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¡Un abrazo!

Que canten todos los pájaros... (R. santander - At. Madrid)

Decía Honoré de Balzac que no existe gran talento sin gran voluntad. Diego Forlán, ese jugador uruguayo y rubio que aparece corriendo en cualquier parte del campo y al que rara vez se le ve hacer otra cosa que no sea jugar (bien) al fútbol, es uno de esos escasos jugadores que además que tener la voluntad de un “gregario”, de esos que tanto gustan a Aguirre y que son incapaces de dar dos pases pero cuya entrega lo ha hecho estar en primera división, dispone además del talento futbolístico del que sólo pueden disfrutar un puñado de elegidos. El natural egoísmo de los muy acérrimos de su equipo, entre los que me incluyo, llevábamos unos años conviviendo en La Liga con este jugador sin comprender que estábamos ante una figura mundial. Si, sabíamos que era un buen goleador pero es que Diego Forlán es algo más que un buen goleador. Abre al campo, entra por las dos bandas, fija a la defensa, para la salida del contrario, mete pases entre líneas y en este particular atlético de Madrid de Aguirre, donde la pelota es el enemigo y el centro del campo un patatal minado para que vivan los destripaterrones, Diego Forlán es nuestro mejor centrocampista. Independientemente de cualquier estupidez que pueda existir alrededor, él además siempre lo da todo. Reconozco que este verano vi con cierto recelo el fichaje de este hombre. Por un lado la vitola de sustituto de un Torres al que yo todavía reconocía como símbolo de este equipo (que equivocado estaba entonces) y por el otro el alto precio de la ficha, hacían que me pareciese un nuevo desacierto de la negligente dirección deportiva que nos ha tocado como condena. Nada más lejos de la realidad. Llevo muchos meses alabando la calidad de este jugador pero lo de hoy has sido simplemente espectacular. Diego Forlán, gracias por vestir esa camiseta que es la mía.

Y es que el partido pese a lo extraño que ha resultado ser ha puesto una sonrisa en mi cara que ni el 7-0 del Madrid puede borrar. No sólo es el resultado sino el ver los grandes jugadores que tenemos y sobre todo reafirmarme en mi teoría de que teniendo el balón e intentando jugarlo con criterio es más fácil no sólo ganar sino que no te ganen.

Sin embargo, la primera media hora fue como cualquier otra media hora del atlético de Madrid de Aguirre jugando fuera del Calderón: espesura, centrocampismo, arritmia, horizontalidad, estaticidad, mediocridad, etc, etc,… El Racing de Santander salió como un vendaval y todos, cantabros y madrileños, hacíamos apuestas sobre cual sería el minuto en el que marcara el Racing. Pero entonces ocurrió algo que puede resultar normal en un partido de fútbol pero que es no sólo extraño e inusual en nuestro equipo desde que lo dirige el simpático mejicano sino que resulta hasta milagroso. A partir del minuto 30 (¡con empate a cero en el marcador!) nuestro equipo decidió hacerse dueño del balón, del juego y del partido.

No sé cual ha sido la razón o el motivo de tan estupenda catarsis pero bendito sea el culpable. Hay quien piensa que los jugadores están hasta las narices de las tácticas de jaimito a las que desgraciadamente se tienen que ceñir y que por eso han decidido unilateralmente que prefieren jugar al fútbol. Tiene sentido y de hecho no sería la primera vez. Lo cierto es que no puedo demostrarlo pero sea esa la razón o no, el que hoy por hoy dirige nuestro equipo debería tomar nota de lo bien que le sienta a este equipo tener el balón. Ya antes del descanso el casillero del Racing estaba a cero gracias solamente a la sobresaliente actuación de cancerbero cántabro.

La segunda parte fue un monologo de fútbol abanderado por Forlán y secundado por Agüero. Para asombro se señores, mujeres y niños, el atlético fue dueño del partido antes, durante y después de marcar el primer gol. Si señoras y señores, tras el primer gol mantuvimos la iniciativa del juego, del balón y del partido. Para más INRI fue en ese caldo de cultivo donde surgió una jugada personal de dibujos animados que protagonizo ese portento apellidado Forlán. Después de deshacerse con velocidad y clase de un par de rivales, se preparó el balón en su pierna “mala”, la zurda, para realizar la “folha seca” más soberbia que recuerdo haber visto en un estadio de fútbol. La violencia con la que pega al balón es tal que el portero parece reaccionar varios segundos después. Uno de esos goles que levanta a los espectadores, une a los amigos, hacer crecer la fe en una idea marciana y te hace encontrar nuevos sabores en la cena que te tomas después. Uno de esos goles que vale una entrada.

No recuerdo un partido en el que estuviese más tranquilo. Una nueva reflexión que debería hacer ese que todos sabemos. ¿Por qué hay que recular marchando por encima en el marcador si llevando el dominio del partido no nos hacen ni una sola ocasión de gol? Si alguien sabe la respuesta que me la diga. La posesión del atleti estaba hoy por encima del 60%. El Racing no ha hecho una sola ocasión de gol.

Lamentablemente no tenemos más Forlanes en el equipo pero tenemos otro tipo de jugadores que deberían ser más aprovechables de lo que son porque además ellos están dispuestos a hacerlo. Simao es un buen ejemplo de ello. Esa es la labor del entrenador: hacer un equipo en el que cada uno aporte lo que sabe y no al revés: que todos dejen de hacer lo que saben para que el entrenador parezca que sabe algo. Ya lo decía Henry Van Dyke: utiliza en la vida los talentos que poseas, el bosque estaría muy silencioso si solo cantasen los pájaros que mejor cantan. En el bosque que es el atlético de Madrid llevan demasiado tiempo cantando solo los pájaros que mejor cantan.

