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¡Un abrazo!

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Tiago

Tiago Mendes aterrizó en la rivera del Manzanares 48 horas después del día de reyes de 2010. Sí, en el mercado de invierno. La tradición de mediocentros en el Club Atlético de Madrid era tan sumamente catastrófica que su llegada no despertó demasiada expectación. “Otro más”, rezaba por entonces mi anónimo (y cenizo) compañero de grada. No podía jugar la Europa League (competición que acabamos ganando ese año) y encima venía cedido por la Juventus, equipo en el que había pasado sin pena ni gloria. “Si allí no lo quieren…”, confesaba también entonces mi vecino, con ese optimismo tan valiente del que hacen gala los que nunca se equivocan. Contra todo pronóstico, el portugués se hizo con el puesto y acabó completando una gran campaña que nos llevó a ganar ese año la segunda competición europea (aunque él no la jugara) y a la final de la Copa del Rey, tras muchos años sin títulos. El Atleti perdió aquella final de Copa en Barcelona frente al Sevilla pero Tiago, que no había podido jugar en Hamburgo, entendió aquel día lo que era este bendito equipo. Aquella noche, con lágrimas en los ojos, parado en el césped del Camp Nou y viendo a la nutrida afición colchonera, apenas diez minutos después de haber perdido la final, cantando con el pulmón en la garganta su amor por los colores, Tiago entendió el espíritu rojiblanco y se le quedó clavado en el tuétano. 

Casi seis años después Tiago lo ha ganado todo con la camiseta rojiblanca. Liga, Copa, Supercopa de España, Supercopa de Europa, Europa League y le falta la Champions por aquel maldito minuto 93 de Lisboa. Por el camino dejó de ser ese jugador prometedor pero errático, confuso y falto de confianza para transformarse en el mejor mediocentro del Atleti en varias décadas y uno de los mejores de Europa. Es hoy la referencia de este equipo, dentro y fuera del campo, como así se lo reconocen compañeros y cuerpo técnico. Hoy, casi 6 años después de aquella llegada por la puerta de atrás y en el mejor momento de su carrera, Tiago acaba de romperse la tibia en el Calderón. Una grave lesión que, a sus 34 años, no parece fácil de superar. No sé lo que ocurrirá, cómo y cuando conseguirá volver a ser jugador de fútbol pero no creo que ahora mismo sea el momento de hacer cuentas, pronósticos ni promesas. Tiago merece el aplauso cerrado que se ha llevado hoy del Calderón y, más allá de aquel episodio oscuro de su retiro en el Chelsea, creo que es un jugador que ha hecho al Atleti estar donde está y al que por tanto le debemos mucho. Sólo por eso merece nuestro apoyo y nuestro cariño, aunque me consta que esto último es tan obvio que huelga decirlo. Sea cuando sea, esté como esté, Tiago será siempre bienvenido. 

El Atleti acaba de ganar al RCD Espanyol pero es una victoria que, sin dejar de ser importante, queda ensombrecida por la desgraciada lesión. Los de Simeone, aún volviendo al tradicional 4-4-2, encararon el partido muy bien y se pusuieron por encima en el marcador muy pronto. Buena jugada de Óliver Torres por la derecha (por fin un buen partido del canterano con la camiseta rojiblanca), pase al área y el de siempre, Griezmann, que mete la puntita para, no sé si él o el defensa, desviar el balón a la portería. El 1-0 daba alas a un equipo, el colchonero, que siguió jugando muy bien al fútbol. Hasta la lesión las sensaciones eran muy buenas. Buen toque, buen ritmo, buena presión, buena salida de balón y buen fútbol. Tras la lesión, un balón absurdo al que Tiago ataca de mala forma, el estadio entero se quedó aturdido. Helado. Jugadores y espectadores se quedaron sin referencia y el frío, que nadie había notado hasta entonces, se hizo de repente muy presente. 

La grada buscaba en el teléfono alguna noticia tranquilizadora durante el descanso pero ésta no llegaba. No es rodilla, decían, es una lesión ósea, como si eso hiciese el drama algo distinto. Los jugadores volvieron al campo con otro ímpetu y, más o menos, lograron sobreponerse a la situación. Saúl, como concienciado de repente de un rol del que no va a poder escapar, empezó a centrarse y a enderezar una actuación que en la primera parte no había sido tan buena. El Atleti siguió jugando y llegando, pero este equipo sigue sumido en una galopante y preocupante carencia de gol. 

Tampoco ayudó mucho Vietto que había sido agraciado con la titularidad pero que no ha estado a la altura en ningún momento. Lento, tímido, errático, eligiendo mal y fallándolo todo. Mala pinta tiene un jugador que está pidiendo a gritos una cesión. El propio Vietto, Griezmann, Godin, Carrasco, Óliver, Torres,… ninguno fue capaz de colocar el segundo gol en el marcador. Pero el partido llegó a su fin, con un equipo rival (el Español) que no existió en 90 minutos y con un equipo, el colchonero, que pasará el fin de semana jodido a pesar de seguir en la segunda posición de la tabla liguera. 

La lesión de Tiago es una desgracia, sin paños calientes, pero es irremediable y sería inútil (y absurdo) recrearnos en la desgracia o perder energías en buscar culpables y motivos. También en buscar remedios mágicos. Tenemos lo que tenemos y habrá que reinventarse. Dice la gente que sabe de esto que la mejor forma de encarar los problemas es no tomarlos como tales sino como oportunidades. Un nuevo escenario que pueda ofrecer alegrías con las que no contábamos. Héroes que no estaban llamados a serlo. Caminos y escenarios que antes no existían. Brindo por ello.

@enniosotanaz

Manda cojones

Por tercer año consecutivo el Atlético de Madrid supera la fase de grupos de la Champions League y accede a las eliminatorias de la máxima competición europea. Desde el colchonerismo, aturdidos por la fuerza centrípeta de esa actualizad que gira a toda velocidad, lo asumimos sin alharacas, con naturalidad y hasta con cierto desdén (“¡qué menos!”, escuchaba ayer en el Calderón). Basta echar un vistazo a la historia del Club para comprobar que es la primera vez que ocurre algo parecido a orillas del Manzanares. Nunca antes el equipo rojiblanco había conseguido acceder tres años consecutivos a la fase de grupos así que considerarlo como depreciable o menor se me antoja un poco arrogante por nuestra parte e impropio de tipos cabales. Preferiría que nos quitásemos ese recién adquirido traje de suficiencia (que nos sienta tan mal) y que intentásemos recuperar esa tradición tan colchonera como es la de ser feliz. Creo que sería bueno también que repararan en ello alguno de esos abanderados de la gloria que con tanta vehemencia tergiversan el concepto de grandeza que debe aplicar a nuestro equipo y que, aupados en no sé qué leyenda, critican a entrenador y jugadores por falta de “ambición”. Ustedes me perdonarán la licencia pero manda cojones. 

El Atlético de Madrid ha conseguido la clasificación matemática para la fase de grupos pasando por encima de un Galatasaray muy menor. El equipo turco llegó al Calderón mermado en la dirección técnica (lo dirigía en funciones el mítico Taffarel), con una galopante crisis deportiva, con bajas importantes y un evidente (y paupérrimo) estado anímico. Todo esto quita quizá algo de mérito a la victoria de su rival pero, sea como fuere, los de Simeone hicieron un partido excelente. Dibujando sobre el campo ese novedoso falso 4-3-3 (que defendiendo es un 4-1-4-1 y atacando varía entre el 4-5-1 y el clásico 4-4-2), el equipo consiguió colocar muchos más jugadores en la zona de creación y eso provocaba el que Griezmann, Koke y Carrasco entrasen más en juego y el equipo estuviese más junto a la hora de construir. Me gusta esta innovación táctica, especialmente en partidos contra equipos tan cerrados. 

El Atleti monopolizó el balón todo el partido pero, más importante, lo hizo con mucho criterio. Sacándolo jugado a través de pases cortos, triangulando en cualquier zona del campo y llegando fácil al área contraria. El equipo está en la buena línea y personalmente sólo veo dos puntos claramente a mejorar. Uno, la acuciante falta de gol. Es tan evidente que resulta absurdo ahondar sobre ello. Dos, la falta de paciencia. Acostumbrados a la verticalidad desquiciante, el equipo tiende a terminar la jugada por la banda en la que la ha comenzado y eso provoca que muchos de los ataques terminen en balones colgados al área sin mordiente y fáciles de defender. El primer gol tardó algo en llegar pero no creo que nadie estuviese nervioso por ello. Intuyo que hasta los turcos que ocupaban lo alto del fondo norte sabían que tarde o temprano llegaría. Ocurrió tras la enésima buena jugada de los de Simeone (esta vez desde la derecha) con un buen pase al área de Gabi (de los mejores en el partido) y un mejor remate de cabeza de Griezmann que, ocupando quizá el espacio físico que debería haber ocupado Torres, recuperaba su añorado olfato goleador. 

