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¡Un abrazo!

Lo que no puede ser no puede ser...

...y además es imposible. El Atlético de Madrid ha caído eliminado de la Champions League en una eliminatoria que no ha merecido ganar en ningún momento frente a un equipo que los “expertos” declaraban como inferior en el papel pero que sobre el césped no lo ha sido en ningún momento. En noches así uno tiende a aparcar el juicio intentando buscar culpables de tener que tragar un trance tan doloroso y francamente existen muchos candidatos. Yo honestamente sigo pensando que esto no es más que la guinda a un penoso proyecto deportivo mal parido, mal vestido, peor gestionado, mantenido con vida de forma artificial demasiado tiempo, disfrazado de forma ridícula, mal alimentado y demasiado consentido. Los colchoneros volvemos cabizbajos desde la gloriosa competición europea a la tediosa competición local con la orejas gachas, el ánimo por los suelos y la cruel sensación de que hemos vendido muy pero que muy barata nuestra presencia. Muy barata. La última vez que habíamos estado en esta competición salimos de ella con honor y orgullo en una aciaga noche en el Calderon frente al Ajax en un partido que nunca debíamos haber perdido. Salimos cansados, magullados, heridos en el orgullo y jodidos. Hoy ni eso. ¡Qué lejos queda aquello! ¡Qué lejos queda el atleti!

Jamás he entendido y jamás entenderé esa estupidez de las rotaciones y mucho menos cuando estas afectan de forma dramática a los partidos clave. Es más, se supone que si tiene algún sentido hacerlas es precisamente para que esto no ocurra. Tampoco puedo entender como un deportista profesional de menos de 30 años es incapaz de recuperarse de un partido de fútbol en tres días. La alineación de esta noche presentaba la ausencia de Diego Forlán, probablemente el mejor jugador colchonero en los últimos partidos, por una decisión técnica aparentemente sustentada en el hecho del gran esfuerzo del uruguayo en el partido anterior. Estupideces. Estupideces que insultan la inteligencia del aficionado y que probablemente esconden un espíritu bastante menos valiente de lo que parecía en el responsable de dar los nombres de la alineación titular. El pasado sábado Abel dio un buen repaso táctico a su rival pero dijo una cosa en las declaraciones posteriores que no me gustó un pelo. Al parecer su “táctica” era la de contener al Madrid en la primera parte con un doble pivote defensivo para matarlo en la segunda con un “cambio más ofensivo”. Si es así, me parece una “táctica” de domador de pulgas, del apoderado del Bombero Torero o del Final Fantasy pero no de un entrenador profesional de fútbol. ¿Qué ocurre entonces si te meten un gol nada más empezar? ¿Tienes que cambiar todo lo que has preparado o esperamos a la segunda parte? ¿Cual es el problema de fabricar un equipo que gire en torno al axioma “voy a ganar el partido en cuanto pite el árbitro”? Todo apunta a que la idea de hoy debía de ser un peregrino sucedáneo de algo así de siniestro, cobarde y lamentable. Así nos ha ido. Es de esas gilipolleces que también hacía Aguirre... y así le fue.

Es difícil entender, especialmente después de ver los dos últimos partidos del equipo, como se puede salir a jugarte la clasificación de octavos de una Champions con unas sensaciones tan pobres, un ritmo tan espeso y una propuesta tan rancia. Es difícil de comprender en cualquier caso pero mucho más cuando tienes que ganar para pasar la eliminatoria. Pues bien el equipo, sin Forlán, salió romo, expectante y pasivo, regalando la pelota al Oporto e imprimiendo lentitud a todas las acciones. El equipo estaba bien colocado y defendía bien pero ni hablar del peluquín de eso de atacar, tener el balón, hacer fútbol o crear. Así, sin pena ni gloria tiramos a la basura 25 minutos que fue lo que tardamos en llegar una vez, meter un balón a Simao dentro del área y que el árbitro nos premiase con el tradicional penalty clarísimo no pitado. A partir de ahí el equipo pareció estirarse, el Oporto se asustó y reculó, el equipo tomo la pelota para disfrutar de los mejores minutos del partido que sin ser para enmarcar al menos daban esperanza. Minutos que sirvieron para tomar el control pero no para crear ocasiones, probablemente debido sobre todo al atenazador miedo al contra ataque portugués que dejaba al Kun demasiado vigilado y sólo arriba. Así llegamos al descanso.

