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¡Un abrazo!

Mostrando entradas con la etiqueta Saúl. Mostrar todas las entradas
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Jazz

Si el Atleti de Simeone no existiese habría que inventarlo. Ayer, minutos después de pasar a semifinales de la Champions por tercera vez en cuatro años, mientras la buena gente de Leicester nos aplaudía desde la grada, como corresponde a una afición elegante, me di cuenta de que había dejado de ser un simple equipo de fútbol para transformarse en una metáfora contemporánea. En una isla luminosa en mitad de ese pestilente pantano de endogamia en el que se ha transformado el mundo del fútbol. Una incómoda anomalía que hace fallar las leyes sospechosamente perfectas del patriarcado. Una emisora pirata en mitad de un mar de oficialidad megalómana, rentable y podrida. Una luz que no deslumbra sino que aporta humanidad. La nota sincopada que transforma ese caduco himno militar que escuchamos a todas horas en unos cuantos compases de puro Swing. Inútil, poco rentable y popular pero puro Swing. Esa Blue Note que, metida en mitad de un acorde de realidad negociada, provoca que un puñado de soñadores indefensos seamos capaces de entendernos con un guiño cómplice. En la distancia. En mitad de un vagón de metro. Sabiendo que simplemente compartimos locura. El Atleti de Simeone es un músico de Bebop en mitad de una orquesta que siempre toca la misma sinfonía. Una orquesta que lleva años siendo dirigida por un Kurtz de traje y corbata. El Atleti de Simeone, como los esclavos de Nueva Orleans que tenían prohibido tocar el tambor en sus reuniones de la Congo Square, hace de la necesidad virtud. De la desgracia oportunidad. Es libre viviendo enclaustrado en una plantación mediática, dominada por ignorantes poderosos. El Atleti es Jazz. No trates de entenderlo. No trates de analizarlo. No trates de ponerlo en contexto. Escúchalo y déjate llevar. 

Me consta que había un nutrido grupo de aficionados colchoneros que salieron molestos del Calderón con la supuesta falta de ambición del equipo en el partido de ida. Supongo que hoy, concluido ese virtuoso movimiento que ha sido la eliminatoria contra el Leicester, habrán entendido mejor la pieza. Simeone, entre otras cosas, es un gran estratega. Un apasionado de los infinitos esquemas del fútbol, capaz de diseñar en su mente temporadas, partidos y eliminatorias completas. Simeone sabía que el éxito del equipo inglés pasaba por marcar un gol en el Vicente Calderón. Cualquier otra opción se presentaba mucho más complicada y por eso, como gran entrenador que es, planteó la eliminatoria sobre esa premisa y no otra. 

En el segundo pasaje, el partido de vuelta, los primeros compases tenían que ser de contención. De pausas alargadas pero sin que se perdiese el ritmo. Ralentizando el conjunto pero liderando la melodía. Salió perfecto. Los de Shakespeare no consiguieron encender su estadio (como pretendían) y ni siquiera fueron capaces de acercarse al área con peligro. El Atleti estaba siendo muy inteligente. Dominaba todos los escenarios y dejaba que el tiempo fluyese. Para asombro de propios y extraños, estaba funcionando de maravilla la nueva posición de Giménez en el mediocentro. Entonces, con los instrumentos afinados y el duende sobrevolando la inspiración, apareció el Jazz. La improvisación dentro de un esquema prusiano. La magia de Filipe, Koke, Griezmann, Carrasco y Saúl. Solistas de primer nivel. En uno de sus fraseos más atinados, Filipe Luis colgó un balón prodigioso desde la izquierda para que Saúl (otro partidazo de un jugador que crece de forma imparable) pusiese de cabeza el 0-1 en el marcador. Todos respiramos. Los colchoneros para adentro. Los aficionados foxes para afuera. 

Pero en la segunda parte cambió el guion. Tirando de orgullo y de los pilares más tradicionales y rudimentarios del fútbol inglés (a los que de forma absurda los equipos británicos parecen querer renunciar) consiguieron cambiar la partitura. El esquema de filigrana de Simeone se vino abajo a base de sobredosis de balones verticales y juego directo por las bandas. A veces menos es más y esta fue una de esas veces. Un claro mensaje para todos esos rapsodas que siguen creyendo que existen formas lícitas e ilícitas de jugar al fútbol. El Atleti lo pasó mal con la versión más pura de fútbol inglés. Y mucho peor lo pasó cuando se lesiono Juanfran y tuvo que sustituirle Lucas. Simeone tuvo entonces que recolocar las piezas de una defensa que hasta ese momento había estado impecable. El Atleti no era capaz de tener el balón ni de salir de su propia área. A base de fuerza, acoso y derribo el Leicester logró finalmente empatar por mediación de ese currante del fútbol llamado Vardy (un tipo que, dicho sea de paso, me cae bastante bien). Entonces sí, se encendió el King Power Stadium. Tenían que meter dos goles, algo que con las estadísticas en la mano parecía prácticamente imposible con el Atleti de por medio, pero el fútbol es así de maravilloso. Los aficionados del Leicester pensaban que era posible. Algunos aficionados rojiblancos también. 

Pero no lo fue. Nuestros músicos saben tocar con la orquesta cuando tienen que hacerlo. Saben esconder su talento en el ritmo de los demás. Saben sufrir. Simeone movió el banquillo bajando a Griezmann y cerrando las bandas pero Filipe se rompió en el esfuerzo y hubo que volver a improvisar. Da igual. Este equipo sabe sudar como nadie. Sabe jugar con lo que tiene y, como los negros de Nueva Orleans, sabe hacer ritmo cuando tienen prohibido usar el tambor. 

El partido terminó con los 22 jugadores extenuados sobre el césped. Fue precioso ver como todos se saludaron honestamente después de la batalla. Como se abrazaban los que antes se habían pegado. Como se aplaudía el esfuerzo y se reconocía el mérito. Fútbol. 

El Atleti vuelve a estar en las semifinales de una competición tan bonita como corrupta. Es por eso que mi alegría no puede ser completa. Por mucho que me moleste reconocerlo. Podría tirar de hipocresía, agarrarme a lo bueno y mirar a otro lado. Podría centrarme en esas pequeñas motas de pelusa que adornan mi ombligo, como hace tanto profesional, pero no es mi estilo. Tampoco soy profesional así que quizá sea por eso. Quizá lo único que pase es que, como vaticinaba Orwell en 1984, “cada año habrá menos palabras y así el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño”. No lo sé. Lo que sé es que mientras aguante mi giradiscos sin romperse, seguiré escuchando Jazz con los auriculares puestos.

@enniosotanaz

Personalidad y fútbol

No me gustaba nada el nivel de presión que detectaba entre la afición colchonera antes del partido. Esa pose dramática de estar ante el encuentro de nuestras vidas. Esa querencia por dejar claro que el Atleti se jugaba poco menos que la existencia. No me gustaba nada tampoco el hedor que llegaba desde la información oficial. Hace mucho que vivo de espaldas a la realidad televisada de los medios y que mi única fuente de información es twitter pero, incluso así, me llegaba el repentino resurgir de la figura de Chicharito, genuino representante de "nuestro fútbol", como tema central a la hora de describir la previa del Bayer-Atleti. A tenor de los medios oficiales da la sensación de que el Atlético de Madrid es un equipo madrileño que juega exiliado en Madrid. 

Pero entonces encendí la televisión y vi a los jugadores dándose la mano ordenadamente en el saludo inicial. Todos los rostros colchoneros tenían una expresión similar pero me fijé especialmente en la de Gabi. Era la pura imagen de la concentración absoluta. Ni un solo atisbo de sonrisa. Mirada fija y seriedad creíble. Daba la sensación de tener muy claro en la cabeza lo que había que hacer y que todo lo demás era accesorio. Juro que en ese momento me vine arriba.

La primera parte del equipo de Simeone en Alemania es probablemente la mejor de toda la temporada. Lo hizo todo bien. Recordó a esa versión europea del Atleti contemporáneo que tantas alegrías nos ha dado. Encaró la eliminatoria juntando mucho las líneas, sacando la línea defensiva de su área, compactando la presión como hacía mucho que no hacía, siendo vertical con el balón (a base de talento y no de recursos rupestres), marcando siempre el ritmo del encuentro y aprovechando la contundencia para liquidar al rival. Puede parecer fácil pero no lo es. Basta recordar lo que ocurrió hace dos años y lo mal que se pasó entonces en ese mismo campo. Los de Simeone recurrieron a la personalidad y al fútbol y eso, si sale, es una combinación letal. 

