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¡Un abrazo!

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Adonis

No hay cosa más absurda que ser el raro de la clase, enamorar a la chica más popular del instituto y creerte que lo has hecho por ser un Adonis. No eres un Adonis. El Atleti no es un Adonis. Sí, conseguiste, con todo merecimiento, enamorar a la chica más popular (es decir, ganar la liga) pero fue a base de encanto, personalidad, verosimilitud, humildad, autoconfianza y siendo diferente a todos los demás. Recuérdalo. Es ridículo pensar ahora que eres un Adonis y que la gente se acerca a ti por tu físico, tu coche o tu belleza estandarizada según el canon del Establishment. Y sí, es cierto que ahora hay gente que, arrastrada por la popularidad del éxito tangible, se acerca y dice estar contigo pero no son verdad. Son escenario. Ruido. Moda. Están por lo que no eres y se irán cuando dejes de regalar espectáculo fungible. 

Decía Platón que ningún asunto humano merece mucha ansiedad y tenía razón. Mucho menos un partido de fútbol y mucho menos todavía cuando, jugando al fútbol, se disfruta de ese lugar privilegiado llamado liderato. No sé si es una sensación subjetiva pero últimamente noto al Calderón cambiado. Lleno de personas (muchos extranjeros) que vienen buscando un nombre en la espalda en lugar de un escudo. Que esperan teatro en lugar de fútbol. Que sienten que lo que pasa en el terreno de juego es ajeno a ellos cuando en realidad no es así. 

El Atleti encaraba el partido contra el Levante jugándose la primera plaza y eso no sólo se palpaba en el ambiente (para mal) sino que supuso un condicionante demasiado exagerado. La ansiedad ocupaba todas las esquinas y constreñía el espíritu colchonero como una boa constrictor. El equipo de Simeone encaró bien el encuentro. Jugando rápido, buscando las bandas, dominado el tempo y mandando. El Levante presentaba una intensidad digna de la primera división y un rigor táctico propio de una liga como esta, con equipos muy bien entrenados. Los rojiblancos siempre tienen problemas contra defensas cerradas y contra el equipo valenciano no hubo excepción. El juego se topaba una y otra vez con el muro rival, provocando cierta desesperación en los locales, aunque todavía llevadera. Gabi hace lo que puede en esa función de 5 pero no se mueve del aprobado. Koke sigue en ese estado de letargo tan preocupante y Correa lo intentaba pero se perdía en esa posición de banda. Noté también como el equipo juega demasiado condicionado por la presencia de Jackson Martínez, algo que ocurre desde el principio de liga y no me gusta. El colombiano además sigue sin responder. Es bueno, no lo dudo, pero empiezo a sospechar que su adaptación a la filosofía de este equipo es un quimera. 

El 4-3-3 no funcionó y Simeone cambió al clásico 4-4-2 con Griezmann arriba. Llegó alguna ocasión más clara y un penalti clamoroso. Penalti que por supuesto el señor colegiado obvio. Si esa mentira llamada Madrid/Barça no existiera uno podría pensar que simplemente fue un error. No lo pienso así que no voy a ser tan hipócrita como para decir otra cosa. Desatascar un partido a la media hora nos hubiese llevado a un escenario bien distinto, lo sabemos bien porque es lo que les ocurre a los “grandes”, pero no fue así y pasamos al siguiente estadio, el de la ansiedad extrema. 

La segunda parte fue eso. Un mazacote de ansiedad que se podía respirar y hasta masticar en cada rincón del Vicente Calderón. El equipo se precipitaba en cada pase, en cada carrera y en cada protesta. El Levante tiró además de eso que los cronistas llaman oficio cuando quieren decir falta de FairPlay. El Atleti llegaba de forma desordenada pero llegaba. Nada, no había forma de hacer gol. Simeone, poseído también por la ansiedad, hizo un cambio raro, poniendo a Correa, Jackson y Carrasco en el tridente de ataque (ninguno especialmente recuperador) y casi se carga el partido. El equipo se rompió y el Levante tuvo dos o tres llegadas con mucho peligro. El Cholo arregló enseguida el entuerto quitando a un inoperante Jackson y poniendo a Thomas. La entrada del africano tenía la misión de volver a equilibrar el equipo, cosa que hizo, pero acabó siendo la salvación. Cogió un balón al borde del área, tuvo la personalidad de encarar la portería contraria con él, tiró a puerta y el balón consiguió traspasar llorando la línea de gol. Extasis en el coliseo rojiblanco. Ya lo dije el otro día y lo repito hoy: Thomas es un valor en alza. Un jugador distinto de esos que no tenemos. Ojo a los próximos días. 

El Atleti espera a los Reyes Magos en la primera posición de la tabla. Así de simple. Hay que ser muy estúpido para buscarse argumentos con los que sufrir en estas circunstancias pero allá cada uno. Yo pienso disfrutar y me da igual el runrún de tanto cenizo que me rodea, a un lado y a otro de los medios de comunicación. Insisto, allá cada uno. Sólo una cosa, recuerden que no son Adonis. Son (somos) el Atlético de Madrid y francamente no debería hacer falta nada más. 

@enniosotanaz

Helen Keller

Helen Keller fue una mujer nacida en Alabama a finales del siglo XIX que con un año de edad se quedó ciega y sorda. Con unas cartas tan malas, fue sin embargo capaz de convertirse en la primera persona ciega y sorda que obtuvo un título universitario en los Estados Unidos, erigirse en una importante pensadora y activista política de su época o escribir más de una docena de libros, uno de los cuales ("La Historia de mi Vida") es hoy de lectura obligada en las escuela de Estados Unidos. 

Ayer, pocos minutos después del soberbio gol de Fernando Torres, cuando todavía estaba reposando el complicado empate que el equipo sacó del Ciutat de Valencia, me acordé de Helen Keller. Y no lo hice por el afán de superación de un equipo que se sabe agotado, por remontar por dos veces un partido que se complicó mucho o por esa capacidad, construida a base de orgullo, que el hijo pródigo se sacó de la chistera para, otra vez, rescatar al equipo de sus amores de un momento complicado. No, me acordé por todo lo contrario. Por esa parte de la afición que al minuto de acabar el partido tiraba ya de lecturas fáciles, de eslóganes de chiringuito y de pesimismo preventivo. Invocando precisamente a Helen Keller, segué a la conclusión de que o ellos o yo nos hemos equivocado de equipo. 

Durante años he peleado contra ese estereotipo tóxico que el Ministerio del Gran Hermano trata de inocular al mundo "libre" y que dice que los colchoneros somos perdedores, pesimistas y taciturnos. Nada más lejos de la realidad. O eso al menos es lo que yo creo. Los rojiblancos somos ganadores natos (basta mirar nuestras vitrinas) y nos molesta mucho perder. Pero eso no significa que, como ocurre en otros equipos, no ganar sea un escenario intolerable, casi de ficción, del que tengamos que huir o cubrir con hipocresía y odio. Eso no significa que no seamos capaces de reconocer el esfuerzo y la justicia. Tampoco que nuestro vínculo emocional con el equipo esté exclusivamente cosido por el resultado. Y somos además optimistas y soñadores porque si hemos elegido el lado difícil de la vida, el real, es para demostrarnos precisamente eso, que se puede. Con alegría. Con las cartas que se tengan. Haciendo más que los demás si fuera necesario. Hellen Keller dijo una vez que ningún pesimista ha descubierto nunca el secreto de las estrellas, o navegado hacia una tierra sin descubrir, o abierto una nueva esperanza en el corazón humano. Tiene razón. Por eso no puedo entender que todos esos cenizos que, encaramados a un avatar de rayas rojiblancas, derraman en las redes sociales odio estandarizado, digan ser, sentir y entender el Atleti. Un equipo que, tal y como yo lo entiendo, no tiene sentido con pesimistas cabalgando en su grupa. 

