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¡Un abrazo!

Notarios de la "realidad"

El pasado domingo, una hora antes de asistir a esa píldora de alegría que supuso el fantástico Atlético de Madrid – Barça y que tuve la suerte de presenciar en directo, me encontraba en el paseo de Yeserías camino del Vicente Calderón escuchando la radio a través de mis cascos. Normalmente a esas horas suelo estar en las inmediaciones de la puerta cero intentando aportar mi silenciosa presencia a la protesta que allí se da pero el pasado domingo, por razones que no vienen al caso, no me fue posible. En una de mis habituales búsquedas a través del dial camino al estadio me quedé en la cadena SER al escuchar como un simpático periodista parecía estar en las inmediaciones de la famosa puerta cero a tenor de lo que se escuchaba de fondo (“Cerezo cabrón… fuera del Calderón”). Me puso muy feliz suponer que la prensa “seria” de repente había decidido por fin informar sobre un movimiento civil sin patrocinadores que nació hace ya un tiempo y que está creciendo según pasan las semanas pero me puse muy triste cuando me di cuenta de que la “anécdota” servía simplemente de excusa fácil para que los “divertidos” periodistas del carrusel se descojonasen de risa en un momento de la tarde donde no pasaba nada. El chiste esta vez fue un símil de mucha risa entre el Hit Parece de los 40 principales y uno de los canticos que se escuchan en la protesta: “Enrique Cerezo queremos tu pescuezo”. La risa contagiosa de los simpáticos periodistas se propagó como la rabia entre toda la redacción. El tema de la protesta no es precisamente para reírse pero… el atleti, ese equipo graciosete, ya saben.

Una hora después del partido estaba en mi casa con la retina todavía encharcada por los goles de Forlán y el Kun Agüero y con muchas ganas de disfrutar, por una vez, de todas las cosas buenas que los periodistas del domingo tenían que decir de mi atleti. Tantas tardes de domingo tragándome desgracias y tragedias como si fuese aceite de ricino quedarían aparcadas por una vez en la que por fin conseguimos ver un Atleti parecido al de nuestros sueños. Puse la tele, abrí mi ordenador y… mi gozo en un pozo. El ecuánime y objetivo diario AS titulaba la crónica en su web de internet con el “acertadísimo” titular de “El Kun hace feliz al madridismo”. Leer aquel titular para un atlético como yo fue como notar una espina de Lubina clavada en la nuez. Algo muy difícil de digerir, ¿Tan difícil es que un periodista “serio” escriba un titular que diga que los goles del Kun hacen feliz a los aficionados del atleti en una noche como esa? Parece que si. En el resto de noticias y de titulares que encontraba en periódicos o emisoras de cualquier color también aparecía con más o menos presencia la idea de un Real Madrid protagonista del encuentro del Calderón y un Atlético de Madrid de fondo. El Atleti, ese equipo comparsa, ya saben.

Viendo con más tristeza que sorpresa que las televisiones no nos daban demasiada bola (de Telemadrid no puedo hablar porque su visionado está prohibido en mi casa desde hace años y así seguirá hasta que la repulsiva y desagradable imagen de Siro López desparezca de ese cuestionado ente) decidí darme una vuelta por el Olimpo de la noche deportiva, desde hace décadas instalado en la cadena SER, donde además de toparme con revisiones remozadas del “Atleti graciosete” y del “Atleti comparsa” (el protagonismo del partido seguía siendo una y otra vez, como no, del Real Madrid) tuve que soportar la lloriquera del llamado Sanedrín blaugrana, un par de tipos (especialmente uno de ellos) permanentemente resentidos con todo lo que no tenga acento catalán, que incluso llegaron a insinuar la vergonzante estupidez de que el Atleti fuese protagonista de una especie de conjura anti-catalana (donde también estaba el Español) que derrotaba al Barça pero no ganaba al Real Madrid. Puedo llegar a tolerar la insultante arrogancia con la que normalmente esta gente escupe sandeces desde su querida Barcelona y hasta me puede resultar gracioso ese forofismo extremo que en ningún momento pretenden esconder (algo que por cierto criticarían ofendidos si fuese de cualquier otro color) pero me repugna que un Gustavito venido a más nos insulte mirándonos por encima del hombro. El atleti, otro de esos equipos florero en la verdadera pelea: Madrid-Barça, ya saben.

