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¿Oficio?


Granada FC 1 - At. Madrid 2

Analizar el fútbol a posteriori es siempre mucho más fácil. Es obvio que existen verdaderas odas literarias dedicadas al deporte rey y yo me declaro admirador de muchas de ellas pero todas tienen truco. Conocido el resultado se busca entre el potaje de datos y hechos que se han cocinado durante 90 minutos para que, con mayor o menor talento, se elija ese puñado concreto que lo explique todo. Que explique lo que queremos explicar. En ocasiones, muchas, se recurre a espacios generales, esos lugares comunes que todos conocemos sin tener que explicar demasiado, para trazar un relato creíble. En otras ocasiones, como la de hoy por ejemplo en las que no ha ganado el mejor equipo sobre el campo y que además el ganador lo ha hecho sin desplegar un fútbol acorde con su nombre y su posición en la tabla, se suele hablar de oficio. El equipo ha tenido oficio, dicen. El oficio de los ganadores, claman a modo de titular autoexplicativo. Francamente, nunca he tenido claro que significa eso. Hablaban de oficio cuando los equipos de Caparrós se dedicaban a dar patadas durante horas y horas en las que no se podía hacer rodar el balón. Hablaban de oficio cuando Aguirre plantaba el autobús en su área y le decía a los recogepelotas que no soltasen el balón tan rápido. Pero también hablaban de oficio cuando el Real Madrid tiraba únicamente de su proverbial suerte y ganaba contra pronóstico. Si todo eso es oficio yo prefiero ganar de otra forma. El Atlético de Madrid, desde mi modesto punto de vista, ha ganado hoy porque sus sistema defensivo sigue siendo el principal bastión de este equipo (y el último que se desajusta), porque el Granada es un equipo sin gol y con serias dificultades para terminar jugadas y porque ha tenido suerte. Decir otra cosa, buscar perífrasis de ambrosía literaria para eufemísticamente encontrar razones más románticas sería estúpido. Además creo que no hace falta. No mientras lo de hoy no se convierta en norma y se quede en ese hecho puntual que dice, sin ambigüedades, que el Atleti también gana así.

La primera parte del Atleti fue horrible, pero mucho mérito para que así fuese corresponde al equipo rival, el Granada de Lucas Alcaraz. El lenguaraz y generalmente algo engreído entrenador del equipo nazarí había jugado su particular prepartido en los rotativos deportivos. Haciendo gala de su verborrea tóxica, bastante conocida al la rivera del Manzanares desde los infernales tiempo de segunda división, había decidido meter presión a los árbitros en esa otra suerte de “el otro fútbol” que algunos también confunden con oficio. Puede que el tiro le saliese por la culata. Si ha sido así me alegro por ello. Además, viendo a su equipo sobre el césped se comprende todavía menos esa actitud de perdonavidas. Su equipo jugó mucho y bien, siendo claramente superior al rival en muchas fases. Ganando en intensidad, algo que teniendo enfrente al Atleti es ciertamente meritorio, imponiéndose claramente en la zona medular, robando rápido, practicando una presión más que decente y manejando mucho mejor el balón. Sólo faltó crear ocasiones de gol y culminar, eso que cuesta tantos millones de euros. Enfrente tenían un Atleti apático y con un punto especulador, que abusaba del pase largo y que sólo veía el balón de lejos. 

La lamentable planificación deportiva que se hace en los despachos del equipo rojiblanco (sí, lamentable), hace que la escasez de jugadores de enganche sea pertinaz. Apenas Turan y ese fascinante todocampista que es Koke. Este “pequeño” detalle, evidente desde hace años, obliga a Simeone a fabricar encajes de bolillos cada vez que hay un lesionado y esa es, me temo, la razón por la que saltamos con tres delanteros al campo. Algo que puede sonar ofensivo pero que a mí no me gusta teniendo en cuenta como juega el Cholo. La realidad es que hoy el centro del campo se ha resentido. Adrían y Villa no ayudan y los Gabi, Mario y Koke se veían superados por el buen hacer del equipo andaluz. Aun así la mejor ocasión en la primera parte fue para el Atleti, con un remate de cabeza de Diego Costa que se encuentra el portero. Pero cuando el medio tiempo estaba apunto de aparecer, llegó un penalty. Balón al área que Villa protege bien con el cuerpo (eso el Guaje lo hace como nadie) y al que Mainz, impotente por perder la posición, arroya de forma inocente. Para mí, a pesar de las protestas, es penalty claro.

