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Tres años después... un árbol

Hace unos tres años que el Atleti volvía a jugar la Champions League después de muchos años de sestear por los parajes del infierno y la pegajosa mediocridad. La larga, tortuosa y penosamente gestionada travesía del equipo desde el fango de la segunda división hasta las posiciones privilegiadas, que se supone le corresponden a un equipo del historial del nuestro, parecía por fin enderezarse. La mayoría de la afición atlética parecía también ponerse de acuerdo en que ese era el rumbo a seguir pero se dividía en función del grado de emoción que aquel cuestionable hito suponía para el corazón rojiblanco de cada uno. Desde los que lo celebraban con euforia desatada hasta los que, como yo, entendíamos que aquello era más fruto del ensayo y error pero que independientemente de ello cualquier posición por debajo de la 3ª no puede considerarse nunca un éxito (salvo circunstancias excepcionales) y en ningún caso un “objetivo”. El Atleti por fin parecía entonces colocarse en la rampa de salida de lo que podría ser un futuro algo más prometedor. Solamente hacía falta un plan, inteligencia y tiempo.

El ansiado plan jamás se hizo. Ni siquiera nadie en el club se planteó la posibilidad de trazar una hoja de ruta o definir unas líneas de actuación. El objetivo era otro así que el monstruo se disfrazó de improvisación. La inteligencia como se ha comprobado se empleó para otras cosas y el tiempo ha pasado de ser un amigo a un enemigo. Entonces nos cuestionábamos si estábamos bien pero lo que es evidente es que el Atlético de Madrid está peor que hace tres años.

La lamentable herencia futbolística que dejó Aguirre parecía despejar el camino para que los responsables de este club entendieran de una vez que la forma de jugar de un equipo de fútbol no es algo accesorio y vacío como por ejemplo las declaraciones de Enrique Cerezo sino que además de suponer los cimientos y la simiente de todo lo que viene después es también parte de la esencia intangible que transmite la imagen del club. Si los once jugadores que juegan con la camiseta del Atleti lo hacen de forma cobarde el Atleti, como símbolo, es cobarde. Por supuesto esto es muy difícil de entender para gentes como Cerezo o los herederos Gil que ni entienden ni les gusta el fútbol. El entrenador y el sistema de juego del Atleti fueron y son monedas de cambio. Casquería barata para rellenar huecos. Los cromos que regalan junto a un pastel de bollería industrial. El entrenador del Atleti debe reunir únicamente tres características: favor de la prensa, silencio contable y respeto a los capos de la “famiglia”.

La dirección deportiva no ha existido ni existe. El despacho lo tenía y lo tiene ocupado un funcionario del régimen que es la representación dentro del club de los representantes de jugadores que lo dirigen desde fuera y que tiene fundamentalmente la labor de que exista mucho movimiento de caja. Olvidados para siempre de los criterios futbolísticos las premisas son las grandes cantidades. Las que se puedan quedar por el camino y las que en poco tiempo puedan volver a dejar. Fantasiosos nombres de leyenda forjados en ligas lejanas de “intachable” reputación. Desde aquel Atlético de Madrid en la rampa de salida de la elite hasta el Atlético de Madrid de finales de Junio de 2010 han salido: Heitinga, Ufjalusi, Maxi, Maniche, Simao, Motta, Jurado y tiene toda la pinta de que también se irán Agüero, De Gea y Forlán. En su lugar han venido: Sinama, Asenjo, Juanito, Cabrera, Filipe Luis, Godín, Diego Costa, Fran Merida, Salvio, Juanfran, Elías, Miranda, Silvio y Gabi. Seguro que me dejo alguno pero hablo de memoria. Basta comparar nombres para echarse a llorar.

Tres años después los jugadores del Atleti emiten comunicados públicos diciendo que se quieren ir y sus compañeros de vestuario lo entienden. Los canteranos que hasta hace cuatro días se les perdonaba sus errores por el caluroso amor que profesaban a nuestros colores no sólo entienden también que sus compañeros se quieran marchar del Atleti sino que son ellos mismos los que se quieren ir.

Tres años después los históricos del Atlético de Madrid que hicieron grande ese escudo se niegan a formar parte de la estafa y no tienen problema en emitir razonamientos peregrinos para justificarlo.

Tres años después los entrenadores a los que desesperadamente se invita a venir declinan sin cuestionárselo. No sólo aquellos con cierto nombre en el panorama sino incluso aquellos otros que acaban de empezar en esto y necesitan trampolines vistosos. Todos se niegan a ocupar ese lugar en el organigrama del club en el que a cambio de mucho dinero lo único que tienen que hacer es sentarse todos los domingos en el banquillo, sonreír a la prensa, guardar silencio y hacer lo que buenamente puedan con los jugadores o ex jugadores que se encuentren en el vestuario. Tal es el desprecio por esa figura que no hay problema en que la ocupe un personaje que ya dejó un profundo legado de negligencia, soberbia, incapacidad y aburrimiento.

Tres años después el Atleti está, en estas condiciones, a pocas semanas de iniciar una nueva temporada fuera de la Champions League y tratando de entrar en la segunda competición europea por la humillante puerta de atrás de los partidos estivales frente a equipos cuasi amateurs que dolorosamente recuerdan a tiempos de intertoto con un barbilampiño Fernando Torres correteando con la tela de araña de Spiderman sujeta al pecho.

Tres años después la heterogénea, minoritaria y maltratada desde todos los estamentos oposición denota muestras de cansancio y hastío. El constante desprecio y ninguneo de la prensa oficial se le une ahora el intento fallido y mal explicado de ese otrora esperanzador conato de aglutinar el descontento en torno a un supuesto eslogan que ha quedado (y ojalá me equivoque) como una pataleta a destiempo, cutre y sin fondo que a muchos nos ha hecho hundirnos un poco más en el desencanto.

Cierro la temporada con la sensación de la derrota. De cierre de ciclo vital. Mi ciclo vital. Asumiendo que el Atlético de Madrid que veré a partir de hoy es diferente. No muy diferente del que el resto del mundo veía hace unos meses pero si muy diferente del que yo veía hace unos meses. No voy a seguir engañándome. No voy a intentar creer que esto sigue siendo en parte el Atlético de Madrid. Esto, esta bazofia insalubre y dañina, es lo que hay y esto es lo que habrá mientras no se cambien los personajes que controlan las puertas. Ni siquiera sé si podrá se diferente después pero trataré de aferrarme a ello. Dejaré de soñar, guardaré las referencias colchoneras, trataré de disecar mis sentimientos, peinaré todas las noches mis memorias para que no se marchiten con la esperanza de que algún día, antes de que todo se evapore definitivamente, pueda crecer en este mismo terreno hoy seco, podrido y baldío el árbol que aun sin ganas y sin esperanza vuelvo a plantar esta temporada.


“Si supiera que el mundo se acaba mañana yo hoy todavía plantaría un árbol”
(Martin Luther King)

Cul de sac

Si mi ánimo colchonero andaba renqueante estos días con un esguince de alta graduación en lo más profundo del espíritu, escuchando ayer a Caminero y Aguilera en el día de su presentación como “trabajadores” del Club Atlético de Madrid me temo que tal esguince se ha confirmado como rotura de menisco. Desprendían tal tristeza, tanta desazón, tanto continuismo, tanta derrota incluso antes de haber empezado que uno se vino abajo. Mientras los periodistas de cámara les decían lo que tenían que hacer ellos callaban. Mientras los periodistas cómplices sacaban conclusiones ellos callaban. Mientras todo el mundo daba por hecho que no ya Real Madrid y Barça sino Sevilla, Valencia o Villarreal están por encima del Atlético de Madrid ellos no sólo callaban sino que también asentían. Caminero y Aguilera, herederos del supuesto colchonerismo, aceptaban la realidad que prensa y directiva ha preparado para consumo interno pero ni siquiera lo hacían con una sonrisa chulesca como el inútil de Pitarch. Lo aceptaban con asalariados de koljov corrupto en Siberia. Con la cara de vinagre y las formas de personal ajeno a la obra que proyecta desde hace años su líder espiritual, el señor MA Gil.

El Atlético de Madrid es un equipo en ruinas y a la deriva. Ya lo era hace dos semanas, no nos equivoquemos, pero entonces en el barco teníamos los víveres mínimos como para pensar que podríamos llegar a buen puerto sin morir de inanición en la dura trayectoria. Hoy no está nada claro. Hoy tenemos la única certeza de que los vivieres de los que vivíamos ya no están. En realidad tenemos la certeza de que no van a estar que para el caso es lo mismo. Kun se ira y a nadie se le pasa por la cabeza otra opción porque no existe otra opción. Las palabras de Caminero no son más que otra muestra de oficialismo barato del tipo Fast Food. Que se marche un jugador de poco más de 20 años al que tú has hecho crecer y que es ya una estrella mundial no es una desgracia. Es un insulto. Es una muestra fehaciente de que TODO en el Atlético de Madrid se hace mal. En un equipo grande esas cosas directamente no pasan. En un equipo pequeño la salida de jugadores así por lo menos se preparan mejor. Aquí no hay plan B para el Kun porque en el Atlético de Madrid no hay plan B para nada. En el Atlético de Madrid de hecho no hay tan siquiera plan A.

Eso si, que se marche un jugador de la cantera de poco más de 20 años para jugar en lo más alto del mundo del fútbol no es que sea una desgracia ni un insulto. Es directamente una puñalada trapera en lo más profundo de la esencia colchonera. Inexplicable, lamentable y bochornoso. Todavía no he escuchado las razones pero prefiero no escucharlas. En un alarde de estupidez auspiciada por el medio gráfico que mejor recoge la estupidez humana, el diario MARCA, el correveidile de Cerezo escupía también a las ondas la idea de que buscaban imitar el modelo del Barça (equipo que ha ganado la copa de Europa con 7 canteranos). ¿Es eso compatible con vender dos jugadores de 20 años que encima son los de más valor de tu plantilla? Lástima que no hubiese ningún periodista decente para preguntárselo.

Tampoco creo que lo de imitar al Barça sea compatible con la idea de equipo que tiene nuestro flamante nuevo director deportivo. A la pregunta de cómo jugaría el Atlético de Madrid Caminero no hizo como con el resto de preguntas, es decir no contestar o contestar mostrando la opción que ya existe, sino que fue mucho peor. Primero dijo que sólo existen dos equipos con un estilo de juego reconocible: Barça y Arsenal (¡¡toma Moreno!!) pero es que después nos dejó estupefactos con su idea de fútbol, una idea que pasaba por hacer una plantilla “competitiva”, formar un equipo “compacto” y a partir de ahí “ya veremos”. Para echarse a llorar. Desde luego en ese esquema entran Caparros, Luis Enrique, Guardiola y Mourinho pero también Rubalcaba, Mario Conde, Belen Esteban y hasta Chiquito de la Calzada porque decir eso es no decir nada. Decir eso es decir lo que llevan diciendo más de una década los de antes. Eso es lo que hacía Pitarch. Eso es lo que dice hacer MA Gil.