La pataleta del espeluznante periodismo catalán (y me quejo yo del madrileño) representada por este par de iluminados se completó con la incuestionable e irrenunciable idea de que el partido básicamente había sido un caos, mal jugado, sin táctica, sin planteamiento, un error constante… como un recurso barato de un equipo indigno como el atleti para sacar al Barça de su Palacio exclusivista o simplemente como una especie de pelea barriobajera dirimida en el barro y por supuesto provocada por un atleti chabacano que no tiene otra forma de enfrentarse contra la elegancia perenne y supina que representa el Barça. Lo malo es que esa idea no fue exclusiva del chovinismo barato que se practica en Barcelona sino que muchas plumillas de relumbrón lo abrazaban con ardor (sin el perfume regionalista) esa misma noche o en días sucesivos. El Atleti, ese equipo casposo sin clase, ya saben.

Es decir, después de un partido en el que la afición colchonera unánimemente volvió a reencontrarse con su equipo y por primera vez en mucho tiempo logró sonreír, los mediáticos notarios de la actualidad llegaron a esas “acertadas” conclusiones. Para unos el Atleti fue un simple peón sin nombre, sin alma y sin corazón lanzado para contribuir en la guerra del Real Madrid, la auténtica, verdadera y única madre del cordero. Para otros el Atleti no fue más que una desagradable, maquiavélica e infecta piedra picuda colocada en mitad de la impoluta y elegante alfombra roja por la que camina el Barcelona protegido por su incompetente guardia de seguridad privada que de vez en cuando deja pasar indigentes molestos. En el mejor de los casos lo que resulta ser el Atleti es un equipo simpático, graciosete y algo grotesco que no suele afectar el devenir de las cosas. Esa es la imagen que se vende de mi equipo incluso después de derrotar al primer clasificado de la liga, metiéndole más goles que nadie, tirándole a puerta más veces que nadie, remontando dos goles que es algo que nadie había hecho, remontando dos veces que es algo que nadie había hecho, secando tácticamente al elogiado centro del campo azulgrana y dando una lección de entrega y pundonor después de alcanzar las cotas más bajas de autoestima tan sólo unos días antes.

Ni los gurús de la profesión, ni los sanedrines, ni Don Quijote “Calamidad” ni su Sancho Panza Cerezo creo que se paren mucho a pensar sobre este ínfimo detalle porque a ellos les da igual pero a mí no. A mí me duele.

Hace tiempo que estoy convencido de que uno de los frentes que los aficionados tenemos que abrir en este empeño de cambiar las cosas es el de exigir el respeto de la prensa pero mientras nosotros mismo sigamos comprando esta papilla venenosa y tragándola como niños buenos tendremos muy poco criterio para quejarnos luego de ella