El 1-0 no cambió nada las cosas. Según sacaban los de Estambul desde el centro del campo los madrileños, como si no hubiese pasado nada, volvían a ejecutar esa presión adelantada tan difícil de superar. El partido volvía a jugarse en el terreno contrario tan sólo quince segundos después de haber llegado el primer gol. El Atleti llegó miles de veces al área pero la falta de puntería, la tendencia a recrearse en la jugada, la timidez a la hora de encarar la portería o la falta de paciencia para evitar colgar balones a ningún sitio, hacían que el marcador no se moviese. El Galatasary seguía inédito, con la cabeza gacha y la mirada perdida. Ni siquiera sus otrora fervorosos aficionados eran capaces de salir del prolongado estado de letargo. Lo apretado del marcador hacía que mediada la segunda parte todavía pudiese surgir, de repente, un cierto runrún que complicase las cosas pero ni siquiera llegó a ser una posibilidad real. Un espectacular caño de Gabi al borde del área, con el remate postrero del más listo de la clase (Griezmann, claro), subieron el segundo gol al marcador que terminó de matarlo todo. A partir de ahí los contendientes firmaron un armisticio que Simeone aprovechó para dar descanso a sus pilares. Personalmente agradecí que el estadio pudiese corear el nombre del mejor jugador del equipo ahora mismo: Tiago

 En quince días el Atleti se jugará el primer puesto en Lisboa frente al Benfica. Será un partido bonito que se encarará desde la perspectiva de tener los deberes ya hechos. Tal y como están el resto de los grupos no sé hasta qué punto es relevante el quedar primero o segundo de grupo pero yo, como colchonero, siempre quiero ganar. Estoy seguro de que en el vestuario piensan exactamente lo mismo. 

@enniosotanaz

No jugar

Cuando en el descanso del partido los jugadores enfilaban el vestuario del estadio Riazor, yo era un hombre feliz. Mis dudas retóricas sobre el nuevo Atleti se disipaban, me regocijaba en esa agradable sensación de poder haber disfrutado de 45 minutos de buen fútbol y era optimista sobre el futuro colchonero. Ahora mismo, aproximadamente una hora después, no puedo decir lo mismo. El equipo de Simeone acaba de empatar frente al Deportivo de la Coruña en un partido raro, que no tengo claro si mereció ganar o no. De esta manera se separa de la cabeza de la liga (cuando la tenía a mano) y vuelve a rodearse de dudas que sientan muy mal a la institución. Si atendemos a la realidad, tal y como viene, el Atleti ha empatado el partido porque Giménez ha cometido un error de esos que hacía varios años que no se cometían en el equipo colchonero. Una falta de tensión imperdonable, a falta de un cuarto de hora, que ha supuesto perder dos puntos de oro. Pero si ampliamos un poco el foco de visión, veremos que fácilmente pueden aparecer otras respuestas. También otras preguntas. 

La primera parte del equipo del Cholo fue fabulosa. Sin matices. Entendió el partido con inteligencia, jugó con personalidad, se hizo dueño del balón y lo que es mejor, jugó al fútbol. Con paciencia pero mirando la portería contraria. Enfrente tenía un Deportivo muy bien plantado, anímicamente fuerte (gracias a los últimos resultados) y sin ninguna necesidad de arriesgar. Los madrileños podrían haber caído en la tentación de de ahorrar pases y tender a lo vertical, pero no. Gracias a un Tiago nuevamente en estado de gracia, movió la pelota y buscó su oportunidad. Y llegó. Jugada por la izquierda, rechace a la frontal del área y volea que el propio Tiago engancha para meter el balón en la base del poste. El gol cambiaba la forma de encarar el partido de un equipo gallego que, ahora sí, se fue a por el rival. Pero los rojiblancos, lejos de amilanarse, jugaron todavía mejor. Fue su mejor momento y dio la sensación de que el pitido que ponía final a la primera parte, beneficiaba sobre todo a los coruñeses. 

La segunda parte fue todo lo contrario. En todos y cada uno de los sentidos. El Depor se hizo dueño del partido y el Atleti se dejó llevar. Como otras tantas veces. Hay quien dice que ese estado de letargo es una consigna de Simeone. Que les obliga a recular de esa manera. No lo sé, pero lo que sí que tengo claro es que esa forma de interpretar el fútbol no es la de buscar el contraataque, ni la de tratar de aprovechar los espacios del rival y ni siquiera la de jugar a contener. Eso se llama no jugar. Cualquiera de las primeras opciones me parecería lícita. Esta última no.

Cada vez que esta temporada el Atleti se pone por encima en el marcador, activa de forma evidente ese modo especulativo de jugar a que nadie juegue. Es lo que hacen casi todos los equipos cuando quedan tres o cuatro minutos para terminar el partido pero el Atleti lo ha hecho hoy, como otras veces, con toda la segunda parte en juego. Demasiado tiempo. Sobre todo si enfrente tienes un equipo profesional de primera división y bien entrenado. Sobre todo cuando parece innecesario. Otras veces funcionó y hoy tenía pinta de que, de no mediar el error de Giménez, también hubiese funcionado pero quizá sea mejor tomar ese dato como anécdota. Sobre todo cuando uno tiene la sensación de que eso de tener que depender de no cometer ni un error y optar de forma gratuita por olvidarse de dar criterio y continuidad al balón es gratuito. De esa manera el equipo baja tanto el ritmo y la intensidad, se marcha tanto del partido que cuando tiene que volver a él, ya no puede. Uno mira al campo y no entiende la decisión cuando ve que existen jugadores en el campo con calidad suficiente y los recursos necesarios como para no tener que recurrir a planes que, para mí, son de emergencia. Especialmente si, como era el caso, no existía esa emergencia. 

¿Por qué ocurre esto? Cada uno tendrá su teoría. Yo tengo la mía. Para mí la razón hay que buscarla en un acto de traición a si mismo. En renunciar a la filosofía que nos hizo grandes, la del partido a partido, y pensar más allá del siguiente paso. En economizar esfuerzos pensando en lo que está por venir, jugándote por el camino el que a lo peor no venga. En pensar en mañana olvidándose del hoy. 

El empate del Atleti me deja triste, pero lo que ha ocurrido en la segunda parte me entristece todavía más. Espero que nos sirva a todos para aprender. A los aficionados para huir de la excentricidad (esta tarde todos los colchoneros con los que me encontraba, daban por hecho que dormiríamos como líderes). A Giménez para crecer e intentar seguir haciéndonos olvidar que tan sólo tiene 20 años. A Simeone para darse cuenta de que a veces no es necesario hacer determinados “sacrificios” si no los necesitas. Que a veces basta con ponerse a jugar para que todo funcione. Que el camino natural es suficientemente solvente, probablemente más efectivo y bastante más sensato. 

@enniosotanaz

Gol de Vietto.

Quedaba poco tiempo para que finalizara el partido y aunque el Atleti llevaba un buen rato intentando igualar la contienda, tirando de corazón (más que de fútbol), la situación no era nada halagüeña. En ese momento el Real Madrid se marchaba 5 puntos, el Barcelona tres cuartos de lo mismo y el Celta (o el Villarreal) no sólo se separaban también en la clasificación sino que su desempeño en el campo era muy superior al que practicaban los colchoneros. Por si eso fuera poco, el once inicial de Simeone no incluía a ninguno de los flamantes fichajes estivales. Las dudas respecto a todos los jugadores y todos los sistemas se sucedían con demasiada continuidad. Las aves de rapiña, licenciadas en Ciencias de la Información, desplegaban sus poderosas alas para volar en círculos sobre el Calderón y el runrún impaciente de una grada cada vez más impaciente, perfumaba el ambiente de un hedor pesimista y desagradable. La pendiente hacia los infiernos se empinaba de forma imparable hasta que de repente, casi sin querer, apareció el gol de Vietto que empataba el partido contra el Real Madrid. 

Acabada la batalla, aprovechando el parón de selecciones, llegó el tiempo de inventariar las bajas y la situación. Fue entonces cuando tomamos conciencia de que, con un calendario infernal, jugadores cuestionados, dirección deportiva en formación, sensaciones contradictorias y un juego para olvidar, resultaba que, administrativamente, no estábamos tan mal. Ni mucho menos. Apenas unas semanas después, el equipo está, administrativamente, igual o mejor, pero además la dinámica es otra. Jackson empieza a meter goles, Tiago se quita años de encima con cada quincena, Koke ya no es un recuerdo del pasado, Correa llama a la puerta con fuerza, Griezmann está donde estaba y, ay amigos, ha aparecido un tal Yannick Ferreira Carrasco para levantarnos del asiento. Bendito gol de Vietto. 

El Atleti acaba de ganar al Valencia haciendo un gran partido de fútbol. Es cierto que ha terminado pidiendo la hora, pero es igual de cierto que los de Simeone han pasado por encima del conjunto Che de forma más que significativa. Firmo desde ya que el juego del Atleti 2015-2016 se parezca a la primera parte de hoy. Dos laterales incisivos y de calidad que abren mucho el campo para asociarse con los interiores, dos mediocentros despiertos, muy activos en la presión e inteligentes en lo táctico (especialmente Tiago que es un escándalo de jugador), dos delanteros letales (la resurrección de Jackson viene más lenta de lo que a mí gustaría pero parece que el colombiano empieza a entonarse) y dos falsos interiores que dan el espíritu y el juego al equipo. Koke, a base de inteligencia y talento, ligando centro del campo con delantera. Yannick poniendo velocidad, descaro y picante. Soberbia primera mitad frente a un Valencia timorato y sin personalidad que sin poder remediarlo perdieron la pelota, el ritmo, el juego y el centro del campo. Mucho peor cuando Rodrigo, el mejor de los blancos hasta entonces, cayó lesionado. Las ocasiones se sucedieron por izquierda y derecha. Los valencianos no encontraban su sitio y sólo Jaume en la portería conseguía mantener el cero en su marcador. 