Cualquier intento de avance alemán era abortado a bastantes metros de la frontal del área. El trabajo de los cuatro del centro (Gabi, Koke, Saúl y Carrasco) era ejemplar pero en defensa destacaba además un hipermotivado Vrsaljko que comenzó muy bien pero que acabó completando su mejor partido hasta la fecha como rojiblanco. El Atleti robaba arriba y cada salida con balón se hacía con sentido, inteligencia y sangre en la mirada. Una apertura de Gabi a la derecha provocó una de esas clásicas (y elegantes) diagonales de Saúl. Después de desprenderse con mucha clase de su rival, se plantó en la frontal del área. Podía colgar el balón o escorarse a la derecha para centrar desde allí, pero decidió resolver como hacen las estrellas. Se acomodó el balón a su zurda y lanzó una parábola perfecta que reproducía el famoso gol de Falcao en Bucarest. Golazo. 

Poco después, un fantástico Gameiro ejecutaba una de las muchas demostraciones de velocidad y fuerza que hizo a lo largo de la noche. Salió en vertical con el balón controlado para llegar algo cerrado hasta el área rival. En lugar de liarse en una guerra imposible (que es lo que hubiese hecho el Gameiro de hace unos días) tuvo la inteligencia y la paciencia de parar, mirar y esperar a Griezmann que venía completamente solo por la parte derecha del área. Gol del otro francés. La noche se tornaba maravillosa. El propio Griezmann estuvo a punto de poner el tercero antes del descanso, que hubiese sido definitivo, pero el mejor de los alemanes, su portero Leno, lo impidió. 

La segunda parte fue buena también pero más extraña. Con más desajustes, provocados seguramente por la huida hacia delante de los alemanes. El Bayer Leverkussen recortó distancias muy pronto, en una gran jugada por la derecha que culminó Bellarabi. Mala suerte porque era la primera vez que llegaban en todo el partido. El gol espoleó su ánimo y se fueron hacía arriba con más corazón que juego. Situación que aprovechó Gameiro para seguir haciendo un partidazo. En una de sus muchas actuaciones destacadas fue derribado en el área y él mismo se encargó de marcar el tercero para, de paso, asesinar los fantasmas del lanzamiento de penaltis. 

El partido estaba completamente controlado en ese momento pero Moyá (que se había mostrado seguro hasta entonces y había hecho una intervención espectacular en la primera parte) tuvo uno de esos errores que no se pueden tener en la alta competición. Despejó mal una pelota fácil de atrapar, ésta golpeó en Savic y el balón se metió en su propia portería. El 2-3 encendió a la grada y al Bayer, provocando que el Atleti pasase unos minutos de angustia. Los alemanes se fueron a la portería con todo y los de Simeone tuvieron que sufrir. Pero este Atleti sabe sufrir como nadie. Aguantaron el chaparrón con gallardía y tuvieron la inteligencia de aprovechar las salidas para matar el partido. Primero Torres, que había salido en los minutos finales, y que enganchó un cabezazo excelente que ponía el 2-4. Después Correa, que también había salido con el madrileño, y que delante de Leno volvió a toparse con el buen hacer del cancerbero alemán. 

El resultado puede parecer corto para lo que ocurrió pero es fantástico (el Bayer tiene que ganar 0-3 o 1-4 en el Calderón para pasar). Ha supuesto además un pildorazo de ilusión en la parroquia colchonera. Por el resultado, por el juego y por ver como jugadores que creíamos desahuciados, vuelven mejor que nunca no sólo para quedarse sino para ser importantes. Disfrutémoslo. Olvidemos por un momento el futuro, las cuentas, las apuestas, los fichajes, las salidas o lo puede pasar en mayo y centrémonos en lo que ocurre alrededor de nuestros pies. Toquemos el suelo. Vivamos el día a día. Partido a partido.

@enniosotanaz


(Foto sacada de www.colchonero.com)

Guionista de la historia

Si yo fuese el guionista de la historia, el Atlético de Madrid ganaría esta temporada la Champions League para quemar el trofeo en una pira bautismal nada más recibirlo y anunciar a los cuatro vientos, en prime time, que jamás volverá a jugar esa competición corrupta. Así, con un final tan fordiano me imagino yo el desenlace perfecto a la andadura europea del Atleti de Simeone. Pero no se preocupen. No soy el guionista de la historia.

Adoro los partidos internaciones de clubes y me encanta vivir esas noches en directo pero detesto con todas mis fuerzas (cada vez más) una competición mentirosa que ha sido impunemente adulterada con el único objetivo de ganar dinero. Negocio que diría ese ideólogo del averno llamado Tebas. Con el mismo argumento que emplearía cualquier tratante de blancas, los soldados de la UEFA dicen simplemente estar dando al pueblo lo que el pueblo demanda. Los números les dan la razón pero también se la dan a cualquier morador de las esquinas de Baltimore. No todo es dinero. O sí, porque apoyados en un fiel ejército de empleados audiovisuales son además capaces de apaciguar a los inspectores y justificar cualquier desliz apelando a la magia, a las hadas blancas y a la suerte. Aquí paz y después gloria. 

Lo he pasado mal viendo el PSV-Atleti pero parece obvio que venía condicionado de casa. 

El Atleti salió con poderío. Tocando el balón, dominando, combinando con clase y acosando el área contraria. Es decir, tal y como demandan los rapsodas de las ondas. Una pena que la misma colección de iluminados estuviese en ese momento viendo el "partido" del Barça o el entrenamiento del Real Madrid C. Es lo que vende. 

El Atleti se pareció unos momentos a eso que quieren los vendedores de humo pero el PSV tardó cinco minutos y dos pases verticales en poner las cosas en su sitio. Hasta el punto de marcar un gol que para mí debió subir al marcador pero que un árbitro pésimo decidió anular. Un par de gritos de Simeone arreglaron la situación. Una cosa es dominar con el balón y otra cosa es ser vulnerables de forma gratuita. Una cosa es querer ganar y otra caer en la trampa que te tiende el rival. Ese PSV de Cocu que se ha convertido en equipo compacto y muy interesante. 

El Atleti siguió dominando a partir de entonces pero ahora con bastante más de criterio y sin tener que parecerse a nadie. De esa manera llegó el gol, tras un rechace que recogió en la frontal del área Saúl (¡qué jugador!) y que vino precedido por un aparatoso choque de cabezas que el árbitro podría perfectamente haber parado pitando falta (aunque yo no tenga tan claro que lo fuese). 

Las vociferantes gradas de Eindhoven, que ya antes estaban en un estado de excitación superlativo, echaron el resto para jugar un papel determinante. Primero aupando a su equipo que a base de brío y pelotazos al hueco logró reponerse. Después sacándole al árbitro un penalti bochornoso (piscinazo infame) que desperdició el bueno de Guardado. Bueno, que atajó Oblak en realidad. Y quiero pararme en este punto porque me parece sumamente mezquino juzgar a un portero por una miserable tanda de penaltis. Me dan ganas de vomitar cada vez que veo a alguien poniendo los focos en ese día, en ese momento y en un tipo que encima nos había llevado hasta allí. Un jugador que me parece uno de los grandes aciertos contemporáneos de la secretaría técnica del club. 

El Atleti encaró mucho mejor el inicio de la segunda parte con Koke y Saúl mandado y con Griezmann y Filipe Luis en estado de gracia. Gameiro empezó a formar parte del equipo y el Atleti aprovechó bien las debilidades del rival. Pudo sentenciar fácilmente pero el delantero francés falló dos oportunidades de escándalo (especialmente la primera con toda la portería para él). O se encuentra con el gol en un breve plazo de tiempo o vamos a empezar a tener (otra vez) un grave problema. 

Los errores de cara a puerta provocaron un final de partido agónico, con el equipo holandés volcado y los colchoneros, exhaustos ya para entonces, sintonizando un modo de juego especulativo y pasivo que me aterroriza. 

Tres puntos muy importantes en un grupo infernal en el que cada partido será un poema. Tres puntos que deberían servir, y hablo en primera persona, para apaciguar los ánimos, mirar exclusivamente al siguiente encuentro y tratar de disfrutar antes de sufrir. Prometo ponerme a ello. 

@enniosotanaz

(Foto extraída de Mundo Deportivo) 

Baño de azar

Woody Allen nos enseñó en Match Point la diferencia que puede existir entre un anillo que rebotando en la barandilla cae en el río o se queda en la superficie. La historia estaba ahí mucho antes de ese momento. Era una historia de amor, celos y muerte construida a base trabajo, pasión y lógica que no tenía nada que ver con el devenir de una humilde joya. Dio igual. La vida del protagonista quedó vinculada a lo que finalmente le ocurrió a ese anillo. 

Viendo las caras sonrientes de los jugadores colchoneros al acabar el partido de Vigo, con un contundente 0-4 al fondo, me acordé de esa película. Del poder que tiene el azar. De lo frágil que es a veces la condición humana. De lo mucho que se parecen la vida y el fútbol. 

