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¡Un abrazo!

Como tiene que ser

Real Jaén 0 - At. Madrid 3

Hubo un tiempo cercano en el que las primeras rondas de la Copa del Rey despertaban la misma ilusión entre la parroquia colchonera que la perspectiva de tener que ir al dentista. Nada que ganar. Todo que perder. La incómoda sensación no venía de serie con el espíritu del equipo como alguno podía pensar (y pensaba) sino que era el resultado de una sucesión de actuaciones lamentables que, en el mejor de los casos, salvaba la dignidad con más pena que gloria. Típico era ver un equipo aturdido, sin relleno y sin alma que se veía superado por un rival inferior en lo técnico y económico pero superior en motivación y orgullo. Nuestro Atleti se perdía en ese discurso ambiguo implantado por sus confundidos conductores que hablaba de hacer “buenos papeles”. Ese circunloquio cargado de tópicos que tratando de no mostrar el desprecio soberbio que muchas veces el mismo conductor tenía por su rival (y subrepticiamente por nuestro propio equipo), escupía una retahíla de obviedades que nadie creía y a nadie llegaban. Hoy todo ha cambiado de forma radical. Es completamente diferente. El equipo no desprecia a nadie pero tampoco deja que nadie lo desprecie. Sale a ganar con las mejores armas que tiene y lo hace en cualquier campo. En cualquier competición. Todo el mundo sabe dónde está y lo que tiene que hacer. Dónde está el éxito y dónde el fracaso. Sin ambigüedades. Como tiene que ser. 

Queda claro que Simeone no miente. No es su estilo. Ni siquiera de esa forma tan aparatosamente sutil que utilizaba nuestro anterior entrenador cuando empleaba medias verdades para no decir nada. Balbucear lo que el vulgo quiere oír para hacer luego lo que su miedo le dicta. El Cholo dijo que había que respetar la copa y es evidente que la respeta. La alineación que ha saltado a Jaén era bastante más potente de lo que muchos esperábamos pero más allá de nombres, su actitud en el campo no fue muy diferente que la de otras veces. A pesar de los pesares el equipo seguía junto, presionaba, aparentaba intensidad y no concedía ligerezas. Tan simple como observar un primer plano de cualquier jugador para ver que estaban dentro del partido. El problema es que enfrente no tenía un equipo de segunda B sino otro equipo de fútbol, crecido ante la oportunidad de hacer historia. Motivado, valiente, orgulloso y bien plantado. 22 jugadores enchufados que jugaban un partido bastante interesante. El Atleti intentando ese juego poderoso y vertical al que nos tiene últimamente acostumbrados y un Jaén con buen manejo del balón que trataba de salvar esa muralla física que plantan los madrileños cada tres o cuatro días. Koke tuvo en su cabeza el 1-0 con un remate franco dentro del área pero más allá de ello las fuerzas estaban parejas y aunque los colchoneros dominaban las imprecisiones de un hiperactivo Diego Costa y la falta de calidad de la siguiente línea, provocada probablemente por el gran trabajo de los andaluces, hacían que no llegasen las ocasiones. 

Pero llegando la primera hora se produce una buena jugada del Atleti por la derecha que acaba en remate a bocajarro del Diego Costa a pocos metros de la línea de gol. El balón no coge portería y da en la mano de Dani Torres para salir despejado. El penalty parece claro. La tarjeta roja, con el reglamento en la mano, también, pero uno se pregunta por qué los colegiados, tan dados a interpretar como les de la gana el reglamente en tantas otras ocasiones, no pueden evitar destrozar un partido como este. Fue así. Diego Costa marcó el penalty y el Atleti jugó a placer a partir de entonces. En los últimos quince minutos hasta el final del primer tiempo el Jaén apenas tocó el balón y casi parece un milagro que el marcador no se moviese. 

Aunque no todo fue coser y cantar tras el descanso. El Jaén, sabedor de su abismal desventaja, se cargo de intensidad y saco a relucir su lado más aguerrido complicando así la vida de un Atleti que se sentía muy incómodo teniendo que llevar la iniciativa del partido a través del balón. Los madrileños no bajaron la seriedad ni el rigor en ningún momento (¡gracias Simeone!) pero por un momento se veían limitados en su juego, hasta el punto de dar alas o los andaluces que terminaron por irse arriba. El Cholo vio el panorama y trató de estirar el equipo metiendo a Adrián y la apuesta le salió perfecta. El asturiano recibió un buen balón en la derecha, tiró una diagonal perfecta a toda velocidad para encarar la portería y con un magistral gesto técnico poner el segundo en el marcador. Gran gol que seguramente venga estupendamente bien a esa recuperación que todos deseamos para el delantero colchonero. El partido volvió a tomar los derroteros lógicos. Control absoluto y un orgulloso Jaén tratando de no perder la cara en ningún momento. Simeone dio entrada a Saúl y a Oliver Torres (tras inquietante lesión del Cebolla después de una criminal entrada de su marcador) y los canteranos no desentonaron. Especialmente Óliver que en el poco tiempo que tuvo se le vio dinámico y con ganas. Un desdoblamiento suyo a la derecha de primer toque dejó habilitado el carril de Silvio para que colgara un balón al área que Raúl García, viniendo otra vez muy bien desde atrás, cabeceó a la red haciendo el definitivo 0-3 en el tiempo de descuento. 