I want to believe

William Mulder era un agente especial de la CIA de magnífico expediente e incalculable potencial que había decidido dedicar su vida y su talento a la investigación de los expediente X, esos caso de difícil solución archivados en las oscuras esquinas de la inteligencia americana relacionados generalmente con fenómenos paranormales de difícil comprensión científica. Muchos compañeros lo tachaban de lunático y pocos entendían como se podía derrochar tanto potencial en una labor tan absurda pero William Mulder no era desde luego de la misma opinión aunque a veces, cuando se quedaba estancando en sus pesquisas, se le pasaba la idea por la cabeza de si efectivamente estaba perdiendo el tiempo. En esos momentos levantaba la cabeza hacia la pared de su despacho donde colgaba una foto con el lema “I want to believe” (quiero creer). Yo que me he sentido una especie William Mulder muchas veces en este extraño vínculo que me une al Atlético de Madrid he conseguido hoy encontrar la imagen a la que desviar mi atención cuando tenga dudas de fe. Supongo que existirán un montón de explicaciones lógicas para explicar lo que ha ocurrido hoy, con las que además aplacar mi alegría pero que quieren que les diga, lo he pasado tan bien en el estadio y hacía tanto tiempo que no disfrutaba tanto en un partido de fútbol que me dan igual. Y es que el fútbol es esto y no eso que quiere imponer tanto entrenador megalómanos que basa el fútbol precisamente en todo aquello que tiene poco que ver con el o tanto periodista NBA que intenta hacer propaganda de un concepto de deporte-espectáculo que tiene también poco que ver con algo que lleva más de un siglo desatando emociones. 

El ambiente era precioso antes de comenzar el partido pero mi problema es que esta temporada ya había visto el estadio lleno y la gente entregada otras veces y no tenía buen recuerdo. Sin ir más lejos hace cinco días frente al Oporto en ese lamentable espectáculo que dimos al mundo. Por eso era reacio a eso de las siete de la tarde a chillar, airear la bufanda o hacerme ilusiones aunque rápidamente todos vimos que las cosas eran diferentes. Durante la semana se daba por seguro que Abel decidiría reforzar el centro del campo a base de sacrificar alguno de los hombres de banda (Simao con mucha probabilidad) pero el de Velada decidió dar un golpe en la mesa manteniendo el mismo equipo (sacando a Heitinga en lugar de esa broma pesada en forma de ser humano llamada Seitaridis) y el mismo esquema. Bueno, el mismo esquema no porque parecía otro equipo. Forlán se metía en el centro (sin perder la cara a la portería), Maxi y Simao se fogueaban en la contención, el Kun se dejaba la vida para no dejar jugar desde atrás, Asunçao barría su zona mientras secaba a Xavi... y todo eso con una concentración colectiva notable, sensación de peligro, una defensa torpe pero cerca del resto del equipo... por fin un equipo sobre el terreno de juego. El todopoderoso Barça no sabía ni podía jugar al este atleti y las ocasiones llegaban de lado rojiblanco hasta el punto de que ya en los primeros minutos el colegiado inauguraba su nefasta labor arbitral (como casi siempre con el Barça de por medio) anulando un gol legal a Heitinga.

Pero todo lo bonito que tiene el fútbol lo tiene de injusto y así con injusticia se adelantó el barça en el marcador. Un nuevo fallo de Pablo (el más flojo de la defensa), un rechace de mala suerte y Henry lanza un disparo desde la esquina del área que se cuela por la escuadra. Jarro de agua fría. El equipo se quedo algo tocado en lo anímico pero no bajó los brazos ni se escondió lo cual fue no sólo una novedad sino un anticipo de lo que vendría después. Se sucedieron unos cuantos intercambios de golpes hasta que un inédito hasta ese momento Messi recogió un balón a pocos metros del área, que es justo donde este chico no debe recibir, para demostrar al Calderón entero lo buen jugador que es. Se fue en velocidad sorteando rivales en pocos metros cruzando el balón a la salida de Leo Franco. 0-2 en el marcador y un panorama más que desolador. El Atleti de Aguirre muy pocas veces fue capaz de remontar un gol y creo que nunca consiguió hacerlo con más de uno. Si a eso el uníamos el estado anímico y físico de la plantilla parece fácil entender que la grada se preparase para otra noche de horror a la rivera del Manzanares pero había dos cosas en el ambiente que nos hacía resistirnos a ello. El primero que lo que estábamos viendo era injusto y segundo que los jugadores no parecían dispuestos a bajar los brazos. Así que sin tiempo de acomodar en el salón a los habituales fantasmas Forlán agarró un zurdazo desde su Uruguay natal que el bueno de Valdés se come con patatas. 1-2 y la esperanza contenía a la euforia.