Antes, durante el descanso, las sensaciones no eran muy diferentes de las de hacía pocos días. El equipo seguía siendo sólido y dinámico. Había jugado relativamente bien y había controlado el partido pero eso es lo mismo que dijimos frente a Leganés y Alavés. El problema seguía estando donde siempre. En la definición. En esa incapaz misteriosa para hacer un gol que se negaba. 

Simeone había apretado filas y confiado en su vieja guardia. Ni un solo nuevo fichaje en la alineación titular (algo que ya ocurrió el año pasado). Funcionó para ganar intensidad y contener a un buen Celta de Vigo pero también salieron costuras con las que no contábamos. Asistimos a dos errores terribles (y raros) de Juanfran y a un Fernando Torres que, sinceramente, no lo vi. Me gustó mucho ver a Carrasco en el campo. Un tipo de jugador, vertical y diferente, que se distingue del resto de la plantilla y que, quizá por eso, debería estar en el campo al principio de todos los partidos. Me gustó todavía más ver cómo Koke y Saúl dejan de parecer piezas satélites y pasar a ser protagonistas del centro del campo. Me gusto igualmente esa evolución dinámica, en pleno partido, que va desde el legendario 4-4-2 a esa especie de 4-5-1 que deja suelto a Griezmann y que funcionó tan bien. 

Pero seguíamos sin meter gol. 

El final de la primera parte había sido del equipo de Berizzo (excelente entrenador) pero el Atleti volvió muy bien al campo. Tan bien como había comenzado el partido, no nos confundamos. Seguramente los analistas hablarán de una segunda parte prodigiosa del cuadro de Simeone (y lo fue) pero yo prefiero centrarme en otro cosa. En el anillo. 

Chris Wilton decidió deshacerse de las joyas robadas y tirarlas al Támesis cuando no habían pasado todavía diez minutos desde la reanudación. Griezmann recogió un balón muy largo que había caído en la banda cerca de la esquina del campo. Levantó la vista y vio al genio de Koke desmarcándose en solitario a toda velocidad en el segundo palo. El pase no era fácil pero puso un gran balón a cincuenta metros. La pelota llegó bombeada, rápida y difícil. Koke venía al límite y no pudo enganchar la pelota como hubiese deseado. El remate no fue del todo limpio. Podría haber salido fuera, golpeado en el larguero o sido atajado por el guardameta sin que nadie se hubiese sorprendido demasiado. Pero no. El anillo rebotó y se quedó en tierra. La autoría del crimen se fue a uno de los lados y no al otro. La pelota entró a bote pronto en la portería y el Atleti acabó siendo el Atleti y no una caricatura de sí mismo. Acabamos viendo a un equipo poderoso con tres de los mejores jugadores jóvenes de Europa (Griezmann, Koke, Saúl). Con un lateral izquierdo entre los mejores del mundo. Con un portero cada día más solvente. Con un entrenador galáctico. Con un banquillo prometedor. Con una contundencia tal que fue capaz de hacer cuatro goles en cuarenta y cinco minutos a un equipo que en un par de días juega la Europa League. 

Y todo por un puñetero anilló que decidió quedarse en el suelo después de rebotar. 

Como enseñanza me quedo con una moraleja que en el fondo ya conocía. Podemos discutir la lógica de las historias lógicas. Podemos defender la pasión y reclamar entrega. Lo que no podemos es intentar teorizar sobre las consecuencias de darse un baño de azar. No lo intenten.

@enniosotanaz

(Foto extraída de www.colchonero.com)

Por el camino

La rueda de prensa que precedió al Atleti-Bayern fue muy clarificadora. Uno de los entrenadores más laureados y con más ascendencia del planeta hablaba con respeto y admiración de su rival. Una rival que cinco años antes era eliminado por el Albacete en la Copa del Rey y para el que entrar en la previa de Champions se consideraba entonces un sueño casi inalcanzable. Decía Guardiola, contestando a la enésima pregunta impertinente de algún mercenario de la cochambre que andaba por allí, que es injusto decir que el Atleti es un equipo que sólo defiende bien. Que un equipo que pelea todos los años por la Liga y la Champions y lo hace además contra equipos que le cuadruplican su presupuesto, tiene por narices que saber hacer algo más que defender. Lo decía Guardiola, que no creo que sea un tipo que presente dudas sobre su concepción estética del fútbol o que tenga un imperdonable pasado colchonero. Xabi Alonso, otro icono rojiblanco, se expresó en términos muy parecidos. Mientras los carroñeros del micrófono (mediocres soldaditos del Mainstream mediático) preguntaban estupideces que buscaban el titular zafio (“¿tiene miedo de que aparezca un segundo balón desde el banquillo?), Guardiola y Xabi Alonso daban una lección de educación y profesionalidad frente a los medios pero a la vez, más importante, dejaban claro algo a lo que no estamos acostumbrados escuchar aquí. el Club Atlético de Madrid es un grande de Europa. Lo es, sin duda, y parece que no sólo lo sabemos nosotros. Aunque tengamos que localizar Radio Moscú en un aparato de onda corta para poder escucharlo. 

Llegar al Calderón fue otra vez una odisea. Una odisea preciosa, eso sí. Las calles alrededor del coliseo estaban infestadas de rojo y blanco desde un par de horas antes y el fantástico ambiente era tan denso que se podía masticar. Cualquier que haya cogido el coche o paseado por Madrid durante estos días se habrá cansado de ver el “Nunca dejes de creer” colgado en cualquier parte. Desde una pancarta en la M-30 a la factura de una panadería de barrio. Señales proscritas de esa comunidad secreta y fascinante que conformamos los seguidores colchoneros de base. Alimento para nuestra fe. Gasolina para esa alegría constante que vivimos cada día por ser del Atleti porque eso es ser del Atleti. Disfrutar del camino. Nos lleve a donde nos lleve. 

Todas esas sensaciones se agolpaban en la cabeza durante los minutos previos y de ahí se trasladaron al campo. En esa frecuencia clandestina que no puede sintonizar nadie más que nosotros (y los jugadores). Y se notó. El equipo salió al campo como una exhalación. Con personalidad, con intensidad y con fútbol. Ganando la batalla en el centro, cerrando la creación rival y jugando muy bien el balón. Los primeros 20 minutos fueron una exhibición de un grupo de futbolistas coordinados que estaban mostrando su mejor versión. Esa en la que deberían basarse los analistas para juzgar lo que es el juego del Atleti. La presión crecía en la grada y en el césped pero todo cambió cuando un muchacho de la cantera llamado Saúl decidió fabricar una prodigiosa obra de arte. Cogió un balón en el centro del campo, encaró el área desde allí y según aparecían rivales que tapaban las posibilidades de combinación él fue sacando de su chistera del talento todas las variaciones posibles de regate. Como una bailarina del Bolshoi se plantó en el área sorteando rivales para una vez allí, tras el enésimo requiebro, decidirse a armar su potente pierna izquierda en un par de milésimas de segundo. El balón dio en el poste (el único sitio que dejaba libre la envergadura de Neuer) pero después entró en la portería. La grada entró en éxtasis. Yo me quedé ronco. 

A partir de ahí el Atleti quedó como aturdido por haber alcanzado el plan tan rápido y el Bayern se recompuso. Acabó la primera parte con cierta incertidumbre pero la primera mitad de la segunda fue un monologo del equipo bávaro. Jugando muy bien, dio además la sensación de tener muy estudiado al rival. Encerrando al equipo, ganando la espalda de los laterales y jugando al Atleti como nadie le ha jugado en el Calderón este año. Hay mucho equipo ahí. También mucho entrenador. Pero los de Simeone aguantaron con cabeza y testosterona. A falta de un cuarto de hora para el final del partido el Atleti había contenido, más o menos, el empuje rival y quedaban todavía minutos para resolver el encuentro en la portería contraria. Tengo la sensación de que faltó fuelle para ello. Aun así Torres estuvo a punto de redondear la noche pero el poste lo impidió. Minutos antes el larguero de Oblak había parado también un obús de Alaba, lanzado casi desde el barrio de Schwabing en Munich, así que mejor un 1-0 que un 2-1. 

He visto, estudiado, leído y sobre todo vívido décadas suficientes como para defender delante de cualquier foro que el actual Atlético de Madrid es un milagro (y lo dice alguien que no cree en los milagros). Es tal el grado de eficiencia y compromiso de este equipo, tan impresionante su nivel de preparación, tan increíble el rendimiento que se saca de unas piezas contadas, tan prodigiosa la forma que tiene de darle la vuelta a sus propios hándicaps y tan incontestable el grado de identificación entre grada, equipo y club que, sinceramente, lo más racional que se me ocurre para explicarlo es recurrir a lo irracional. 

Está todo por decidir pero disfruten del camino. Nos lleve donde nos lleve.