Pero no nos confundamos. La crítica es lícita y cerrar los ojos a la realidad es de necios. No estamos hablando de eso. Estamos hablando de no tirar la piedra y esconder la mano. De no bajarnos del tren cuando derrapa y subirnos cuando es el más rápido. De hablar en términos de “hemos ganado” y “han perdido”. De no apostar a perdedor para luego ganar siempre, bien sea diciendo “ya te lo dije”, si se cumple la profecía, o siendo el más colchonero cuando no se cumple. El Atleti está mal. Jugando con la reserva física y con un estado anímico cansado. Exhausto, diría yo. No tiene suerte (¿cuánto hacía que no le metían dos goles al Atleti?) ni duende (si metemos cualquiera de las que se tuvieron en la primera parte el partido se acaba). Jugamos sin delantero centro (lo de Mandzukic es un drama humano y estoy con Simeone en que Torres funciona mejor con el equipo contrario cansado), el medio centro lleva varios partidos notando los años y nuestros creativos no están precisamente en su mejor forma. Pero es lo que hay y quedan dos partidos. ¿Qué sentido tiene ahora abrir facturas, amplificar los reproches, sacar pecho con el maniqueo “ya te dije” o caer en la tentación de seguirles la trampa al repugnante rodillo mediático que, con artes de filibustero, insisten en querer condicionar nuestro partido contra el Barça? No tiene ningún sentido. Sé que los jugadores, mucho o poco, pondrán todo lo que tienen. Sería absurdo dudar también de esos a estas alturas. Sería también absurdo que yo no hiciese lo mismo. 

Hellen Keller decía que uno no puede hacer todo, pero que aun así puede hacer algo. Que precisamente porque uno no puede hacerlo todo, no tiene sentido renunciar a lo que sí puede hacer. Me quedo con ello.

Bendito sufrimiento

At. Madrid 3 - Levante 2

Tengo serias dificultades para deslizar los dedos por las teclas del ordenador porque todavía me tiemblan. Ese es el efecto que me ha dejado el Atleti-Levante de hace un rato. Por circunstancias de esas fechas tan señaladas en las que nos encontramos, no he podido acudir al Calderón y he tenido que ver el partido en un lugar público, precisamente en tierras levantinas. Reconozco que me dan tradicionalmente mucho miedo los partidos pre-navideños y me temo que ese complejo va a seguir vivo en mi interior, al menos otro año más. Son partidos raros en los que el equipo, al igual que yo, estamos tradicionalmente fuera de sitio. El Atleti hoy no ha sido ese equipo robusto, rocoso, impenetrable y mandón al que estamos acostumbrados. Lo ha pasado mal, ha mostrado destellos de zonas oscuras de las que ahora podemos hablar pero prefiero quedarme con otra cosa. Con esa forma de irse a por el partido sin reservar un átomo de esfuerzo. Con la cara de Godin tras marcar el primer gol. Una cara que me parece una fotografía excelente de lo que es ese equipo y de lo que es ese vestuario. Me quedo con el derroche físico brutal e inconsciente que más tarde pagarían. Y me quedo con el resultado. Una victoria, la enésima, que nos mantiene en lo más alto de la tabla justo antes de acabar el año y brindar por lo que dejamos atrás. El partido ha sido tenso y he tenido que masticar más nervios y tensión de lo que estaba previsto pero el sufrimiento sabe mucho mejor cuando vale para algo. Bendito sufrimiento. Bendito año 2013.

El partido empezó con sorpresa. El Levante de Caparrós salía al campo con un nivel de intensidad muy superior a los colchoneros, y eso son palabras mayores, lo que les permitió dominar con creces los primeros segundos. El equipo granota llevó la iniciativa, asustó con una primer acercamiento y silenció al estadio con un gran gol. No habían pasado ni dos minutos. El Atleti, poco acostumbrado a nadar en estas aguas, se quedó aturdido. Raro, muy raro, en el equipo de Simeone pero la realidad es que los rojiblancos parecían sonados y el Levante un equipo con las ideas muy claras. Se habían cambiado los papeles. Durante diez minutos ese fue el guión del partido y en el aparecían con inusitada intensidad muestras de nerviosismo, imprecisión y errores en una zaga, la colchonera, que llevaba meses rozando la excelencia. Gran trabajo de los de Caparrós que sin embargo, tengo la duda que si orientados por su entrenador o no, decidieron defender demasiado atrás echando el guante al equipo madrileño. Y ese fue su error. El Atleti, aupado en un orgullo y una ambición que no estaba aquí hace poco pero que ha venido con su entrenador, se fue a por el partido y aunque aparecieron signos evidentes de ansiedad, malo, junto a varias imprecisiones que podían haber resultado en un efecto letal, malo, desarrollaron un derroche físico y emocional fabuloso. Poco a poco fueron cerrando al equipo rival a base de empeño y fuerza y empezaron a sucederse jugadas de ataque, fundamentalmente a balón parado. Sinceramente es muy difícil no sentir empatía con el equipo que se vio en esos minutos. Muy difícil no sentirse colchonero en esos momentos, independientemente de lo que ponga en el marcador. A pesar de un Villa que cada partido que pasa está más cerca de ser una rémora que un jugador fundamental y a pesar de un Tiago que en estos partidos de entrega y derroche físico se pierde para aparecer vulnerable y fallón. Pero ahí estaban los demás, especialmente oh rey Arda Turan y sobre todos un Juanfran soberbio. Suyo fue el pase a la cabeza de Godin que el uruguayo  remató con el corazón para hacer el 1-1. El Atleti siguió empujando y Villa pudo haber dado la vuelta al partido antes del descanso pero los levantinos se fueron vivos al vestuario.

Pero duró poco ese empate. Al poco de volver al césped un balón colgado al segundo palo es empalado con la zurda de Diego Costa de forma imposible para hacer el segundo. Soberbio gol del hispano-brasileño que es evidente que no tiene límite. Hoy volvió a desesperar a la defensa rival y volvió a ser letal en el área. Ya no hay dudas de que en todo lo bueno que le pasa al Atleti en los últimos tiempos él tiene bastante culpa. Los de Simeone levantaron entonces el pie del acelerador. Era imposible mantener ese nivel mucho más tiempo y enseguida se vio que las reservas estaban tocadas. Que el equipo pagaría en algún momento las consecuencias. El balón seguía en campo levantino y la iniciativa parecía seguir correspondiendo al Atleti pero la chispa no era la misma. Algo completamente comprensible, por otro lado. Estoy convencido de todas formas de que el partido hubiese muerto de seguir con esa dinámica unos minutos más y que lo más probable es que hubiese llegado el tercero de los del Cholo más temprano que tarde pero lo que ocurrió fue algo casi inédito, un fallo de Koke, que propicio una genial cabalgada de XXXX para que de forma valiente se plantara delante de Courtois y resolviese de forma magistral. El Levante empataba y el partido se complicaba de manera importante. Casi insalvable. Los rojiblancos tenían el balón y querían atacar pero ya no tenían velocidad ni frescura ni fuerza. La cara de los jugadores mostraban evidentes signos de agotamiento y las ideas se agolpaban en jugadas demasiado previsibles. La cosa pintaba mal pero los jugadores siguieron buscando recursos donde no los tenían y siguieron mirando hacia delante, una de las premisas de Simeone: nunca girar la mirada. Siempre hay que seguir. Y siguieron. Y lo intentaron por izquierda y por derecha, hasta que llegó el enésimo pase diagonal a la espalda de la defensa valenciana que Juanfran recogió dentro del área. Es cierto que el defensor levantino llega tarde y lanza la pierna pero a mí, incluso viendo la repetición, me cuesta ver que eso sea penalti. Pero lo pitó y Diego Costa lo transformaba aupándose a lo más alto de la tabla de goleadores, aupando a su equipo al primer puesto de la clasificación por el camino. Los últimos minutos fueron de agonía extrema. De esa que no habíamos vivido esta temporada. El levante se fue a por un partido sintiendo que el marcador no hacía justicia a lo que había pasado (y tenía razón) mientras el Atleti se desangraba tirando de las últimas trazas de energía que todavía le quedaban. Pero lo consiguieron. Ganaron el partido y siguen invictos en casa.