Antes del descanso llegaron dos goles pero podía haber llegado alguno más y hubiese seguido igual de justo. El primero cayó tras error garrafal de los dos centrales levantinos (lamentables todo el partido, especialmente Santos) que aprovechó Jackson para desviar bien el balón cuando encaraba en solitario la portería. El segundo fue de Yannick, tras cabalgada por la izquierda, recorte al centro y fuerte disparo desde lejos que entró lamiendo el poste derecho. Golazo. Lo lógico hubiese sido que hubiese pasado el balón a Jackson, que le estaba tirando la diagonal, pero bienvenidos sean, por una vez, los jugadores ilógicos. Gran partido del belga que mezcló a partes iguales calidad y ganas de comerse el mundo. El Calderón se lo agradeció como corresponde. 

La segunda parte no varió mucho en los primeros instantes hasta que Simeone, yo creo que viendo el partido ganado, decidió sacar a Torres y a Óliver al campo. Error. La dinámica cambió radicalmente. Ya no había chispa ni novedad. Sobre el terreno de juego aterrizó de repente la mediocridad y ese ritmo lento y titubeante tan típico de esta temporada. Torres aporta todo lo que tiene (ni un pero a eso) pero da la sensación de apagarse futbolísticamente. Óliver sigue teniendo un problema de cabeza. Mientras Yannick o Correa saltan al campo pidiendo el balón con la idea de echarse el equipo a la espalda, jugársela y meter el gol de su vida, Óliver salta al campo con la idea de… no cagarla. Con esa actitud nunca podrá ser un jugador verdaderamente relevante. Un drama, teniendo en cuenta que es muy bueno pero que se le acortan los plazos y las oportunidades. 

El Valencia consiguió aparecer al final de encuentro gracias a un error de Godin (no fue su mejor partido) que salió como un toro a defender a un central rival que estaba con el balón en el área. Lo arroyó, claro. Penalti estúpido pero penalti. La transformación de Alcacer hizo que viésemos por primera vez las camisetas blancas en el campo. A ello contribuyó también un colegiado que, en un partido que no hacía falta, decidió formar parte de los resúmenes televisivos. Pero afortunadamente estaba el carácter colchonero y ese Tiago que día tras día se consolida como el mejor mediocentro colchonero que haya vestido la elástica rojiblanca en las dos últimas décadas. 

Victoria balsámica y elocuente de un Atleti en crecimiento que continúa abriendo ventanas por las que, de momento, se cuela la ilusión. Seguimos con la sensación de que lo mejor está por llegar y eso es muy bueno. Insisto, bendito gol de Vietto.

@enniosotanaz

Pensamiento oriental

At. Madrid 3 - Málaga 1

Decía Mao Tse-Tung que la crítica debe hacerse a tiempo. Que no hay que dejarse llevar por la mala costumbre de criticar sólo después de consumados los hechos. Parece evidente que las vedettes del periodismo deportivo patrio, así como los millones de ávidos comedores de alpiste que todos los días escuchan sus arengas, no son muy de seguir las enseñanzas del pensamiento oriental pero eso es casi una prueba evidente de lo acertado del mismo. Tras la derrota del equipo de Simeone en Anoeta, los analistas del veneno, los tertulianos de las estupidez y toda esa cohorte de aplaudidores que conforman el engrudo principal de ese mundillo, salieron con el cuchillo entre los dientes a descuartizar al conjunto rojiblanco. Como setas venenosas después de una ligera lluvia, aparecieron para poner los supuestos puntos sobre las supuestas ies. Con análisis que difícilmente podrían aguantar una simple revisión lógica pero eso no ha sido nunca un problema pera estos amigos de lo tóxico. Con esa valentía ruin que les caracteriza y que siempre sacan a toro pasado. A estas alturas de película debería darnos igual a todos los que vivimos ninguneados por la actualidad y al margen de la rabiosa tendencia mediática, pero no parece ser así para un nutrido grupo de colchoneros que una y otra vez caen en la trampa y que no sólo comen diligentemente su ración de bazofia diaria sino que son además capaces de regurgitarla en público. Una lástima con la que reconozco no poder luchar pero que, aunque me incomoda, realmente me da absolutamente igual. Paso de los unos y de los otros.

El Atlético de Madrid ha hecho hoy un buen partido que le ha servido para derrotar claramente a un Málaga que venía con la vitola de llevar cinco partidos consecutivos sin perder, pero que no lo ha parecido. Aun así, parece que siempre quedará la inercia de comparar a Moyá con Courtois, a Mandzukic con Costa o a Ansaldi con Filipe Luis. Absurda costumbre que me parece que tardará en extinguirse por el Calderón. Independientemente de que nos parezca bien o mal el Atleti 2014/2015 es otro equipo y lo va a seguir siendo hagamos lo que hagamos. Por esa simple razón, yo al menos, prefiero estar dispuesto por lo menos a que me guste.

El horario de las cuatro de la tarde hacía que todos llegásemos algo apresurados al estadio pero también que la grada se poblase de niños y familias que es algo que a mí siempre me resulta agradable. El ambiente era fabuloso y los jugadores colchoneros se encargaron de no aguar la fiesta. Salieron como motos a comerse al equipo andaluz y casi lo hacen a las primeras de cambio. Mis plegarias por ver a Griezmann, Arda y Koke por detrás de Mandzukic fueron escuchadas y el experimento no defraudó. El Atleti era intenso, rápido y poderoso pero además jugaba muy bien al fútbol. Mucho tenía que ver con ello la presencia en el centro del campo de un tipo portugués llamado Tiago. Griezmann ya avisó metiendo un buen balón que el croata colchonero no acertó a rematar antes de la jugada del primer gol. Jugada que empezó siendo una excelente combinación por la derecha en la Arda desplegó parte de su inmensa magia (lo seguiría haciendo toda la tarde) para que el balón llegara a la frontal del área y fuese rematado por Koke a la mano (clara) de un jugador malagueño que, por supuesto, el árbitro no vio. La acción terminó siendo un córner pero ya sabemos que en el Calderón eso no sólo no es malo sino que son palabras mayores. Tanto es así que algunos segundos después el marcador reflejaba ya el 1-0 tras remate de cabeza de Tiago. El portugués que volvía de una prolongada lesión ha demostrado hoy lo importante que es para este equipo. Su presencia acerca al equipo al fútbol, libera a Gabi de suertes que no sabe manejar y protege a los jugones de arriba. Se me antoja un jugador vital en el Atleti contemporáneo que, lamentablemente (y lo digo hoy como lo dije ayer), no tiene sustituto.

Uno esperaba que el 1-0 sirviese para que el Málaga abandonase su posición ordenada y timorata, tratando de meterse en el partido. No ocurrió así. Siguieron jugando como si no hubiese ocurrido nada reseñable, lo que aprovecharon los de Simeone para no sufrir. Se paró el ritmo y la intensidad pero los madrileños no perdieron el control. Sin pena ni gloria se llegó de esa forma al descanso.

La segunda parte pareció mostrar un equipo malacitano algo más metido en el partido. El Atleti aceptó el envite pero lo hizo desde esa posición replegada con la que encara los partidos en los que domina el marcador. La cosa en cualquier caso parecía seguir funcionando bien para los del Cholo hasta que una buena jugada por la izquierda de Samu Callejo (ayudado por cierta relajación de Ansaldi) fue rematada de forma acrobática por Santa Cruz para reducir distancias. Los minutos posteriores provocaron cierta intranquilidad en la grada que, en mi opinión, no se correspondía con la realidad. El Málaga había llegado una vez y había metido un gol. No parecía haber motivos para estar nerviosos (de hecho no volvieron a tirar a puerta en lo que quedó de partido) pero parece que la campaña en pro de sembrar la incertidumbre en las filas colchoneras, esa campaña que tiene su epicentro en las redacciones mas populares (o populistas, como quieran), está cuajando.

Raúl Jiménez había salido al campo en sustitución de un apático Mandzukic que se marchaba lesionado. El cuestionado mejicano hizo hoy buenos minutos jugando de único punta. Fijando la defensa, bajando el balón, dando oxígeno y tirando diagonales. La lástima fue (o es) la patente falta de gol que sigue manejando. En una estupenda jugada de Griezmann, otro buen partido del francés que a pesar de un par de fallos al final parece acercarse a lo que su entrenador quiere de él, Raúl Jiménez se llenó de ansiedad y remató directamente al portero en una posición bastante clara. Afortunadamente uno de los de siempre, Godín, volvió a poner las cosas en su sitio entrando como un bisonte al segundo palo tras pase de Tiago desde la derecha para poner el tercero del marcador. Poco más. Un expulsado por cada equipo (Samu y Gabi) y la sensación de que el partido se había ganado con bastante solvencia.


El Atleti sigue con paso firme arrastrando a su paso todas las dudas. Las reales y las ficticias. Las inocentes y las dañinas. Dudas y reproches que estuvieron, están y estarán. Por dentro y por fuera. Es así y lo mejor será vivir con ello pero al margen. Esperando en silencio al siguiente episodio que en este caso habla griego y se llama Olympiakos.  