@enniosotanaz

Hoy y siempre

Decía un novelista inglés llamado Samuel Butler que se puede hacer muy poco sólo con la fe pero que sin ella no se puede hacer nada. No puedo estar más de acuerdo. El Atlético de Madrid está en semifinales de la Champions League por segunda vez en tres años porque es un equipo de fútbol excelente. Bien entrenado, profesional y generoso que además rezuma fe. Por todos los sitios. Lo hace la plantilla, lo hace su entrenador y lo hace una afición entregada que sigue aferrada a esa idea ingenua de amar a su equipo por lo que es y no por lo que debería ser. El Atlético de Madrid es una bendición para ese mundo del fútbol que se apoya en cifras de ventas millonarias, crestas fotogénicas o luces de candilejas. Ese monstruo que reparte paquetitos desechables de ilusión como si fuesen piezas de bollería industrial. Ese que ofrece entradas para Disneylandia argumentando que venden realidad. El Atlético de Madrid es una rara avis en una fauna hostil. Un espontáneo en una comedia que se decora con luces de neón y que dice dar espectáculo pero que siempre acaba igual. Una anomalía complicada de entender, especialmente para los que reman a favor de corriente o los que tienen dificultades extremas para levantar la vista del ombligo. 

Creo que los aficionados al Atlético de Madrid tenemos mucha suerte. Dudo sinceramente que lo que se pudo vivir ayer en el Vicente Calderón pueda vivirse en muchos otros estadios del mundo. Y no estoy de hablando de nimiedades como ganar o perder, ni de mosaicos espectaculares o de fotografías que hielan la sangre. Tampoco de gritos, de ruido o de cánticos ingeniosos. Hablo de comunión. De entrega. De magia. De conceptos muy difíciles de explicar sin ponerse cursi o incluso haciéndolo. Cuando los jugadores saltaron al césped quince minutos después de haber ganado 2-0 al FC Barcelona parecían simplemente un puñado de amigos que celebraban un éxito. Lo eran, seguramente. Mis amigos y yo estábamos haciendo lo mismo en la grada. Les aplaudíamos y nos aplaudían. Todos éramos sinceros. Acababan de realizar una hazaña objetivamente épica pero creían sinceramente que nosotros teníamos parte de culpa de ese éxito. En ese momento no éramos clientes sino familiares. No éramos espectadores sino compañeros. Mientras sonreían y se hacían fotos parecían tipos normales. Lo eran. 

Los rapsodas hablaran de entrega, de fuerza e incluso de huevos. Yo prefiero hablar de fútbol. Sí, de fútbol, porque no existe una única forma de entenderlo ni es propiedad exclusiva de nadie. Ni gustos ni gaitas. Eso del debate estético es una pérfida artimaña para disfrazar el desprecio por lo diferente o peor, justificar lo injustificable. Fútbol es el pase de exterior en circunstancias extremas de un tal Saúl. Fútbol es una carrera en vertical de Carrasco o plantarse en tres toques en el lateral del área rival. Fútbol es ese prodigioso balance defensivo del Atleti en el que diez jugadores se mueven en torno al balón con una precisión digna del modelo atómico de Bohr. Fútbol es salir en eslalon en el minuto 80 de partido sorteando rivales hasta provocar un penalti. Fútbol es cerrar las líneas de pase de Busquets o no dejar espacios a la espalda de los laterales. Fútbol es jugar en equipo. Ayudar al compañero en el repliegue. Saber exactamente donde tienes que estar en cada momento. Fútbol es marcar goles y ser solidario para que no te los marquen a ti. Fútbol es el Atleti tanto como cualquier otro. Lo diga quien lo diga. 

Tienen valores, señores. Aplíquenlos”, decía ayer Simeone. Algunos le llamarán tribunero. Yo le llamo de usted. Simeone es el artífice de esta obra maestra llamada Atlético de Madrid. Sí, ese tipo extraño y algo hermético que responde mal a los que pretenden desprestigiarlo pero que no se cansa de dar lecciones magistrales, dentro y fuera del campo. Y sí, soy consciente de lo que acabo de escribir. Ahí me las den todas. El Cholo ha dado la vuelta como un calcetín ese espíritu autodestructivo que dejaron los estertores del legado Gil para transformarlo en una roca de sentimientos, de orgullo, de valor, de ilusión y lo que es más importante, de dignidad. El Atlético de Madrid, gracias fundamentalmente a este señor argentino, ha recuperado la dignidad que había perdido. Por muchos que los notarios de la realidad trucada no quieran enterarse y sigan intentando empujarnos a esas esquina cutre que nos han reservado. Lo aficionados al Atlético de Madrid, al menos los que ayer estábamos en el Vicente Calderón, tenemos muy claro lo que somos y lo que no somos. Estamos felices con ello y miramos a la cara a cualquiera para defenderlo. Hoy y siempre.

@enniosotanaz


Entre todos la mataron...

En esa carrera desenfrenada y concienzuda por destrozar la competición futbolística en vigor más antigua de nuestro país, el Campeonato de España que reparte la Copa del Rey, puede que estemos colaborando todos. Encabeza la lista la propia Federación, organizadora de la Copa y que, con modos de torpe estibador, eleva la cutrez de un torneo fantástico hasta categorías nunca antes alcanzadas. Cutrez, un diseño infumable y un desprestigio constante que aparece protegido por una gruesa costra de caspa y que confina un fuerte olor a rancio digno de otros tiempos. Colaboradores necesarios en este horror son también las televisiones que, en pos de no sé qué concepto del espectáculo, desplazan los partidos a horarios absurdos, ridículos y humillantes para el aficionado al fútbol. Horarios que desnudan las gradas y matizan, todavía más, un cuadro costumbrista de tristeza incalculable. "Es lo que vende", dirán, en esa especie de mantra ocultista que, aparentemente, esconde algo que solamente conocen "ellos". 

Los aficionados, acostumbrados a la inapetencia del mediocre y siguiendo esa ley del mínimo esfuerzo que tan bien le sienta al sistema, nos dejamos llevar, esperando a que nos lo hagan todo. Convertidos en elementos pasivos que asumimos como inexistente (o falso) todo aquello que no aparece en la tele (o en la web del MARCA), evitamos complicarnos la existencia teniendo que pensar y decidimos, como forma de vida, limitarnos a comprar y llorar cuando se acaba la cerveza. Imbuidos por ese tufo a decadencia que ya no percibimos, miramos de refilón una competición considerada como “menor” (salvo que la gane el equipo del Gran Hermano) que es como se considera en las redacciones "serias" y en esas “tertulias” tabernarias, protagonizadas por tipos que interpretan personajes al borde de la salud mental, que se emiten en medios tremendamente "profesionales". En ese caldo de cultivo no es de extrañar el hecho de que los propios entrenadores utilicen los vilipendiados partidos de Copa para realizar sofisticados experimentos que, en el mejor de los casos, denominan eufemísticamente como “rotaciones”. Entre todos la mataron... 

Eran las 22:00 de la noche del día de Reyes y echaba a rodar el balón en un desolado estadio de Vallecas. Cuando la gente debería estar acostando a los niños tras un agotador día dedicado a ellos, algún iluminado, de esos que dicen saber cosas que los demás no sabemos, decidió colocar el inicio de un partido de fútbol. Un partido que, dicho sea sin acritud, me pareció un tostón. Sin medias tintas. Un aburrido correcalles en el que 22 jugadores corrían mucho, presionaban más pero jugaban poco. La alta densidad de caras nuevas en ambos conjuntos daba un cierto aire de partido de pretemporada que no ayudaba mucho a centrarse en lo que estaba pasando. En el Atleti atraía la posibilidad de ver a los nuevos, Kranevitter y Augusto, pero no creo que fuese el debut soñado para ninguno de los dos. Tengo la sensación de que son ese tipo de jugadores que necesitan que la pelota esté rodando con sentido por el césped para poder destacar. No fue el caso. El Atleti no jugó a nada. Óliver y Torres volvieron a naufragar. Thomas parecía estar de entrenamiento. Carrasco quería jugar solo contra todos y los dos nuevos asistían perplejos al despropósito. Afortunadamente la defensa cumplía con solvencia si exceptuamos, claro está, a Siqueira que sigue acrecentando esa leyenda de transferible. Me da mucha pena la trayectoria de este jugador en el Atleti. 

Enfrente, el Rayo competía al mismo nivel de intensidad que su rival pero con bastante mejor afinidad por el balón (sin que tampoco fuese nada del otro mundo). Fruto de ello, y con algo de suerte, consiguió inaugurar el marcador tras un disparo de Nacho desde lejos que, para mí, se “come” el bueno de Moyá. Un tipo que me cae de lujo y al que le deseo lo mejor pero que, por alguna razón, no me inspira demasiada confianza en la portería. 