El Atleti despedirá el año en lo más alto de la tabla, con un equipo compacto, robusto, unido y convencido de que puedan ganar a cualquiera, algo tan difícil de tener como maravilloso de disfrutar. Disfrutémoslo. Despidamos el 2013 como se merece y recemos para que el 2014 sea lo más parecido posible. Y ustedes disfruten de las fiestas navideñas y tengan una feliz entrada de año. Les deseo lo mejor.  

Extraterrestre

At. Madrid 2 - Levante 0

Si un extraterrestre con cierta inteligencia llegase al planeta tierra, concretamente a la bendita ciudad de Madrid, y echase un vistazo a la liga de fútbol vería con sorpresa como hay dos equipos señalados que lo tienen todo y que además cada año, por principio, reciben como mínimo cien millones de euros más que sus rivales. Porque si. Vería también sin embargo, con cierto estupor, cómo entre medias de ellos dos aparece hoy en la clasificación otro equipo distinto, igualmente histórico, lacerado por años y años de gestión mafiosa y con infinitos menos recursos que los dos poderosos. Vería cómo este año, en contra de toda lógica, ese equipo está realizando una campaña encomiable de un mérito estratosférico, que en buena lid podría considerarse como digna de elogio y estudio por parte de los aficionados al fútbol. El extraterrestre, sin embargo, observaría con estupor creciente que los únicos momentos en los que dicho equipo, el Club Atlético de Madrid, es nombrado por la prensa y medios de comunicación profesionales son para referirse a la venta de Falcao, la venta de Turan, la venta de Adrián, la no renovación de Courtois o la no renovación de Simeone. El Extraterrestre, llegado a este punto y recuperado del espasmo, tendría varias posibilidades: pensar que está en un país que no existe, pensar que la llamada prensa es en realidad otra cosa o que todos se han vuelto gilipollas. Reconozco que en estos momentos yo también tengo algo de extraterrestre. 

Pero si el extraterrestre ha visto el Atleti-Levante que inicia la segunda vuelta del campeonato y si tiene su cerebro límpido de carcoma, estupidez e intereses creados, habrá visto un equipo sólido, bien construido, solidario, alegre y convencido que transmite la sensación de poder con todo lo que se ponga por delante. Llegaba al Calderón el Levante, esa institución milagro que con un presupuesto ridículo se dedica año tras año a dar lecciones de gestión y coherencia deportiva. Los valencianos son un equipo honesto que no engaña a nadie. Saben lo que son, saben lo que tienen, saben lo que pueden hacer y lo hacen muy bien. Su rendimiento no será para ganar la liga pero van al límite de sus posibilidades y para ganarles o para superarles en la tabla hay que hacerlo mejor que ellos porque no te dan nada. En una liga penosa saturada de entrenadores farsantes un equipo como el Levante, haciendo las cosas bien, es capaz de jugar en Europa. Chapeu. Mi admiración para el equipo granota. 

El Atleti de todas formas no hace amigos y trata con el mismo respeto a todos los rivales. Desgraciadamente para ellos, porque esto significa salir a morder desde el primer minuto que es lo que hacen los colchoneros, especialmente en el Calderón. Los primeros diez minutos fueron así, fuerza bruta, intensidad, presión asfixiante… Los periodistas no lo vieron, porque ven los partidos desde casa, pero justo antes del saque inicial el Atleti se disponía en el campo con una ligera variación táctica respecto a otras veces que dibujaba un 4-1-4-1 con Tiago retrasado, Gabi y Koke haciendo un trivote invertido que potenciaba el juego por bandas. No lo entendía (normalmente se ponen en un 4-2-3-1 o incluso en un falso 4-4-2) pero sabía que Simeone estaba detrás. Pasados esos minutos de angustia el Levante supo asentarse en el campo y controlar el partido. Acumulando hombres por detrás del balón y minando el centro del campo apagando así el radio de acción de nuestros centrocampistas. Anulado el efecto inicial y visto que la lucha en esa franja del terreno era y sería complicada, los del Cholo decidieron llevar el balón a las bandas, lo cual, como hemos visto, no era casualidad ni improvisado. Era el plan. Koke, Gabi y Tiago lo entendieron a la perfección y sus robos de balón tenían hoy tatuado el pase a la banda como primera opción. Adrián y Manquillo por la derecha y sobre todo Cebolla y Filipe Luis por la izquierda se convirtieron en los estiletes que necesitaba el equipo en este partido y realizaron su trabajo. Primero con varias llegadas del uruguayo, que comenzó muy bien el partido pero que poco a poco se fue apagando. Después con un gran pase de Tiago que Manquillo, ahora volveremos con el canterano, consigue recoger, doblar al segundo palo y que Adrián acierta a meter en la portería rival con ayuda del defensa. 1-0. Lo mejor que le podía pasar al Atleti. Lo peor que le podía pasar al Levante. 

Hablaba de Manquillo y hablaba bien. El canterano cuajó un gran partido que lejos de limitarse a cubrir su zona con solvencia (que salvo pequeños detalles lo hizo) se atrevió a ocupar zonas de ataque con desparpajo y mimetizarse con la forma de jugar de este equipo. En el Atleti de Simeone los laterales son piezas clave y hemos visto que el argentino no está dispuesto a prescindir de ellas por una lesión. La buena noticia es esa, que este equipo es imparable también a la hora de admitir nuevos jugadores en su dinámica ganadora. El partido cambió de color como era esperable. El Atleti con mucha menos ansiedad en el juego debido al marcador relajó la verticalidad y se dejó querer. El Levante trató de estirarse algo pero desgraciadamente para los valencianos manejar el balón y el partido no es algo que esté entre sus virtudes. 

El descanso prácticamente llegó sin pena ni gloria y así ocurrió también tras la reanudación. El Atleti se aburría en su tranquilidad y el Levante se veía incapaz de superar a un rival que si bien no tenía las mismas ganar por tener el balón no bajó un ápice en el nivel de intensidad y presión. El levante no podía y el Atleti se dedicaba a mirar el reloj. Se movieron los banquillos intentando cambiar el panorama pero a cada salida del equipo granota de su férreo esquema defensivo respondía el Atleti con una llegada a puerta. En una de esas apareció el segundo gol. Una maravilla de un jugador que se lo merecía: Koke. Me he cansado de decir y repetir en este blog lo que me parece este jugador. Reconociendo todos los defectos que tiene, creo que es el canterano que más recorrido alberga hoy en día. Por sus características de juego, que combinan rigor táctico y desgaste con técnica y recursos por encima de la media, creo que puede llegar a ser un jugador muy importante en este equipo. De hecho ya lo es y este partido es una buena prueba. Que Simeone piense lo mismo que yo me tranquiliza. El gol fue un tiro desde el lado izquierdo que en parábola entra por la escuadra contraria de la portería para deleite de los vecinos del fondo norte. 