¿Entrenador? Ya saben, vendrá el que acepte las reglas (no veas, no escuches, no hables) y se jugará como buenamente se pueda que al fin y al cabo es lo de menos. ¿Y los filiales? Eso es “otra cosa” como bien dejó claro también Aguilera. Espectacular. Cambiar todo para no cambiar nada. ¿Jugadores? Ya saben, la táctica seguida en los años de la post-segunda. Fichar jugadores que horas antes estaban peleando por no descender y que aquí se hundirán al intentar asumir una responsabilidad que no pueden. ¿El medio centro de creación que tanto se reclama? Caminero lo dijo claro: “yo creo que podría ser Mario Suarez”. Todo muy emocionante. Todo muy esperanzador.

Si el Atlético de Madrid fuese un equipo normal dirigido por gente normal y sana los aficionados colchoneros podríamos hacer de tripas corazón y aceptar una realidad que se nos presenta cruda. El planteamiento podría ser este: problemas de deuda, renovación de la plantilla y renovación de la estructura del club hacen que se trace un plan con un periodo de transición de tres o cuatro años ajenos los “objetivos” concretos en el que asentar un estilo de juego propio que venga desde las categorías inferiores, que se apueste por jugadores jóvenes y baratos con futuro y por la cantera, trazando una política de austeridad basada en esos pilares. Cantera, juventud, estilo de juego, personalidad y compromiso. Es el momento.

¿Pero alguien se puede creer algo así con estos tipos y MA Gil al frente?

¿Cantera con los máximos estandartes de la misma jugando en Chelsea y Manchester? ¿Cantera con jugadores como Domínguez o Cedric o Manu del Moral o Rubén Pérez a expensas de un entrenador caprichoso y celoso cada año que imponga su idea peregrina y zafia del fútbol por encima de la del club? ¿Juventud fichando a jugadores en la última etapa como Forlán o Simao o Tiago o Gabi o los que vengan con nombre y años para aplacar la furia de la grada? ¿Estilo de juego si el director deportivo no sabe explicarlo en la radio y dependiente de un entrenador que no se busca por su forma de entender el fútbol sino por sus características para cobrar, gustar a la prensa y no molestar a la directiva? ¿Personalidad con Cerezo al frente y MA Gil en la cobarde retaguardia, incapaces de dar un puñetazo en la mesa y sacar el orgullo colchonero (si es que alguna vez lo han tenido) cada vez que se insulta su nombre? ¿Personalidad con unos directores deportivos que se callan mientras los periodistas les dicen lo que tienen que hacer? ¿Personalidad con unos jugadores en plantilla que entienden perfectamente que las estrellas de su equipo se marchen? ¿Compromiso con esta banda de mediocres?



La Cena




Es difícil encontrar un ser humano que en algún momento no tuviese que pasar por la terrorífica experiencia de tener que organizar/asistir/rechazar una cena con un montón de gente heterogénea involucrada. Reuniones de antiguos amigos con pareja, reuniones familiares, reuniones del colegio, compromisos... cualquier cosa. Una vez me dijo un profesor que las personas puestas en una situación concreta en mitad de un encrucijada con otra gente alrededor tienden a actuar siempre de la misma manera y que según esa particular forma de entender la sociología humana es fácil clasificar fácilmente a la gente por los tipos que aparecen a la hora de organizar por ejemplo una cena.

La figura más reconocible es la del organizador, la persona encargada de decidir, buscar, poner de acuerdo a la gente, llamar y concretar. A veces es uno a veces son varios pero incluso en este caso es un figura reconocible. El organizador puede serlo por poseer unas extraordinarias dotes naturales de mando, por tener algún interés personal en hacerlo, porque directa o indirectamente ha sido elegido por el resto de participantes para tal menester o simplemente (y ocurre mucho) porque a pesar de no tener ninguna gana de desempeñar esa función el paso atrás de los demás y la ilusión de cenar con todos le hace ocupar a regañadientes tan ingrata posición.

La segunda figura esencial es la del comensal a secas. Alguien que en general no mueve un dedo por organizar la cena y se adapta a lo que se esté cociendo. Dentro de esta categoría existen varios tipos muy diferentes que van desde el que no tiene un segundo de tiempo libre y por tanto delega en alguien de su confianza sin poner pegas al que directamente le le da igual la cena pero está metido en ella más por inercia que otra cosa, pasando por ese tipo de ser humano tan común hoy en día que es el que simplemente va donde va Vicente. Es la categoría más numerosa y heterogénea pero a pesar de las distintas motivaciones tienen en común el no dar problemas y en contra de lo que pudiera parecer tienen también una influencia esencial básicamente porque si no van, no hay Cena.

La clave sin embargo está en la tercera categoría, la del tocapelotas, la de los que no hacen nada, no ayudan y no aportan nunca algo positivo pero que se pasan la vida molestando, criticando, valorando y denostando la labor del organizador. Es esa persona que de forma intransigente impone una infinita lista de posibilidades por las que no está dispuesto a pasar pero a la vez es incapaz de decir de forma clara y concreta un sitio donde querer ir o el tipo de comida que quiere tomar. Por supuesto jamás tomará los mandos de la aventura (ese no es el problema) y generalmente nunca practicará su labor destructiva de forma directa y a la cara. Es al que todo lo parece mal y que de forma subrepticia (o no) se pasa la vida criticando desde la montaña al que se mancha los pies en el barro. Este tipo de personaje puede ser desde un pobre desgraciado que busca sin mala intención sus cinco minutos de gloria, un retorcido que básicamente no quiere ir a cenar, no se atreve a decirlo y que además no quiere que nadie cene sin él o lo que es peor, alguien que tiene algún tipo de interés personal en que La Cena no se celebre. Sin ser algo que sume es sin embargo la categoría clave para determinar el éxito de una cena. Si es capaz de permanecer aislado será superable y anecdótico. Si es capaz de influir a los comensales para confundirles, asustarles o desmotivarles, la Cena nunca se llevará a cabo.

Pongámonos en el caso colchonero. La Cena es evidente que se trata de acabar con la actual gestión colchonera, una cena a la que no conozco un sólo colchonero que no quiera asistir. He escuchado miles de versiones de como habría que hacer las cosas para que cambie el actual estatus pero no he escuchado una sola voz (salvo la de los protagonistas y algún mamporrero de la prensa mamporrera) que diga en voz alta que lo mejor para el Atleti es que siga como está. Es por tanto una Cena a la que todos estamos invitados... pero que nadie quiere liderar. Durante años y años se ha gritado desde las catacumbas por un ilustrado, notable, millonario, famoso, genio,... que pudiera ser bandera del movimiento pero ese señor no ha llegado. Se sigue reclamando pero dudo que alguna vez llegue y si llega estoy seguro que “tampoco” será del gusto de todos. De entre los muchos que estamos invitados a la cena por tanto nadie se ha erigido como capacitado para organizarla pero es que probablemente nadie de ellos lo esté o los que lo están no quieren hacerlo. Da igual porque el resultado es el mismo. A base de años y años de discutir sobre el sexo de los ángeles parece sin embargo que toda esa masa amorfa por fin acaba concentrándose sobre algo que no se sabe bien que es, que genera muchas dudas, que tiene fallos probablemente provocados por la falta de experiencia en estas lindes (y también por esa vomitiva labor destructora de los “notarios de la realidad”) pero que surge de la unión de fuerzas y por primera vez hace las veces de asidero y referencia. Sin embargo parece que esa solidificación de lo que antes era etereo provoca en algunos urticaria y un debate que antes no había. Cuando el sabio señala al sol el estúpido mira al dedo.

Lamentablemente me ha tocado estar estas dos semanas fuera de España y no he podido vivir in situ las manifestaciones (me duele especialmente haberme perdido el homenaje a Luis) pero siguiendo desde donde escribo esto la actualidad y leyendo ciertas cosas lo cierto es que dan ganas de llorar.

Señores invitados a la Cena tomen el mando si se ven con fuerzas, aporten restaurantes, propongan día, sugieran el menú, confirmen que van o simplemente esperen sentados a ver si el día, la hora y el menú elegido es de su agrado pero por favor eviten dar por saco. O digan claramente que no quieren asistir para saber de que lado están.

Definanse.

Insisto, La Cena es acabar de una vez con este tipo de gestión en el Atlético de Madrid y no otra cosa. Nada más. Nada menos. Al menos esa es la Cena a la que a mí me han invitado.

Atléticos por el cambio



Hoy se ha dado a conocer a través de internet y las redes sociales (así está el periodismo patrio) el siguiente comunicado:



Personalmente no he tenido nada que ver con la gestación, elaboración, firma y presentación de dicho escrito. Lo he tomado prestado de los foros colchoneros para colocarlo aquí pero personalmente también básicamente estoy de acuerdo con lo que dice y lo he firmado.

Léelo, piensa si estás tú de acuerdo o no pero si lo estás fírmalo también porque así seremos más los que lo hagamos. No cuesta mucho.

Ya tendremos tiempo luego de discutir si faltan palabras esdrújulas, si valdrá o no valdrá o si merece o no merece la pena. Si estás de acuerdo que se sepa.

Dejemos que las cosas se expliquen por si mismas.

Matrix



“¿Sabes? Sé que este filete no existe, sé que cuando me lo meto en la boca es Matrix la que está diciendo a mi cerebro: “es bueno y jugoso”. Después de nueve años, ¿sabes de lo que me doy cuenta? La ignorancia es la felicidad.” – (Cifra hablando con Smith).