La segunda parte fue muy parecida a la primera pero los cambios de Saúl y Vietto por Augusto, Óliver y Torres, pusieron una pizca de cordura en los rojiblancos. Verán que he omitido un jugador en el balance pero soy consciente de ello. La razón es que el otro que salió al campo fue Jackson Martínez pero como si no lo hubiese hecho. Lo más destacable de los segundos 45 minutos (lo único probablemente) fue la jugada del gol. Buen pase lateral de Kranevitter, buena recepción y mejor asistencia al área de Vietto y gran remate de Saúl, siguiendo su más puro estilo de llegador. Viendo el estado de forma de Jackson, Torres y Correa, Vietto es para mí titular en este equipo. Saúl también. 

Con todo, el resultado es quizá lo más positivo para los rojiblancos. Viendo los antecedentes en casa y los pocos goles que encaja el equipo, todo apunta a que la eliminatoria podría estar encarrilada pero es arriesgado asumir ese tipo de cosas en una competición tan cambiante y en cierto modo tan adulterada como la Copa del Rey. No sé qué equipos sacarán Jémez y Simeone la semana que viene así que puede pasar cualquier cosa. La competición sigue viva, debería rezar el titular. Lo que no sé es si verdaderamente lo está.

@enniosotanaz

Herederos de Kim-Il-Sung

Si ustedes le preguntan a un niño norcoreano cuál es la persona más brillante que conoce éste le dirá que es Kim Jong-il (o Kim Jong-un dependiendo de la edad que tenga). Si ustedes preguntan a un niño español cuál es el único jugador de fútbol que conoce éste le dirá que es Cristiano Ronaldo (o Messi, dependiendo de la tele que vea). Es difícil que contesten otra cosa porque para ellos, en ambos casos, no existe nada más. Si lo hubiere (¡blasfemia!) sería irrelevante, perjudicial o mucho peor, pertenecería a los enemigos de la patria. Esos herejes que quieren derribar ese Status Quo tan bueno es para “todos” nosotros. Supondría cuestionar la verdad. La única. Ambos niños viven en una férrea realidad inventada por sus propios dueños. Unos tipos sin rostro pero con dinero, con muy poca fe en la humanidad y el libre albedrío, que prefieren poner orejeras a las ovejas para que "ellas mismas decidan” elegir lo que tienen que elegir. En ambos casos, curiosamente, los dirigentes coinciden en justificarse alegando que su población es libre de hacer lo que quiera. Así lo demuestran las audiencias de televisión en el primer caso. En el segundo también. 

Atresmedia, ese monopolio audiovisual que opera como cualquier régimen autárquico y que con dinero se hizo con los derechos de la Champions League, se suma así a la revolución “popular” que supuso la entrada de las divisas de los medios de comunicación en el mundo del fútbol. Decidiendo despreciar, humillar e insultar sin tapujos a Sevilla, Valencia y Atlético de Madrid. Los otros. La hez. El enemigo. Lo hacen, como es "lógico", utilizando los mismos argumentos que utilizó el Gran Líder y Presidente Eterno de la República POPULAR DEMOCRÁTICA de Corea (del Norte). Es lo que me pide el pueblo, dicen. Claro.


Pero pese a la ignorancia del mundo “libre”, el Atlético de Madrid vuelve a quedar primero de su grupo en Champions League y vuelve a pasar con honores y solvencia a los octavos de final de esa competición. Lo hace frente a un equipo complicado, en unas circunstancias difíciles (sólo valía ganar) y, a modo de exorcismo, en un terreno con demasiados condicionantes emocionales. Lo hace además con autoridad y jugando al fútbol. La casta desharrapada que vive al margen de las luces, los miembros del “enemigo”, los antipatriotas, los que no pueden (ni deben) salir de blogspot.com, nosotros, debemos estar de enhorabuena. 

El Atleti de Simeone saltó al precioso estadio del Benfica (lo es) con el traje de campeón. Serio, compacto y consciente de lo que representa. Lo hizo con una novedad, armando su moderno 4-1-4-1 (que es un 4-3-3 en ataque) con Gabi en la posición de “cinco” y dejando el rol de box-to-box al cuestionado Saúl. Gran acierto del Cholo. Mientras Gabi hacía un partido solvente, el canterano se salía. Con un prodigioso derroche físico Saúl fue capaz de ayudar en la construcción, en la deconstrucción, en la presión y además ser el capitán de la segunda línea. Estamos hablando de un jugador de 22 años. Por favor tengan paciencia porque tenemos oro líquido. Pasados los primeros minutos de pseudoacoso lisboeta (se toparon con una roca) los de arriba, Koke, Griezmann y Carrasco, se pusieron a combinar mientras Vietto tiraba diagonales a diestro y siniestro. Fútbol. El argentino siguió apareciendo excesivamente tímido pero se empezó a ver el jugador que es. Uno muy bueno. Una combinación suya con Saúl (habilitada antes por Griezman) dio el primer gol. Una obra de arte que no resiste descripciones literarias y que por ello les pido que vean con sus propios ojos. La primera parte acabó con la sensación de que el Benfica era bueno pero incapaz y el Atleti un equipo con mayúsculas. 

La segunda no varió demasiado, a pesar de los intentos portugueses por irse arriba y el susto que dio Mitroglou, que acababa de salir y fue de los mejores entre los suyos, nada más echar el balón a rodar. El Atleti, obligado en este caso por el rival, juntó filas y defendió más cerca de su área (sin renunciar a la presión) pero las salidas con balón tenían mucho sentido. Eso es lo que se le pide a un equipo que juega replegado. Eso y, como también hizo, utilizar el balón con criterio cuando tiene la oportunidad de hacerlo. El trío letal que el Atleti tiene ahora por la izquierda (Filipe, Koke y Carrasco) consiguió llevar el balón hasta el fondo en una de esas jugadas. El belga, cada vez más importante en este equipo, metió un balón inteligente al primer palo donde llegó Vietto con habilidad para hacer el segundo gol. El joven jugador argentino tocó solamente dos balones dentro del área en todo el partido. El primero fue el pase a Saúl que dio origen al primer tanto. El segundo fue su propio gol. Ojo. 

Los últimos minutos fueron de acoso portugués, gracias al gran gol de Mitroglou (no es fácil darse la vuelta delante de Godin y meterla pegada al poste), a lo mal que entraron los cambios en el Atleti (sobre todo un Torres inusualmente apático) y al tal Renato Sánchez, un veinteañero portugués de condiciones prodigiosas que se echó el equipo a la espalada. Pero el Atleti también sabe sufrir y solventó la papeleta con oficio y fútbol. 

El equipo rojiblanco sigue en la pelea. Vuelve a estar entre los 16 mejores equipos de Europa y lo hace además disipando dudas como primero de grupo. Los colchoneros deberíamos olvidarnos de absurdas peleas internas y alegrarnos por ello. Mucho. Celebrar que en febrero seguiremos dando guerra por el continente. Por mucho que le resulte despreciable a los supuestos profesionales de Atresmedia y sus ideólogos. Esos fieles herederos de las enseñanzas de Kim-Il-Sung. 

@enniosotanaz

Anonimato

De vacaciones, fuera de su espacio natural, uno a veces hace cosas extrañas como escuchar programas deportivos por la radio o la televisión. Es el caso. Eran las seis de la tarde y las emisoras de radio (varias) que estaba poniendo en mis auriculares mientras buscaba un bar en el que ver al Atleti, no dejaban de hablar del Real Madrid. De la resurrección de sus multimillonarios, de lo bien que había recibido el vulgo a no sé qué imputado, de que lo de la Copa “todavía no era seguro” y de lo cerca que se "ponían" del Barça. Ni una palabra del segundo clasificado de la liga, ese que, curiosamente, estaba a punto de jugar y ponerse a un punto del líder. Seis horas y varios partidos después, en lo que dicen que es la televisión pública, seguían hablando de lo mismo en los mismos términos. Allí deben entender que servicio público es que un sevillano que quiera ver los goles de su equipo tenga que pagarse la tele privada o esperarse hasta las dos de la mañana y sufrir primero la penitencia de las sofisticadas soflamas de un puñado de opinadores radicales (por no decir otra cosa) sobre Madrid/Barça, para poder hacerlo. Parece que todo lo demás es oficialmente irrelevante en este país de empresarios impacientes, gente que llega arriba por la puerta de atrás y especialistas en hacer revuelto de ajetes con los huevos de oro. Ustedes dirán, y dirán bien, que lo mejor es pasar. Huir de la estulticia. Ignorar eso que se denomina medios de comunicación y hacerse fuerte entre amigos, en los aledaños del Calderón, leyendo literatura, escuchando música o buscando la verdad en las benditas redes sociales pero qué quieren que les diga, a mí me jode. 