Cerdos y diamantes (At. Madrid - Murcia)

Decía mi admirado Pio Baroja que el hombre está un milímetro por encima del mono cuando no un milímetro por debajo del cerdo. En el caso de ese siniestro personaje denominado Lucas Alcaraz, y en lo que respecta a lo puramente futbolístico ya que lo demás afortunada o desgraciadamente lo desconozco, los milímetros por debajo del cerdo deberían ampliarse. Los equipos que dirige este señor se caracterizan por tres cosas: renegar de jugar al fútbol, dar patadas a diestro y siniestro y vivir los 90 minutos en los límites (o fuera) que marca el reglamento futbolístico y la convivencia humana. Después de los 90 minutos se permite incluso el farol de reafirmarse en su desprecio por el contrario. Tipos de esta calaña, que viven de la gestión del estiércol y además sacan pecho de su podredumbre, deberían tener prohibido acercarse a un campo de fútbol. Desgraciadamente no es así. Lo lamento por mis buenos amigos murcianos pero un equipo dirigido de esta manera por un marrullero como este no merece estar en la elite del fútbol.

Aun así esto no es excusa para el empate de hoy. El atlético de Madrid ha empatado por la misma razón por la que hemos perdido y empatado otros partidos: porque es un equipo que no sabe que hacer con el balón. Existe un dato aterrador: en lo que va de liga el atlético de Madrid no ha sido capaz de ganar un partido en el que no se adelantase primero en el marcador. Siempre que nos marcan un gol o empatamos o perdemos. Así de crudo. Nunca hemos sido capaces de remontar. Alguien pensará que un dato así sólo es fruto de la casualidad pero yo no creo en las casualidades después de 20 partidos de liga. La razón, desde mi punto de vista es más que evidente. Nuestro equipo no sabe jugar llevando la iniciativa del partido y eso es precisamente lo que tienes que hacer cuando vas por detrás en el marcador. En realidad un equipo que aspira a estar en lo más alto de la competición debería llevar la iniciativa en todos los partidos pero eso es algo que no entiende Javier Aguirre. Tan triste como cierto. Tan conocido como penosamente ignorado por los dueños de este bendito club.

El partido comenzó como suelen comenzar en el calderón los partidos contra equipos de abajo que se encierran en su portería: ellos no juegan y nosotros tampoco. Forlán y Agúero, dos diamantes perdidos en un sistema nefasto, eran como siempre nuestros mejores centrocampistas. Bajaban al centro del campo a buscarse la vida (¿Se acuerdan de Fernando Torres?) y de allí salían las ocasiones de gol. De ahí también sale el cansancio de estos jugadores y el estar más veces de las deseadas fuera de su posición. Fin de la primera parte. Otros 90 minutos tirados al limbo del buen gusto o al vertedero donde van a parar los minutos de fútbol intrascendentes. Seguro que tenemos el carné VIP de ese club.

La segunda parte comenzó con un penalti tan claro como estúpido de Eller. Si, ese personaje que juega en Europa gracias a que la secretaría técnica del atlético de Madrid está dirigida por un reconocido y reincidente negligente. Fabiano Eller siempre que entra al balón, salvo que se equivoque, hace falta. Es axiomático. Cuando como hoy lo hace dentro del área ni tan siquiera disimula. Un jugador por cierto que cuando no hace faltas el resto del tiempo lo pasa dando puntapiés al balón, atusándose la coleta o abrazándose con su entrenador. Esa es una de las plazas de extranjero de este equipo.

A partir del penalti el Murcia se concentró, con más ahínco si cabe, en lo que venía haciendo desde el principio: dar patadas y desquiciar a los jugadores del atleti. Daba igual la posición en el campo o el número del contrario, el caso era parar el juego haciendo daño. Gracias a la estulticia pagada del árbitro uno de los criminales con la camiseta del Murcia reventó el pie de kun Agüero. Cualquiera que haya jugado al fútbol sabe que esa entrada se hace consciente y con el único fin de hacer daño. El carnicero se quedó en el campo y el Kun no sabemos lo que estará fuera de el. Cerdos contra diamantes. Espero que el año que viene le pase algo parecido a este tipo (de nombre y juego intrascendente) en algún bonito campo de segunda división.

El atlético de Madrid, consciente de que jugar al fútbol no entra en los planes de su entrenador y que hoy no era el momento para empezar a aprender a hacerlo, decidió romper el partido. A Aguirre le gustó la idea y colaboró con los cambios. En mitad del caos apareció Luis García, un magnífico jugador al que la lesión de rodilla y la poca continuidad que le brinda Aguirre le está mermando de hacer algo grande en este equipo, metió un magnífico gol y de ahí hasta el final alguna ocasión aislada, muchas más patadas de los señores que se hacían pasar por futbolistas del real Murcia y un gol fallado por Maxi en el último minuto. El bache de juego y goles de este otro gran jugador empieza ya a ser preocupante.

Otro resultado mediocre digno de una propuesta mediocre. Y digo yo, ¿qué es mejor, arrastrarse por la liga y conseguir que la suerte y el despropósito no coloque el cuarto clasificado, con lo que seguiremos aguantando esta pesadilla al menos otro año más, o quedar por enésima vez perdidos en mitad de tabla e intentar empezar de nuevo algo que merezca la pena?