Caricatura

At. Madrid 2 - RCD Español 0

Llenar los millones y millones de minutos, páginas e imágenes que los medios dedican a eso que ellos mismos denominan “información deportiva” (sin serlo) debe ser realmente difícil. Desde ese punto de vista puedo entender que los análisis se estiren como el chicle pasado, los temas se mastiquen hasta hacerles perder sus sabor o que los detalles pasen a tener una importancia que en el fondo no tienen. He llegado a convivir naturalmente con ello, pero me molesta cuando se abandona un mínimo de rigor para construir sobre la caricatura. El Atleti tiene un problema de creación probablemente desde el siglo pasado. No es algo que trajese Simeone. El año pasado el déficit se suplía con el intermitente genio de Arda o la fiabilidad prusiana de Koke pero sobre todo con la verticalidad animal de Diego Costa. Este año no tenemos al hispanobrasileño y además no existe ahora mismo otro jugador igual en el mercado así que las costuras se ven más. Es obvio. Más allá de enfermedades casi endémicas, el “problema” del Atleti de este año, para mí, está en la falta de gol de sus dos delanteros de referencia: Mandzukic y Griezmann. Si eso se soluciona las cosas se verán completamente diferente. Pero es que no todos lo partidos son iguales, además, y por eso centrarse hoy en el circense debate del juego a balón parado, precisamente hoy, me parece reducir el análisis a la caricatura. Y hacerlo a mala leche, además. El Atleti ha tenido el 60% de la posesión, ha rematado 20 veces y 9 de ellas lo ha hecho entre los tres palos. Ha tenido fases en las que los de Simeone han sido una apisonadora intratable frente a un equipo, el catalán, que simplemente se dedicaba a tratar de defender renunciando incluso a la posibilidad de cualquier plan B. Si Mandzukic mete los dos cara a cara que ha tenido (tendrá que meterlos) y Griezmann no hubiese tirado al poste estaríamos hablando de otra cosa pero los profesionales de la información prefieren no gastarse en elaborar su análisis y seguir tirando de caricatura.

La primera parte del equipo madrileño fue muy buena. Con intensidad, dominio del juego, buen manejo del balón y equilibrio. El Atleti llegó por la derecha y por la izquierda pero desgraciadamente los de Simeone traducían el dominio en ocasiones pero no en goles. Pudo marcar nada más empezar y pudo hacerlo mucha veces después pero tuvimos que esperar a las postrimerías de la primera parte, cuando un balón colgado desde la derecha fue rematado en el área por la cabeza de Tiago para dar una parabola infernal al balón y meterlo en la red. Hasta ese momento el mejor del Español había sido su portero, Casilla. Es cierto que los catalanes habían tenido una clara ocasión con un pase al segundo palo que fue desbaratado in extremis por Moyá pero esa jugada, sinceramente, entra dentro de la categoría de anécdota. Tiago era dueño absoluto del medio campo (la importancia del portugués en este equipo es brutal) y el equipo rojiblanco jugaba en terreno del rival todo el tiempo pero Mandzukic, muy lejos del área en demasiadas ocasiones, no conseguía conectar ni con el equipo ni con la puerta. Creo que tampoco ayuda en esta empresa la presencia de un Raúl García que, como el croata, es más rematador que combinativo y que por lo tanto es también dependiente del juego entre líneas. Un juego entre líneas que es muy difícil con Griezmann en el banquillo.

La segunda parte comenzó igual que acabó la primera pero con la mala noticia de la lesión muscular de Tiago. Su posición la ocupó un Mario Suárez que hizo buenos minutos. Buena noticia. En ese contexto destacó sobre todo la presencia de Godin, imperial una vez más y demostrando que está al nivel de los mejores centrales del mundo. Los periquitos intentaron poner más fútbol y presencia en el campo pero todo se les vino abajo cuando un barullo en el área tras córner desde la derecha es rematado de cabeza por Giménez (buen debut del uruguayo) para conseguir meter el balón en la misma línea de gol y que el propio Mario Suárez pusiese el 2-o en el marcador. Poco más. El Español no supo hacer daño y el Atleti no quiso desangrar al rival. El equipo barcelonés no fue rival en ningún momento y dio una imagen muy pobre. Por eso me resultan especialmente patéticas las declaraciones de Sergio González, entrenador blanquiazul, anunciando sin rubor que su equipo no fue inferior al colchonero, más allá del juego a balón parado. Resulta muy miserable tirar de demagogia barata para justificar la negligencia propia pero más todavía hacerlo subiéndose a la grupa del jingle mediático de moda. Mal augurio el de este caballero.


Tres puntos importantes que mantienen al equipo en lo alto de la tabla y que otorga algo de tranquilidad a toda esa cohorte de histéricos que habían empezado a cortarse las venas con el traspiés de Valencia. Pero no hay tiempo de siestas. El miércoles nos visita el Malmö.

   

Querer ser lo que uno es

At. Madrid 1 - FC Barcelona 0

“yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón…”

Decía Erasmo de Rotterdam que la felicidad consiste principalmente en querer ser lo que uno es. Tenía razón. Los aficionados al Atlético de Madrid, al menos, lo entendemos así. Me consta. Somos del Atleti porque no entendemos que se pueda ser de otra manera y además nos parece una solemne estupidez tener que explicarlo. Si no lo entiendes es evidente que no eres de los nuestros. Somos del Atleti porque somos felices. Porque somos exactamente lo que queremos ser. Porque además estamos generalmente orgullosos de serlo. Independientemente de si la pelota entra o no. Porque anclamos los pilares de nuestra razón de ser en cosas que no se pueden comprar con dinero, por mucho que los pragmáticos monstruos que mueven los hilos del mercado quieran convencernos de otra cosa. Voy al Manzanares porque allí soy feliz. Porque, independientemente de lo que ocurra, seguiré siendo feliz por el simple hecho de sentirme parte de esa cosa etérea e indefinida que denominamos Club Atlético de Madrid. No miren al marcador para entenderlo. Miren al escudo. No busque explicaciones en el presupuesto ni en nombres rimbombantes con origen en lugares exóticos. Para entenderlo observen mejor la sonrisa sincera y natural de un jugador de fútbol profesional enfundado en la casaca rojiblanca mirando a una grada que lo ha transportado en volandas hasta conseguir llegar a la semifinal de la Champions League.

“…donde acuden a millares, donde gustan del fútbol de emoción”

Llevo toda la vida acudiendo al estadio Vicente Calderón pero no recuerdo muchas noches iguales. El Manzanares ha estado abarrotado otras veces. Otras veces hemos hecho mosaicos y otras veces la gente se ha dejado la garganta pero lo de este partido contra el Barça ha sido otra cosa. No sé cómo se vería a través de la televisión pero cualquiera de los que allí hemos estado sabemos que hemos asistido a algo especial. Único. El ambiente era exagerado. La presión brutal. La emoción extrema. Pero a diferencia de lo que puede ocurrir con equipos perdedores, en nuestro caso los nervios, que los había, se transformaban en energía positiva que llegaba al campo. ¡Desde luego que llegaba! El Equipo salió a comerse al Barcelona. Con una intensidad, unas ganas y una forma de jugar al fútbol que nadie podía imaginar. Los primeros quince minutos del Atleti fueron soberbios. Rozando la excelencia. Una apisonadora que aplastó a todo un FC Barcelona. Mordiendo en el mismo área blaugrana y obligando a los del Tata a parecer un equipo vulgar, incapaz de saber qué hacer con la pelota. Amagó Raúl García con un tiro lejano pero eso no era nada. En una jugada que luego se repetiría mil veces, balón largo la cabeza del navarro que prolonga a la espalda de Dani Alves, Adrián se plantó delante de Pinto para empotrar el balón en la cruceta. Mala suerte para el asturiano, señalado por Simeone en la previa en otro de esos gestos del Cholo que lo reivindican como entrenador excelso, que no empaña sin embargo un gran partido por su parte. Si Simeone es capaz de recuperar para la causa a un excelente jugador como Adrián, el tema de la canonización habría que ir empezándolo a mover. Pero la jugada no terminó ahí. El Atleti, enchufadísimo, siguió mordiendo y Villa, otro que demostró ser un magnífico profesional y todavía un jugador muy aprovechable, consiguió colgar el balón al área con la izquierda. Adrían, otra vez, dejó los fantasmas a un lado para elevarse a los cielos en un salto portentoso, ganando la partida al defensor catalán y mandando el balón al otro palo por donde apareció Koke para marcar el 1-0. El éxtasis en la grada. En mi vida me he abrazado a más gente desconocida en tan poco tiempo.

“…porque luchan como hermanos…”

Pero el Atleti no se quedó ahí. Henchido de furia, sintiéndose poderoso, con un nivel de concentración sobrehumano y disfrutando de jugar fútbol, el equipo colchonero siguió dominando, a su manera, y poniendo en dificultades a un equipo blaugrana que parecía grogui. Impidiendo a base de presión y entrega que el rival pudiera jugar el balón, pero defendiendo como la roca que acostumbra cuando el Barça cruzaba el centro del campo. Una vez más (y van…) un excelente planteamiento táctico de Simeone que es para enseñarlo en las escuelas de fútbol. El Atleti pudo haber resuelto en esa primera media hora pero los palos de la portería se lo impidieron. El bueno de Villa se topó por dos veces con el larguero, tras dos buenas jugadas verticales de los madrileños. Sólo al final del primer tiempo el Barça tomó consciencia de lo que se jugaba y rondó con cierto peligro la portería de Courtois, pero nunca con demasiada presencia y siempre a base de balones colgados.