Sin despertar todavía del asombro que ocasionaba la falta de interés por ganar el partido que parecía transmitir el equipo, los atléticos confiábamos en que la más que probable salida de Forlán produjese un cambio en el panorama.... pero la salida no llegó. El partido comenzó igual que termino en su primera parte, con algo más de parsimonia, algo menos de ritmo y el mismo desasosiego en los aficionados. Después de otros 1o minutos tirados al retrete por fin Abel se decide sacar al “agotado” Forlán pero claro, los cambios en el fútbol de verdad no funcionan igual que en la Play Station. El Uruguayo entró tarde, fuera de punto, perdido y en ningún momento consigo agarrarse al devenir de las cosas. Pasó desapercibido (lo que no ocurre nunca con Forlán) y de hecho a partir de ese momento se vieron los peores momentos del Atlético de Madrid y los mejores del Oporto. Abel eso si terminó de rematar su error con otro de similar calado cuando quita del campo a Maxi, un jugador que si tiene algo es esa capacidad para meter gol en los momentos más inesperados y por lo tanto ideal para hoy, para dejar en el campo a un Sinama que si bien había trabajado bien en defensa o había conseguido irse de su marca una sola vez. A partir de ese momento, cuando faltan 20 minutos para que acabe la eliminatoria, el Oporto toma el control absoluto del partido, del juego y del balón, llegando con claridad muchas veces haciendo que Leo Franco se convierta, como ya ocurriese en la ida, en el héroe del partido. El Atlético de Madrid se veía desbordado, aturdido, incapaz de animarse a si mismo, inútil a la hora de jugar al fútbol y sobre todo sin ningún tipo de capacidad de reacción hasta el punto de acabar el partido con la humillación de defender en tu área. Cuando vimos que la solución que venía desde el banquillo era colocar en el campo a esa estafa llamada Maniche (porque Miguel de las Cuevas es como si no hubiese salido) todos supimos que era mejor irnos a a escondernos debajo de las sábanas. Ni siquiera tuvieron la entereza, el oficio o el cuajo de intentar colgar balones a la desesperada. Prácticamente no ha tirado el equipo una vez puerta en todo el partido lo cual es un dato significativo teniendo en cuenta que se necesitaba marcar en Oporto de todas las maneras. Es lo que suelen traer este tipo de iluminados planteamientos tan valientes.

“Calidad, yo quiero calidad” gritaba a finales de los 80 un grupo llamado Ciudad Jardín y eso es lo que yo hecho fundamentalmente de menos en este equipo: calidad. Lo hecho de menos en jugadores sobrevalorados que cobran fichas por encima de su valor de mercado, lo hecho de menos en prácticamente todas las líneas pero lo hecho de menos fundamentalmente en el centro del campo. Raúl García es un jugador mediocre al que le viene grande todo esto y al que le falta mucho más fútbol del que tiene para pretender jugar en la posición en la que juega, si lo quiere hacer dentro de un equipo con aspiraciones. Maniche es una broma pesada que está durando ya demasiado tiempo. Asunçao es lo que es y cuando resulta que aparece como el que mejor ha tratado el balón te da a entender entre lágrimas como está el panorama. Camacho está más cerca de ser otro Asunçao que de otra cosa y Miguel de la Cuevas es un tipo muy querido por todos pero que nunca ha demostrado nada, sigue sin hacerlo y dudo que lo haga. Sinama directamente es que ni es centrocampista. Este equipo tiene problemas para crear fútbol y los va a seguir teniendo con lo que hay y sobre todo viendo los que dirigen la diligencia que son los verdaderos culpables de esta colección de remiendos.