La segunda parte tuvo mejor pinta para el cuadro madrileño y algo peor para el granadino. El panorama, en esencia, no cambió demasiado pero el Atleti asumió con mayor tranquilidad su actitud contragolpeadora y pareció tener más claras las ideas. El Granada bajó un punto la intensidad (probablemente por el cansancio) y subió otro punto la asumción de riesgos, lo que provocó la salida peligrosa del equipo rival. Así, con este panorama, durante muchos minutos no pasó nada. El Granada se chocaba con la defensa colchonera, incapaz de hacer una ocasión y el Atleti, alérgico al balón, pocas veces conseguía conectar alguna combinación de pelota que pudiese ser definida como jugada. Pero de nuevo las mejores ocasiones (las únicas, de hecho) volvieron a ser de los colchoneros. La más clara, sin duda, un buen balón en diagonal de Villa que remató Diego Costa con la zurda y que paró con solvencia Roberto. Cuando el partido parecía encaminado a refugiarse en la pereza de la monotonía, en una de esas contras colchoneras, se juntaron los planetas. En una combinación de tres pases, el balón acabó en largo sobre la trayectoria de Villa que encaró escorado la porteria. Buscando el disparo, consiguió girar el cuerpo dominando el balón pero en el camino fue derribado por Murillo. Para mí vuelve a ser penalty. Las dudas solamente vienen por la exageración del jugador asturiano. Exageración totalmente ineccesaria que me hace pensar que el Guaje se veía ganado y sin posibilidad de remate. Pero la realidad es que el derribo existe y para mí es claro. El propio Villa se encargó de poner el 0-2 en el marcador. A partir de ahí el partido podía haber sido definitivamente resuelto por los rojiblancos que tuvieron varias ocasiones claras para matar totalmente el partido pero, paradojicamente, lo que llegó, ya con el tiempo casi cumplido, fue un remate del Levante a pase desde el lateral que Ighalo remata de cabeza a la red. Los agónicos segundos finales fueron solventados, con oficio, por el cuadro colchonero.

Mal partido de los de Simeone que sin embargo sirve para ver otra cara de este poliédrico equipo y comprobar que también en esta versión el equipo es robusto, rocoso y gana. Por la buenas o por las malas. También de esta forma el Atleti sigue siendo incómodo e impenetrable y también así desespera al rival. Seguimos aguantando el tirón del Barça en el mejor arranque liguero de la historia. Seguimos soñando con los pies en el suelo. Que dure.

Cerdos y diamantes (At. Madrid - Murcia)

Decía mi admirado Pio Baroja que el hombre está un milímetro por encima del mono cuando no un milímetro por debajo del cerdo. En el caso de ese siniestro personaje denominado Lucas Alcaraz, y en lo que respecta a lo puramente futbolístico ya que lo demás afortunada o desgraciadamente lo desconozco, los milímetros por debajo del cerdo deberían ampliarse. Los equipos que dirige este señor se caracterizan por tres cosas: renegar de jugar al fútbol, dar patadas a diestro y siniestro y vivir los 90 minutos en los límites (o fuera) que marca el reglamento futbolístico y la convivencia humana. Después de los 90 minutos se permite incluso el farol de reafirmarse en su desprecio por el contrario. Tipos de esta calaña, que viven de la gestión del estiércol y además sacan pecho de su podredumbre, deberían tener prohibido acercarse a un campo de fútbol. Desgraciadamente no es así. Lo lamento por mis buenos amigos murcianos pero un equipo dirigido de esta manera por un marrullero como este no merece estar en la elite del fútbol.