Hace nueve, cinco o seis años yo era aficionado colchonero. Tanto o más que hoy. Iba al estadio todos los domingos, me dejaba la garganta animando los colores de toda mi vida y soñaba, otra vez en primera división, con un prometedor futuro que estaba por llegar. Desde el particular punto de vista de un colchonero puedo decir que era feliz. Mi cabeza culpaba la falta de resultados de mi equipo en las secuelas de la segunda división, lo malísimo que era el entrenador de turno y lo malísimos que eran nuestros fichajes, esos que por alguna razón siempre se volvían malos al vestir nuestra camiseta. Raramente iba mucho más allá. Atendiendo a lo que pensaban las personas más preparadas que yo, tal y como quedaba reflejado en la prensa deportiva seria (“si lo dice la televisión, será verdad”), uno tenía la idea de que el Atleti estaba presidido por un tipo simpático y hábil en el mundo del cine, pero dirigido por un tipo taciturno y enemigo de los medios que despojado de todo el histrionismo y la “mala prensa” de su progenitor mantenía la fama de ser un preparado y genial gestor. A él se debían los supuestos éxitos institucionales del Atlético, el gran avance en temas modernos como los ingresos “atípicos”, el “saneamiento” y la “recuperación” de un club que estuvo quemándose en el infierno. Quizás en lo deportivo no tuviese demasiada “suerte” pero en lo institucional llevaba al equipo de forma modélica y ejemplar. Mis desvelos eran obviamente una cuestión de entrenador y fortuna.

Esa era la verdad que estaba en mi cabeza y en la cabeza de una inmensa mayoría de colchoneros los años siguientes a esa comunión en el infierno que supuso los años en segunda. Esos años en los que el estadio se lleno de nuevos abonados y en los que sonreíamos orgullos cuando veíamos esos geniales comerciales que retrataban la “mítica” desgracia atlética con tanto “cariño” que incluso nos hacía sentirnos orgullosos de nuestra legendaria miseria. Mi optimismo entonces era insobornable y en mi fuero interior uno estaba convencido de que al año siguiente con una buena delantera (ya que ese año por ejemplo teníamos a Pablo y Perea, la mejor pareja de centrales según la prensa seria) todo sería diferente. El juego era lamentable, la sensación humillante y los resultados distaban mucho del lugar natural que por presupuesto (y no hablemos ya por historia) nos correspondía, pero aquello no parecía ser más que un problema puntual. Mientras el Sevilla, que poco antes peleaba con nosotros en el infierno, ganaba títulos nosotros chapoteábamos en mitad de tabla y necesitábamos “más tiempo” para adaptarnos a la primera. Aparentemente todo era normal. El espectáculo que daba mi equipo dentro y fuera del campo era bochornoso pero por alguna razón “nadie” se paraba a pensarlo. Mi única lectura era que todos iban en contra del Atleti y que no nos entendían así que esto de ser del Atleti seguía básicamente siendo para mí un suculento filete con algún que otro nervio.

“Tienes que comprender que la mayor parte de estas personas son todavía parte del sistema y que eso las convierte en nuestros enemigos. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo”. (Morfeo a Neo)

Pero uno, que es de mente inquieta, notaba cosas raras. Veía ráfagas de cosas que no entendía y tenía determinadas pesadillas que parecían demasiado reales. Todavía no sabía lo que era pero en esos días decidí crear a mi Alter Ego, Ennio Sontanaz, para zambullirme en el universo de internet y poder compartir con mis correligionarios mis preocupaciones pero sobre todo el desastre deportivo que era mí equipo. Esa manía de jugar sólo con mediocentros paquetes, lo mal que estaba diseñada siempre la plantilla, la manía de traer entrenadores forjados exclusivamente en equipos condenados a achicar agua… Llegué incluso a crear un blog anónimo en el que dejar por escrito todo aquello el día en que Torres decidió tirar la toalla para regocijo de “todo” el mundo.

Pero la cosa no fue como pensaba. En la incontrolable inmensidad de internet me encontré con muchas opiniones distintas a las mías y con muchos menos palmeros de mi florida pluma de los que pensaba encontrar. De hecho, durante mucho tiempo me fajé en encendidas peleas epistolares contra algunos “talibanes” que me insultaban por hablar de fútbol y que parecían desear únicamente las desgracias de mi equipo para justificarse en esa manía persecutoria que les había entrado contra los Gil. Odiaba a toda esa gente. ¿Quiénes se creían? Al fin y al cabo hablábamos de un tipo, Jesús Gil, que más allá de sus excentricidades lo había dado todo por el Atleti. De hecho muchos estábamos convencidos de que todas las desgracias que nos pasaban eran nada más que el cruel pago que el señor Gil había recibido por osar meterse en política desafiando al poder establecido. Uno lógicamente no podía defender a un ser tan dictador como el tal Jesús Gil pero tampoco se fiaba de esa suerte de abducidos sectarios que no sabía de dónde venían y que culpaban de todo al apellido de tres letras. Herido en el orgullo y empeñado en demostrar mi realidad tirando por tierra la suya me zambullí en toda aquella red de links, sentencias, artículos perdidos en el ciberespacio, Gaudeamus, foros, webs y anónimos nombres de personas que parecían no existir y que desde el otro lado se me ofrecía como anzuelo en el que picar.

Hasta que un día, sin darme cuenta, noté que estaba desconectado.

“Si tomas la pastilla azul fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedas en el País de las Maravillas y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos. Recuerda, lo único que te ofrezco es la verdad. Nada más”. (Morfeo)

Y me topé con la realidad. Nada más. Me di cuenta de cómo esos señores se habían hecho con el club (sin poner un duro), de cómo así lo estipulaba un tribunal legal, entendí por fin el caso “negritos”, la publicidad de Marbella en las camisetas, el tema de las comisiones y me di cuenta de por qué el club tenía que pagar todos los años millones de euros a otra supuesta empresa (con los mismos supuestos dueños) por jugar en el Vicente Calderón. Entendía porque los periodistas actuaban como actúan, los anuncios de prensa, los ejercicios de onanismo periodístico disfrazados de entrevistas estratégicas a nuestros dirigentes, el mundo de las comisiones y el por qué del comportamiento de determinadas peñas.

Me di cuenta de todo eso pero “desgraciadamente” también vi Matrix desde fuera y se me cayó el alma a los pies. Allí el filete no sabe a filete sino a continua y amarga decepción. Allí estás sólo o prácticamente sólo. Hace frío, se come mal, te insultan, el dolor duele, la humillación humilla y además reina la anarquía. Es difícil agarrarse a ninguna solución porque resulta que la única solución es lo que pueda hacer uno mismo sumando voluntades. Frustrante. Un grupo de voluntariosos desconectados viviendo en taparrabos que peleando con arcos y flechas, sin medios ni recursos y tratando de zafarse de los preparadísimos agentes de negro que se lanzan desde Matrix, intentan salvar a un mundo que probablemente ni siquiera quiere ser salvado. Nuestro particular Zion es todavía incluso más desesperante y desalentador que el de la película al carecer de Morfeos, de oráculos y lo que es peor: de El Elegido. No tenemos El Elegido que todo el mundo demanda. No está. Somos sólo nosotros.

Si sales de Matrix lo que tendrás es esto. Se come mal, el que se tiene que mover eres tú, te insultarán en la grada, te sentirás incomprendido en la calle, te despreciarán los medios y te sentirás incapaz de convencer a los que viven con las reglas que se marca desde el monstruo. Es decir, no podrás convencerles por ejemplo de que esa cantinela de “pon tú la pasta” es también parte de matrix. Te costará hablar de fútbol con aficionados de otros equipos y te sentirás estúpido comprobando como la mayoría de los que te rodean se limitan a repetir como papagayos lo que sale por la prensa pero también te sentirás limpio y no hará falta que te expliquen el sentido de tu lucha porque la entenderás enseguida. Dormirás bien antes y después del fin del mundo y por alguna razón cuando vivas en Zion no te querrás ir o al menos te quedará meridianamente claro que por nada del mundo, jamás volverás a Matrix.

Si estás leyendo esto es que ya estás fuera o que estás dudando entra la pastilla azul o la roja. Si este es el caso y elijes la roja recuerda que lo único que te pueden prometer aquí fuera es la verdad. Nada más.

Esperando a Godot



“No hay nada que hacer” dice Estragón al comienzo de la obra. “Empiezo a creerlo”- responde Vladimiro. “Durante mucho tiempo me he resistido a creerlo diciéndome, Vladimiro se razonable, todavía no lo has intentado todo, y reemprendía la lucha”….

Así comienza Esperando a Godot, uno de los textos más famosos de Samuel Becket que encumbra lo que muchos denominan el Teatro del absurdo. Publicada a mediados del siglo XX la obra consiste en dos actos tan cómicos como incomprensibles que repiten casi exactamente el mismo esquema y en los que una vez concluidos no se sabe ni quienes son Estragón o Vladimiro, ni que hacen ahí, ni tampoco el significado del resto de personajes ni por supuesto el valor y la importancia del tal Godot al que supuestamente esperan y que nunca aparecerá. Los críticos asimilaron con recelo la impactante obra con criterios dispares, tratando en su mayoría de elucubrar sobre sofisticadas interpretaciones que hablaban de la guerra, de Dios, de lucha de clases, del ser humano o de cosas incluso más retorcidas. Yo creo que la obra, sin saberlo Becket, estaba inspirada en el Atlético de Madrid contemporáneo, la mejor representación sin duda del teatro del absurdo fuera del teatro.

Un crítico francés critico la obra con la célebre frase: “nada pasa… dos veces”, frase que por ejemplo podría aplicarse perfectamente a prácticamente cualquier temporada de las últimas décadas o a cualquiera de los partidos con los que nuestro querido equipo nos tortura en el Vicente Calderón en los últimos tiempos. Pero ajenos a nimiedades como sentencias, desfalcos, contabilidades tridimensionales, etc… ni siquiera los kilos y kilos de aburrimiento y sinsabores que llevamos a la espalda parecen medrar en los sólidos cimientos de la afición atlética. Los aficionados al Atleti, fieles al absurdo, aquellos con los que comparto risas y opiniones y aquellos con los que no, llevamos sin darnos cuenta bastante más de dos actos esperando al tal Godot pero ni sabemos quién o qué es ni lo que es peor, por qué es tan importante.

Simplemente esperamos.

Algunos (no sé cuantos, la verdad) quieren creer que el tal Godot es un señor de cara avinagrada y asimétrica que ya está aquí dando vueltas a la M-30 y que recibe premios en países de larga tradición democrática por una gestión “intachable”. Un tipo que diseña y dirige exactamente el mismo acto teatral todos los años (seis años desde la muerte de su progenitor y otros tantos antes) con los mismos personajes (aunque distintos actores que hacen el mismo papel) que ni se sabe por qué están, ni por qué se van, ni qué hacen ni qué dejan de hacer y en el que al final se acaba siempre igual que al principio. Esta modalidad de Estragones y Vladimiros confían en que en el siguiente acto aparecerá un nuevo personaje que dará claridad a todo. Un nuevo entrenador, un nuevo Cléber Camacho, el enésimo Rosiky… y así año tras año el siguiente acto resulta siempre ser sospechosamente igual que el anterior.

