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¡Un abrazo!

No jugar

Cuando en el descanso del partido los jugadores enfilaban el vestuario del estadio Riazor, yo era un hombre feliz. Mis dudas retóricas sobre el nuevo Atleti se disipaban, me regocijaba en esa agradable sensación de poder haber disfrutado de 45 minutos de buen fútbol y era optimista sobre el futuro colchonero. Ahora mismo, aproximadamente una hora después, no puedo decir lo mismo. El equipo de Simeone acaba de empatar frente al Deportivo de la Coruña en un partido raro, que no tengo claro si mereció ganar o no. De esta manera se separa de la cabeza de la liga (cuando la tenía a mano) y vuelve a rodearse de dudas que sientan muy mal a la institución. Si atendemos a la realidad, tal y como viene, el Atleti ha empatado el partido porque Giménez ha cometido un error de esos que hacía varios años que no se cometían en el equipo colchonero. Una falta de tensión imperdonable, a falta de un cuarto de hora, que ha supuesto perder dos puntos de oro. Pero si ampliamos un poco el foco de visión, veremos que fácilmente pueden aparecer otras respuestas. También otras preguntas. 

La primera parte del equipo del Cholo fue fabulosa. Sin matices. Entendió el partido con inteligencia, jugó con personalidad, se hizo dueño del balón y lo que es mejor, jugó al fútbol. Con paciencia pero mirando la portería contraria. Enfrente tenía un Deportivo muy bien plantado, anímicamente fuerte (gracias a los últimos resultados) y sin ninguna necesidad de arriesgar. Los madrileños podrían haber caído en la tentación de de ahorrar pases y tender a lo vertical, pero no. Gracias a un Tiago nuevamente en estado de gracia, movió la pelota y buscó su oportunidad. Y llegó. Jugada por la izquierda, rechace a la frontal del área y volea que el propio Tiago engancha para meter el balón en la base del poste. El gol cambiaba la forma de encarar el partido de un equipo gallego que, ahora sí, se fue a por el rival. Pero los rojiblancos, lejos de amilanarse, jugaron todavía mejor. Fue su mejor momento y dio la sensación de que el pitido que ponía final a la primera parte, beneficiaba sobre todo a los coruñeses. 

La segunda parte fue todo lo contrario. En todos y cada uno de los sentidos. El Depor se hizo dueño del partido y el Atleti se dejó llevar. Como otras tantas veces. Hay quien dice que ese estado de letargo es una consigna de Simeone. Que les obliga a recular de esa manera. No lo sé, pero lo que sí que tengo claro es que esa forma de interpretar el fútbol no es la de buscar el contraataque, ni la de tratar de aprovechar los espacios del rival y ni siquiera la de jugar a contener. Eso se llama no jugar. Cualquiera de las primeras opciones me parecería lícita. Esta última no.

Cada vez que esta temporada el Atleti se pone por encima en el marcador, activa de forma evidente ese modo especulativo de jugar a que nadie juegue. Es lo que hacen casi todos los equipos cuando quedan tres o cuatro minutos para terminar el partido pero el Atleti lo ha hecho hoy, como otras veces, con toda la segunda parte en juego. Demasiado tiempo. Sobre todo si enfrente tienes un equipo profesional de primera división y bien entrenado. Sobre todo cuando parece innecesario. Otras veces funcionó y hoy tenía pinta de que, de no mediar el error de Giménez, también hubiese funcionado pero quizá sea mejor tomar ese dato como anécdota. Sobre todo cuando uno tiene la sensación de que eso de tener que depender de no cometer ni un error y optar de forma gratuita por olvidarse de dar criterio y continuidad al balón es gratuito. De esa manera el equipo baja tanto el ritmo y la intensidad, se marcha tanto del partido que cuando tiene que volver a él, ya no puede. Uno mira al campo y no entiende la decisión cuando ve que existen jugadores en el campo con calidad suficiente y los recursos necesarios como para no tener que recurrir a planes que, para mí, son de emergencia. Especialmente si, como era el caso, no existía esa emergencia. 

¿Por qué ocurre esto? Cada uno tendrá su teoría. Yo tengo la mía. Para mí la razón hay que buscarla en un acto de traición a si mismo. En renunciar a la filosofía que nos hizo grandes, la del partido a partido, y pensar más allá del siguiente paso. En economizar esfuerzos pensando en lo que está por venir, jugándote por el camino el que a lo peor no venga. En pensar en mañana olvidándose del hoy. 

El empate del Atleti me deja triste, pero lo que ha ocurrido en la segunda parte me entristece todavía más. Espero que nos sirva a todos para aprender. A los aficionados para huir de la excentricidad (esta tarde todos los colchoneros con los que me encontraba, daban por hecho que dormiríamos como líderes). A Giménez para crecer e intentar seguir haciéndonos olvidar que tan sólo tiene 20 años. A Simeone para darse cuenta de que a veces no es necesario hacer determinados “sacrificios” si no los necesitas. Que a veces basta con ponerse a jugar para que todo funcione. Que el camino natural es suficientemente solvente, probablemente más efectivo y bastante más sensato. 

@enniosotanaz

Gol de Vietto.