Aun así esto no es excusa para el empate de hoy. El atlético de Madrid ha empatado por la misma razón por la que hemos perdido y empatado otros partidos: porque es un equipo que no sabe que hacer con el balón. Existe un dato aterrador: en lo que va de liga el atlético de Madrid no ha sido capaz de ganar un partido en el que no se adelantase primero en el marcador. Siempre que nos marcan un gol o empatamos o perdemos. Así de crudo. Nunca hemos sido capaces de remontar. Alguien pensará que un dato así sólo es fruto de la casualidad pero yo no creo en las casualidades después de 20 partidos de liga. La razón, desde mi punto de vista es más que evidente. Nuestro equipo no sabe jugar llevando la iniciativa del partido y eso es precisamente lo que tienes que hacer cuando vas por detrás en el marcador. En realidad un equipo que aspira a estar en lo más alto de la competición debería llevar la iniciativa en todos los partidos pero eso es algo que no entiende Javier Aguirre. Tan triste como cierto. Tan conocido como penosamente ignorado por los dueños de este bendito club.

El partido comenzó como suelen comenzar en el calderón los partidos contra equipos de abajo que se encierran en su portería: ellos no juegan y nosotros tampoco. Forlán y Agúero, dos diamantes perdidos en un sistema nefasto, eran como siempre nuestros mejores centrocampistas. Bajaban al centro del campo a buscarse la vida (¿Se acuerdan de Fernando Torres?) y de allí salían las ocasiones de gol. De ahí también sale el cansancio de estos jugadores y el estar más veces de las deseadas fuera de su posición. Fin de la primera parte. Otros 90 minutos tirados al limbo del buen gusto o al vertedero donde van a parar los minutos de fútbol intrascendentes. Seguro que tenemos el carné VIP de ese club.

La segunda parte comenzó con un penalti tan claro como estúpido de Eller. Si, ese personaje que juega en Europa gracias a que la secretaría técnica del atlético de Madrid está dirigida por un reconocido y reincidente negligente. Fabiano Eller siempre que entra al balón, salvo que se equivoque, hace falta. Es axiomático. Cuando como hoy lo hace dentro del área ni tan siquiera disimula. Un jugador por cierto que cuando no hace faltas el resto del tiempo lo pasa dando puntapiés al balón, atusándose la coleta o abrazándose con su entrenador. Esa es una de las plazas de extranjero de este equipo.

A partir del penalti el Murcia se concentró, con más ahínco si cabe, en lo que venía haciendo desde el principio: dar patadas y desquiciar a los jugadores del atleti. Daba igual la posición en el campo o el número del contrario, el caso era parar el juego haciendo daño. Gracias a la estulticia pagada del árbitro uno de los criminales con la camiseta del Murcia reventó el pie de kun Agüero. Cualquiera que haya jugado al fútbol sabe que esa entrada se hace consciente y con el único fin de hacer daño. El carnicero se quedó en el campo y el Kun no sabemos lo que estará fuera de el. Cerdos contra diamantes. Espero que el año que viene le pase algo parecido a este tipo (de nombre y juego intrascendente) en algún bonito campo de segunda división.

El atlético de Madrid, consciente de que jugar al fútbol no entra en los planes de su entrenador y que hoy no era el momento para empezar a aprender a hacerlo, decidió romper el partido. A Aguirre le gustó la idea y colaboró con los cambios. En mitad del caos apareció Luis García, un magnífico jugador al que la lesión de rodilla y la poca continuidad que le brinda Aguirre le está mermando de hacer algo grande en este equipo, metió un magnífico gol y de ahí hasta el final alguna ocasión aislada, muchas más patadas de los señores que se hacían pasar por futbolistas del real Murcia y un gol fallado por Maxi en el último minuto. El bache de juego y goles de este otro gran jugador empieza ya a ser preocupante.

Otro resultado mediocre digno de una propuesta mediocre. Y digo yo, ¿qué es mejor, arrastrarse por la liga y conseguir que la suerte y el despropósito no coloque el cuarto clasificado, con lo que seguiremos aguantando esta pesadilla al menos otro año más, o quedar por enésima vez perdidos en mitad de tabla e intentar empezar de nuevo algo que merezca la pena?