Eliminatoria resuelta que deja un desolador partido de vuelta que será tremendamente difícil de jugar y de ver. Las sorpresas coperas parece que también se han acabado con el nuevo entrenador. Tal y como soñábamos muchos de nosotros hoy el Atlético de Madrid es un equipo sólido, serio, respetable y respetado. Ganando y perdiendo. Como tiene que ser.

Va en serio

At. Madrid 3 - Osasuna 1

Existen bastantes gurús de la información deportiva que están convencidos de que el fútbol es eso que pasa entre semana, entre los partidos que se disputan los domingos. Esos cantos de cisne afónico sobre la magia de determinado muchacho portugués de comportamiento disfuncional, leyendas mentirosas sobre los de siempre, tertulias que siempre sacan una nueva definición para la memez y otras situaciones parecidas. El Atleti de Simeone ha decidido que este año sea para nosotros, los colchoneros, todo lo contrario. los jugadores salen al campo, ganan, y cuando acaba el partido recogen las medias, repliegan el discurso y se ponen a pensar en el partido siguiente. Mientras que otros años el Aguirre del turno justificaba empates y derrotas enmarcadas con cuña de palo en un presunto objetivo menor que todo lo aceptaba, mientras el Manzano de turno filosofaba sobre sistemas imposibles que no se creía ni él ni nadie o aleccionaba a los vulgares aficionados sobre fútbol, álgebra, sociología o evanistería húngara, el Cholo Simeone no promete más que intensidad y estudio concienzudo del rival para el partido siguiente. Mientras los periodistas de garrafón se tiran de los pelos porque el argentino no deja titulares que puedan alegrar las mañanas de la afición madridista, ya saben que es el único cliente final, los mismos son incapaces de cesar en su empeño de intentar que el actual entrenador del Atleti defina un hipotético tope a las aspiraciones colchoneras tan útil y riguroso como el cerebro sulfatado del autor de la inocente pregunta. Estimados notarios de la realidad. De la suya. El Atleti sale, gana y piensa en el partido siguiente. No le den más vueltas. 

La noche se quedaba fría y el Calderón no terminaba de tener un entrada coherente con su desempeño en liga. Curiosa esa falta de aforo que observo esta temporada. El mundo al revés. El Atleti saltaba al campo con Emre, Raúl García y Cebolla en la línea de tres cuartos en un nuevo giro de tuerca en la política de rotaciones del Cholo y el resultado, sin resultar plenamente fallido, tampoco me pareció un éxito. La parsimonia y lentitud de Gabi hacía que el capitán permaneciera inédito en la creación. Para eso bastaba un buen plantado centro del campo pamplonica. Emre no conseguía enlazar y Raúl García desaparecía en su banda. Tan solo un Cebolla tremendamente intenso y batallador conseguía intentar unir el centro del campo con la delantera a base de eufóricas arrancadas por la banda. Con un Osasuna bien plantado el Atleti se limitada a controlar el partido, que lo hacía bien, pero acabando la mayoría de avances en patadones. Aun así aparecieron dos claras ocasiones en los primeros minutos, especialmente un remate de Raúl García a bocajarro que paró el guardameta rival. 

Tapada la verticalidad, sin imaginación en el centro del campo y ninguna creatividad en la zona ancha el Atleti tuvo que abrir el marcador tirando de otro de esos méritos de Simeone: el balón parado. Saque de Gabi desde la izquierda que Miranda peina con la cabeza y mete en la red. El gol aupó la moral de una afición bastante aletargada hasta entonces y llevó al equipo en volandas hasta el segundo gol que llegó tras gran jugada por la izquierda de Luis Felipe que cuelga un buen balón al área. Osasuna despeja tan mal que el balón acaba en los pies de Raúl García dentro del área. El navarro aprovecha el regalo para marcar un segundo gol que decidió no celebrar. El tradicional paso atrás madrileño trajo consigo un cierto estado de relajamiento que el equipo rojillo aprovechó antes de llegar al descanso para primero asustar con un remate de cabeza muy flojo pero franco y después para que Lamah enganche un buen balón al borde del área y recorte distancias. 

El partido empezó feo en la segunda parte, con los mismos parámetros de la primera parte pero con un Osasuna algo más ambicioso y mucho más solvente con el trato del balón. Tal es así que durante mucho tiempo los navarros se fueron haciendo con el control del juego y del partido para sin disponer de ocasiones verdaderamente claras colocar la incertidumbre y el miedo en la grada. La sensación era de que si no se marcaba un gol relativamente pronto el partido entraría en una fase de nervios e imprecisión pero los goles, y lo que es peor las ocasiones, no llegaban. Simeone metió a Adrián en el campo y sin que el asturiano completase, otra vez, un gran partido si aportó algo más de credibilidad. El gol de la tranquilidad llegó mediada la segunda parte con una buena jugada desde la derecha, un gran pase de Juanfran al área y un remate con el pie soberbio del de siempre: el tigre Falcao. 

Con el 3-1 ya en el marcador el Atleti fue ya un vendabal y Osasuna un muñeco indefenso sobre el que estaban abusando. Tiago salió para suplir a un Cebolla que merecidamente abandonó el campo entre aplausos de una grada que cada vez lo quiere más. Podrían haber caído muchos más goles hasta cerrar un resultado de escándalo pero no hubiese sido justo para Osasuna. 

Los partidos pasan y el Atleti sigue ganando. Jugando bien y jugando mal. En casa y fuera. Con dinámicas positivas en el campo y con días espesos. Con titulares y con reservas. Con frío o con calor. En España o en Europa. Esto, señores, va en serio.