Otro año más fuera de Europa y otro año más con más pena que gloria. Los optimistas dirán que nos han eliminado de la Champions sin perder un partido y los pesimistas dirán que lo que más hemos hecho ha sido empatar. Chorradas, estamos fuera y punto. Ahora a pensar en poder estar el año que viene (que por cierto es lo único que le preocupa al “caravinagre” que dirige este club en la sombra) pero que tal y como está el panorama parece harto complicado.

Esposa orgullosa

En noches como la de hoy uno tiene dos opciones: llorar, maldecir y tirarse de los pelos lamentándose de perder la oportunidad de tu vida de humillar a tu rival de siempre o pensar en lo que ha ocurrido, de donde vienes, a donde vas,... y sacar pecho. Cualquiera de las dos opciones es lícita pero yo prefiero quedarme con la segunda. Llevaba tantos partidos siguiendo a un equipo que se avergonzaba de salir a jugar al césped, un equipo sin personalidad, temeroso y pesaroso que se movía entre el gol a favor o en contra, especulando con el tiempo, el juego o el resultado, tratando a todos los rivales como si fuesen el vigente campeó de Europa y además haciéndolo con 11 jugadores en el borde del área, que qué quieren que les diga, hoy (y el domingo frente al Barça) he sacado pecho. Me siento como el protagonista de esas películas antiguas en las que un hombre pobre y honrado sufre una tragedia tras otra, robos, ingratitudes, que tiene mala suerte pero que enfrentándose a enemigos y fantasmas con valentía y orgullo consigue acabar sobreponiéndose a todo. Entonces su esposa orgullosa sale a pasear por el pueblo del brazo de su sangrante, sucio, mal vestido pero orgullo marido. Esta noche yo soy esa esposa orgullosa. Hoy he vuelto a sentirme orgulloso de ser del atlético de Madrid.

Todos los atléticos sentimos unos incómodos gusanos paseándose por el fondo del estómago cada vez que nos enfrentamos al Madrid. Es así y el que lo niegue miente. Lo que más teme un colchonero frente al equipo merengue es no dar la cara, sentirse humillado, parecer débil o menor. Mucho más que el resultado. Los últimos partidos contra el eterno rival siempre se caracterizaban por un estúpido gol madridista en los primeros cinco minutos. Es una maldita tradición desde hace años que gracias a Dios hoy se ha roto. Por eso cuando he visto el minuto 5 en la esquina derecha del televisor y en la izquierda el resultado de 0-0 he pensado que hoy podía ser el partido. A partir de ese minuto he tomado conciencia de que el equipo, mi equipo, había salido al campo como debería de salir siempre en todas las competiciones que juega, a ganar el partido. Espero que no sea un espejismo pero parece que este Abel va a resultar que entiende bastante de esto del fútbol. A lo mejor es que veníamos de un periodo negro y nefasto y por eso cualquier acción táctica nos parece un alarde pero lo cierto es que en el día de hoy tácticamente el atleti ha estado fantástico. Sacando la línea defensiva del área (no hacerlo hubiese sido un suicidio frente al madrid como bien debería saber Aguirre pero nunca terminó de aprender), creando un entramado físico en el centro del campo que impedía al madrid jugar y saliendo en vertical cada vez que robábamos el balón en posiciones adelantadas. Con este equipo no se me ocurre una forma mejor de jugarle al Madrid en su Bernaneu y aunque parece fácil no debe serlo. Asunçao, un futbolista que crece en este equipo con los partidos, dominaba la zona ancha escudado por un Camacho al que le falta un poco más de creatividad para ser un jugador muy interesante. Maxi, Simao y Forlán hacían un generoso esfuerzo en la contención que impedía aparecer al Madrid (lo del urguayo es prácticamente de ciencia ficción, ¡qué jugador Dios mío!) y el Kun era letal en cada balón. El Real Madrid no hizo nada como conjunto en toda la primera parte y sus pocas llegadas fueron a través del fútbol directo al área o jugadas a balón parado. Por el contrario el Atleti se encontraba más cómodo según pasaban los minutos y cada vez que se estiraba soltaba el codo. Ya avisó el Kun cuando un excelente balón que le llega de volea es parado en el área y que solamente los felinos reflejos de Casillas (siempre Casillas) impidieron inaugurar marcador. Pero casi mejor que fuese en la siguiente jugada porque fue una maravilla. Un córner mal sacado por los “blancos” lo recoge Ufalusi que se da a Kun a la banda este se lo devuelve de primer toque y el checo vuelve a meter un buen balón a la banda para que la recoja el Kun. Era un contra ataque de 3 contra 2 pero la pelota que mete el Kun a Forlán para dejar sólo al uruguayo no está al alcance de todo el mundo. El rubio charrúa, omnipresente en todas la jugadas todo el partido, define como los ángeles alegrando la noche a la afición rojiblanca. Así acababa la primera parte.