El resto del partido fue anécdota (incluidas varias llegadas con tiro al larguero del Cebolla y algún tiro lejano y alguna llegada más o menos peligrosa del Levante). Lo que no es anécdota es la lesión de Falcao que en un arranque cuando se quedaba solo delante del portero se hizo lo que en el campo pareció una rotura de fibra. No es una lesión grave pero si es incómoda, sobre todo cuando no se cura bien. Lo que es incuestionable en cualquier caso es que estaremos dos o tres semanas sin el colombiano. Mala noticia estando en el momento de la temporada en que estamos. 

En cualquier caso el equipo sigue arriba en la tabla, recorta puntos con el Barça, aumenta distancia con el resto de rivales (salvo el Madrid) y sigue vivo en el resto de competiciones en las que participa. Estamos casi en Febrero, hermanos. ¿Alguien recuerda un Febrero en las mismas circunstancias? No pregunten a ningún periodista porque tratarán de asesinar su ilusión y vender a cualquier jugador del Atleti. Piensen por otro lado que si el extraterrestre inteligente del que hablábamos al principio fuese verdad tendría, entiendo que como usted, muy poco interés por los medios de comunicación oficiales y que por el contrario sería del Atleti.


Decíamos ayer...

UD Levante 1 - At. Madrid 1

Decíamos ayer que el Atleti es un equipo extraño. Particular en su historia y genuino en la forma de entender la vida por parte de la masa social que conforma el grueso de sus seguidores y que a la postre esconde la esencia de eso que llaman ser del Atlético de Madrid. Lo que ha sido siempre por la propia genética inconformista y a contracorriente de un club centenario pero desgraciadamente lo que en las últimas décadas es todavía más gracias a un nuevo y potente factor que se ha venido a sumar a la ecuación. El nuevo Atleti, el que sale en los periódicos, es un equipo mentiroso y oscurantista que dirigido por una familia de reconocida reputación y otra serie de siniestros personajes que se suman a la mascarada, emiten una imagen falsa, torcida y maleada de lo que ocurre dentro. Por eso es tan difícil hablar del Atlético de Madrid sin confundir las dos cosas: la esencia histórica y la caricatura que maneja Miguel ángel Gil. En cualquier caso deberíamos tratar todos de dejar clara la diferencia. 

Ayer, cuando sólo faltaba una hora para que llegase el día 20 de agosto, comenzaba la liga 2012/2013 para el Atlético de Madrid. Lo hacía en Valencia, en el campo del Levante, frente al equipo revelación del año pasado. Un equipo que descaradamente abraza con orgullo el esquema más básico de contrataque que se conoce y lo hace suyo con eficacia. Repliegue espartano y salida en vertical. El ABC del equipo modesto que tanto encandila a iletrados del fútbol como nuestro consejero delegado. Un esquema que en el equipo del Cabanyal, un ejemplo en tiempos de fútbol galáctico que estira al máximo un presupuesto ridículo, funciona a la perfección pero un esquema que es también conocido. Salida en tromba, gol tempranero y a jugar la contra. Así ganaron al Atleti el año pasado en el mismo sitio. Así han estado a punto de hacerlo esta vez. El Levante hizo lo que estaba en el guión y los 5 minutos ya iba por delante en el marcador. Indecisión en una efímera defensa colchonera que salió pensando en “hacer un buen papel”, un balón que queda suelto y remate de El Zhar que hace el primero. Con dos meses para preparar el partido, con un rival que no engaña a nadie, con todo por delante para hacer cosas importantes resulta tremendamente inquietante la salida atocinada del “nuevo” Atlético de Madrid. 

Pero es que llamar nuevo a este equipo es una ingenua osadía. El nuevo Atleti es el mismo Atleti pero mermado en sus efectivos. Sus tres fichajes: Emre, Cebolla y Cata entrarían con benevolencia en la categoría de fichajes de fondo de armario. Buenos fichajes si la idea era ampliar una plantilla que el año pasado se demostró corta. Malos fichajes si vienen a sustituir. Desgraciadamente vienen a eso, a sustituir. Cebolla es un Salvio sin juventud ni esperanza de progreso. No veo que mejore nada. Cata es un señor probablemente solvente que en cualquier momento dice que no puede más y se retira mientras que Domínguez era un muchacho internacional con una prometedora carrera por delante. Hemos perdido, como mínimo, potencial y valor de plantilla. Emre está por demostrar que pueda aportar algo más que lo que hizo por ejemplo Asunçao si Tiago, Gabi, Óliver Torres y hasta Raúl García juegan antes que él. No ganamos nada tampoco. A todo esto súmenle la ausencia de Diego y comprenderán esa sensación que tengo de que se ha caído el castillo de naipes. 

La, una vez más, desequilibrada plantilla del Atleti se presentaba esta vez en valencia sin laterales y Simeone tenía que tirar de imaginación desde el primer día e improvisar un esquema inédito con tres centrales y dos carrileros avanzados. No salió del todo mal el invento pero se vieron claros desajustes. Con el marcador en contra el Atleti se hizo con el balón y no lo soltó hasta el final. Buen síntoma pero no tengo claro que sea muy significativo teniendo en cuenta que el Levante lo provocaba. Refuerza mi sospecha el hecho de que Simeone, a pesar del dominio aplastante y jugar todo el partido en campo rival, no renunció nunca a los tres centrales ni lo que es peor, al doble pivote defensivo. El Atleti tenía el balón y lo circulaba pero a una velocidad indigna de un equipo que dice tener talento. Lento, previsible y plano. Así era el juego del Atleti comandado por un Gabi que no vale para dirigir un equipo que quiere ser protagonista y tener el balón y un Tiago que se apaga como una cerillita. Por la derecha Silvio se perdía en su galopante falta de ritmo y de partidos al igual que un desconocido Adrián que estuvo torpe e inédito todo el tiempo sobre el campo. Por la izquierda el Cebolla le ponía mucho "coraje y corazón" pero no era capaz de irse ni de su propia sombra. Es muy pronto para juzgar al jugador pero no me dio buenas vibraciones. Tengo la sensación de que ya he visto a este tipo de jugador. Falcao se perdía entre centrales rocosos pero su mayor enemigo era la distancia sideral que lo separaba del centro del campo colchonero. Eso y que nadie era capaz de ponerle un balón. ¿Les suena? Lo único que había en el campo que diese la ilusión de poder aportar algo distinto e imprevisible, algo de fútbol lo llaman, era turco y se llama Arda. Y lo hizo. Cuando él aparecía, y sin que realmente hiciese nada especial, uno se despertaba de ese indolente letargo que provocaba el juego Atlético y prestaba atención. Pasados 20 minutos el señor Turan agarró el balón, se hizo hueco en la frontal del área, miró hacia la portería y empaló el esférico en la red. Golazo. 

La segunda parte fue exactamente igual: juego cansino, plano y lento de los madrileños y cerrojazo especulativo de los levantinos. Ninguna ocasión de gol, a excepción de un trallazo al larguero de los granotas tras entrada criminal de Godin que se come a su rival y deja a la defensa vendida. Lo de siempre con Godin, vamos. Hasta que llegaron los refuerzos: Óliver Torres y el francés Kader. Muy significativo que los primeros cambios del cholo sean dos canteranos con ficha del equipo B pero más significativo todavía es que el equipo mejorase significativamente. Tiempo tendremos de analizar este punto que requiere una lectura reposada. La realidad es que Óliver no tiene rival en esta plantilla y que la falta de fútbol de creación en el Atleti es tan acuciante como evidente. Blanco y en botella. Triste y lamentable. 

Pero fue tarde y tampoco ayudó a la causa la ensalada de mediocentros que preparó el Cholo renegando de un segundo delantero por no quitar ese doble pivote defensivo que tanto daño está haciendo al Atlético de Madrid. Empate sin gracia que deja las mismas dudas que teníamos hace 48 horas y que son las mismas dudas que teníamos hace dos meses. Como decíamos ayer…más de lo mismo.