Otro sector quiere creer que el tal Godot es un supuesto jeque multimillonario que va a venir con numerosos petrodólares para invertirlos en nuestro equipo y que por alguna razón dicho personaje no sólo traerá dinero sino también criterio y cordura. Lejos de utilizar nuestro equipo para beneficio propio o para especular o para jugar a ser entrenador o para vendérselo por piezas a las hienas, el tal Jeque será de marcado acento colchonero y entenderá enseguida la idiosincrasia atlética, esa tan “fácil” de entender. Entenderá nuestras cuitas y simplemente pondrá la pasta para que nosotros, esa masa homogénea, bien avenida y unida, la gestionemos correctamente en comuna. Esta suerte de Estragones y Vladimiros están convencida de que su Godot llegará algún día pero mientras se suceden los actos esperan sentados sacudiéndose el polvo.

Algunos hablan de un apuesto notable, el notable Godot, que vive oculto entre nosotros y al que esperan sentados al frescor de un árbol de cemento. Un misterioso ser que debería respirar el mismo hedor que todos respiramos pero nadie puede confirmarlo al nadie saber dónde se localiza su paradero. Esperando el momento oportuno para actuar se encuentra al parecer esa especie de Golem sin forma pero también al parecer ese momento no fue ni la sentencia judicial, ni el descenso a segunda división, ni las tropelías de fichajes sospechosos, ni las repetidas humillaciones dentro y fuera del campo. Esta suerte de Estragones y Vladimiros apelan a la llegada del salvador con las misma “vehemencia” que el resto de Estragones y Vladimiros. Ninguna.

Igual que los que esperan a que la prensa oficial, la prensa Godot, “haga algo”. La prensa, esa parte del entramado empresarial arte y parte del circo, la sección de marketing de un negocio redondo como es el del fútbol profesional que lejos de dar muestras de ser la salvación lo que dejan claro día tras días es ser el verdadero infierno del que es imposible escapar. Una muy nutrida colección de Vladimiros y Estragones tragan el alpiste, compran lo que pone dentro que hay que comprar y diseñan su vida en relación con las reglas y enseñanzas que regulan los líderes del EGM.

Algunos Vladimiros esperamos a Godot dentro del Calderón en silencio y pagando nuestra cuota que sabemos tiene como objetivo nutrir económicamente a “la causa” mientras otros Estragones esperan fuera, también en silencio, pero pagando también la misma cuota que directa o indirectamente a través del GolTV, el Canal + o cualquiera de las fuentes de financiación que tiene como objetivo último dotar de liquidez a la gran mentira.

El caso es esperar. Esperar a Godot. Quienquiera que sea.

Al final de la obra, en uno de los momentos más geniales y recordados, Vladimiro pregunta a Estragón: “¿qué, nos vamos?”.

“Sí, vámonos”.- Responde Estragón.

Por supuesto ninguno se mueve.


PD. ¿Seremos capaces de cambiar el final del cuento “el 24”? No lo sé, pero quizás sea la última oportunidad de comprobarlo. Lo que tengo claro es que Godot no vendrá porque ya está aquí. Godot soy yo. Somos nosotros. Otra cosa es que sepamos verlo y asumirlo.

El nuevo traje del emperador



Guido y Luiggi Farabutto eran básicamente dos tramposos muy inteligente, pero eso es algo que el Emperador no sabía. El Emperador era déspota, poderoso y lo tenía todo pero quería todavía más así que no podía soportar la tentación de ser el dueño de eso que aquel par de supuestos sastres estaba vendiendo.

Al parecer la pareja tenía una tela cómoda y sofisticada que no sólo tenía un tacto tan suave que daba la sensación de no tener nada encima sino que, siempre según los creadores, era invisible para los necios, los bobos y los que no tuviesen la capacidad mental y preparación suficientes como para verlo. Los modistos aceptaron el encargo del nuevo traje para el Emperador y lo hicieron. El monarca, al verse sin nada encima (porque todo era una burda mentira), dudó un instante de si estaba siendo víctima de una tomadura de pelo o no pero su soberbia era mayor que cualquier cosa y no podía permitir generar la duda de que fuese necio o tonto o incapaz así que creyó ver la tela. Igual que sus súbditos, igual que sus palmeros, igual que toda la corte. Salió de esa guisa por la calle y toda la gente, incapaz de llevar la contraria al Emperador, vitorearon su figura celebrando la magnificencia del nuevo traje…

La liga española siempre ha tenido los mismos emperadores pero desde hace años también tiene un nuevo traje igualmente pergeñado por inteligentes sastres que al igual que los Farabutto básicamente son tipos inteligentes. También tramposos. “La liga de las Estrellas”, reza la publicidad del traje. “La mejor liga del mundo”.

Algún necio podría pensar que la mejor liga del mundo es aquella que se supone más disputada, o más bonita de ver o más emocionante por estar equilibrada,… pero resulta que no es así. Ya no es ni siquiera una liga sino una serie de partidos preparatorios de los dos que juegan para las dos grandes finales. Un escaparate publicitario para dos animales y las sobras que recojan sus liendres. Así será también en el futuro mientras los dos elegidos, los autoerigidos representantes de las dos Españas, reciban 100 millones de euros más (el 350%) que el siguiente en la lista, ocurra lo que ocurra en ella. No lo puede ser mientras el Real Madrid, eliminado en octavos de la Champions League, gane 200 millones de Euros más (más de 400 en total) que el Inter de Milán, campeón de dicha competición. Algún necio podría tener la sensación de que las supuestas estrellas o no están o tienden peligrosamente a estar todas en el mismo sitio. Es como si Bill Gates se monta una casa en mitad de Kinshasa y decimos que las rentas más altas del mundo están en la República Democrática del Congo. Aun así, los necios que no quieren serlo están convencidos no sólo de ver la Liga de las Estrellas sino de incluso pertenecer a ella. Sin sospechar que la supuesta Liga es exclusivamente el trampolín trucado desde el que los dos elegidos se lanzan al mundo, los necios que pretenden no serlo se apuntan así al carro de la excelencia pagando religiosamente a las televisiones y plataformas filantrópicas que mueven esta competición tan sana y divertida.

Algún tonto podría pensar que si Mourinho dice que un entrenador rival se ha dejado ganar está rompiendo el código ético entre profesionales e insultando a un colega pero resulta que no es así. Hay que saber ver el traje. El que incita a la violencia es el que se defiende de la afrenta y merece la horca por ello. De la misma forma Pepe no es un psicópata vestido de jugador de fútbol sino un “excelente” jugador, fogoso y entregado al que le provocan. Figo no lesionó a nadie sino que el jugador lesionado lo hizo en un lance fortuito del juego. El Real Madrid no fichó a Zidane o Ronaldo o Beckham o Cristiano desestabilizando a sus equipos de origen sino que los jugadores siempre quieren jugar en los grandes. Makelele es sin embargo un repugnante esquirol. Sólo un tonto incapaz de ver el traje puede pensar que aplaudir las macarradas, desprecios y marrullerías de esa suerte de El Vaquilla engreído que arrastra su estupidez por los campos vestido con el 9 del Real Madrid es nocivo para la educación de los miles de niños que siguen el fútbol porque en realidad es todo lo contrario. Es un ejemplo moderno de ganador.

Algún incapacitado como yo, que además es aficionado al Atleti, podría pensar que salir al Bernabéu cagado de miedo, dando pelotazos al balón, nerviosos, encerrados en su área e incapaz de jugar al fútbol hasta ir 2-0 en el marcador y con el rival pisando el freno es vergonzoso e indigno del escudo que representan pero resulta que, como ya me han dicho, no estoy capacitado para entender nada. No desde luego para ver el traje. La realidad, como rezaba el editorial matutino del Ministerio de la Verdad al día siguiente aplaudido por los que vitorean al Emperador, es que el Atleti sale reforzado de perder. Debemos ser el equipo más “reforzado” de la liga entonces. Debe ser que no caer goleado es un éxito y que perder contra todos los que están arriba es simplemente una anécdota. Más de una década planificando deportivamente con el orificio rectal y sin ser capaces de traer un solo centrocampista digno es simplemente mala suerte o cosas de la vida o lo que es peor… una ilusión óptica porque en realidad si que se han traído al parecer grandes centrocampistas. La buena prensa (buenísima, en realidad) de jugadores como Asenjo o Raúl García, que demuestran domingo tras domingo en el campo el valor de su fichaje y de su ficha, no tiene nada que ver con que sus representantes engrosen la nómina de periodistas y analistas especializados (a uno y otro lado de la competencia). ¿Cómo podría estar relacionado? Pensar que si Madrid y Barça, con el primer y segundo presupuesto más grande, siempre están primero y segundo (y se les exige que así sea), el Atleti debería por la misma regla de tres ser siempre tercero o cuarto pero resulta que ni ocurre ni se le exige. La inmensa multitud que disfruta con la visión del traje del Emperador, entiende el esfuerzo y tiene una capacidad prodigiosa para chapotear en el optimismo y aceptar la “realidad”.

La historia que Andersen pergeñó en 1837 acaba con la inocente voz de un niño que desprovisto de la estupidez, necedaz y prejuicios de sus mayores acaba gritando con honestidad brutal “pero si va desnudo”. Me temo que ya no quedan niños. O quizás es que el sonido de la multitud es tan atronador que el grito solitario de un niño ya no se puede escuchar.

Traje de flamenca




Según estoy escribiendo esto estoy viendo la imagen de mi padre diciendo con una media sonrisa eso de que esto ha sido así siempre, desde que el mundo es mundo. Admitiendo que la frase tiene su poso de verdad, uno prefiere sin embargo recrearse en los matices y mostrar sus argumentos para discrepar en parte de tan manida frase. A estas alturas a uno ya le resulta complicado soportar callado por más tiempo este drama “de las estrellas”, millonario y exportable, en el que pretenden que actúe gratis y que resulta que se quiere vender como comedia. Estoy definitivamente saturado de esta competición contaminada por todas las grasientas manos que dirigen el volante mafioso y estoy saturado de que encima los mismos sicarios aparezcan ante la inmensidad de la opinión pública (esa que al parecer dirige el mundo pero en la que yo nunca estoy incluida) como los ecuánimes sabios que dan y quitan razón, que modulan la verdad y construyen la justicia.