En tiempos no tan lejanos cuando el equipo estaba por encima del marcador (y no hacía falta que fuese en el Bernabeu) lo que veíamos los aficionados al atlético de madrid era un equipo temeroso que renunciaba al balón o a jugar y que se jugaba el resultado a saber defenderlo con patadas y artificios paradeportivos. Hoy lo que hemos visto es todo lo contrario. Hoy lo que hemos visto es un equipo valiente, con personalidad, generoso en el esfuerzo, que seguía manteniendo los parámetros que lo había llevado hasta ahí y que tenía en la cabeza la portería contraria y no la propia. Hoy lo que hemos vistos después de mucho tiempo es, por fin, el Atlético de Madrid.

La segunda parte (como todo el partido) ha sido preciosa, más parecido a un partido de toma y daca donde todos querían ganar que a otra cosa. Eso sí, el único que mereció hacerlo fue el que iba de vestido con los colores rojo y blanco. La pocas llegadas merengues fueron a base de pundonor, juego parado y balones colgados al área. Las del atleti venían a base de robar el balón en el centro del campo y llegando a la portería contraria a toda velocidad en jugadas de tiralíneas. Pero por esas cosas que tiene la vida el Madrid empató y lo hizo de la forma en la que históricamente mejor sabe hacer, con un gol ilegal. Esta vez por CLARÍSIMO fuera de juego, otras veces por penalty injusto y casi siempre con algo que esconder. Es así. Ni siquiera los periodistas “serios” se sorprenden y lo asumen como parte de las reglas de juego. Los árbitros se equivocan, si, pero cuando juegan estos dos equipos los errores son siempre para el mismo sitio y eso es estadísticamente imposible. Yo, que soy de ciencias, tengo que buscar la explicación en algo más. Si tiras diez veces el dado y las diez veces sale 6 podemos deducir sin equivocarnos que el dado está trucado.

Pero lo cierto es que Forlán, Sinama y sobre todo el Kun estuvieron delante de Casillas con la claridad suficiente como para perforar la portería rival sin demasiada dificultad pero no ocurrió. Unas veces por el propio Casillas, otras por la mala suerte y casi siempre por enfrentarnos a nuestro destino con más ansiedad que sangre fría. También hubo unos agarrones. manotazos de Sergio Ramos al Kun Agüero que no significaron nada para el árbitro y que pasarán desapercibidos para la prensa “seria”. Para el que no lo ha visto podríamos definirlo como el típico penalty que le pitan al Madrid (y al Barça) pero a ningún equipo más. Que se le va a hacer.

Nos vamos con la sensación de perder dos puntos y la oportunidad de callar a todo un Bernabeu pero lo hacemos con la cabeza muy alta, lo cual es algo que también hace muchos años que no hacíamos. Sinceramente, yo que el día del partido del Oporto había pregonado el fin de este equipo, afronto la vuelta de Champions con más ilusión que nunca. Este si es mi atlético de madrid.