“…defendiendo sus colores….”

La segunda parte siguió el mismo guión que habían tenido los últimos minutos de la primera. Un Atleti algo más replegado y un Barça con mayor posesión que sin embargo seguía huérfano de ideas para atacar la tela de araña diseñada por Diego Pablo Simeone. Mientras Messi, Iniesta, Cesc, Neymar, Xavi y el resto de superestrellas del Barça se hundían en el imaginario pozo del ostracismos (de hecho Iniesta fue sustituido en una decisión difícilmente interpretable para un admirador de Iniesta como yo) los que vestían de rojiblanco se fundían cada vez más en un solo concepto. En una sola forma. En un equipo. EL equipo. Porque si hay algo que caracterice a este sueño firmado por el Cholo es precisamente eso. La capacidad de ser un todo. Único e indivisible. Capaz de hacer un partido excelso cuando sus dos máximas estrellas, Diego Costa y Arda Turan, estaban en la grada. Por eso me cuesta tanto destacar jugadores concretos en partidos como este. Pero tengo que hacerlo. Si los once que saltaron al campo estuvieron a una altura máxima, quiero quedarme especialmente con dos nombres. Koke, que volvió a dar una lección de futbolista total. De los que atacan, defienden, marcan goles, ordenan las filas, dan el último pase, equilibran y desequilibran. Un jugador 1o que además es de la cantera y es del Atleti. Y Tiago, que volvió a dar una lección magistral de lo que es jugar de mediocentro. Pero sería injusto desmerecer a una defensa que a fuerza de jugar siempre rondando la perfección olvidamos lo buena que es. O de ese Gabi que representa el escudo colchonero en un jugador. O de Raúl García que, pese a quién pese, es cada día más importante en este equipo. El partido transcurrió con la emoción propia del evento y con los gritos desaforados de una grada que volvió a ser el duodécimo jugador rojiblanco pero pensándolo en frío, tampoco se paso especialmente mal. El Barça tuvo sus opciones, sí, pero fueron puntuales. Fruto de balones colgados y con remates de cabeza que salieron desviados. Su mejor jugada fue una internada de Neymar que desbarató Courtois tirándose como una gacela a sus pies. Los últimos cinco minutos los vivimos de pie, abrazados en la grada y sufriendo pero en el ambiente podíamos notar, desde hacía ya muchos minutos, el delicioso olor de la victoria. El árbitro pitó el final y se desató la euforia.

“…con un juego noble y sano…”

50.000 adultos sonreímos como niños en ese vetusto cemento que sostiene el Vicente Calderón. Reímos, lloramos, nos abrazamos sin conocernos y buscamos la forma de expulsar la adrenalina que se había acumulado hasta saturar nuestro cuerpo. Los jugadores, rotos físicamente, hacían lo mismo sobre el césped antes de volver a los vestuarios. Pero allí no se marchaba nadie. No queríamos que ese delicioso momento, ese cenit de la felicidad que supone ser seguidor del Atlético de Madrid, acabase todavía. A base de ruido y pasión obligamos a los jugadores a volver al césped para disfrutar de una fiesta de la que por supuesto formaban parte. Como héroes anónimos que, altruistamente o no, habían dado todo lo que tenían por una idea. Por un símbolo. Por un equipo. Por el Club Atlético de Madrid. Todavía no habíamos reparado en ello entonces pero en ese momento éramos semifinalistas de la Copa de Europa. Después de 40 años.   


“…derrochando coraje y corazón.”

Conviene recordarlo

At. Madrid 2 - Athletic Club de Bilbao 0

Hubo un tiempo no muy lejano, conviene recordarlo, en el que los aficionados teníamos en la cabeza ese número indeterminado entre el 40 y el 45 que marca la barrera de puntos necesarios para mantenerse en primera división. Un tiempo no muy lejano, conviene recordarlo, en el que el Atleti perdía y empataba regularme. Dentro y fuera del Vicente Calderón. Jugando mal y jugando rematadamente mal. Cuando hoy, a diez o quince minutos del final, con el partido resuelto y viviendo tranquilos, las gradas del Coliseo colchonero se han arrancado a cantar, en un brote de alegría espontánea que invocaba el aura colchonero, he visto como algún altivo espectador rojiblanco torcía el gesto con desdén. Tirando de sonrisa condescendiente y equivocado espíritu de hidalguía. Como sintiéndose superior a esa gente que, y cito palabras textuales, se alegraba de cualquier cosa. ¿Cualquier cosa? El Atleti es hoy una maquina. Un rodillo imparable que pulveriza a sus rivales. Un engrudo impenetrable que apenas tiene fallos en defensa y un par de estiletes en punta, capaces de desangrar a cualquiera que se ponga delante. Vivimos una época espectacular e increíble pero mientras disfrutamos del momento deberíamos ser capaces también de no perder la perspectiva histórica. De ser felices. de no caer en ese efecto colateral del fútbol moderno que es la condescendencia. Torcer el gesto cuando Gabi un día, exhausto, no llegue a cortar un balón, chillar con el corazón en la garganta porque Juanfrán ha fallado un pase o llamar matado al mismo que hace cinco minutos querías dedicar un altar. Criterio. Cabeza. De la misma forma que hemos sido afición ejemplar en las derrotas necesitamos serlo también en las victorias. El futuro va en ello. Hubo un tiempo no muy lejano en el que soñábamos con vivir lo que hoy es realidad. Conviene recordarlo.

En esa preciosa y absolutamente futbolera hora que son las cinco de la tarde de un domingo, comenzaba uno de los grandes clásicos de nuestra liga: el Athletic Club de Bilbao contra el Athletic Club de Madrid. En tiempos nuestra matriz vasca, se presentaba hoy en el Calderón con un remozado equipo en el césped y un buen entrenador en el banco. Siempre he tenido admiración por Valverde, su forma de entender el fútbol y su forma de plasmarlo en sus equipos. Creo que el equipo vizcaino acertó con su fichaje pero lo visto hoy ha sido bastante decepcionante, aunque algo de mérito probablemente tenga también su equipo rival de hoy. Aun así el partido comenzó con los bilboarras mejor plantados en el campo y manejando mejor el balón y el partido. El enésimo golpe de efecto de Simeone para recuperar jugadores de su plantilla, hacía que los madrileños saltasen al campo, otra vez, con Adrián y por ende con un sistema algo desequilibrado. Jugando Diego Costa tan en punta y siendo Villa tan delantero, la presencia de Adrián hacía que el centro del campo se volviese a resentir como ya había ocurrido en Granada. Durante esos primeros minutos la intensidad del Athletic, junto a la superioridad en la zona medular, hacían que el Atleti pareciese partido y no fuese capaz de contrarrestar el juego vasco. Aun así, nunca llegaron a inquietar verdaderamente el área de Courtois.

Pero pasados quince minutos, acoplados los jugadores colchoneros a las novedades, Koke decidió echar un cable mayor del habitual al medio centro y el partido empezó ser otro. Tiago tomó los mandos del equipo (cada día está mejor el portugués y creo que como no espabile Mario Suárez va a perder la titularidad) y Gabi (¡qué jugador!) se puso a cortar y repartir. El capitán ha vuelto a dar esta tarde una lección de lo que se le supone a un mediocentro defensivo moderno. Intenso, duro, pegajoso, muy hábil en lo táctico, listo en lo técnico y generoso en lo físico. Gran partido del canterano sobre el que se empezó a construir la victoria. Y es que allí donde Gabi o Tiago sueltan el balón, a falta de Arda, aparece el bueno de Koke para poner juego y cordura. Para cuando llegó el primer gol del Atleti el partido ya llevaba tiempo en posesión de los de Simeone, haciendo desaparecer a un Athletic al que ya no se volvería a ver en todo el partido. Villa ya había avisado con un soberbio remate con parada imposible de Iraizoz pero el primer tanto llegó más tarde, por la derecha, con un pase de Juanfran (buen partido otra vez del lateral) al límite de la línea de fondo que Costa no puede rematar, lo toca un jugador vasco y lo recoge el guaje para engancharlo a la red. El Athletic moría un poquito más. La puntilla vino al filo del descanso con otro soberbio pase de Koke a Diego Costa (he perdido ya la cuenta de todos los que van) que el hispano-brasileño recoge, mima, encara y coloca en la red. Si Diego Costa está imparable lo de Koke empieza a ser también de tesis doctoral.

La segunda pase fue directamente un paseo que se jugó en su mayor parte en campo del Athletic de Bilbao (síntoma de personalidad y poderío) y en la que si no hubo más goles fue por culpa de Iraizoz, la suerte y una cierta querencia de los colchoneros por hacer engarce de filigrana en muchos momentos. La prometedora línea de tres cuartos vizcaina (Beñat, Muniain, De Marcos,...) siguió sin aparecer y el Atleti jugó prácticamente a placer. La única ocasión en contra que recuerdo es un arranque del propio Muniain, tras error de Raúl García, que lanzó cruzado y rozando el poste. El árbitro mal, lo normal, pero creo que lo fue para los dos equipos.