 
Estoy harto de esta prensa manipuladora, zafia y barriobajera que está al servicio del movimiento de la forma menos sutil que nadie pueda imaginar. Una prensa que hace tiempo dejaron de ser los “notarios de la realidad” para pasar a ser protagonistas, directores y espectadores de la comedia. Especie de repúblicas bananeras donde la misma fuente, lo que comúnmente se conoce como “los medios”, controlan los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. De hecho hace tiempo que la frontera ficticia entre actores y críticos está tan difuminada que ha desaparecido para no existir. Decía Joaquín Vidal (un excelente cronista taurino que escribía en El País) aquello de “ellos en su sitio y yo en el mío”, refiriéndose a toreros, apoderados y demás protagonistas del toreo y atendiendo al viejo principio periodístico de que es imposible para un periodista hablar con sinceridad y objetividad de alguien con el que compartes mesa y mantel o eres amigo. Hoy en día unos y otros no es que compartan mantel o sean amigos sino que hasta se acuestan en la misma cama (y aunque la expresión literal vale como tal yo prefiero que la interpreten en el sentido figurado para así abarcar más campo).

 
Como todos ustedes uno está harto de estar años y años leyendo presuntas ofertas por Torres que aparte de todos los veranos también aparecían en vísperas de partidos importantes o inmediatamente después de algún inesperado traspié madridista. Quiten Torres y pongan Kun o De Gea y la frase vuelve a ser contemporánea. Harto de ver que las entradas de leñador de ese “pacifista” con cara de seminarista llamado Pepe o que las tarascadas entre “iguales” (tipo Gurpegi) son “lances del juego” y el pisotón de Ufjalusi algo así como un atentado contra el patrimonio de la humanidad que merece la horca en la plaza mayor. Harto de ver como la plana mayor de cualquier reputada tertulia audiovisual asegura que un soplido en la nuca de Raúl es “penalti claro” (porque así lo recoge el reglamento) pero dieciséis patadas en la espinilla al bueno del Kun Agüero en el área pequeña no sólo no son penalti sino que el propio argentino merece tarjeta roja indefinida por no quitar la espinilla y porque el único gol que como todos sabemos ha metido en su vida lo hizo con “la mano de Dios”. Harto de que según el criterio del sanedrín que dirige el mundo del fútbol patrio una tarjeta amarilla dudosa a Cristiano Ronaldo (o a Messi, que me da lo mismo) es suficiente no sólo para justificar la posterior “chiquillería” del Señor de los Tríceps sino para desestabilizar a todo la institución del Real Madrid incluida su sección de baloncesto pero tres penalis y un gol birlados jugándote el segundo puesto son “cosas que pasan”, que hay que saber “controlar” y para las que “hay que estar preparado”. Harto de que ponga “diario de información deportiva” en un panfleto en el que de lo único que te puedes informar el día después de que el Atlético de Madrid gane un trofeo “menor” como la supercopa de Europa es del número de tatuajes que tiene en el cuerpo un maleducado musculado que en un mundo sano sólo debería servir como modelo de conducta para películas del tipo “Perros Callejeros”. Harto de que la “información” de mi equipo salga en cuentagotas pero siempre empapada en desengrasante, vestida de chiste y de la boca de cualquier Bufón de la Corte gracioso y simpático creado exprofeso. Harto en definitiva de que el Atlético de Madrid sea en este circo mediático como una especie de cantante friki al que no se le conoce por ser cantante sino por ser histriónico. Incluso cuando canta bien y no lo es. Una especie de Sabrina Salerno que sólo interesa cuando se le escapan los pechos.

 
Cualquier de nosotros que pudiese tener un mínimo papel representativo en esta selva echaría espuma por la boca y probablemente no conseguiría ningún resultado (el enemigo es demasiado poderoso) pero desde luego que sería bastante molesto, impediría las afrentas estando delante y jamás de los jamases dejaría por lo menos que esa gentuza entrase de rositas en mi casa. ¿Qué hacen nuestros representantes? Me temo que todo lo contrario.

Hay quien cree sin embargo que las causas debemos buscarlas en la falta de capacidad o negligencia de los conductores del barco pero yo no soy de esa opinión. Me temo que el cerebro en la sombra es de una astucia mucho más complicada de lo que a mí me gustaría. El cerebro en la sombra, el heredero huraño, práctica el efecto parásito para nutrirse de la presa que lo está matando. Desde hace décadas, poco a poco y sutilmente, utiliza las ensañanzas Goebbls para tener un control consentido de los medios, que en realidad aparece a ojos de profano como “descontrol”.
A base de connivencia cómplice con ese fútbol-circo del Madrid Vs. Barça en el que todo lo demás es un simple decorado, desde hace décadas la prensa oficial (porque “no hay” otra) vende el concepto de Atlético de Madrid que este señor y sus palmeros quiere vender. Las radios y televisiones patrias practican el mismo ejercicio propagandista de equipo-decorado, simpático y sufrido, cuya labor fundamental dentro de la “liga de las estrellas” consiste en dar folklore y el punto de locura que tantas medias sonrisas ha despertado en nuestros entregados periodistas. ¿Qué sería una temporada sin las habituales desgracias del atleti? ¿A quién le interesa que los colchoneros o cualquier otro equipo ocupen posiciones en la rueda de la fortuna que no van a dar tanto dinero como sus vecinos del norte de la ciudad? El periodismo oficial se recrea mejor en la burla inherente al colchonerismo entendiendo sin crítica que las cosas son así porque así tienen que ser. ¿Cómo podría justificarse la “famosa” deuda que todo lo paraliza en un Atleti serio, coherente, competitivo, valiente y bien gestionado? ¿Cómo podría entonces entenderse que el club no se mueva hacia la sensatez?

¿No será que este "traje de flamenca" que nos han puesto es el precio que hay que pagar por ocultar la verdad?

Primeras reflexiones


Estando tocado todavía por el efecto estupefaciente de un maravilloso viaje a Hamburgo que hizo pasear mi alma entre las nubes y una cruel reyerta liquidada a navajazos que desató la rabia y las lágrimas del mismo inquilino de mi cuerpo, quizás no sea el mejor momento de hacer balance de una temporada larga, áspera, extraña y complicada pero me temo que nunca va a ser un buen momento.

Dentro de cuatro días las mentes pensantes de este país pondrán el “cerrado por vacaciones” y la sociedad se paralizará para atender desde debajo de una sombrilla, virtual o no, al esperpéntico desfile estival de rumores, fichajes, promesas, ladrocinios y sueños. Paralizados por la angustia de deducir el jugador que nos van a quitar (angustia que durará hasta unos segundos antes de cerrar el plazo) pero sobre todos distraidos por la rabiosa actualidad que marcará el tamaño de los tríceps del nuevo galáctico que tenga a bien venir a la mal llamada casa blanca, cuando nos queramos dar cuenta estaremos comenzando la competición y lo pasado, pasado estará.

Lo primero que tengo claro es que la afición del Atleti, posiblemente la mejor afición del mundo como dice el anuncio, me ha dejado claro que no va a echar a sus dirigentes actuales aupados en una ola de éxitos deportivos. En momentos muy lamentables la afición apenas fue capaz de soltar un poquito el codo así que dudo que se produzcan altercados a poco que el equipo marche bien y yo quiero que el equipo marche bien. Me duele asumirlo pero es así y quizás sea el momento de cambiar de táctica y separar de forma clara y radical las dos cosas: fútbol y dirigencia. Gestión deportiva y gestión administrativa. Estoy harto de que una gran mayoría de atléticos piense que la “oposición” se alegra de las desdichas deportivas del equipo. No comulgo con ese “cuanto peor, mejor” que algún avispado quiere colocar como San Benito (y que probablemente exista en alguna mente complicada). Tendrá que llegar el día en el que se pueda criticar a Cléber sin que eso suponga defender a Gil o poder denunciar el bochornoso reparto de entradas sin que te tachen de ser anti-colchonero. Tenemos que aprender a poder hablar de fútbol, del entrenador, de táctica,… sin que eso se interprete como desviar la atención de la cruda realidad.

Ligado con lo anterior me temo que el tándem Gil/Cerezo sale injustamente favorecido del inesperado éxito final del equipo. Basta echar un vistazo a la prensa del movimiento para leer frases como “un club mejor dirigido de lo que se cree” y cosas parecidas que dejan a las claras por donde van y van a ir los tiros en los próximos días. Algo debemos estar haciendo mal cuando los éxitos deportivos del equipo van en contra del discurso de los que no estamos de acuerdo con los dirigentes actuales. Algo debemos estar haciendo mal cuando la pésima gestión deportiva, las mentiras sobre los fichajes, las mentiras sobre la ciudad deportiva, las mentiras sobre el estadio, las mafias de las entradas, etc… se ponen en la misma balanza pero en el lado contrario que los éxitos deportivos del equipo. Prometo hacer autocrítica sobre ello.

En cuanto al balance de la dirección deportiva, independientemente de las finales, más que tacharla de desastre es más justo decir que fue inexistente. No existe dirección deportiva en la primera plantilla del Atlético de Madrid. No sé sabe a qué se quiere jugar ni con que esquema ni con qué filosofía ni con que patrón. Tampoco se saben los objetivos ni los medios ni las aspiraciones ni los miedos. Mientras las categorías inferiores parecen responder todas a un mismo patrón de juego y una misma filosofía de fútbol la primera plantilla juega en función de las circunstancias y de lo que buenamente se pueda hacer “con lo que hay”. No es que no existan dos jugadores por puesto sino que ni siquiera sabemos que puestos son los que necesitan dos jugadores. Se llena la plantilla de mediocentros defensivos olvidándose de equilibrar el equipo con jugadores de creación. Se satura el equipo de centrales porque están baratos (la mayoría pésimos) y se olvida los laterales. Inviertes en un portero de las mismas características de lo que ya tienes en casa destrozando la carrera de un profesional de gran futuro. No es un desastre, es que no hay planificación. El resurgir de la cantera Atlética ha sido a pesar de Pitarch que hizo todo lo posible para cerrar la carrera de De Gea (fichando a Asenjo y Roberto por delante) y la de Dominguez (Eller, Ze Castro, Juanito, Cabrera,…). En la liga, el torneo de la regularidad que es el que mejor mide a las plantillas, deja el escalofriante dato de que hemos perdido más partidos de los que hemos ganado.