Un sueño ocasional

Levante 2 - At. Madrid 0

Hace pocas semanas tuve un sueño. El Atlético de Madrid, el equipo del cual inocularon su espíritu en mi sangre cuando uno todavía no era consciente de ello, volvía a ser un equipo respetable y respetado. Al menos en el campo del fútbol. Allí no acertaba a ver grandes muchachos galácticos de ademanes estúpidos y soberbia de Starbucks. Tampoco veía nombres de bambalinas ni peinados extravagantes. Allí veía un equipo. Un equipo que ganaba y que perdía. Que tenía buena y mala suerte. Que a veces jugaba bien y otras no le salían las cosas. Que tenía éxitos y fracasos. Un equipo que no todo el mundo entendía pero un equipo que era temido y respetado. Un equipo que SIEMPRE (y repito SIEMPRE) salía a ganar. Contra los buenos y contra los malos. En casa y en la otra punta del planeta tierra. Empezando y terminando la temporada. Por la mañana y por la noche. Por delante y por detrás en el marcador. En la ida y en la vuelta. Con sol y con nieve. Con el aliento de la afición o con la pestilente halitosis del rival mas encarnizado. Cansados o descansados. El Atleti, mí Atleti, salía al campo a jugar siempre igual y siempre a lo mismo. Por encima de modas y estupideces. En un mundo en el que la especulación se dejaba para las quinielas, el Black Jack o los equipos del montón. Hace pocas semanas vi ese Atleti en Roma y pensé que estaba viviendo una realidad y que por fin podía poner el marcador a cero. Estaba equivocado. Parecía real pero era ficción. Como otras tantas veces era, simplemente, un sueño ocasional.

Si alguien sigue este blog desde hace tiempo y tiene la santa paciencia de aguantar mis subidas y bajadas de ánimo sabrá que no soy esa clase de aficionado que basa su argumentación en resultados o títulos. Lo que reclamo, como un idiota gritando en un desierto, es valentía, respeto por la esencia del equipo, honor y fútbol. Con todo eso vendrá lo demás y si no viene me dará igual. Seré aficionado del Atlético de Madrid y eso, como una vez dijo con tino Vicente Verdú, será suficiente para mí. Ojo, aficionado del Atlético de Madrid, pero no de este sucedáneo de cartón piedra que no se parece a la realidad más que en la fachada de una camiseta y un escudo que llevan décadas arrastrando impunemente por el fango.

Y soy consciente de que el problema de esta broma macabra está fundado y enquistado en los despachos de la institución. Una institución usurpada, espoleada y violada por una familia de tramposos públicos y conocidos que sólo en un país de “listos” como este, en el que los delitos prescriben y a nadie le importa un carajo, pueden seguir ejerciendo fuera de la cárcel, sin que ningún dirigente se despeine o los periodistas, tan escrupulosos para otras cosas, dejen de tomarlos en serio. Y soy consciente, si, pero uno no puede dejar de pensar que hoy a las 11:59 estábamos a 5 puntos del rival que marcaba la clasificación de la Champions League y que nos enfrentábamos precisamente contra el. Hoy a las 11:59 había 11 tipos representando al Atlético de Madrid y sobre sus hombros caía el peso de la historia y el orgullo de la esencia de este club. No sé si alguien se lo había dicho pero no me da la sensación de que fuese así. El Atleti que yo conozco, al que me hicieron aficionado, tendría que haber salido hoy a matar o morir. No hay otro camino. No hay mañana. Jugándoselo todo y sabiendo que cualquier cosa que no sea ganar era un premio menor. Es más, sabiendo que incluso ganando esa cuarta plaza el premio era menor. Lo mínimo imprescindible.

Pero no. A las 12:01 ya vimos que lo que estaba sobre el césped del levante era el sucedáneo de todos los años. El equipo apocado y cobarde que sale a esperar al rival. A ver qué pasa. A no perder. A no jugar. El equipo que no quiere mandar. El equipo que entiende que no tiene ninguna obligación de nada más que de tratar de mantener su portería a cero. De dejar pasar el tiempo. De jugar con esas cosas que conforman lo que algún estúpido denomina el otro fútbol. A especular. A chapotear en el fango de la mediocridad. Esa mediocridad espesa y pestilente en la que al parecer están “todos los demás” y por eso no debería doler. ¿Todos? ¡por Dios! ¿Pero no se supone que somos el Atleti?

Si quieren saber algo del partido les recomiendo que en lugar de leer sesudas crónicas intenten ver los primeros diez minutos del mismo. No necesitan más. Verán todo lo que hace falta ver. Verán a un equipo, el valenciano, que cree en si mismo, que sabe a lo que juega, que es consciente de sus límites pero ese conocimiento lejos de restarle un ápice de ambición lo subraya y amplifica. También verán todo lo contrario. Una banda de millonarios que no sabe a lo que juega (probablemente porque cada día, dependiendo del rival, el tiempo, la luna, la hora, el horóscopo y el precio del barril de crudo, es diferente), que no tiene conocimiento del valor de la camiseta que están defendiendo, que no tienen ni idea de cual es el objetivo de la institución (o tienen la idea equivocada que la propia institución transmite), que carece de cualquier tipo de ambición y que se siente inferior a cualquiera que se ponga delante. Se llame FC Barcelona o Levante. Nos doble en presupuesto o tengamos diez veces más presupuesto que el rival. Da igual. En esos diez minutos verán a un Levante que sale al campo a matar y un Atleti que sale al campo. Simplemente. Que sale al campo. Un Levante que sabe hacer dos cosas bien y provoca que todo lo que pase en el campo esté encauzado para que se puedan dar esas dos cosas. Un Atleti que no hace nada más que esperar a la segunda parte para tratar de hacer algo parecido a jugar al fútbol. A los dos minutos Valdo remataba de cabeza al borde del área un pase envenenado desde la izquierda. ¿Por qué en el minuto 2 alguien puede poner tan fácil ese pase? ¿Por qué en el minuto 2 un delantero puede rematar cómodamente ese balón? pues la explicación mayoritaria hablará de lo ingenuo de la defensa. Puede ser, pero lo que tengo claro es que si el balón hubiese estado en el campo del Levante, si los 22 jugadores hubiesen estado cerca del otro área, las cosas hubiesen sido diferentes. Cuando Koné hizo el segundo (una falta muy bien sacada desde la derecha y muy mal defendida por el Atleti) los colchoneros todavía no habían pasado del medio campo. ¿Para qué? Está claro lo que buscaba uno y otro equipo al saltar al terreno de juego.

A partir de ahí un equipo supervitaminado y crecido frente a un asustadizo, aturdido y atolondrado Atleti que no sabía que hacer. Lógico. Un equipo que había sido diseñado para huir del balón, cerrar huecos, “equilibrar” el campo, defender, achicar, especular, dar patadones, etc... diez minutos después tenía que crear fútbol y ocasiones de gol. Absurdo. Y más absurdo todavía si el centro del campo, por llamarlo de alguna forma, está compuesto por Gabi y Mario (manteniendo ambos la regularidad de seguir haciendo partidos calamitosos sine die) y el jugador más adelantado es esa engañifa sin gracia llamada Salvio. Absurdo y hasta insultante. 80 minutos que sirvieron para que aumentara el cabreo del que esto escribe, para volver a ver el nombre de mi equipo humillarse y para dejar claras varias cosas: que si el Atlético de Madrid ha sido incapaz este año de colarse en Champions es porque la ruina deportiva es sólo comparable con la ruina institucional. Que el problema no es una cuestión de entrenador o jugadores (que también) sino de la filosofía casposa y mediocre que se ha instaurado en el Atlético de Madrid. Que aun buscando el beneficio personal y la comisión más rentable es imposible pergeñar una plantilla peor y más desequilibrada. Que es difícil ponerse a jugar al fútbol de repente cuando no te has preocupado de ello en años. Y que es absurdo soñar ocasionalmente con sueños ocasionales. Espero no ser tan ingenuo de volver a hacerlo.