Y todo sigue igual. A un punto del Barça y 5 por delante del Real Madrid. Pero sacar 30 puntos de 33 posibles no es normal por mucho que algún recién llegado a la fiesta lo crea. No es que lo diga yo, es que lo dice, insisto, la historia. En tres días podemos sellar el pase de Champions y en siete días volveremos a tener otra final en la liga. Así es el fútbol de elite, sí. Y es precioso.

Rehabilitación

Real Madrid 0 - At. Madrid 1

No sé si llegará algún día en el que sea capaz de disfrutar del derbi como si de un partido de fútbol se tratase. Es más, no sé si llegara el día en el que simplemente sea capaz de disfrutar esos 90 minutos. Hoy por hoy no ocurre. Desconozco si hace muchos años era distinto pero la verdad es que no lo recuerdo. Nací colchonero rodeado de colchoneros y si eso es algo que marca para encarar la vida lo es todavía más para encarar un partido contra el eterno rival. Ese que representa tu antítesis. Todo lo que no quieres ser. Desde que me alimentaba con leche materna el Real Madrid ha sido la representación en color blanco, camiseta y pantalones cortos, de todo aquello que nunca debería servir de referencia para construir mi personalidad. No digo que el Madrid sea eso (sería otro debate que hoy no procede) sino que es lo que para mí representaba. El eterno ganador que juega con las cartas marcadas. El arrogante cacique que reparte desprecio a su paso. El caprichoso niño mimado que a base de dinero consigue los juguetes que le gustan, simplemente para que no los tenga el otro niño. Desde entonces los derbis, para mí, nunca han sido partidos normales. Siempre fueron motivo de nervios y de una tensión insana que provocaba sensaciones dispares, pero también, durante mucho tiempo, eran fechas esperadas y deseadas, que se marcaban en el calendario de forma especial. Pero eso se acabó desgraciadamente hace aproximadamente quince años. A partir de entonces lo derbis pasaron a ser un problema y empezaron a llegar disfrazados siempre de pesadilla insoportable. De dolor. De vergüenza. Un partido se puede ganar o perder, lo sabemos. Sabemos también que cuando la diferencia entre presupuestos crece de forma exponencial las posibilidades de ganar son cada vez menores. Lo sé, pero ese nunca fue el problema. El drama venía en forma de ese sucedáneo de Atlético de Madrid, vulgar y mediocre, que durante años se arrastró por los campos de Dios y en concreto por el Santiago Bernabéu. Un equipo de jugadores asustados, devorados por el miedo y que se sabían perdidos de antemano. Durante esos años hubo goles anulados, penaltis raros y suerte del rival, claro. Siempre lo ha habido. Pero no se trata de eso y nunca pudieron servir de excusa cuando faltaba lo fundamental: el Atlético de Madrid. El equipo orgulloso que nunca arruga el rictus, tenga el rival que tenga delante. El equipo capaz de mirar a los ojos a cualquiera. El que muere en el campo y se siente dolido en la derrota. Pero el equipo que de verdad representa a la idea que sus aficionados tienen, nunca estuvo. Uno veía la cara de aquellos jugadores y veía el pavor. El sufrimiento de no querer estar allí. El respeto cobarde trasformado en derrota. Muchas noches me sentí humillado entonces y puedo asegurar que lo de menos era haber perdido un partido de fútbol. Sé que no soy el único.

Todo eso se ha acabado. Hace unas horas el Atleti, el de verdad, el del oso y el madroño, el que molesta, el que ya no cae simpático, ha derrotado al Real Madrid en su estadio y lo ha hecho siendo mejor. Perdonando la oportunidad de hacer sangre en un rival con dudas. Aun así, lo de menos es otra vez el resultado. La verdadera alegría es comprobar que mi equipo, como sospechábamos, ha vuelto. Hemos podido comprobar que cualquier jugador del Atlético de Madrid mira hoy a la cara a cualquier jugador rival de cualquier equipo del mundo. Cualquiera. Con respeto pero sin miedo. Orgulloso de vestir la camiseta que viste. Hoy vimos, otra vez y en el escenario más difícil, que el Atlético de Madrid es un equipo. Un equipo compacto y maravilloso que constituye la depurada obra magna de un tipo argentino llamado Diego Pablo Simeone. Gracias Cholo por rehabilitarnos para la vida. Gracias Cholo por resucitar a mi equipo. El tuyo.

Pasadas las 22:00 el partido comenzó sin sorpresas, con un cuadro colchonero instalado en una franja de 30 metros situada por delante de su área. Enfrente un Real Madrid que colecciona dudas, modificaba su centro del campo y aportaba más músculo para contrarrestar el poderío del rival en esa zona. Buen síntoma eso de que el Real Madrid modifique su esquema cuando se enfrenta al Atleti. Los blancos tenían una pelota que no sabían qué hacer con ella mientras los rojiblancos plantaban su sistema de aguas movedizas por el que nadie puede pasar. Hasta ahí, lo normal. Lo que parecía que sería el guión del partido, en consonancia con lo que ocurrió en la final de la Copa del Rey, dejo de serlo muy rápido. Pasados los primeros minutos de empuje, el Atleti empezó no sólo a robar el balón sino a tenerlo. No sólo a tenerlo sino a moverlo rápido y con criterio. Ya desde entonces aparecieron los protagonistas del partido. Tiago, soberbio en la posición de mediocentro, cortando y sacando con criterio y haciéndonos tirar de los pelos porque un jugador así haya llegado tan tarde al Atleti. Arda, dando clase, fútbol e imaginación a esa zona del campo en la que otros equipos se pierden y sobre todo Koke y Diego Costa. El primero siendo otra vez más el crack de este equipo. Roba, corre y cierra pero es que también piensa y juega. Y juega muy bien. Un tesoro que algunos intuíamos y que poco a poco deja de ser un secreto. El segundo un jugador que ha roto todos los límites. Al esforzado compañero que siempre lo dejaba todo en el campo se le ha sumado ahora un gran rematador (está en números de Messi), un punta magnífico (él solo es capaz de fijar a toda la defensa) y un excelente segundo punta (se pasa la vida tirando desmarques y abriendo el partido). Si Koke fue el cerebro, Diego Costa fue la estrella del partido. Y ellos dos, junto con Filipe Luis que robó el balón a un despistado Di Maria, fueron los protagonistas del único gol. Un genial pase del canterano a la espalda de la defensa, que Costa resuelve perfectamente delante del portero.

El gol lejos de espolear al Madrid lo dejó sonado. Aparecieron los primeros pitos, el aficionado madridista siempre tan fiel, mientras el equipo se estrellaba una y otra vez con la tupida defensa rival. Las ayudas de los interiores colcheros y el buen hacer de los mediocentros hacían que ni Cristiano Ronaldo, ni Isco ni Di María pudiesen correr, tocar o entrar en juego. Benzema directamente se escondía detrás de los centrales. El Madrid bombeaba balones como único recurso. Alguno pensó entonces en los miles de millones de euros que había en el campo y se echó a temblar. Pero no servían pero nada. El Atleti seguía con su plan letal. El Madrid tenía la posesión pero era lenta, inútil, fofa y sin peligro. Cuando el Atleti recuperaba el balón, el juego era sin embargo, vertical y peligroso. Pudo haber sentenciado el partido en la primera parte, sobre todo con una llegada desde atrás de Tiago, completamente solo, a la salida de un córner, pero no ocurrió y el Madrid se marchó vivo al descanso.

Acelotti puso más millones en el campo con Modric y Bale pero fue absurdo. El croata, como había ocurrido con Illarramendi, fue incapaz de construir o trazar algo de juego en la salida del balón. Más lamentable fue lo de Bale, el muchacho de los 100 millones de euros, que se perdió en la banda derecha como un canterano con ganas pero sin criterio. No es un tema de mi incumbencia pero jamás entenderé como el Real Madrid puso tanto empeño en fichar a un jugador que juega de… Cristiano Ronaldo. La única posición verdaderamente indiscutible en los merengues. En fin, ellos sabrán. La realidad es que el partido siguió por los mismos derroteros: balones a la olla de los blancos, llegadas letales de los colchoneros. Especialmente doloroso fue un contrataque que marra Diego Costa tras un mal control, cuando encaraba en solitario a Diego López. Un segundo gol que hubiese servido para no sufrir los últimos minutos. En ese momento apareció el cansancio en las filas del Cholo (que no hizo cambios hasta el minuto 85) y también el orgullo blanco que a base de fe consiguió, por fin, meter al Atleti en su área. Aun así, quitando el remate en tijereta (¿por qué ahora todo el mundo dice chilena?) de un Morata que había salido aclamado por su parroquia, estuvo más cerca el 0-2 con otra soberbia jugada de Koke que recortando en el área como sólo los maestros saben hacer, colocó después el balón en el larguero. No hubo tiempo de más.

Victoria colchonera que asesina definitivamente los fantasmas del pasado, que generará dudas y miedo en los rivales, que nos deja en cabeza de la liga, que consigue el mejor arranque de la historia colchonera y que, lo más importante, nos devuelve por fin a nuestro equipo. El que nos representa. Del que nos sentimos orgullosos independientemente del resultado. En la liga o en la copa o encuentro internacional, como bien reza nuestro himno.


