At. Madrid 0 - Apoel 0
Dicen que el movimiento se demuestra andando y es verdad. Basta ver a los jugadores jugar andando para demostrar lo que es este equipo y de paso saber lo que nos espera esta temporada. Basta ver la cobardía y falta de tino con la que juega la plantilla para ver la cobardía y falta de tino del entrenador. Basta ver (si las lágrimas o la risa te permiten hacerlo) el once inicial y los nombres del banquillo para comprobar la extrema inutilidad del inútil de García Pitarch y basta ver el trabajo de García Pitarch para ver lo que les interesa el Atleti a los que lo han puesto ahí. El partido de esta noche, que abría y probablemente cierre las aspiraciones de nuestro equipo en la manida Champions, aparte de ser un bochornoso y tremendamente aburrido esperpente ha servido una vez más para dejar a cada cual en el lugar que le corresponde. A los jugadores (salvo mínimas excepciones) en el lugar de mercenarios sin alma ni pasión, tan implicados e interesados en ayudar a este equipo como yo en ayudar a la Cienciología. Abel como un entrenador más, del montón, amarrataguí y con el mismo plan que tendría cualquier entrenador del montón. A Pitarch como lo que es, un redomado incompente que encima se permite el lujo de escupirnos desde su montaña de estiercol y al duo sacapuntas, Cerezo y MA Gil como unos mentirosos.
Tenía dudas sobre un desconocido equipo que viene de esa extraño país que alberga dos paises en uno, por mucho que la minoría turca no sea reconocida en ningún sitio fuera de Turquía, y tenía dudas sobre de qué parte de la ciudad dividida de Nicosia vendría este Apoel pero las dudas se disiparon nada más entrar en el campo y ver ondear una inmensa bandera griega en la parte de la grada ocupada por la numerosa hinchada greco-chipriota. El equipo lo que expuso en el campo fue orden, dos líneas de cuatro juntas, una ligera presión y paciencia, lo que a la postre fueron armas más que suficientes para desarmar a un Atleti sin esquema, sin recursos y sin alma. Enfrente los colchoneros, por decisión de un Abel que recordaba a sus hazañas de la temporada pasada en Oporto, decidían relegar a Jurado a una banda, donde hace un par de años desplegó el peor fútbol de toda su carrera, improvisaba un par de laterales de entre el saco de centrales que el bueno de Pitarch ha tenido a bien tener en la plantilla y le daba la manija del partido a esa especie de Cantinflas hormonado que dicen que es un jugador de fútbol. Un tipo que sale con cara de susto al campo y que es el único mediocentro del mundo que no necesita que lo presionen cuando tiene el balón porque él mismo se presiona y lo pierde. Otro gran acierto del inútil de Pitarch que ya hace dos años era una broma y hoy lo sigue siendo, más pesada si cabe. Con estas premisas la primera parte se saldó así: espesura rojiblanca, pelotazos al aire, incapacidad de conectar dos pases seguidos, Forlán bajo de forma, Simao bajo de forma y los demás a verlas venir. Jurado desde su esquina del mundo y un desasistido Kun intentaban poner al menos ganas pero era inútil. En lugar de intentar poner de titular a un jugador con pulsaciones normales del corazón o que el tal Cleber se adapte a la velocidad del fútbol moderno lo que hace este pseudo-atleti es adaptar su ritmo al talento del señor Santana. Resultado: minuto siete y Asenjo hace el paradón de la noche con un remate chipriota a puera vacía. ¿Creen que sirvió de estimulo para la reacción?... en absoluto. El mismo guión hasta el minuto 30 que llegó el primer remate a puerta de los madrileños gracias a una combinación in extremis de los dos únicos que parecían querer jugar el partido. Y eso fue todo por parte colchonera en la primera parte porque de parte chipriota todavía faltaba un nuevo susto en forma de remate a puerta vacía que de nuevo marra un tal Charalabides casi en el minuto 45.