David Bowie - An Ocassional Dream

Hacia ningún sitio

At. Madrid 3 - Levante 2


“No caminaré las estrellas contigo esta noche para ir a ningún sitio” (Elliot Smith/Going Nowhere)

El ambiente era frío. Raro. Un domingo gris, húmedo y oscuro. No apetecía nada acudir a la cita dominical en el Calderón pero habíamos pasado ya demasiados días sin fútbol. Esa era la excusa. El mono de Atleti. De algo que se pareciese a un partido de fútbol. No había mucha gente. No había ambiente y ni calor humano. No había demasiada ilusión ni demasiado que esperar. El tren de la liga se ha marchado y solamente queda la duda de averiguar a qué vagón de cola seremos capaces de subirnos. La esperanza de encontrar juego ilusionante era terreno de la ciencia ficción. El sueño de un resultado sorprendente se disipaba ante la certeza de que ya ningún resultado puede resultar sorprendente. Entre asientos vacios y mojados, cánticos aupados en el silencio, victorias anodinas que se venden como bálsamos contra la tristeza y bailes agarrados con la mediocre intrascendencia, reparé en algún momento en que este equipo, este Atleti 2011/2012, no va a ningún sitio.

Y es que como casi siempre, desde que este Atlético centenario ha pasado a ser un club “moderno” a la imagen y semejanza de su consejero delegado, el resultado del At. Madrid – Levante es engañoso. Últimamente los partidos en el Calderón ya no parecen partidos en el Calderón. El juego sigue siendo básicamente anodino pero el ambiente de las gradas tiende sospechosamente a no distinguirse del que se puede encontrar en cualquier parte del mundo al respecto de un partido cualquiera con cualquier equipo. Frío, espeso y aburrido. Aun así hay que reconocer que el Atleti salió entonado. La gastroenteritis de Gabi (única forma posible de que ese gran estratega de la era contemporánea, Manzano, prescinda de este jugador) colocaba a Tiago en el once titular y el equipo lo agradecía. El portugués está en la cuesta abajo de su carrera y apenas tiene media hora de juego en condiciones de elite pero incluso esa media hora es bastante más fructífera que lo que pueda aportar, en cuanto a fútbol me refiero, cualquier mediocentro de los que acostumbramos por estos lares. Con él, Diego y sobre todo un Arda Turán que todavía algunos no han reparado en ver lo gran jugador que es, consiguieron meter a los valencianos en su área a pasarlo mal. Pasarlo mal en esencia y apariencia porque en la realidad la capacidad de remate del Atleti, con y sin Falcao, seguía siendo nula.

El empuje inicial se diluyó con los minutos de forma preocupante dando paso al modo habitual en el que Manzano ha pasado los meses en este equipo: el de anodino aburrimiento. Nada nadismo. Peloteo en el centro del campo, estática táctica y precisión menguante. En mitad del desierto apareció uno de los penaltis más claros que he visto y veré en mi vida. Adrián era derribado sin miramientos por la defensa rival pero el trencilla, fiel a ese gremio asustado por el madridismo mourinhinsta y sus mamporreros, decidió amonestar al agredido. La sensación al descanso era de, una vez más, habernos equivocado. El espectáculo divertido estaba entones siguiendo el resultado de las elecciones generales. El retorno del vestuario no lo mejoró y de hecho pudo ser letal si en la portería del club madrileño no estuviese un jugador cedido del Chelsea, el belga Courtois, que sacó con maestría dos buenas llegadas del Levante.

Para entonces los pitos subían de nivel y la grada, con epicentro en el fondo sur, decidió tirar de ironía para musicalizar el aburrimiento. Reyes, reyes, reyes,… empezó a corear el calderón en clara referencia a las virtudes de gran psicólogo que tiene nuestro psicólogo de psicólogos, el señor Manzano. El jienense, sin entender nada (como siempre), crecido al albor de la demagogia y fajado durante años en la incoherencia y la cobardía, decidió agrandar su leyenda y puso al sevillano a calentar en la banda. Minutos después salió al campo para jugar al fútbol ganar el partido. Más que ironía sarcasmo. El primer gol fue virtualmente obra suya y una demostración a sus compañeros que lo mejor para tirar un contrataque es correr rápidamente en dirección a la portería contraria y no viceversa. Cogió el balón en la frontal de su área, se fue en vertical y habilitó con maestría a Pizzi delante del portero para que abriera el marcador.

El Levante decidió entonces quitarse el corsé táctico que tenía hasta ese momento y decidió estirarse para ir a por el partido lo que, unido a un Atleti 2011/12 que es tan blandito como predecible, hizo que casi sin despeinarse consiguiera el empate. Las caras en la grada se alargaban y los buitres empezaban a sobrevolar el río manzanares pero afortunadamente para el cuestionado entrenador colchonero para entonces estaba Diego jugando en el centro del campo y Arda Turán con energías suficientes para inventar. Así, con pocos minutos para la conclusión el turco se sacó un regate en una baldosa que lindaba con la línea de fondo y colgó un balón exquisito a la cabeza de Adrián para que este simplemente lo empujase a la red. Magnífico gol de calidad. Poco después Diego aprovechaba un error de la perdida defensa levantina para poner hueco haciendo el tercero. El 3-2 de Rubén con el tiempo concluido entraría ya en la categoría de anécdota.

La conclusión única es que se han sacado tres puntos. El resto es para llorar. El equipo más que dibujo tiene garabato. Los objetivos nunca estuvieron claros y ahora se estiran hacia abajo manteniendo la misma incertidumbre. El cerebro no existe ni dentro ni fuera del campo. El corazón hace tiempo que no se estila por estos lares. El entrenador que nunca debió haber llegado está condenado a largarse en algún momento (más pronto que tarde) y los remiendos del mercado de invierno serán despropósitos que nos harán olvidar los despropósitos del verano igual que los despropósitos del veranos nos hicieron olvidar los despropósitos anteriores, etc, etc. Lo dicho, este equipo camina hacia ninguna parte.

“Te vi moverte de un cierto modo que me hizo echarte de menos un montón. Volví a ese lugar abandonado que debería haber olvidado ya”.



Elliot Smith – Going Nowhere
(New Moon/2007)


Lo del palco si, lo del césped no (At. Madrid 4 - Levante 1)




Me contaban hace una semana en Valencia el caso del Levante. Un equipo que tras su conversión en sociedad anónima deportiva fue maltratado por sus “legítimos” dueños hasta llevarlo de forma imparable hasta una situación insostenible con una deuda asfixiante que lo acercaba de forma lamentable a su desaparición. ¿Les suena? Supongo que si porque es el pan nuestro de cada día en esto del fútbol profesional que se inventaron hace años. Sin embargo el Levante se diferencia de sus colegas de “fiesta” en que su modesta, poco numerosa pero fiel parroquia son ahora los dueños del club. En un ejercicio sin precedentes en nuestra liga un grupo inversor se hace con las acciones que dejan los “legítimos” dueños del pufo y tras algunas argucias legales consiguen que el mayor porcentaje de acciones del club estén en posesión del propio club, de sus socios. De sus legítimos dueños. ¿Les suena? La nueva gerencia, que no está compuesta por sauditas ni indios ni magnates del petróleo, no prometía fichajes de renombre ni presentaciones espectaculares, ni títulos que nunca habían tenido. Lo que prometían era gestión. Nada más. Creían en el club y su viabilidad y prometían que a través de una gestión digna y honesta conseguirían dos cosas: eliminar la deuda y recuperar la dignidad histórica del club. Ahí tienen al Levante con una deuda menguante, una afición más cerca que nunca de su equipo y siendo el equipo revelación. ¿Les suena? Lamentablemente no. Aquí seguimos creyendo en la fe de AS y MARCA.