Piedra rodante


AT. Madrid 5 - Rayo Vallecano 0

Se acabaron los tiempos de circo. Se acabaron las tardes en las que los partidos de Atleti parecían la letra de un bolero. Se acabaron esas jornadas grises con entrenadores grises y jugadores grises en los que que todos chapoteábamos en el dañino gris de la mediocridad. Tiempo tendremos de hablar de las carencias técnicas del equipo, de los errores de planificación, de la falta de eso que los entendidos denominan “fondo de armario” y también de especular sobre los que se fueron, sobre los que vinieron y sobre los que pueden llegar o partir. Tiempo tendremos, desde luego, pero hoy toca rendirse a la evidencia del milagro Simeone. El argentino recogió un guiñapo y nos ha devuelto un señor equipo. Un equipo del que podrá gustar más o menos su forma de jugar o su estilo pero del que se puede decir, sacando pecho, que es un equipo. Un señor equipo tremendamente difícil de doblegar y al que enfrentarse. Un equipo que no por conocido, porque el Atleti de Simeone ya no es ninguna sorpresa para nadie, deja de seguir siendo un rodillo, una piedra rodante a la que como no pongas los medios precisos para pararla, te arrolla.

El Rayo Vallecano, equipo por el que reconozco tengo especial deferencia, dio el año pasado en el Calderón una lección de fútbol. De toque, de entrega y de orgullo. Con un presupuesto ínfimo y recursos menguantes, es de esos equipos que se planta en el campo con la intención de dominar el balón y el juego. De esa “nueva” corriente en el fútbol que entiende que la victoria pasa por el balón. Actitud y espíritu muy loable, que envidio, y que además salió bastante bien durante la temporada pasada. La idea para este año pasa por la misma línea pero en el Calderón han dado un derrape importante. La forma pareció la misma pero el fondo no. El Rayo Vallecano decidió hacer lo único que no se puede hacer delante del actual Atlético de Madrid. Decidió sestear, dudar, ser blando... y murió, claro. Este Atleti es un equipo de elite y juega como un equipo de elite. Procura ocultar sus defectos para reducir sus errores al mínimo haciendo letal cada error del equipo rival. Esté enfrente el FC Barcelona o esté el Rayo Vallecano y ese es, para mí, el secreto del equipo colchonero mientras ha estado con Simeone. Partidos como el de hoy eran peligrosos no hace mucho. Hoy es complicado que se escapen.

La crónica del encuentro es bastante sencilla a pesar del saco de goles. Comenzó con la intensidad habitual en el Calderón, con la sorpresa de ver a Raúl García en el once titular (también Tiago entró por Koke respecto al equipo del pasado miércoles). El navarro respondió a los que, como yo, dudaban de su quehacer y se marcó probablemente la mejor primera parte desde que es jugador del Atlético de Madrid. Bien en la presión y el corte, atento en las ayudas, bastante acertado en el pase y con su habitual olfato de gol. Que me perdonen pero no parecía él. Durante los primeros minutos el equipo vallecano intentó colocarse sobre el césped pero ya desde el principio se vieron ciertas dudas en la medular y sobre todo en la salida de balón a través de la pareja de centrales. Enfrente la habitual roca de Simeone que, presionando muy arriba, no dejaba jugar y robaba el balón para salir vertical. Sobre todo a través de un Arda Turan que hoy ha vuelto a ser ese maravilloso jugador que nos tiene encandilados a la mayoría de los colchoneros. Trashorras trataba de bajar hasta la línea defensiva para intentar crear pero era imposible. Un centro del campo comandado por un imperial Tiago (para mí el mejor del partido, con permiso de Turan) rompía cualquier intento para iniciar el ataque colchonero. El Rayo estaba blando y dubitativo. El Atleti fuerte y convencido. Los goles eran cuestión de tiempo.

Hasta tres cayeron en la primera parte. Podrían haber sido más. El primero, para no modificar la tradición, vino a balón parado. Gabi saca un córner, mal defensa del Rayo y buena intuición de Raúl García para meter la cabeza. Arda Turan, que junto con Diego Costa ya para entonces era la peor pesadilla de los vallecanos, había avisado antes de cabeza pero en una preciosa jugada por la izquierda dejó un pase de la muerte a Diego Costa para que el hispano-brasileño siga aumentando su cifra de goles. Lo dije en twitter hace unos días y lo repito aquí: Costa es hoy por hoy el verdadero crack de este equipo (otra vez, con permiso de Turan). El turco pudo por fin aparecer para que su nombre quedara reflejado en las estadísticas oficiales de encuentro. Enésimo robo de los colchoneros que tras genial combinación con Diego Costa y Villa dejan a Turan encarando al portero. El Calderón, consciente de la genialidad del otomano, sabía que podía ocurrir cualquier cosa. Vaselina, recorte, disparo, rabona o un baile derviche pero Turan decidió sentar al portero de regate en seco y hacer el tercero con elegancia. No habíamos llegado al minuto 40 de la primera parte y el partido estaba resuelto.

La segunda parte fue una anécdota. El Rayo no reaccionó tras la charla del vestuario y el guión se repitió exactamente igual tras la reanudación. El Atleti bajó una velocidad el ritmo pero mantuvo la seriedad, el rigor, la presión y la ambición. Suficiente para destrozar a un Rayo que seguía tan inocente como comenzó. Tiago obtenía premió a su gran partido rematando de cabeza un magnífico, otro, pase de Arda Turan desde la izquierda. El quinto lo hizo de nuevo Raúl García a pase de un Koke que salió en la segunda parte de mediocentro sustituyendo a Gabi y no desentonó en absoluto.

El único pero a la tarde, por poner algo, es el dato de que en un partido con 5 goles, Villa, que jugó los 90 minutos, no marcara ninguno. Podría haber sido distinto, si no hubiese estrellado un balón al larguero tirando a bocajarro tras gran jugada de Diego Costa, pero realmente es irrelevante. Villa es un delantero excelente que a estas alturas de la vida no tiene que demostrar nada a nadie pero tengo dudas sobre su estado físico, su chispa y su velocidad. Ahora mismo no lo veo bien pero es fácil que este en fase de recuperación todavía. Ojalá. Lo vamos a necesitar.

Respeto

At. Madrid 2 - Real Zaragoza 0

Hace unos meses, cuando el inquilino del banquillo del primer equipo era, por así decirlo, de otro tipo, el Atlético de Madrid era simplemente un equipo más. Una visita del Atleti a cualquier estadio era un partido interesante por el historial del equipo madrileño pero deportivamente era una oportunidad asequible para el rival. Otra. Un rival asequible y un partido disputado. Una visita al Calderón era también una oportunidad preciosa e igualmente señalada en el calendario para sacar 3 puntos a domicilio. El discurso cobarde de esos entrenadores que arrastraban nuestro escudo por los campos de Dios era lo suficientemente ambiguo como para proteger el “buen hacer” del director técnico sin arriesgar demasiado. Sin que nadie dentro ni fuera del club reparase en esas cosas, los responsables deportivos del equipo madrileño despedazaban así el legado del club en un discurso miedoso y rastrero que trataba de equiparar al tercer equipo en títulos de este país con cualquier otro equipo de la tabla. Fuera el que fuera. Sin desmerecer a nadie, esto era tan injusto como falso. Pero ese discurso calaba en la plantilla pusilánime y acomodaticia que defendía el escudo del oso y el madroño y también, lo que es peor, calaba en el rival. Hoy el Celta de Vigo, ese equipo que maravilla a propios y extraños por su juego alegre y desenfadado, viene al Calderón y se cierra en su área cambiando su forma de jugar. Hoy el Zaragoza viene a jugar a Madrid y su entrenador reconoce que lo tiene muy difícil. Que se se enfrenta a un equipo áspero y difícil que te va a dejar pocas oportunidades. Hoy el Atlético de Madrid es un equipo que impone respeto. Un respeto que empezó a ganarse con el discurso sensato y humilde pero también valiente de su entrenador y se terminó de concretar cuando todos y cada uno de los integrantes de este equipo finalmente se lo creyó. Me alegra comprobar que aquellos inventores del fútbol que trataban de vulgarizar al Atleti no tenían razón. Me alegra que hoy estén lejos. 

El partido contra el Zaragoza podría resumirse como plácido o de trámite pero tiene más lecturas. Hoy hemos vuelto a comprobar la eficiente ambición de un equipo que se sabe poderoso y la tranquilidad con la que han aprendido a manejar los partidos. En el primer minuto el Atleti ya había tenido dos ocasiones de gol. Los rojiblancos salieron avasallando frente a un Zaragoza que se encerraba en su área tratando de achicar balones y voluntades. Los madrileños, acunados por la batuta de un Tiago que volvía hoy a ser ese mediocentro de calidad que muchos vimos años atrás (aunque me temo que sólo tiene 60 minutos por partido), abrían el campo, principalmente por la izquierda, desarbolando a los maños con velocidad y gusto por la pelota. Un magnífico pase del luso es desaprovechado por Falcao que se escora demasiado antes de rematar. El Atleti llegaba mucho y fácil pero el gol apareció a balón parado. Córner que saca Gabi y que Tiago remata a puerta no sin cierta ayuda de un Roberto, el cancerbero zaragozano, que no estuvo especialmente afortunado. El gol ponía las cosas en su sitio y amortiguaba esa tendencia natural del aficionado colchonero por aventurar la catástrofe.

