocampo y el partido de los que es habitual últimamente) lo recuperaron para el Atlético. Raul García, Agüero, Maxi y sobre todo Forlán seguían llegando y rematando a puerta pero ahí estaba el bueno de Diego López para seguir parándolo todo, en ocasiones de forma sobresaliente. El Atleti estaba bien plantado, con ritmo, tenía el balón, jugaba con agilidad, tenía maniatado al rival y llegaba a puerta pero se iba al descanso perdiendo el partido.

La segunda parte comenzó con menos ritmo que la primera y un tempranero cambio de los castellonenses hacía volver al equipo a su dibujo tradicional con dos mediocentros y un mediapunta por delante que por momentos equilibro el partido. El Atleti seguía empujando con criterio pero empezaba a escasear la frescura mientras el árbitro se dedicaba a sacar amarillas a diestro y siniestro de forma desproporcionada en un partido sin violencia. Con ese panorama todo pareció irse al infierno cuando una buena jugada trenzada del Villarreal al borde del área deja sólo a Cani que pone el 0-2 en el marcador. La tragedia se cernía entonces sobre el Vicente Calderón como un buitre ventajista pero cuando los más pesimistas estaban ya recogiendo los bártulos para largarse de allí apareció una jugada de rabia de los madrileños que culmina con un violentísimo disparo de Forlán... que da en el poste. Pero para entonces la injustica ya se había cebado suficiente con el equipo que va de rojo y blanco y por esta vez decidió que el rechace llegase de los pies de Agüero que como un toro se tiro a por el balón para meterlo en la red. 1-2 y un estadio loco de contento. Contento porque, ¡qué coño!, el Atleti estaba siendo mucho mejor y porque el escenario, el ambiente y el olor hacía pensar que la remontada era posible. A partir de ahí el partido entra en una especie de toma y daca (más toma para el atleti que daca para el Villarreal) ciclo que se cierra con la segunda tarjeta amarilla (muy justa) a Javi Venta que en ningún momento ha podido con un Simao inmenso una vez más. Entonces si, el Villarreal se echó descaradamente atrás y el Atleti se fue a tumba abierta a por el partido.

Y los goles llegaron, claro. Cuando se pone fe, ganas, pasión... y fútbol, las cosas son más fáciles. Banega salió al campo para demostrar que aparte de ser el rey de la noche, el paladín de la indisciplina o un afamado onanista, también a veces es un jugador de fútbol con calidad en sus botas. Sinama se hacía dueño de la banda cogiendo el sitio de un Heitinga que aunque lento ha estado más que digno. Simao abría por la derecha y el Kun y Forlán creaban una oportunidad tras otra. El empate viene precisamente de las botas del uruguayo a pase de Maxi en una jugada típica de equipo a la desesperada. Una pequeña justicia para un Forlán fallón hoy pero al que no se le puede reprochar nada desde que viste esta camiseta y que este año por cierto se está hinchando a meter goles. El definitivo 3-2 llegó en otro alarde de justicia gracias a la cabeza de un colchonero de pro como Antonio López que ha pasado unos años no precisamente agradables últimamente. El delirio se extendió rápidamente por la grada de un Calderón que pedía la hora porque no veía la hora de poder aplaudir, hoy si, a los suyos.

Los dos últimos partidos en el Calderón han sido los dos partidos más divertidos de la temporada (y probablemente de los últimos tres años) en este estadio. En Sevilla se pudo ganar y perder y frente al Madrid se debió golear. Este Atleti de Abel es definitivamente otro y no lo digo por los 7 puntos del Anglirú que debieron ser al menos 9 en la segunda vuelta comparado con el punto de la primera vuelta que debieron ser cero. Este atleti tiene criterio (bueno o malo pero criterio), fondo, forma y aunque le falta creación y fondo de armario creo que se puede hacer buen papel de aquí al final de la temporada. Dependerá mucho de las veces que al bueno de Abel le vuelvan a entrar ganas de inventar el fútbol.