Pero vayamos al fútbol. El Atleti parece instalado en ese modo “martillo pilón” que tan buenos recuerdos nos trae y que tan bien nos sienta a los que huimos de Matrix. Casi desde el anonimato, el Atleti lleva ya muchos partidos jugando muy bien al fútbol. Demasiados como para que, nosotros también, lo pasemos por alto. Sin dañar el rigor defensivo que les ha hecho famosos, el equipo es ahora también capaz de monopolizar el balón, de triangular, de crear fútbol y de jugar. Son ya varios partidos en los que el equipo sale con una fuerza mental prodigiosa, mandando en el campo, imponiendo su ritmo, moviendo el balón muy rápido y llegando con claridad al marco contrario. Con fluidez y clase. Contra el Granada se repitió la historia. Los andaluces trataron de ordenar las marcar y juntar muchos las filas pero no pudieron contrarrestar el juego colchonero. Un renacido Filipe Luis hacía lo que quería por su banda. Da gusto volver a ver al brasileño en su mejor nivel. La sociedad que se ha creado en esa banda con Carrasco y Koke es muy interesante y promete grandes sesiones de fútbol. El centro (Gabi, Saúl y Koke) movía el equipo con solvencia y aunque se vio a un Saúl incómodo y algo aturdido por tanto foco encima (normal), el rival no exigió lo suficiente como para ponerlo en verdaderos apuros. Todo apuntaba de maravilla para los de Simeone. 

Pero el equipo, a pesar de la significativa mejoría, sigue adoleciendo de pegada. Sólo Griezmann, pendiente también de cubrir su banda y algo más alejado del área en el nuevo sistema, parece estar a la altura. Torres hace todo lo que puede pero le falta velocidad de movimientos para ser un 9 letal. Los del banquillo, de momento, tampoco parecen estar mucho mejor. Al final el gol llegó a balón parado, con un gran testarazo de Godin que remató un córner desde la derecha estando solo en el área, que es lo mismo que decir gol. Error importante del Granada. 

A partir de ese tanto, y hasta bien entrada la segunda mitad, aparecieron también algunas trazas de otra de las cosas que creo tiene que corregir el cuadro colchonero. Las ganas de parar el partido volvieron a provocar la falta de tensión en la escuadra colchonera, la caída del ritmo y por ende el resurgir de los granadinos. Entiendo que el equipo haga algo así con un marcador desenfadado pero no cuando la distancia es simplemente de un gol. Demasiado riesgo. Por mucho que la defensa colchonera sea una roca. Los locales consiguieron llegar un par de veces a la portería de Oblak (sin demasiado peligro, la verdad). Los cambios de Simeone y Griezmann, como no, modificaron la situación y acabaron con las esperanzas andaluzas. Con Óliver en el campo, Koke bajó al mediocentro y el equipo recuperó el balón y el dominio. Me gustó esa combinación. No me importaría volver a verla. La posterior entrada de Thomas fue también bastante interesante. Más suelto y valiente que en el último partido, el africano dejó muestras más que esperanzadoras. 

Y llegó el segundo gol. Un prodigio de este deporte que sólo por verlo en directo merece la pena pagar la entrada. A un velocidad endiablada, Griezmann dejó pasar bajo sus piernas un pase diagonal que acabó en los pies de Óliver Torres. Éste, de un solo toque de clase, metió la pelota en vertical al área, justo en la dirección en la que se había movido el jugador francés. El rubio prodigioso, sin tiempo para que nadie se colocara, ejecutó un soberbio zurdazo que se coló por la escuadra de la portería. Golazo. Fin del partido. 

El Atleti sigue ahí. A dos puntos por debajo del Barça y a dos por encima del Madrid. A nadie parece importarle pero si huyen de los titulares y observan la clasificación verán que es así. Lo juro. Más allá de los puntos, el equipo encima juega cada vez mejor. Tiene más registros, cada reinvención parece más interesante que la anterior y todavía hay varias vías de mejora que parecen evidentes. Independientemente de que los que cobran por contárselo estén bailando zarzuela, parece que hay equipo. Estén atentos.

@enniosotanaz

Tiago

Tiago Mendes aterrizó en la rivera del Manzanares 48 horas después del día de reyes de 2010. Sí, en el mercado de invierno. La tradición de mediocentros en el Club Atlético de Madrid era tan sumamente catastrófica que su llegada no despertó demasiada expectación. “Otro más”, rezaba por entonces mi anónimo (y cenizo) compañero de grada. No podía jugar la Europa League (competición que acabamos ganando ese año) y encima venía cedido por la Juventus, equipo en el que había pasado sin pena ni gloria. “Si allí no lo quieren…”, confesaba también entonces mi vecino, con ese optimismo tan valiente del que hacen gala los que nunca se equivocan. Contra todo pronóstico, el portugués se hizo con el puesto y acabó completando una gran campaña que nos llevó a ganar ese año la segunda competición europea (aunque él no la jugara) y a la final de la Copa del Rey, tras muchos años sin títulos. El Atleti perdió aquella final de Copa en Barcelona frente al Sevilla pero Tiago, que no había podido jugar en Hamburgo, entendió aquel día lo que era este bendito equipo. Aquella noche, con lágrimas en los ojos, parado en el césped del Camp Nou y viendo a la nutrida afición colchonera, apenas diez minutos después de haber perdido la final, cantando con el pulmón en la garganta su amor por los colores, Tiago entendió el espíritu rojiblanco y se le quedó clavado en el tuétano. 

Casi seis años después Tiago lo ha ganado todo con la camiseta rojiblanca. Liga, Copa, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Europa League y le falta la Champions por aquel maldito minuto 93 de Lisboa. Por el camino dejó de ser ese jugador prometedor pero errático, confuso y falto de confianza para transformarse en el mejor mediocentro del Atleti en varias décadas y uno de los mejores de Europa. Es hoy la referencia de este equipo, dentro y fuera del campo, como así se lo reconocen compañeros y cuerpo técnico. Hoy, casi 6 años después de aquella llegada por la puerta de atrás y en el mejor momento de su carrera, Tiago acaba de romperse la tibia en el Calderón. Una grave lesión que, a sus 34 años, no parece fácil de superar. No sé lo que ocurrirá, cómo y cuando conseguirá volver a ser jugador de fútbol pero no creo que ahora mismo sea el momento de hacer cuentas, pronósticos ni promesas. Tiago merece el aplauso cerrado que se ha llevado hoy del Calderón y, más allá de aquel episodio oscuro de su retiro en el Chelsea, creo que es un jugador que ha hecho al Atleti estar donde está y al que por tanto le debemos mucho. Sólo por eso merece nuestro apoyo y nuestro cariño, aunque me consta que esto último es tan obvio que huelga decirlo. Sea cuando sea, esté como esté, Tiago será siempre bienvenido. 

El Atleti acaba de ganar al RCD Espanyol pero es una victoria que, sin dejar de ser importante, queda ensombrecida por la desgraciada lesión. Los de Simeone, aún volviendo al tradicional 4-4-2, encararon el partido muy bien y se pusuieron por encima en el marcador muy pronto. Buena jugada de Óliver Torres por la derecha (por fin un buen partido del canterano con la camiseta rojiblanca), pase al área y el de siempre, Griezmann, que mete la puntita para, no sé si él o el defensa, desviar el balón a la portería. El 1-0 daba alas a un equipo, el colchonero, que siguió jugando muy bien al fútbol. Hasta la lesión las sensaciones eran muy buenas. Buen toque, buen ritmo, buena presión, buena salida de balón y buen fútbol. Tras la lesión, un balón absurdo al que Tiago ataca de mala forma, el estadio entero se quedó aturdido. Helado. Jugadores y espectadores se quedaron sin referencia y el frío, que nadie había notado hasta entonces, se hizo de repente muy presente. 

La grada buscaba en el teléfono alguna noticia tranquilizadora durante el descanso pero ésta no llegaba. No es rodilla, decían, es una lesión ósea, como si eso hiciese el drama algo distinto. Los jugadores volvieron al campo con otro ímpetu y, más o menos, lograron sobreponerse a la situación. Saúl, como concienciado de repente de un rol del que no va a poder escapar, empezó a centrarse y a enderezar una actuación que en la primera parte no había sido tan buena. El Atleti siguió jugando y llegando, pero este equipo sigue sumido en una galopante y preocupante carencia de gol. 

Tampoco ayudó mucho Vietto que había sido agraciado con la titularidad pero que no ha estado a la altura en ningún momento. Lento, tímido, errático, eligiendo mal y fallándolo todo. Mala pinta tiene un jugador que está pidiendo a gritos una cesión. El propio Vietto, Griezmann, Godin, Carrasco, Óliver, Torres,… ninguno fue capaz de colocar el segundo gol en el marcador. Pero el partido llegó a su fin, con un equipo rival (el Español) que no existió en 90 minutos y con un equipo, el colchonero, que pasará el fin de semana jodido a pesar de seguir en la segunda posición de la tabla liguera. 