Dicho esto, tenía mucha ganas de ver la propuesta deportiva del equipo valenciano por aquello de que se rumorea con el nombre de Luis García para ocupar el solicitado banquillo colchonero pero mi decepción ha sido mayúscula. Si esa es la opción que se busca para el Atleti yo me bajo. Si después de diez años no hemos aprendido que lo que puede valer para Albacete, Osasuna o Mallorca no vale para este equipo y si después de diez años de sopor en el Calderón no hemos desechado para siempre el concepto de fútbol rocoso y virulento que no lleva a ningún sitio (a no ser que los árbitros protejan tu opción como bien saben nuestros vecinos) es que no hemos aprendido nada. No he visto jugar al Levante esta temporada más que contra el Atleti así que no puedo (ni quiero) extrapolar categóricamente y por ello es fácil que esté equivocado pero si esta, la que hemos visto esta tarde en el Levante, es la propuesta que buscan en la dirección deportiva fantasma que dirige nuestro club, dan ganas de echarse a llorar. El problema es que ya no me quedan lágrimas.

El partido comenzaba con un Atleti retocado por las ausencias que a pesar de las carencias trataba de llevar la manija del partido desde el primer minuto, propuesta loable que el Lenvante contrarrestó con patadas, codazos, amenazas, desmanes y esa forma tan jovial de llevar las cosas al límite para cortar el ritmo que se ha puesto de moda. Ya saben, lo que hace el engrudo Mourinho con la aquiescencia del gremio colegial pero con la diferencia de que el trencilla de hoy, malo de solemnidad, sabía que en ninguno de los banquillos había iluminado portugués alguno y por tanto los desmanes viriles del Levante tuvieron alguna que otra tarjeta de premio. Aun así el objetivo estaba cumplido. No había ritmo, ni circulación ni posibilidad de crecer. Afortunadamente para los madrileños la enésima falta al Kun en el borde del área era lanzada de forma magistral por Elías abriendo el marcador y aliviando las conciencias. El brasileño ha estado mejor de lo que acostumbra pero me sigue pareciendo un jugador mediocre, de aporte muy pobre al que no le veo el sitio en este equipo. Seguro que Cerezo tiene razón (porque habría de dudarlo) y algo debe tener Elías pero sigo sin verlo. En la banda contraria Juanfran se mostraba mucho más, participaba de forma más vertical, se le veía con más presencia pero no termina de romper y aunque no completó un mal partido sigue generando dudas su precio y la forma en la que lleguo. Una pena. Si Juanfran fuese un canterano, alguien que ha venido gratis o a buen precio en verano, nos parecería un buen jugador pero así, más la ayuda del entrenador, avanza con una nube de duda sobre la cabeza difícil de quitar.

El Atleti volvió a la tradicional caraja post-gol a favor que lo hace dedicarse a defender en la frontal del área, algo que habíamos abandonado en los últimos partidos pero que como Raúl García ha vuelto en la tarde de hoy. Seguramente que no sea casualidad. La labor del navarro no es que sea intrascendente sino que es incluso perjudicial. No está donde tiene que estar y donde si está no hace nada con lo que provoca el desconcierto de sus compañeros. Sinceramente creo que Raúl García no puede ser tan malo como parece y probablemente todo sea un problema de cabeza y autoestima provocado por asignarle una expectativas y un rol que nunca debería haber sido el suyo. Lo que está claro es que es un problema enquistado. A su lado un Mario Suárez que cada vez es mejor pero que paradójicamente al filo de la primera parte tuvo un error que provocaba un claro penalty en contra que transformaba Caicedo poniendo el run-run en la grada.

Poco duro sin embargo el run-run porque Agüero sigue estando con nosotros y a base de fuerza, fe y calidad volvió a ponernos por delante al poco de reanudarse el partido tras un tiro lejano recogiendo el propio rechace de una una jugada previa suya. A partir de ahí el partido entró en un terreno más apacible donde el Levante, esta vez si, trató de jugar al fútbol pero en el que el Atleti consigió arrebatarle el balón y ser mejor. Hubo alguna llegada de peligro de los blaugranas pero el gol parecía más fácil del lado madrileño como así ocurrió en el minuto 70 tras otro claro penalty en la misma área que transforma de nuevo Agüero.

Con el partido resuelto tiempo para las anécdotas como la salida de Forlán (anécdota sin gracia), la salida del canterano Noguera (muy esperanzadora) o el gol en propia puerta de Munúa.

Seguimos a las puertas (traseras) de la Europa de los pobres. Como decía un compañero con esa ironía que los periodistas nos son capaces de entender: “grande este Atleti sexto”.

Valientes




Seamos serios. El verdadero problema del club Atlético de Madrid no está en el campo. Ni siquiera está en el palco. Está en algún lugar oculto desde el que dirige su emporio mafioso. Es el dueño del legado del capo original, la cabeza de una sociedad negra que robo el club para beneficio propio y que lo lleva espoleando desde entonces para matizar, lavar, ensuciar, cubrir, distraer y cuadrar el resto de negocios oscuros. Es así y así seguirá mientras el volante lo tengan los mismos. El resto es sólo la consecuencia y por eso la carnicería que está haciendo Pitarch, por ejemplo, obedece nada más que a esa idea de perfil bajo que tan bien viene a los negocios que no conviene airear. Todo viene de lo mismo pero los que salen a jugar todos los domingos con esa camiseta son los que son y el que les dice lo que tienen que hacer es el que es.

Y no me gusta. No es el peor de los que hemos tenido (ni mucho menos) y no me gustan muchas cosas de su concepto de fútbol pero sobre todo no me gustan los entrenadores valientes que regañan a sus jugadores en la rueda de prensa. Lo tolero con fallos de disciplina e Club pero no por errores en el campo. No lo tolero se llame Mourinho o se apellide Sánchez. Además me cargan los valientes de pacotilla. Que valiente es este Quique que sale a empatar en Tesalónica, cagado en el Bernabéu, grita a los cuatro vientos el estupendo equipo que le ha hecho García Pitarch, no dice ni mu de los Cerezos pero despotrica en público de los jugadores y tira a Domínguez (precisamente) a los caballos. Que Dios me libre y me guarde de estos valientes.

Con todo ello este equipo es una farsa. Una broma pesada. Un insulto a la inteligencia y una blasfemia contra el espíritu muerto (¿congelado?) del Atlético de Madrid.

La primera parte ha sido una desastrosa interpretación de la impotencia realizada por un equipo desquiciante y desquiciado. Desquiciante porque es insoportable ver un partido de fútbol de un equipo que no sabe jugar al fútbol. Es como quitarle las muletas a un mutilado y verle correr la maratón de Nueva York. pero también es un equipo desquiciado por la valiente labor de su valiente entrenador. Los castigados de la tragedia griega eran fáciles de intuir pero hubo sorpresas. Es lo que tienen los valientes entrenadores que saben más que nadie. Domínguez fuera de la alineación (si Quique sigue mucho en este banquillo me temo que la carrera de este chicho se ha acabado) hace que Godín cambie de posición (al central izquierdo) y Perea vuelve al central. Nuevo cambio de cromos en la defensa que ya en el minuto 2 dio sus frutos. Nuevo cante de De Gea (me niego a cargar las tintas contra un tipo de 20 años que ha mantenido el espíritu de este equipo), penosa salida de la defensa y gol de Nano.