Puede que te hayas marchado

“Has pasado toda tu vida esperado. Usas tu paciencia para parecer que estás bien. El tiempo avanza mientras te preparas para decirte a ti mismo que seas razonable. Entonces vienen los momentos que no puedes prever. No puedes irte, no puedes soltarte para mantenerte lejos de esos sueños, ignorando los buenos tiempos...”

Los Partidos entre el Villarreal y el Atlético de Madrid en los últimos años son, como si estuviesen representando en un campo de fútbol cualquier saga mítica de ciencia ficción, una lucha encarnizada lucha entre el bien y el mal. El blanco contra el negro. La honestidad frente al engaño. El trabajador frente al lazarillo. Es la lucha entre quien apuesta por tener el balón y quien no lo quiere. Quien es valiente y quien no lo es. Quien quiere ser protagonista y quien no quiere serlo. Quien quiere escribir el guión y quien pretende vivir de los borrones del contrario. Es la pelea entre quien se siente campeón y pretende demostrarlo o entre quien se siente inferior, con nada que perder y a partir de ahí cualquier cosa es un éxito. Es la pugna entre quien apuesta por el juego colectivo y el que apuesta por la individualidad esporádica. En definitiva es la lucha entre el fútbol y el anti-fútbol. 

Hoy el destino ha sido tremendamente injusto con quien apuesta por el camino recto y tremendamente generoso con el ideólogo de la mentira y la excusa. Sin embargo y en compensación también ha sido justo con Simao, jugador sobresaliente que junto con Forlán. Maniche o Agüero han tenido la mala suerte de caer en uno de los atléticos peor dirigidos de todos los tiempos (y no sólo dentro del campo).

El Atlético de Madrid mediocre y casposo de Javier Aguirre nunca remonta los partidos. Para eso hace falta tener el balón e intentar hacer algo con el, cosa que no parece entrar en los esquemas de tan genial entrenador. Estoy harto de hablar de este hombre pero desgraciadamente su presencia contamina, para mal, todos los poros deportivos de este equipo. Este año siempre que el equipo contrario abre el marcador o perdemos o empatamos. Es fácil comprobarlo. En temporadas anteriores, salvo excepciones puntuales, fue exactamente igual. La revolucionaria táctica de Aguirre consiste en meter gol primero y parapetarte en tu portería hasta que acabe el partido. No hay otra forma de ganar. Lamentable planteamiento para el tercer presupuesto de la liga pero eso es lo que tenemos y eso es lo que a nadie parece importar.

“Ahora es demasiado tarde para ti. Puede que no esperes y las cosas que todavía no he conocido se desvanecen antes de completarse.”

Hoy, como no podía ser de otra forma y a pesar de la situación tan crítica de autoestima que padecemos, hemos asistido de nuevo a tan patética forma de plantear la vida. El equipo ha salido concentrado para variar y en la primera jugada trenzada como colectivo y al primer toque desde hace muchos meses Simao ha recogido el balón en el borde del área para meterlo por la escuadra. A partir de ese momento, minuto 1 de partido, se acabo el volver intentar jugar al fútbol. El equipo a la frontal del área y a esperar mientras se reparten patadas a diestro y siniestro. Eso es lo que hay que hacer estando Aguirre en el banquillo. Daba igual las bandas, los medios, los mediocentros, los delanteros o la creación. Todos a defender como se pueda.

El Villarreal, equipo que apuesta siempre por jugar al fútbol, se dedico a intentar dar con la puerta de entrada en el autobús de matrícula mejicana que había en la portería atlética pero se topaba sistemáticamente con los muchos jugadores de color rojiblanco y sus patadas traicioneras. En un despeje a la estratosfera de los muchos que hacia la zaga colchonera el balón llegó sin querer a las inmediaciones del área del equipo levantino y como un rechace suelto en el área es lo único que necesita Forlán para hacer gol pues lo hizo. 0-2, tremendo resultado para una planteamiento tan ruin y chabacano pero gracias a Dios tenemos los jugadores que tenemos. ¿Cómo sería la cosa jugando al fútbol? Lloro sólo de imaginármelo.