Afortunadamente este renacido Atleti no da tregua. Siguió manejando el balón y el partido sin que el rival tuviese la oportunidad de tomar protagonismo. Tampoco sé si estaba preparado para ello. El Zaragoza, a imagen y semejanza de su entrenador, es un equipo entrenado para defender y rezar a los astros. Es de esa escuela de fútbol caduco que vive de espaldas al balón y que por tanto tiene problemas cuando tiene que tenerlo. Hoy ha sido así. Apenas ha inquietado a un Atleti que parecía sobrado en todas las facetas. Si quedaba alguna duda de quien ganaría el partido estas se disiparon con la enésima diablura del turco Turan, que con mucha inteligencia desbordó por la izquierda para recibir la falta dentro del área y permitir a Falcao reventar el balón desde el punto de penalti y seguir aumentando la leyenda. 

La segunda parte fue tan placentera como aburrida. El Zaragoza trató de dar un pequeño paso adelante pero fue meramente testimonial. El Atleti seguía robando y llegando con facilidad, en ocasiones incluso permitiendo cierto recreo en los jugadores que no creo que sea del agrado del Cholo Simeone. Falcao, más fallón y egoísta que otra veces, pudo aumentar el marcador al igual que pudo hacerlo Turan o un nuevamente activo Diego Costa que volvió a hacer un buen partido, pero las cosas se quedaron como estaban. 

El Atleti finaliza la primera vuelta con unos números de líder en una liga decente. La campaña de invierno que han hecho los de Simeone es para enmarcar y presiento que nos remitiremos a ella muchas veces en el futuro como un claro ejemplo de que si se quiere se puede. Enseguida comenzamos una prometedora segunda vuelta que tiene que confirmar el buen hacer y que debe servir para sellar el gran ejercicio de transformación que está construyendo el argentino, no sólo a nivel deportivo sino también espiritual. Larga vida a la solvencia.

Cosas buenas, cosas malas y cobardes (Almería 2 - At. Madrid 2)





Los aficionados a la gimnasia deportiva sabrán que en la disciplina de salto de potro la dificultad de los saltos está categorizada a priori y los hay que tienen un tope de evaluación por debajo del máximo. Es decir, los gimnastas pueden elegir hacer un salto que ejecutado a la perfección nunca será un diez. Así se penaliza a los que no se arriesgan o los que se refugian en lo fácil. Evidentemente esa no es la opción de los gimnastas que luchan por las medallas pero es una opción para deportistas menos cualificados o menos ambiciosos. Este es el problema del Atleti, que está en manos de gente que lo convierte en un gimnasta que sale al campo a ejecutar un salto que ejecutado a la perfección será como mucho un ocho. A pesar de manejar un presupuesto millonario, el tercer o cuarto de la competición, a pesar de pagar sueldos astronómicos, de tener estrellas mundiales en su plantilla, de tener una afición numerosa, una vitrina de trofeos poblada y una historia gloriosa, el Atlético de Madrid está dirigido, dentro y fuera del banquillo, por personas que ponen todo su empeño en convertirlo en un equipo menor. Un equipo mediocre en el que cualquier éxito sea imprevisto, un equipo vulgar sin nada que lo distinga del resto y un equipo condenado a chapotear en la mediocridad.

El Atleti ha empatado hoy en Almería (estadio en el que no ha ganado nunca, dato que viene a sumarse al resto de datos que hacen poner en duda la grandeza de nuestro equipo) y lo ha hecho porque la dirección deportiva que lleva instalada más de una década en esos despachos y esos banquillos han asumido y asumen que el Atleti es un equipo mediocre que tiene que salir al campo a ejecutar un salto de 8. Claro está, si el contrario sale a hacer un salto de 10 y la sale medianamente bien lo normal es que te gane pero si no le sale tan bien no es muy difícil que te empate. Lo llevamos viendo más de una década. Lo vimos con Manzano y con Ferrando, lo vimos muchas veces con Aguirre y lo estamos viendo hasta la extenuación con este estratega de la palabra llamado Quique.

El Atleti ha demostrado esta tarde que cuando quería el balón, lo tenía y lo jugaba pensando en meterlo en la portería era un equipo solvente, peligroso, que no pasaba demasiados apuros y que incluso era capaz de hacer algo parecido al fútbol. También ha demostrado que cuando decide parapetarse en su portería, como su entrenador les dice que hagan cada vez que vamos por delante en el marcador, nos transformamos en un equipo vulgar, mediocre, romo, nervioso, fallón, malo y muy vulnerable. Es tan evidente que escuece, Es tan lamentable que dan ganas de abofetear a todos los que entienden el fútbol de esta miserable y repugnante manera. Es tan triste que ya ni me sorprende que siga ocurriendo.

Mientras el marcador estaba empatado a cero el partido estuvo entretenido sin tirar cohetes. La dupla Tiago y Mario Suárez acerca el fútbol al universo del Atlético de Madrid. El portugués es lo más parecido a un centrocampista de primera división en un equipo con aspiraciones que hemos tenido en la última década. Lleva algunos partidos erigiéndose entre los mejores el partido y siendo el cerebro de un equipo que lleva décadas jugando sin cerebro. Quizás llega tarde, quizás le falle el físico y evidentemente está muy sólo pero es un gran jugador. Mario Suárez aparece demasiado tímido y demasiado ofuscado con su labor defensiva pero equilibra el equipo infinitamente mejor que su compañero navarro. Reyes estuvo muy tápado, Forlán con más voluntad que resultados y solo el Kun estuvo a la altura de las circunstancias. Elías ni está ni francamente (con este entrenador) se le espera. Aunque faltaba intensidad defensiva y había lagunas insalvables en la creación daba gusto hoy ver como los centrales buscaban a Tiago o Mario a la hora de sacar el balón en lugar rifarlo como siempre. El equipo estaba bien colocado y parecía metido en el partido pero debe ser el equipo que defiende más atrás de la primera división y lejos de presionar prefiere esperar al rival. Enfrente todo lo contrario. Un equipo con mucha menos calidad pero mucho más valiente. Los andaluces si que presionaban arriba en lugar de esperar y les hacía ser más verticales. De hecho las mejores ocasiones fueron suyas y sólo un inspiradísimo De Gea evitó el gol en contra.

Pero el Atleti tiene grandes jugadores en su plantilla y los dos mejores hoy se juntaron para abrir el marcador. Balón robado por el Almería que Tiago recupera enseguida evitando el contrataque pero el portugués tiene tanto fútbol que en un segundo vio al kun entrando al área y le puso el balón al pie con un pase magistral. El Kun amaga con el cuerpo y remata con la izquierda haciendo el primero.

Pintaban bien las cosas. Gol a favor, el equipo asentado y buenas sensaciones pero para eso está el entrenador. El Atleti podría haber seguido igual, podría no haber renunciado a su personalidad ni el criterio que tenían pero no, decidió ejercer su vulgaridad y jugar al fútbol moderno. Decidió olvidarse del balón, de mandar y decidió jugar para esperar al contrario todavía más atrás. Por supuesto esto espoleó al rival que a partir de ese momento y hasta que logró el empate al poco de comenzar la segunda parte (Crustat de buen remate en segunda jugada) se hizo dueño del partido y vivió al borde del área Atlética.

En este punto me gustaría puntualizar algo. Una cosa es jugar al contrataque (aunque alguien debería explicar que se entiende por esto) y otra cosa es hacer lo que hace este Atleti. El mítico contrataque colchonero no era esto. No blasfemen. El Atleti mítico no estaba achicando balones en su área y sufriendo como condenados para esperar a dar una puñalada por un fallo del contrario. Eso es de cobardes y el Atleti hasta hace poco nunca lo ha sido. El mítico Atleti del contrataque no defendía en su área ni se pasaba el partido achicando agua y renegando del balón. Así no se pueden ganar ligas.

Especialmente lamentable es ver como luego, con la necesidad de marcar, volvió a adueñarse del balón del partido y del juego con una facilidad pasmosa. Hubo incluso buenos momentos de fútbol (¡incluso de toque!) que lógicamente provocaron ocasiones y jugadas por doquier. En una de ellas el Kun hace otro gol en una gran jugada personal que además tenía opciones de pase a izquierda y derecha lo que supone una gran labor de equipo. De nuevo todo pintaba bien y de nuevo todo se echa a perder por la necedad del tacticismo. De nuevo el Atleti se va a su área a defender, de nuevo el Almería se hace dueño de la situación, de nuevo se empieza a vivir al borde del área madrileña y de nuevo nos empatan. Si, vale, fallo defensivo. Es cierto que Goitom remata demasiado solo pero insisto en lo de siempre: si el balón está en el campo contrario un fallo tuyo es muy difícil que te cueste un gol.

Mis deseos para con el Atleti están lógicamente con un cambio en la dirección que aísle para siempre la dañina enfermedad del gilismo pero le sigue a la par, sino por encima, el deseo de que mi equipo juegue o intente jugar de una puñetera vez como el Atlético de Madrid. Valiente y orgulloso. Estoy harto de mediocres, cobardes e ideólogos que pretender transformar mi equipo en lo que no es.