Si contra un equipo como el Apoel, teniendo dos mediocentros lesionados y siendo Jurado el jugador más en forma de la plantilla, el bueno de Abel es incapaz de prescindir del doble-pivote defensivo (por no decir doble-pivote de tarutos) y colocar al único tipo de la plantilla capaz de pasar hacia delante, es evidente que no va a ser capaz de hacerlo ya nunca. Si el panorama de resultados y objetivos es ya desolador en el tercer partido, el panorama respecto al juego que pueda desplegar este equipo no le va a la zaga. Ya saben la receta: destrozar el juego del contrario, tratar de no tener la pelota, dar pelotazos, rezar y esperar a que alguno de los buenos reciba el balón. ¿Les suena?
Pero nada parecía ser susceptible de cambiar para el bueno de Abel puesto que saltaron los mismos once seres humanos en la segunda parte y como no podía ser de otra forma, porque recuerden que el movimiento se demuestra andando, todo siguió también exactamente igual. Misma espesura, mismo anti-fútbol, mismos pelotazos y misma emoción entre los greco-chipriotas que para entonces ya eran conscientes de que podía sacar su primer puntito en la Champions.
Pero supongo que motivado por el efecto de Jupiter en la órbita de Saturno o porque Abel se equivoco sin querer, Maxi sustituyó a ese personaje que ameniza las noches de los Zapings futbolísticos de apellido Santana. De este forma el argentino se iba a la banda y Jurado tomaba un hueco inédito en el centro del campo, ese lugar en el que hace más de una década que en la dirección deportiva del Atleti se ha decidido que no hace falta. Oye, fue como quitar el tapón en una bañera llena de agua. De repente el balón se movía, más jugadores entraban en juego, el Apoel parecía el Apoel y no el Milan de Sacchi y las ocasiones se sucedían. Sin mucha flluidez pero se sucedían. Primero Jurado, luego Agüero, Maxi desde la derecha pasando por delante de la portería, Forlán varias veces probando su mortal disparo pero sin fortuna... parecía que por fin el equipo madrileño tomaba la manija y el ritmo y casi ni nos acordábamos de los 55 minutos tirados pero entonces asistimos al enésimo ataque de entrenador de los últimos tiempos. Abel decide en ese momento (minuto 70 aproximadamente) romper el ritmo del partido para sacar a Sinama por Perea. Alguien podía pensar “bueno, lo quita para jugar con tres defensas y meter un jugador más arriba o en el centro”. Podría ser pero no fue. Sinama jugó de lateral derecho. “Un lateral derecho ofensivo”, grito un compañero mío de grada, a lo que yo le conteste que no es ni lateral ni ofensivo. Efectivamente las aportación de Sinama en el lateral fue tan inútil como la aportación de Perea había sido antes o como la que Dominguez estaba siendo en el otro lado, sólo que con menos discrección por parte del francés que se gana la enemistad de la grada a pasos agigantados. Probablemente la discreta actuación de estos jugadores se corresponda con que ninguno de los tres es lateral pero eso es volver a la labor del señor que está en Valencia recuperándose de un esguince (no se matiza en que lugar del cuerpo tiene el esguince).
Y poco más hasta el final. Roto el rítmo vuelta a la normalidad. Aparte de un par de remates de cabeza de los chipriotas que con cada corner o falta sembraban el terror de la lamentable defensa colchonora hubo también nuevos remates (casi siempre de un bajo de forma Forlán), un par de ellos realmente espectaculares como la dramática última oporunidad pasado el minuto 90 con un zurdazo brutal del uruguayo que atajó el palomitero de Xiotis.
Aparte de la falta de ilusión o de las subjetivas y muy personales sensaciones que el espíritu, juego y la actitud de este equipo deja en los corazones colchoneros el partido dejá unos números mucho más objetivos. Tercer partido de la temporada, dos empates una derrota y un sólo gol frente a tres equipos de media tabla baja. Primer partido en champions en casa y contra el peor equipo del grupo y se empata con estrépito. Este es el Atlético de Madrid de los Abel, Pitarch, Cerezo y Gil. Supongo que en cualquier caso esta noche los programas radifónicos seguiran haciendo placenteras e indoloras felaciones periodistas a los dirigentes de este bendito club.