El Villarreal siguió con la misma idea de intentar jugar y el atleti con la misma idea de no hacerlo, de defender en su área y de dar patadas. En una de esas, en el lateral del campo contrario (me cuesta encontrar un sitio más estúpido para hacer una entrada de carnicero), Ever Banega se autoexpulso con una segunda amarilla más que justa. Debe ser muy duro para un jugador como Ever tener que estar todo el partido corriendo detrás el balón sin tocarlo pero eso no lo exculpa de la estupidez que hizo esta noche. Así acabo la primera parte, dos goles a favor, un jugador menos y asistiendo a un monólogo del Villarreal.

“Debería girarme y ver si estás todavía ahí pero por ahora no es seguro. Puede que me estés esperando, puede que te hayas marchado”

Y así empezó también la segunda parte pero el Villarreal había tirado a puerta unas 20 veces para entonces. No soy muy defensor de la labor de Leo Franco, creo que lo he dejado claro en este blog otras veces, pero si tiran 20 veces a puerta las probabilidades de fallar son bastante más altas que si tiran 2. Como no podía ser de otra forma en uno de esos tiros Leo decidió hacer lo que no hace nunca, intentar atajar el balón, y claro se lo metió en su portería. Es lo que tiene intentar hacer lo que no sabes. Empleando las misma lógica si el equipo contrario pasa el 80% del tiempo en la frontal de tu área las probabilidades de que surja un error (o un acierto del contrario) que deje un jugador rival delante del portero son bastante más altas que si tienes tú el balón en el campo contrario. Bien, así llegó el empate a 2. Y el 3-2 y el 4-2. Si, porque el Villarreal, en contra del infecto código deontológico que usa Aguirre, siguió jugando exactamente igual con el marcador en contra que con el marcador a favor. Siguieron siendo protagonistas, teniendo el balón y marcando el ritmo. Da gusto ver algo así comparado con nuestro pseudojuego que siempre depende del rival, del resultado y hasta del Ibex 35.

Para entonces mi desesperación y aburrimiento se había transformado en amarga envidia. La sensación de que no merece la pena animar a este equipo en estas condiciones sólo era disimulada por la vergüenza que supone comprobar el poco respeto que la prensa tiene por mi equipo cuando ni Valdano, ni Kiko cuestionaban un planteamiento tan sumamente cobarde como el nuestro dando por hecho que tenía que ser así y hasta elogiando lo “compacto” de mi equipo en la primera parte.

Pero apareció Simao. Un pequeño fallo, un inteligentísimo slalom y 4-3 en el marcador. Ni siquiera lo celebré porque no había nada que celebrar. Minutos después una falta sacada por el mismo Simao de forma espectacular, olvidándose de tácticas peregrinas y haciendo lo que sabía hacer antes de pasar por las manos del estratega azteca, ponía un empate injusto en el marcador. Tampoco lo celebré porque no había nada que celebrar.

El atleti debería haber ganado este partido poniéndose 0-2 en el marcador en el descanso pero debería haberlo perdido por la forma en la que lo ha planteado, la forma en la que lo ha jugado y sobre todo porque un discurso tan vacío, mediocre e injusto para este club y el deporte del fútbol jamás debería tener éxito. El culpable de ese discurso tiene nombre y apellido. Puede que se haya marchado mientras escribo esto pero no será así. Un empate a cuatro en Villarreal es una hazaña sobrehumana para los dirigentes y gran parte de la afición de este Atlético de Madrid refundado y entre ellos el mismo tipo que hace un rato sacaba pecho en la rueda de prensa diciendo que se "rompía una racha de mierda". El que es cobarde lo es hasta el final.

“Tienes problemas para hacer lo correcto y tratas de decirte a ti mismo que funcionará, como debería. Pero algo “bueno” puede hacer mucho daño. Sabes que no puedes soñar. Perece que estoy estancado”

Maybe You’re gone (S. Lerche)
Sondre Lerche - Two Way Monologue (EMI/2004)