El “gorrón de los focos”, Suso para los amigos de la prensa, actúa por instinto juvenil según se le presentan las oportunidades o los problemas sin que parezca que todas sus lamentables decisiones tengan un patrón común. Mejor pensar así puesto que si pensara que ese patrón existe sólo podría ser el de hundir esta institución. El achispado y animoso Pitarch que chupaba protagonismo en la celebraciones de forma rastrera y lamentable debería haber sido destituido a la vez que Abel (o antes) y por supuesto debería ser cesado de inmediato (porque un caradura así nunca dimite) pero el que a día de hoy siga en la disciplina del club significa que el “plan” del año que viene estará infectado por sus manazas pase lo que pase. Me preocupa.

Quique podrá caer bien o mal, podrás estar de acuerdo en su forma de entender el fútbol o no y generará todas las dudas a si su forma de jugar pueda ser la idónea para este equipo o no pero lo que es evidente para todo el mundo con cantidad suficiente de cerebro es que debería estar renovado ya. Quique debería haber disputado las dos finales sabiéndose entrenador del año que viene e independientemente de lo que ocurriera después para no tener que pasar esta bochornosa situación de incertidumbre. Sólo la enigmática lógica de MA Gil y su alter ego Cerezo es capaz de explicar la estúpida decisión de mantener todavía la tensa espera. Quique ha recompuesto el flagelado sistema defensivo con las mismas piezas que teníamos sin mermar la capacidad goleadora. Ha conseguido que hacer el ridículo en el campo sea una excepción más que una norma. Ha conseguido aumentar las dosis de entrega y compromiso de sus jugadores, ha sido constante en su apuesta por los muchachos de la cantera (en los que cree), sabe que el equipo necesita equilibrio en la creación y por eso hizo a Tiago indiscutible desde el principio y ha hecho que creamos que jugadores como Reyes o Jurado pueden ser no sólo válidos sino determinantes. Personalmente no apostaba por nada de ello así que se ha ganado mi respeto y admiración y por eso espero que sea el entrenador del año que viene y espero también que pueda participar en la confección de la plantilla.

De los jugadores hablamos otro día.

Sigan, sigan bailando



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“¿Planificar?, Planificar es preocuparse por encontrar el mejor método para lograr un resultado accidental”. Ambrose Bierce (1842-1914)

Ese avinagrado personaje de perfil picassiano que para desgracia de la humanidad recogió hace lustros el testigo del legado gilista en lo que respecta al Atlético de Madrid y sus circunstancias, vomitó en el año 2006, y en una de sus escasas apariciones públicas, un titular que venía a decir algo así como que habían decidido prescindir de cargas emotivas e históricas en la dirección de tal prestigioso club para beneficio de la profesionalidad y eficiencia del mismo. Aquella frase tan cobarde como venenosa parecía ser un plan pensado y concebido a conciencia pero únicamente sirvió para eliminar definitivamente y con el beneplácito de los “notarios de la realidad” cualquier atisbo de colchonerismo histórico que pudiese quedar entre aquellas paredes mal cuidadas. Gracias a nuestra prensa oficial, ese millonario lobby de presión que está más preocupado de crear la historia que de contarla, hoy nadie repara en aquella desgraciada frase pero el balance del presunto veterinario y sus tácticas de guerrilla es sumamente desolador. El club es un bunker de cuyo interior nadie conoce nada y lejos de instalarse un miserable átomo de profesionalidad lo que revolotea temporada tras temporada es el concepto más torpe y chabacano de de improvisación.

Pero la realidad es que no pasa un solo día, un trimestre o una temporada sin que el mismo tipo avinagrado, su particular relaciones públicas criado a la sombra del mundo del celuloide o cualquiera de los adláteres del cerecismo que calienta con sus posaderas y falta de talento las redacciones deportivas madrileñas, nos agracien con la enésima excusa barata que justifica la falta de previsión en este equipo. Cuando “no es el momento” es “inviable” y cuando no es “inviable” es “peligroso para el futuro inminente”. Llevamos años y años sin podernos preocupar de la temporada que viene por lo que pueda pasar en ésta, y uno aparte de no creerse este tipo de argucias de trilero en paro es que está ya hasta las narices del tema y no sabe si echarse a llorar amargamente, tirar la toalla o invadir Polonia.

Llevamos unos diez años (probablemente más pero es por poner un principio conocido) sin un proyecto de club al que todo el mundo pueda agarrarse como referencia y sin un proyecto deportivo con el que los aficionados pudieran (o no) sentirse identificados pero nunca es el momento de hacer balance frío y certero ni parece la ocasión propicia para hacer una reflexión crítica, no sea que el niño se despierte. Todo se deja para el verano pero resulta que en el verano nadie hace ni dice nada y nuestros dirigentes están de vacaciones. Para cuando la rueda vuelve a girar ya hay que pensar en la rabiosa actualidad y no hay tiempo de entelequias de futuro. Vuelta a empezar.

Cuando se bajó a segunda división la excusa barata era la de que entrábamos en un mundo desconocido que utilizaba reglas distintas y códigos distintos, así que se llenó la plantilla de jugadores de supuesto corte de segunda (que me lo expliquen) y se le dio las riendas de aquello a un tipo supuestamente experimentado en estas lides que un poco más y lleva al club hasta su desaparición. Fue la última vez que se trazó un plan para el club. Dos meses después el plan se fue al traste y se empezó a improvisar con más celeridad que tino. Al final tuvo que sacarnos del pozo un tipo tan experimentado en segunda división y tan ajeno a la idiosincrasia del club como Luis Aragonés.

Curioso que el último “éxito” del equipo viniese de manos de un “histórico” de esos que ya no están por los pasillos del Vicente Calderón. A partir de ahí cada año que pasaba era un nuevo brindis al sol en el que se rompía la copa. Teniendo un equipo mediocre nada más regresar a la máxima categoría se practica un engañoso y estupefaciente discurso triunfalista que sirve para castigar al bueno pero incómodo de Luis por decir la evidente verdad de que el equipo necesitaba un par de años para estabilizarse y volver a la elite. Cuando pasan ese par de años (estabilizándose a base de fracasos y gracias al dinero que deja la siempre sufrida afición colchonera) empiezan a entrar jugadores internacionales en la plantillas pero entonces se cambia el discurso y se fichan entrenadores de perfil bajo que no protestan pero que tampoco saben hacer. Cuando volvemos a manejar presupuestos de entre los cuatro primeros instauramos el discurso de los equipos que manejan los presupuestos más bajos. Traemos entrenadores de contención y fichamos delanteros de toque. Y así sucesivamente… Durante todo ese tiempo nadie se cuestionado nada más allá de los errores de la defensa o de lo malo que era Musampa porque las miles de estupideces que se cometieron se justificaban con risas en el genuino espíritu colchonero o bien en que no era el momento de hablar para no poner en peligro el barato éxito inmediato del momento que podía ser desde jugar la intertoto a la Champions League.

Y ahora estamos en las mismas. Temporada 09/10, una temporada en la que el mayor desembolso en fichajes es para fichar un portero que no hace falta, que comenzamos con 6 centrales y ni un solo lateral derecho pero que después del primer partido de liga vendemos al central que estaba jugando ahí. Una temporada que comienza repescando a tres jugadores que fueron echados un año antes para jugar de titulares no por méritos propios sino al ser el club incapaz de colocarlos en algún sitio decente o indecente. Una temporada que empieza con cuatro mediocentros defensivos y ni un solo centrocampista con capacidad de jugar el balón, con sólo tres interiores y encima uno de ellos se vende en navidades y con un entrenador en tela de juicio al que se renueva por la sencilla razón de que metió in-extremis al equipo en Champions pero sobre el que no se tiene ninguna confianza y al que por supuesto no se deja interceder en la confección de la plantilla. Es decir, la definición exacta de improvisación. Resultados en liga: de 23 partidos jugados donde se han perdido 10 y se han empatado 6. Sólo se ha ganado el 30% de las veces. En Europa el balance es incluso más desolador donde todavía no se ha ganado un solo partido de 7 jugados. El supuesto éxito viene en la copa donde se ha eliminado al Marbella (2ºB), al Huelva (2ª y haciendo el ridículo en el partido de ida) y al Racing, único equipo de primera.

Pero resulta que por alguna razón que desconozco no se puede hablar de la planificación de la temporada que viene hasta no saber qué pasa en esta cuando la realidad es que pase lo que pase será igualmente evidente que necesitamos empezar a construir un proyecto deportivo y un club prácticamente desde cero. ¿Tiene sentido que el destino de esta institución dependa de que Asenjo la cague o que Agüero tenga su día el día de la final?

Me temo que así nos va pensando de esta manera. Como decía Arthur C. Clarke, el futuro ya no es lo que solía…

Sigan, sigan hablando de fallos en defensa. Sigan, sigan bailando esta especie de música pegajosa, vacía y pregrabada que el día que pare, nos den el premio de chocolate o no, seguiremos sin zapatos.

Marketing Social

Uno empieza a estar cansado ya a estas alturas de los discursos vacuos del presidente “por accidente” del Atlético de Madrid, de las apariciones por sorpresa del máximo accionista para contar por enésima vez eso de que los niños vienen de Paris, las noticias franquicia de la prensa oficial que como una cadena de hamburguesas lo único que cambia es el regalo que acompaña al Big Mac pero también del democrático silencio cabizbajo de una afición que se reparte en una infructuosa guerra civil entre el hastío, la depresión o la renuncia y la asimilación, el falso optimismo o la refundación de la estupidez. La esperpéntica situación se extiende inamovible desde tiempos pretéritos tan lejanos que ya no recuerdo cuando empezó pero que has supuesto un espacio suficiente como para que en el camino al menos yo cambiase de parecer al respecto de la habilidad y el talento de los burócratas que conforman la inteligentzia alegal que tienen tomado el poder de este bendito club. Hace años pensaba que una retahíla tan contundente y evidente de errores, meteduras de pata y penosa gestión sólo podía responder a la falta de perspicacia y talento de los conductores de la nave pero hoy por hoy tengo una percepción bien distinta y un importante “respeto” por el maquiavélico talento de los mismo. Como decía mi abuela: “son tan listos que parecen tontos”. Eso sí, lo que no son es originales.

Ya los ostentosos (que no “ostentoreos”) y chovinistas métodos autoritarios y populistas de Jesús Gil, fundador de esa patraña que tiene como objetivo desangrar con frialdad y métodos contables la institución anteriormente conocida como Atlético de Madrid, fueron objeto en su día de referencias a los grandes actores dictatoriales de la Europa de entreguerras. A mí sin embargo se me hace mucho más patente y desagradable, por aquello de la cercanía y porque tiene mucha menos gracia, el uso que el discípulo heredero genético de la saga hace de los métodos de divulgación y la concienciación beligerante de las masas. Es tan evidente y vomitivo que duele.