Quedaba poco tiempo para que finalizara el partido y aunque el Atleti llevaba un buen rato intentando igualar la contienda, tirando de corazón (más que de fútbol), la situación no era nada halagüeña. En ese momento el Real Madrid se marchaba 5 puntos, el Barcelona tres cuartos de lo mismo y el Celta (o el Villarreal) no sólo se separaban también en la clasificación sino que su desempeño en el campo era muy superior al que practicaban los colchoneros. Por si eso fuera poco, el once inicial de Simeone no incluía a ninguno de los flamantes fichajes estivales. Las dudas respecto a todos los jugadores y todos los sistemas se sucedían con demasiada continuidad. Las aves de rapiña, licenciadas en Ciencias de la Información, desplegaban sus poderosas alas para volar en círculos sobre el Calderón y el runrún impaciente de una grada cada vez más impaciente, perfumaba el ambiente de un hedor pesimista y desagradable. La pendiente hacia los infiernos se empinaba de forma imparable hasta que de repente, casi sin querer, apareció el gol de Vietto que empataba el partido contra el Real Madrid. 

Acabada la batalla, aprovechando el parón de selecciones, llegó el tiempo de inventariar las bajas y la situación. Fue entonces cuando tomamos conciencia de que, con un calendario infernal, jugadores cuestionados, dirección deportiva en formación, sensaciones contradictorias y un juego para olvidar, resultaba que, administrativamente, no estábamos tan mal. Ni mucho menos. Apenas unas semanas después, el equipo está, administrativamente, igual o mejor, pero además la dinámica es otra. Jackson empieza a meter goles, Tiago se quita años de encima con cada quincena, Koke ya no es un recuerdo del pasado, Correa llama a la puerta con fuerza, Griezmann está donde estaba y, ay amigos, ha aparecido un tal Yannick Ferreira Carrasco para levantarnos del asiento. Bendito gol de Vietto. 

El Atleti acaba de ganar al Valencia haciendo un gran partido de fútbol. Es cierto que ha terminado pidiendo la hora, pero es igual de cierto que los de Simeone han pasado por encima del conjunto Che de forma más que significativa. Firmo desde ya que el juego del Atleti 2015-2016 se parezca a la primera parte de hoy. Dos laterales incisivos y de calidad que abren mucho el campo para asociarse con los interiores, dos mediocentros despiertos, muy activos en la presión e inteligentes en lo táctico (especialmente Tiago que es un escándalo de jugador), dos delanteros letales (la resurrección de Jackson viene más lenta de lo que a mí gustaría pero parece que el colombiano empieza a entonarse) y dos falsos interiores que dan el espíritu y el juego al equipo. Koke, a base de inteligencia y talento, ligando centro del campo con delantera. Yannick poniendo velocidad, descaro y picante. Soberbia primera mitad frente a un Valencia timorato y sin personalidad que sin poder remediarlo perdieron la pelota, el ritmo, el juego y el centro del campo. Mucho peor cuando Rodrigo, el mejor de los blancos hasta entonces, cayó lesionado. Las ocasiones se sucedieron por izquierda y derecha. Los valencianos no encontraban su sitio y sólo Jaume en la portería conseguía mantener el cero en su marcador. 

Antes del descanso llegaron dos goles pero podía haber llegado alguno más y hubiese seguido igual de justo. El primero cayó tras error garrafal de los dos centrales levantinos (lamentables todo el partido, especialmente Santos) que aprovechó Jackson para desviar bien el balón cuando encaraba en solitario la portería. El segundo fue de Yannick, tras cabalgada por la izquierda, recorte al centro y fuerte disparo desde lejos que entró lamiendo el poste derecho. Golazo. Lo lógico hubiese sido que hubiese pasado el balón a Jackson, que le estaba tirando la diagonal, pero bienvenidos sean, por una vez, los jugadores ilógicos. Gran partido del belga que mezcló a partes iguales calidad y ganas de comerse el mundo. El Calderón se lo agradeció como corresponde. 

La segunda parte no varió mucho en los primeros instantes hasta que Simeone, yo creo que viendo el partido ganado, decidió sacar a Torres y a Óliver al campo. Error. La dinámica cambió radicalmente. Ya no había chispa ni novedad. Sobre el terreno de juego aterrizó de repente la mediocridad y ese ritmo lento y titubeante tan típico de esta temporada. Torres aporta todo lo que tiene (ni un pero a eso) pero da la sensación de apagarse futbolísticamente. Óliver sigue teniendo un problema de cabeza. Mientras Yannick o Correa saltan al campo pidiendo el balón con la idea de echarse el equipo a la espalda, jugársela y meter el gol de su vida, Óliver salta al campo con la idea de… no cagarla. Con esa actitud nunca podrá ser un jugador verdaderamente relevante. Un drama, teniendo en cuenta que es muy bueno pero que se le acortan los plazos y las oportunidades. 

El Valencia consiguió aparecer al final de encuentro gracias a un error de Godin (no fue su mejor partido) que salió como un toro a defender a un central rival que estaba con el balón en el área. Lo arroyó, claro. Penalti estúpido pero penalti. La transformación de Alcacer hizo que viésemos por primera vez las camisetas blancas en el campo. A ello contribuyó también un colegiado que, en un partido que no hacía falta, decidió formar parte de los resúmenes televisivos. Pero afortunadamente estaba el carácter colchonero y ese Tiago que día tras día se consolida como el mejor mediocentro colchonero que haya vestido la elástica rojiblanca en las dos últimas décadas. 

Victoria balsámica y elocuente de un Atleti en crecimiento que continúa abriendo ventanas por las que, de momento, se cuela la ilusión. Seguimos con la sensación de que lo mejor está por llegar y eso es muy bueno. Insisto, bendito gol de Vietto.

@enniosotanaz