Durante el descanso se respiraba un ambiente raro en los últimos partidos. Normalmente a estas alturas y con ese resultado la afición estaba cabeceando mientras enumeraba errores y jugadores sobrevalorados pero hoy no, hoy la gente decidía abrazar como suyo el famoso lema de Obama, yes we can... y pudimos. Comenzó la segunda parte con la misma tensión, colocación y velocidad que la primera y el espectáculo para el espectador no se resintió un sólo átomo. Antes que nada me gustaría destacar la labor de entrenador de Abel que hoy si supo leer el partido sin renunciar a su idea del fútbol. Adelanto la defensa y presionó arriba pero además alecciono a Simao para cerrar el centro del campo, bloquear a Alvés y abrir su banda en ataque obligando al brasileño a defender (gran partido de Simao). Coloco a Forlán cerca del centro del campo para tapar la salida pero sin sacrificarlo en ataque (gran partido del Uruguayo) y sobre todo organizó un buen entramado en el centro que impedía la construcción blaugrana (era curioso como el balón siempre tenía que salir de los pies de Puyol) en el que tuvo mucho que ver un jugador como Conseiçao que lleva varios partidos dando a entender que su fichaje no fue el tradicional error de todos los años. Igual que el martes Abel pareció un aficionado jugando en la liga de los mayores hoy ha dado un mensaje de personalidad y criterio. Al Cesar lo que es del Cesar. Y así, con todos esos parámetros más la presión arriba llegó un error en la defensa del Barcelona que el Kun (otro que ha hecho un gran partido) aprovechaba para empatar el partido.

Llegados a ese punto todos sabíamos que cualquier cosa era posible y así ocurrió. Jugadas de gol, errores, emoción, goles, alegrías, disgustos,... fútbol en una palabra. Con un atlético lanzado y mereciendo mucho más, el balón llega al lateral derecho colchonero desde donde se mete un balón al área pequeña para que Forlán, a escasos dos metros de la línea de gol, remate el balón fuera. Mientras el uruguayo todavía se lamentaba en la portería del equipo catalán, Heitinga se queda enganchado al tirar el fuera de juego y el balón llega franco a Gudhjonsen que con muchos metros por delante y sólo leo Franco enfrente cede el balón generosamente a Henry para que este ponga el 2-3 en el marcador. La injusticia del fútbol que dirán muchos. Pero este irreconocible atleti no tiró la toalla. A pesar de los pesares (2-3, el Barça y apenas 15 minutos por delante) decidió morir matando y se fue a por el partido. Y lo consiguió. Primero tras un penalty que no tiene duda para nadie pero que el inefable del árbitro se negaba a pitar y que Forlán aprovechó para transformar en gol con mucha sangre fría a pesar de la rabia del gol marrado y de los nervios que provoca el tardar tanto en ejecutar la pena máxima gracias a la estupidez congénita de la profesión de árbitro de fútbol. Después con una fusión de juego y pundonor que dio con el Kun Agüero (un jugador que debería estar siempre en el campo) dentro del área y al que ni siquiera un desacertado Puyol consiguió quitarle el balón en su carrera desenfrenada hacía el gol. 4-3 y la euforia desatada en el Calderón.

A veces se me olvida lo mucho que me hace disfrutar el fútbol. Es cierto que se me olvida porque cada vez son menos las tardes y las noches en las que verdaderamente me divierto viendo este bendito deporte pero ay amigo cuando ocurre. Hoy he disfrutado como un enano desde el primer minuto al último. Es de esos partidos que acabo agotado como si también hubiese estado jugando sobre el césped pero me gustaría acabar con un apunte: podríamos haber perdido y de hecho hemos estado cerca de hacerlo pero perder así duele mucho menos.