Joseph Goebbels, ministro de la propaganda nazi, fue uno de los baluartes más importantes en el “éxito” de la idea nazi. Sus métodos de comunicación y difusión fueron pioneros en el uso retorcido de eso que estudiosos posteriores han denominado como marketing social, una herramienta que como todas las herramientas puede ser buena o mala en función del uso que se haga de ella pero que también puede ser entendida como un socorrido eufemismo de la ingeniería de la mentira. Los paralelismos entre los métodos del político alemán y el modesto mandamás colchonero son lo suficientemente parejos como para levantar suspicacias. Existen sesudos y extensos tratados que intentan analizar los motivos y acciones del estadista alemán para conseguir sus objetivos pero en nuestro caso se puede reducir a un puñado de ideas bien sencillas.

La idea y acción fundamental del método Goebbels consistía en tener un control férreo de radio, televisión, cine y literatura y esto es algo que nuestro veterinario en paro practica a la perfección. A base de connivencia cómplice con ese fútbol-circo del Madrid Vs. Barça en el que todo lo demás es un simple decorado, desde hace décadas la prensa oficial (porque “no hay” otra) vende el concepto de Atlético de Madrid que este señor quiere vender. Las radios y televisiones patrias practican el mismo ejercicio propagandista de equipo-decorado, simpático y sufrido, cuya labor fundamental dentro de la “liga de las estrellas” consiste en dar folklore y el punto de locura que tantas medias sonrisas ha despertado en nuestros entregados periodistas. ¿Qué sería una temporada sin las habituales desgracias del atleti? ¿A quién le interesa que los colchoneros o cualquier otro equipo ocupen posiciones en la rueda de la fortuna que no van a dar tanto dinero como sus vecinos del norte de la ciudad? El periodismo oficial se recrea mejor en la burla y el frikismo inherente al colchonerismo entendiendo sin crítica que las cosas son así porque así tienen que ser.

El cine es también otra faceta fundamental de propaganda y basándose en un derroche de talento desbordante (y lo digo sin ironía) se consigue transmitir con gracia y sentimiento la misma idea que debe de flotar en todos los protagonistas de la comedia: los atléticos son sufridos, perdedores, contrariados, cabezotas, segundones… pero contentos y orgullosos de tener ese “algo más” que nunca nadie explica de qué se trata. Pequeñas películas en forma de anuncio televisivo que en teoría tienen la intención de conseguir abonados pero cuyo objetivo es en realidad otro. ¿Qué sentido puede tener hacer un anuncio para captar abonados si ya tienes el máximo de abonados permitido? Por no hablar de la literatura. Basta hacer una búsqueda en Google para encontrar infinitos artículos, estudios, comentarios, columnas, crónicas de historia y lo que se quiera sobre el Atlético de Madrid, en muchos casos de una calidad excelente, muy por encima de las versiones oficiales de los mismos escritos pero no verán ninguno de ellos en la web oficial, ni en las webs afines al club ni en ese bochornoso cuadernillo que se reparte en el estadio, que más parece una hoja parroquial para vender el paraíso celta que una publicación seria. A raíz del centenario atlético salieron también multitud de de libros que hablaban sobre la leyenda colchonera pero misteriosamente sólo unos pocos fueron los que llegaron al VIP o a CRISOL o a la FNAC y sólo esos pocos estaban “bendecidos” por el club. Casualmente esos mismos libros eran en su mayoría fríos tratados que pasaban de puntillas por los momentos más delicados del club cuando no practicaban delicados onanismos de primer nivel al poder vigente. Esa es la idea que llega a la masa. Esa es la idea que sale desde las oficinas. Esos son los caminos por los que transcurre. No creo que existan muchos trabajos sobre el Atlético de Madrid tan extensos y bien documentados como la tesis de Fernando Sánchez Postigo pero pregúntenle a él dónde está ese excelente trabajo.

Otro de los recursos del Marketing social es el de ensalzar los sentimientos de orgullo, provocar el odio por el otro e incluso mentir con tal de mantener la realidad virtual que se ha creado, algo que esta gerencia practica continuamente (y también lo hacia su padre), con el discurso "antimadridista" (lícito pero que muchas veces enmascara otras cosas) o lo de la “gran familia atlética” y cuyo último ejemplo es eso de apelar a la ley de las Sociedades Anónimas que ahora atenta contra nosotros, la orgullosa comunidad atlética, sin reparar en que fueron precisamente ellos los que la impulsaron. Otros recursos que se han asimilado son los de impedir que llegue a la gente información del exterior y para ello por supuesto nada de pancartas dentro del estadio, las manifestaciones siempre lejos de las cámaras, abonados non-gratos a los que se les retira el abono, organizaciones “alternativas” que no pueden usar símbolos históricos, entradas sólo para algunos… También es importante manejar los tiempos de las comunicaciones oficiales para manejar la incertidumbre y la ansiedad (oscurantismo respecto a Torres, al estadio, a la ciudad deportiva, a la deuda,..). Los nazis acusaron del incendio del Reichstag (que les permitió acabar con la democracia en Alemania) a los comunistas cuando habían sido ellos mismos los culpables y el clan Gil acusa a la afición del Atleti, apuntando a cualquier atisbo de oposición, de no “salvar” a la entidad cuando era necesario sin especificar quien fue el que provocó aquella noche loca de abales virtuales in extremis.

Como decía Darwin, “la historia se repite. Ese es uno de los errores de la historia”.

The Platters

En 1953 cinco muchachos de color de los suburbios de Los Angeles formaron un grupo de Doo wop y R&B que vino a sumarse a la extensa lista de formaciones de estilo y aspecto muy similares que ya existían por aquel entonces en los Estados Unidos. Se hicieron llamar The Platters. Aquella banda realizó algunas grabaciones respetando el código estilístico de la época para artistas negros pero desgraciadamente pasaron sin pena ni gloria por las listas de éxitos, perdiéndose su trabajo entre los miles de grupos parecidos que había alrededor. Un par de años después apareció en la órbita de la banda el nombre de Buck Rum, productor, manager y compositor de canciones que tuvo la feliz idea de acercar la música negra a los parámetros de la música blanca para transformar aquel puñado de cantantes sin nombre en el grupo de mayor éxito de la época y crear con ello la primera formación de cantantes negros que conseguía colarse en las lista de éxitos de música Pop, mucho más suculentas económicamente pero reservadas fundamentalmente a espectadores de piel blanca. Aquella fue la fórmula perfecta: las canciones y el talento de Buck Rum, la personalísima voz principal de Tony Williams y el abrazo de la voz cálida de Zola Taylor, fórmula que les hizo dar cientos de galas, vender millones de discos por todo el mundo o que generaciones venideras tengan metido en el subconsciente canciones como “Only You”. Pero la fórmula funcionó hasta 1960, momento en el que los pilares del grupo se separaron de forma abrupta. Tony Williams decidió crear entonces su propio grupo conservando el mismo nombre de antes, idea que también tuvo Zola Taylor y exactamente la misma idea que también tuvo Buck Rum. De hecho Paul Robi (otro de los miembros) o Herb Reed (el único miembro original con vida) y otros muchos relacionados de alguna forma decidieron también hacer lo mismo creando cada uno su propia versión de The Platters, todas ellas con el mismo nombre y por tanto peleándose durante años en una cruenta batalla legal por obtener el derecho único a usarlo. Se estima que el número de diferentes versiones de grupos con el mismo nombre que existen o han existido hasta la fecha es de 165, todas ellas con alguna razón más o menos peregrina para reivindicar el uso genuino del nombre original. Por esa razón se entiende que resulte bastante sencillo el que hoy en día cualquiera pueda acudir a un concierto de un puñado de cantantes que aparecen legalmente con el nombre de The Platters sobre un escenario y que cantan las mismas canciones. Otra cosa es que lo que se vea en ese concierto tenga algo que ver con la realidad.

De una forma similar lo que hoy se presenta en los estadios de fútbol, nacionales e internacionales, con el nombre de Club Atlético de Madrid es algo así como una de estas versiones descafeinadas de los Platters que pululan por el mundo. Un puñado de señores de talento más que dudoso que utilizan una marca y un nombre de forma legal por motivos puramente económicos pero que tiene muy poco que ver con lo que ese nombre representa o por lo que se hizo famoso. De hecho, en el caso del equipo de fútbol, es difícil encontrar a ningún miembro no ya de la formación original sino que tenga algo que ver con la gloria, el espíritu, la personalidad, el orgullo y el honor que una vez tuvo el Atlético de Madrid. El engrudo de pseudodirigentes, pseudoaccionistas, cutregestores, mercenarios y mamporreros varios que hoy se presentan vestido con el traje colchonero o con la insignia rojiblanca en la solapa es, en el mejor de los casos, un puñado de vividores, supervivientes y caraduras que se aprovechan del nombre y el prestigio de Atlético de Madrid, mientras este dure, dilapidando su legado en fiestas particulares y trapicheos varios, desmantelando los objetos de valor con nocturnidad y alevosía del modo más anárquico y rupestre posible para luego malvenderlos en el mercado negro por mucho menos valor del que tienen y por muchísimo menos valor del que una vez tuvieron.

En este patético camino hacia la desaparición los aficionados (una parte fundamental de lo que una vez fue el Atlético de Madrid), imitando a los miembros menos mediáticos de los platters originales, hemos decidido crear también cada uno nuestra propia versión del Atlético de Madrid y publicitarla en blogs, asociaciones proscritas, webs de contenido recurrente, dejando de ir al campo, dejando de ver los partidos o iniciando la carrera de abogado para cargarse a los presuntos delincuentes que están quemando la marca y la idea, como fin que más que justificar los medios los olvida de forma tan violenta que hasta se olvida a veces el propio fin. Por resumirlo de forma más sencilla, lo que durante décadas fue la poderosa, sólida y orgullosa afición colchonera hoy ya no existe y lo poco que queda de ella se encuentra atomizada y dispersa en pequeños oasis que se desangran separados por un inmenso y aparatoso desierto que cada día es más grande.