La lesión de Tiago es una desgracia, sin paños calientes, pero es irremediable y sería inútil (y absurdo) recrearnos en la desgracia o perder energías en buscar culpables y motivos. También en buscar remedios mágicos. Tenemos lo que tenemos y habrá que reinventarse. Dice la gente que sabe de esto que la mejor forma de encarar los problemas es no tomarlos como tales sino como oportunidades. Un nuevo escenario que pueda ofrecer alegrías con las que no contábamos. Héroes que no estaban llamados a serlo. Caminos y escenarios que antes no existían. Brindo por ello.

@enniosotanaz

Resurrección

At. Madrid 5 - Malmö 0

El fútbol es un deporte de apariencia muy sencilla pero de fondo muy complicado. Es tan evidente que no descubro nada. Salvo para los excelsos analistas de este país en el que vivimos, todo el mundo del balompié reconoce que lo que hizo Simeone en el Atlético de Madrid es básicamente un milagro. Un fabuloso trabajo difícil de repetir. Montar una estructura deportiva tan bien encajada, tan potente y tan exitosa es tremendamente complicado y tiene mucho mérito. Por eso cometeríamos un error, que además sería muy injusto, si planteamos el año pasado como referencia de todo lo que le pase al Atleti a partir de ahora. La nueva temporada ha comenzado rara y con un equipo sin varias de las piezas que eran básicas en aquel equipo milagro. Tenemos un conjunto diferente que está en fase de construcción y eso tenemos que asumirlo cuanto antes. Lo que tenga que venir vendrá, pero nunca será lo mismo. 

Hoy el Atleti ha goleado al Malmö sueco justo cuando se alcanza el meridiano de la Liga de Campeones y lo ha hecho con una brillantez que tiene truco. Empatando a cero en la primera parte y metiendo cinco en la segunda. ¿Existió realmente tanta diferencia entre ambos tiempos? Yo no lo creo. La gran diferencia fue probablemente la distinta intensidad con la que se jugó pero sobre todo la capacidad para hacer gol. Mientras en los primeros 45 minutos el equipo colchonero estaba gafado y parecía incapaz de traspasar la red en los 45 segundos la pelota llegó siempre a la red. Los tiros entraban, la pierna de Mandzukic llegaba primero y los balones mordidos de Griezmann caían entre los tres palos. ¿Por qué ocurren estas cosas? Si lo supiese sería entrenador y me ganaría la vida con ello. No creo que nadie lo sepa, pero es parte indisoluble del fútbol.

El partido comenzó frío, más de lo que corresponde a un encuentro de Champions. La culpa no fue precisamente del carácter escandinavo ya que al Calderón acudieron varios miles de suecos de Escania que aportaron color, tuvieron un comportamiento ejemplar (además de envidiable) y que durante muchas fases hicieron notar su presencia por encima de la nuestra. El Atleti salía con una alineación que personalmente me encantaba, con Griezmann y Arda acompañando a Manduzukic, más Koke y Saúl por delante de Mario Suárez. Con esta combinación consiguieron hacerse dueños del balón y llegar con facilidad al área pero faltaba el ritmo y la intensidad de otras veces. Los suecos tuvieron excesiva facilidad para enfriar el partido y aprovechando un Atleti totalmente volcado por momentos, tuvo ocasión de probar a Moyá un par de veces antes de irse al descanso. En el Atleti destacaba (aparte de Arda que con su mero trote tan poco ortodoxo es suficiente para destacar) un Saúl que estaba bien asentado en el mediocentro y era el que mejor conectaba en ataque. La mejor jugada llegó sin embargo, como no podía ser de otra forma, de la mano del otomano que de pase magistral habilitó a Griezmann delante de la portería para que el francés, henchido de ansiedad, empotrase el balón en el larguero y Manduzkic, henchido de ansiedad también, no fuese capaz de rematar después en boca de gol.

Pero la segunda parte fue muy diferente. En cuanto rodó el balón parecimos ver mayor brío entre los jugadores rojiblancos pero lo que si que apareció, sin ninguna duda, fue mucho fútbol. Y mucha calidad. Cuando el Atleti fichó en verano a Griezmann imaginaba lo que sería verlo combinar con Arda y Koke. Hoy he podido hacer realidad ese sueño. A base de combinación, paciencia y calidad, el cuadro de Simeone metió al equipo sueco en su área y le hizo cinco goles. El primero de excelente combinación por la derecha entre Griezmann y Arda en la que, tras un millón de pases, Koke recogió el balón dentro del área grande para meterlo en la portería. Un jarro de agua fría para agoreros, cenizos y seguidores de esa canción del verano que dice que el Atleti sólo sabe jugar directo o a balón parado. El segundo vino por el mismo sitio pero tras pase de Koke al centro del área que Mandzukic aprovechó para ganar en la anticipación a su central y conectar con el balón. Enseguida Griezmann recogió un balón en la línea de tres cuartos para, de jugada individual, encarar la portería y aprovechando la suerte que antes no había tenido, meter el balón en la portería de parábola tras golpear el balón en el portero. Significativo, me parece a mí, el que el francés celebrara su gol a la carrera lanzándose a los brazos de Simeone que lo esperaba en la banda. Buen feeling. Con el 3-o el partido era ya una fiesta pero, como no, faltaba el gol a balón parado. Un gol que he escrito ya un millón de veces: saque de córner de Koke y remate de cabeza de Godin. El quinto llegó en las postrimerías del partido y lo hizo un Cerci que llevaba pocos minutos en el campo y que recogía el rechace de su primer disparo a puerta (un excelente tiro de efecto que se estrelló en el poste) para repetir el mismo tiro, menos plástico y con menos parábola, pero certero esta vez.


Magnífico resultado que eleva al equipo a encabezar la clasificación y que alisa algo más la pista de una fase de grupos que se había complicado mucho tras el primer partido. El Atleti sigue vivo y la vuelta de los delanteros puede servir de partido resurrección. Permanezcan atentos. 

Nunca se había marchado.

At. Madrid 4 - Sevilla 0

Había que ser muy torpe, muy necio o muy sucio para que los pitos al cambio de Griezmann del pasado fin de semana supusiesen un debate mediático en torno a una afición dividida por una supuesta desafección hacia Simeone. Era evidente que quién amplificaba el sonido y ponía los focos en una anécdota ínfima, repetida un millón de veces antes, no sólo no sabe lo que es estar en el Vicente Calderón (rara vez los periodistas de cabecera se digan a ensuciarse las canas acudiendo in situ a un lugar tan poco glamuroso como un estadio de fútbol) sino que es evidente que lo hacía con una oscura intención de fondo. Pero así estamos desgraciadamente en el Atlético de Madrid. Un equipo que al parecer lleva ya demasiado tiempo en ese estado mágico que le permite pasearse por las nubes y que molesta horrores al Establisment. Y bien que se encargan de dejarlo claro. Visto desde otro punto de vista, es hasta gratificante observar la cantidad de recursos que consumen en la empresa y el brutal desgaste de talento zafio que tiene que emplear esta gentuza para que las cosas vuelvan a ser “como Dios manda”. Juego feo, juego sucio, equipo violento, 100 millones gastados, pitos al entrenador, goles a balón parado,... el catálogo de sandeces es infinito. No por repugnante deja de ser bochornoso. No por innocuo (algunos hace años que estamos hasta las pelotas de un puñado de profesionales mercenarios que chapotean en las cloacas más infectas de la profesión y que no me merecen el más mínimo de los respetos) deja de ser realmente dañino (desgraciadamente no todos los aficionados al Atleti son capaces de vivir al margen de los moradores de “la fosa séptica” (*) y eso trae consecuencias). Pero todos estos soldados de la canallesca van a tener que seguir tirando de imaginación un poco más. Sacar sus mejores opciones de talento para el mal y comprar cajas de ALMAX para controlar el ardor de estómago. Simeone ha vuelto. En realidad nunca se había marchado.