Pero había más castigados. Los dos mediocentros de los últimos partidos al banquillo (aunque Tiago estaba sancionado). Los siguientes 25 minutos después del gol fueron el auténtico horror. Incapaces de dar un pase, incapaces de crear juego, descolocados en el campo, perdidos en las individualidades (las conducciones de Reyes son exageradas pero esas cosas pasan cuando cada uno tiene que hacer la guerra por su cuenta), romos en la recuperación, espesos en la circulación,.. pero claro si la solución a nuestros problemas es volver a Raúl García apaga y vámonos. El navarro hizo lo que mejor sabe hacer: nada. Un jugador que tarda seis veranos en girarse y que su jugada favorita es el pase al central (especialmente Perea) no debería jugar nunca en este equipo pero eso ya es para mí una guerra perdida. El equipo el año pasado (y el pasado y el pasado) era una castaña (si, si,.. a pesar de los títulos) y este año, lógicamente, lo sigue siendo. No creo en los cambios milagrosos así que si no cambias nada lo normal es que sigas teniendo lo mismo.

Eso si Quique sigue con su guerras de ego particulares y para terminar de desquiciar al personal decide quitar a Assunçao cuando se llevaba media hora de partido. El mediocentro salió jurando en arameo con lo que ya tenemos otro muchacho contento en el banquillo. No sé que pecado estaba cometiendo el brasileño que no estuviesen haciendo los demás pero yo no soy entrenador y mucho menos tan valiente como Quique. A todo esto el levante encantado de la vida jugando a placer y sin recibir peligro. La única oportunidad del Atleti en todo el partido fue en el 45 de zurdazo de Forlán. Tela marinera.

La segunda parte fue más de lo mismo. Exactamente la misma bazofia. La cara de los atléticos mostraba impotencia y frustración mientras sus pies destrozaban la belleza que una vez tuvo este deporte. Pelotazos al cielo, pases en largo a nadie, despejes de puntapié,... un drama. Así que en mitad del caos Simao hace la jaimitada de la tarde sacando rápidamente una falta en tu campo y en horizontal que acaba con el balón en los pies del contrario. El Levante pilla al Atlético descolocado y como en un contrataque improvisado trenza dos pases que acaban en los pies de Caicedo para marcar un bonito gol.

El resto del partido no merece la pena ni nombrarlo.

No sé que frase grandilocuente y preciosa habrá dicho esta vez el bueno de Quique en la rueda de prensa para justificar lo injustificable y convencer a sus amigos vikingos de la prensa de tener controlada la situación pero a mí ya no me hace efecto. El crédito está agotado. No creo en este equipo (sin ser una cuestión de “pequeños retoques”)y no creo en este entrenador.

De realidad y filetes (At. Madrid - Levante)

Decía Albert Einstein que las proposiciones matemáticas en cuanto tienen que ver con la realidad no son ciertas y en cuanto que son ciertas no tienen nada que ver con la realidad. Las matemáticas que rodean al atlético de Madrid hablan de un equipo de aparente vocación ofensiva, a tenor de sus números, que una semana más duerme en la zona champions. Los números por suerte o por desgracia están ahí pero también lo está la realidad, que es otra, a pesar de que permanezca oculta para aquellos que no frecuentan la rivera del Manzanares.

Por circunstancias que tienen que ver con que gracias a Dios, perdón por el chiste fácil, este bendito país celebra las festividades cristianas, me encuentro circunstancialmente fuera de mi querido Madrid. Hacía mucho tiempo que no vivía un encuentro de mi equipo desde fuera del foro y menos jugando en el Calderón pero ese es otro de los méritos que habría que sumar al prestidigitador de la verdad conocido como Javier Aguirre. Me aburre tanto su forma de atrofiar el fútbol que prefiero unos pintxos en la parte vieja de San Sebastián que soportar otra sesión más de su interpretación de la infamia. El que yo me perdiese un partido en el Calderón hace unos meses era prácticamente hablar de blasfemia. Hoy este mentiroso ha conseguido lo que supongo pretender con todas sus fuerzas: echar del Calderón a todas aquellas personas que creen que el Atlético de Madrid es un club grande que no merece ni discursos mediocres ni pelear por las sobras. Al menos está cerca de conseguirlo conmigo.

Eso si, curiosamente desde que he llegado a mi destino gente cariñosa a la que aprecio, que saben de mi enfermedad por los colores rojiblancos, no ha dejado de golpearme con ardor y reiteradamente la espalda repitiendo alguna frase que se parece mucho a esta: “Estarás contento con tu atleti, ¿no?”. Desde Madrid sospechaba las razones por las que un tipo que lo ha hecho tan rematadamente mal como Aguirre sigue despertando el respeto y la comprensión de todas aquellas personas que no pisan el Calderón. Ahora tengo mucho más claro que todo es una sucia mascarada con unas raíces mucho más poderosas de lo que yo pensaba.

Desconozco la razón y no sé si se debe a que este simpático mejicano ha nacido con una flor entre sus posaderas que le dota de una suerte tozuda que no se resiente ni siquiera con la criptonita o existe alguna otra justificación más mundana para que la prensa del movimiento, maquinada por sus millonarios gurús y apoyada por nuestros inútiles dirigentes, iniciase una campaña a favor de este aprendiz de aprendiz de entrenador basada en las proposiciones matemáticas, esas que dicen que vamos situados en cuarto lugar de la clasificación nacional y que por tanto deberíamos darle gracias a Dios. Cualquiera que como yo se trague todos y cada uno de los partidos del atleti, dentro y fuera, estará de acuerdo conmigo en que lo que nos está tocando sufrir desde que estamos en manos de ese intelectual del patadón, que además dice carajo, tiene más que ver con una escalofriante (y mala) novela de terror que con un sano deporte que provoca distracción y felicidad, pero eso es muy difícil de explicar a personas que simplemente ven los resúmenes de televisión o escucha las sórdidas y falsas crónicas de los funambulitas de la radio. Reconozco que aquí, en la bella Easo, he tenido que desistir de intentar explicar la razón por la que quiero que el señor que dicta las alienaciones se dedique a hacerlo en las islas Mauricio. Es más poderoso el Ministerio de la verdad.

Ayer ganamos 3-0 por la misma razón de otras veces, porque tenemos dos grandes delanteros de categoría mundial que serían capaces de hacer lo mismo entrenados por un imitador del Chiquilicuatre y por el añadido de que primero jugábamos contra colista de primera división y segundo porque Simao poco a poco se va sumando a la fiesta. La verdad es que lloro por las noches soñando en lo que podría ser este equipo jugando con centro del campo y entrenado por un entrenador de fútbol.

Pero ahí están las matemáticas aunque la realidad sea que el Levante llegó tantas veces o más que nosotros, que seguimos sin ser un equipo, que seguimos sin jugar como un equipo, que no sabemos defender ni a balón parado ni a balón en juego (y no es problema de un jugador como nos quieren vender sino del esquema defensivo del equipo), que somos cobardes, que el banquillo alecciona para que el equipo reniegue del fútbol, que el recurso futbolístico más repetido a lo largo de cualquier partido es el patadón, que no hay centro del campo,… En fin, lo de siempre.

Esa es la realidad. Me encantaría ser tan ingenuo como los que son felices simplemente viendo la clasificación. Esa gente que ajenos a los 90 minutos de sopor que cada siete semanas acontece con nuestro escudo arrastrándose por cualquier sitio, esbozan una sonrisa viviendo es ese país de dibujos animados donde todo lo que les interesa es ver a sus equipo en cuarta posición en la vigésimo segunda página de un periódico deportivo. La realidad es otra pero en esto debo ser como Woody Allen cuando dice que odia la realidad, pero es el único sitio donde pueda comerme un buen filete. Sustituyan filete por fútbol y tendrán la razón por la que el domingo que juguemos en casa volveré a ir al Calderón.