Las 165 versiones de Platters que hay por el mundo seguirán coexistiendo mientras exista un público poco exigente, de criterio musical confuso o simplemente un puñado de gente que busca otra cosa distinta a disfrutar de un espectáculo de calidad y genuino y que se conforman con cualquier cosa que se parezca a una interpretación de “Only You” por muy desafinada o sacrílega que esta sea. De la misma forma, y con el mismo nivel de cutrez y caspa, el Pesudoatlético de Madrid seguirá existiendo mientras exista un público confundió, complaciente y poco exigente que únicamente busca un entretenimientos desapasionado y carente de altibajos, que no exija dedicación ni disgustos del corazón y que tenga sólo un cierto parecido marginal con el fútbol y los colores del equipo que por tradición y casi sin querer les corresponde. Las 165 versiones de los Platters saben que ni son ni serán nunca los Platter igual que los energúmenos que parasitan a la sombra del escudo colchonero saben que ni son si serán en Atlético de Madrid pero el público sigue comiéndose cualquier cosa en cualquier caso.

La realidad sin embargo es que cualquier aficionado a la música sabe que los Platters murieron en 1960.

Ensayo sobre la ceguera

“Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia” (W. Faulkner)

Los aficionados al Atlético de Madrid nos hemos levantado esta mañana con el equipo en puestos de descenso en la liga española, matemáticamente eliminados de la Champions League a falta de dos partidos por jugar (que es proporcionalmente como estar descendido en liga a falta de 12 partidos), con una plantilla corta, cara y descompensada, con una deuda histórica que fluctúa según las fuentes entre los 200 y los 400 millones de euros y con un estadio que tiene fecha de caducidad tasada en 2012, fecha en la que el equipo se trasladará a lo que hoy es un monolito de hormigón feo y desamparado en las proximidades del Guadalajara supuestamente sin ganar un euro en la operación. A estas alturas el subconsciente colectivo de la heterodoxa afición colchonera coincide en interpretar que la situación tanto del equipo como del club es básicamente mala o muy mala pero cada uno tiene una justificación diferente que muchas veces se pierde en la providencia o las circunstancias ajenas. Mi teoría sin embargo es que nada de lo que ocurre es casual ni ajeno. Ni es consecuencia del entorno, ni de la suerte, ni del mercado y ni siquiera está motivado por la negligencia de los personajes en cuestión. Todo tiene un maquiavélico sentido empresarial. Trataré de explicarme.

Partamos de la razonable hipótesis de que la estirpe Gil se hizo con el control del club por un lícito interés empresarial, una hipótesis abalada por el hecho de que el cabeza de familia hiciese una campaña vehemente en contra de la ruina del fútbol como sociedades deportivas y a favor de la idea de los clubes-empresa como forma de que fuesen los particulares los que se ”jugasen su dinero”, evidentemente en el sentido de multiplicar la inversión que es lo que se busca en cualquier negocio.

¿Qué empresario de cualquier parte del mundo y en cualquier sistema económico mantendría durante 20 años una empresa que fuese deficitaria, que no generase beneficios, cuya deuda fuese siempre creciente y cuyo producto final fuese cada vez peor? aparentemente nadie pero eso es lo que supuestamente es hoy el Atlético de Madrid. Descartemos desde ya la posibilidad de que las razones por las que el clan Gil esté al frente del Atleti pudieran ser sentimentales puesto que es obvio que ningún atlético de corazón podría soportar ver a su equipo en una situación tan penosa estando él como máximo responsable y además perdiendo dinero. De hecho Cerezo no hace mucho dijo que se iría del Atleti cuando recuperase el dinero que “había puesto” matizando sin dobleces las razones sentimentales que lo mueven a estar en ese sillón y despejando cualquier duda que pudiera existir al respecto.

De la misma forma ningún empresario podría nunca justificar una bochornosa gestión de 20 años en coyunturas externas o causas ajenas a uno mismo porque primero, y aunque fuese verdad, los gestores serían siempre culpables de no adaptar la empresa a dichas coyunturas de forma beneficiosa (¿Se imaginan a Repsol dando pérdidas durante 20 años diciendo que se debe a que el precio del petróleo es cada vez más caro? ¿Le serviría la excusa a su presidente para mantener el cargo?) pero es que además en 20 años da tiempo a que existan muchas coyunturas distintas y la estadística dice que es imposible que todas sean siempre nefastas para el mismo sin que exista una razón detrás que no sea aleatoria. Conclusión, la situación del club actual no puede justificarse desde el planteamiento de la coyuntura o la mala suerte entre otras cosas porque con las propias e inflexibles leyes del mercado los gestores con “mala suerte” dejan de ser gestores en poco tiempo.

¿Qué persona seguiría dilapidando su patrimonio personal durante 20 años si cada ejercicio es peor que el anterior? Evidentemente nadie. ¿Alguien tiene la sensación de que el patrimonio de los Gil ha menguado en estos años o que esté en peligro? ¿Alguien ha visto alguna vez ejercicios de nobleza tipo Abramovich a costa del patrimonio personal de algún Gil o lacayo tipo Cerezo? Me temo que no. Bien al contrario, y ciñéndonos a los que está demostrado porque así lo ha dicho él, el gestor principal del club y máximo accionista lejos de hacer ningún esfuerzo económico cuando más hace falta se ha asignado un “modesto” sueldo anual de 600.000€ (más primas). ¿Por qué el máximo accionista de una empresa se tiene que poner un sueldo a costa de esa misma empresa si se supone que el beneficio es fundamentalmente para él mismo? ¿Puede ser que no espere beneficio alguno? ¿Hay otra razón contable? Pensándolo bien, el dueño de una tienda de ultramarinos tendría de muy fácil de esta forma echar a un asalariado suyo de forma justificada. Bastaría con que él mismo se pusiese un sueldo que fuese superior al beneficio de la empresa. De esa forma su negocio sería siempre deficitario (sin serlo) y cualquier acción extraordinaria de tipo laboral (o de cualquier otro tipo) estaría justificada. Es más, tendría prebendas fiscales y hasta optaría a subvenciones para su empresa. Empiezo a ver por dónde van los tiros.

Este verano el club no hizo fichajes, escudado en que no había dinero para ello. El propio MA Gil viene repitiendo últimamente que estamos pagando las consecuencias de no vender a Forlán o Agüero en verano para tener dinero con el que afrontar una renovación de la plantilla. Estamos hablando de la temporada 2008-2009 en la que el club tenía 45000 abonados, jugó la Champions League llegando hasta octavos (sólo ocho equipos de Europa lo hicieron), volvió a clasificarse para el año que viene, el estadio estaba siempre lleno, tiene marcas de patrocinio en las camisetas y ropa deportiva y tenía un jugoso contrato de televisión firmado pero resulta que con todo eso el balance del año es prácticamente cero. ¿Qué necesita hacer entonces el Atleti para obtener beneficios? Poco más se puede hacer a efectos de economía (porque los títulos, como bien recuerda MA Gil siempre que puede, no siempre van de la mano de suculentos beneficios). ¿Cómo son capaces de vivir el resto de equipos con menos ingresos, menos masa social y mejores resultados? ¿Qué sentido tiene entonces mantener una empresa así?

Hagamos un ejercicio de imaginación y pongámonos por un momento en la piel del “ingenioso” gran empresario español planteando el siguiente ejercicio: pongamos por caso una empresa audiovisual bien establecida y dimensionada que tiene unos beneficios razonables en un ejercicio normal. Sus gestores, en un alarde de sentimiento emprendedor español, deciden despedir a los cámaras en plantilla para volverlos a contratar en una empresa de cámaras independiente creada por ellos mismos y esta nueva empresa de cámaras es contratada por la empresa original para que hagan el mismo trabajo que hacían antes. Es decir, los mismos haciendo lo mismo. Repiten el mismo ejercicio con el resto de colectivos (redactores, productores, iluminación,…). De esta manera una empresa descapitalizada de músculo y talento consigue hacer lo mismo que antes, porque de hecho lo hace con la misma gente, generando en teoría el mismo producto que antes pero con la “inocente” salvedad de que ahora hay facturas de por medio a favor de esas empresas de nueva creación emitidas y cobradas por las mismas personas: los gestores. El dinero es el mismo pero a efectos contables la empresa audiovisual puede ser deficitaria (pierden sus accionistas) en favor de esas empresas de nueva creación (ganan los gestores). Los principales perjudicados serían lógicamente los accionistas y verdaderos dueños de la empresa que verían como no tienen beneficios y su inversión se devalúa con el tiempo pero… ¿qué pasaría si la inversión inicial de esta gente hubiese sido cero y se hubiesen hecho con las acciones sin soltar un duro? Pues que no estarían tan preocupados porque cualquier beneficio sería beneficio y cualquier valor que tuviesen las acciones en el momento de desmantelar o vender la empresa sería siempre beneficio también. Y es más, ¿Qué pasaría si además de lo anterior los accionistas y gestores fuesen realmente la misma persona?

¿Sería descabellado pensar que ese ir y venir de jugadores de medio pelo y entrenadores silenciosos envueltos en contratos millonarios, los cambios de estadio, los cambios de patrocinios, las fundaciones, la profesionalización del club,… son una forma sencilla de generar facturas para sacar el dinero a otras empresas? ¿Sabemos realmente a quién le debe dinero el Atlético de Madrid?

Y concluyo. Imaginemos que el atlético de Madrid de repente conforma un equipo potente, bien estructurado deportivamente, con futuro prometedor y que gana algunos títulos que lo ponen en la élite mundial del mundo del fútbol. ¿Se justificaría en esas circunstancias que el equipo siguiese siendo deficitario y siguiese generando deuda? ¿Interesa entonces que ocurra? ¿No sería levantar demasiada sospecha? ¿Podría ser entonces que los personajes de la película estuviesen perfectamente elegidos para protagonizar el justo grado de negligencia que se necesita? ¿Podría ser que el objetivo fuese mantener algo lo suficientemente lamentable como para que no genere sospechas de dar dinero pero lo suficientemente bueno para seguir vivo y que siga dándolo?

Sólo faltaría una pieza para completar el puzle y es el consumidor final, al que paga, al que hace que todo gire y se mueva pero para que esa pieza encaje sólo haría falta que esta gente siguiese comprando callada y tranquila simplemente convencidos de que las cosas son así porque no pueden ser de otra forma. Convencidos de pagar por un futuro imposible o por una idea romántica y folclórica que vale más que cualquier resultado terrenal. Echando un vistazo alrededor no parece que sea algo muy descabellado de pensar. ¿Podría ser entonces que los tontos sean listos? ¿Podría ser que los inútiles fuesen paradójicamente totalmente útiles?

Por supuesto cualquier parecido con la realidad en todo lo anterior, es simplemente mera coincidencia.

Nota: Gracias al Xiu Rojiblanco y a Teno por darme ayer la idea del artículo según avanzábamos por el Paseo de los Melancólicos hacia el Calderón.