El partido contra el Sevilla de Emery era de una importancia vital. Quizá no a nivel de puntos pero sí desde el punto de vista psicológico. Enemigo directo, equipo rojiblanco (aparentemente) lleno de dudas y semana complicada en el horizonte, pero el equipo colchonero saldó el envite con nota. Haciendo un gran partido, tirando de personalidad, enseñando los dientes y anulando a un rival que no fue capaz de asomar la cabeza en ningún momento. Los dos entrenadores plantearon una batalla para dominar el centro del campo pero mientras que Emery, otra vez, recurría a su miedo proverbial para colocar un nuevo central adelantado que ayudase al equipo a compactarse y parapetarse en su campo, Simeone colocaba otro medio centro dinámico (Saúl) para dominar el terreno de juego y controlar el balón. El plan salió a la perfección para el argentino, gracias sobre todo a la labor de un Saúl que volvió a realizar un gran encuentro. Muy disciplinado en la táctica y el esfuerzo para recuperar el balón, la diferencia estuvo sin embargo cuando en ataque aparecía por varias zonas del campo para combinar, ofrecer una ayuda o incluso iniciar la jugada. Es el tipo de jugador polivalente y sacrificado que gusta a Simeone así que seguro que jugará bastante. Pintaza de gran pelotero. 

El Atleti dominaba el juego y el partido. Llegaba por izquierda o derecha, con Koke, Arda y Saúl muy móviles y los estiletes de los laterales. Tanto Juanfran, en gran estado de forma, como un Ansaldi renacido que hizo un buen encuentro. El equipo ya avisó con un remate de cabeza de Gabi tras jugada a balón parado por el que seguramente irá al infierno (¡¡balón parado!!). El gol no tardaría en llegar. Jugada de coraje y calidad por parte de Saúl desde la izquierda que deja el balón en Koke encarando la portería rival. El internacional Atlético entró en el área para disparar a puerta pero topándose con la pierna de un rival que desvió el balón para llevarlo a la portería sevillista. El gol no provocó ningún cambio en ninguno de los dos equipos y las cosas siguieron prácticamente igual. Tan sólo al final de la primera parte los andaluces lograron estirarse algo, pero el espejismo quedo sepultado con el segundo gol colchonero. De nuevo a través de la herejía del balón parado y tras una jugada que de ser ensayada sería prodigiosa. Saque al lateral, Arda que deja de cabeza, Miranda que cuelga con la derecha y Saúl que remata de cabeza entrando por el segundo palo. Golazo.

La segunda parte fue más fea y se jugó menos pero no cambiaron ni los protagonistas ni el resultado. Emery quiso poner algo de fútbol con Banega y Denis Suárez (tarde, como siempre) pero no lo consiguió. Apenas ocurrió nada, de hecho, hasta la salida de Griezmann por parte del Atleti que puso velocidad y chispa. También apareció en el campo, en el tramo final, el mexicano Raúl Jiménez al que se le vio motivadísimo y con tantas ganas de agradar que sinceramente resultó entrañable. Tuvo además un papel importante en esos minutos hasta el final del partido. Primero asistiendo a Griezmann para que Diego lo arroyase dentro del área (pocos penaltis verán en su vida más claros que ese). Raúl García transformó la pena máxima. Después para tirarse en plancha y conectar de cabeza el balón que ponía el cuarto en el marcador. Me alegro por él. Si el Cholo consigue recuperarlo para la dinámica de grupo habrá que sumar un nuevo milagro a su ya dilatada lista.


Gran partido de los de Simeone que da un golpe encima de la mesa de agoreros, cenizos, arqueólogos de la polémica, analistas de charcutería y demás infelices. El Atleti está aquí porque realmente nunca se había marchado. Sale con sobresaliente y ánimo renovado del primer órdago de una semana terrible. Pero seamos fieles a la leyenda: partido a partido.


(*) Expresión robada a mi querido y admirado Julio Ruiz. 

Alivio.

Almería 0 - At. Madrid 1

Les pido que hagan un ejercicio de memoria y se sitúen unos años atrás, no muchos, en esos momentos en los que el banquillo rojiblanco estaba ocupado por Aguirre o Manzano, señores perfectamente incrustados en el Establishment, muy del agrado de los medios de comunicación y protagonistas (según esos mismos medios) de “exitosas” campañas al mando del equipo colchonero. Recordarán, como yo, que entonces el objetivo marcado por el entrenador, aceptado por la prensa y gran parte del entorno, era el de sacar “un buen resultado” en campos como el del Almería. Es decir, todo lo que no fuese perder era bueno. Hoy, jugando en ese mismo campo, cualquier cosa que no fuese ganar era una tragedia sin paliativos. Ese es el estratosférico recorrido que ha sufrido este equipo como institución en los últimos años. ¿Tiene sentido en ese contexto la crítica exacerbante al actual Atlético de Madrid? No. No lo tiene. Es evidente que no añoro el pasado y que no quiero por nada del mundo volver a esos tiempos del terror en los que estábamos dirigidos por tecnócratas que jamás entendieron lo que es el Atlético de Madrid, pero sí que reclamo algo de perspectiva y criterio al aficionado colchonero. Todo se puede criticar pero con algo más de sentido. No podemos rodear cada uno de nuestros comentarios con un histerismo adolescente que desconozco de dónde ha salido. No podemos tener la impaciencia del niño malcriado que lo quiero todo aquí y ahora. No podemos convertirnos en aquello que criticamos. No podemos ser tan desagradecidos con aquellos que nos han llevado a tocar la gloria porque no sólo no es justo sino que además no se corresponde con la realidad. No me gusta el clima que se está instalando en torno al equipo. Me parece gratuito, dañino e impropio de un equipo como el nuestro. No me reconozco en ese sentimiento cenizo, histérico e intransigente que últimamente rodea la actualidad colchonera. El partido de esta noche en Almería venía cargado de una tensión tan absurda como insoportable. Con un equipo injustamente puesto en cuestión, con los recientes resultados negativos clavados en la espalda y sin delanteros centros, así es como se encaraba. Por todo ello, esta victoria en feudo almeriense se me antoja balsámica y tranquilizadora. Un alivio que apenas durará unos pocos días pero que se agradece. 

El encuentro comenzó con el Atleti bien plantado en el campo, adelantando la defensa y siendo dueños del balón. Dato que podría parecer sin importancia pero que no lo es, dado que no es el colchonero un equipo que últimamente se caracterice por elaborar mucho fútbol. Hoy lo ha intentado y le ha salido de forma desigual. Mejor en la segunda mitad que en la primera pero con una idea en mente que, a mí por lo menos, me resulta bastante interesante. No sólo estaba controlado el balón sino también el partido, gracias a un equipo andaluz totalmente replegado en su área y con muy poca salida de balón. errática y demasiado vertical casi siempre, además. Al Atleti le bastaba un poco de intensidad y buena colocación para dominar todas las fases del juego. El problema es que los de Simeone trataban de construir pero lo hacían mal, con numerosos errores, perdidas absurdas de balón y sin velocidad. Todo el buen criterio que trataba de poner Tiago lo contrarrestaba un Mario Suárez que sigue sin estar. El problema es que me temo que ya tampoco se le espera. La salida del juego a través del canterano era espesa, lenta y mala. Torpe. Aún así el equipo madrileño dispuso de al menos tres ocasiones claras de marcar. Esas ocasiones que el año pasado entraban y este no. El primero de remate de Godin tras saque de esquina, el segundo de buen lanzamiento de Tiago desde fuera el área y el tercero de buen zurdazo de Raúl García, que como en la otras, paró con solvencia Rubén, el portero almeriense.

La segunda parte supuso una significativa mejoría para los de Simeone. La clave parece evidente a posteriori pero a priori, créanme, también parecía evidente. La entrada de Saúl por Mario hizo que Koke bajase al doble pivote y que el ex del Rayo jugase entre líneas muy buenos minutos. Combinando con los delanteros, ayudando a dar salida de balón a los medios y poniendo mucha intensidad. Buen partido de Saúl del que creo que poco a poco acabará encontrando su sitio. Proyecto de jugador muy interesante. Con ese caldo de cultivo aparecieron combinaciones de Arda, Koke, Griezmann (más apagado de lo normal) y el Atleti empezó a vivir en el área de Almería. Pero al final el gol, que llevaba rondando desde hacía bastante tiempo, tuvo que venir como siempre. Saque de esquina de Koke al primer palo y remate de Miranda. No por conocido es difícil de defender. El Atleti borda la excelencia en este tipo de acciones.

A partir de ahí el partido murió. Se hizo feo y nadie jugó al fútbol. El Almería se fue arriba pero era incapaz de llevar la manija y sólo conseguía inquietar al rival a base de pelotazos al área. El Atleti cediendo terreno y balón pero siendo incapaz de darle la pausa necesaria al partido cuando recuperaba. Demasiada tensión. El conjunto andaluz apenas dispuso de ocasiones y nunca llevó peligro pero la sensación que quedaba en los aficionados colchoneros era la de que se estaba pasando mal hasta que el árbitro, por fin, pito el final del partido.


Tres puntos de oro que intuyo servirán para poner tranquilidad a una huestes demasiado alteradas, para consolidarse en la parte alta de la tabla y para enfrentarse con optimismo al Tourmalet que viene en las próximas fechas (Sevilla, Juventus, Valencia). Paciencia.